por enriquebrossa | 24 24+00:00 Jun 24+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos
He vuelto a ver aquellas terrazas del centro que nunca puedo visitar contigo. Yo encuentro románticas esas mesas con velas, pero tú te imaginas porreros en ellas. Yo soy un explorador de calles castizas y tú una aficionada al centro comercial. Donde yo presiento aromas tú detectas pestes. Donde yo contemplo jardines, tú vuelves la cara para no advertir la mugre. Llamas gentuza a lo que yo considero contrastes. Lo que yo digo que es interesante tú lo tachas de turbio. La asepsia con la que disfrutas no me permite pasear. Si le encuentro el sabor, tu señalas lo sucio. Me apasiona lo diferente y a ti te aterra. Yo querría encontrar un tiendurrio de partituras antiguas y tu buscas la escalera mecánica de un gran almacén. Soy un inspirado improvisador con una compañera demasiado ordenada. Te gusta ir a donde te han contado y a mi hacer mis
propios descubrimientos. Yo soy un soñador improductivo y tú eres de un realismo castrante. Lo que nos separa no es nuestra manera pensar. Es el modo de sentir y el de mirar. Ninguno de los dos tenemos la culpa
.
por enriquebrossa | 24 24+00:00 Jun 24+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Relatos
Hablé con mi amigo Jorge en un bar. Estaba mal. Anímicamente hundido en sus problemas. Muy dolorido. Una pertinaz derrota.Un continuo fracaso. Decepción tras decepción. Traté de animarle y debió de notarme que no sabía qué decir, porque me cortó:
-¡Déjalo! Anda… déjalo. No te lo estoy contando para que me consueles ni para que me arengues. Déjalo estar.
Me quedé callado. Fueron unos segundos un poco patéticos.
Por fin, fue él quien rompió el silencio y continuó con su confesión encorvando la espalda:
-Yo querría que las cosas no me afectasen. La gente me dice que sea «más zen»; que sea como el junco que nunca se parte; que sea como el agua, y todo eso que decía Bruce Lee entre patada y patada en los huevos. Todas las frases majaderas que polucionan intenet, todos los consejos terapéuticos amateurs que nunca he pedido, toda la basura emoliente de autoayuda, todas esas tonterías positivas, toda esa mierda…. Todo eso me cuentan siempre. Pero yo… no puedo. ¡Ojalá! ¡Ojalá pudiera! Pero no. Ni agua, ni zen, ni juncos, ni nada, Taller. Yo querría ser un chino, pero… no puedo, Taller. No puedo ser un chino. ¿Me comprendes? No puedo ser un chino.
-Está claro: que no puedes ser un chino.- y me reí.
Jorge tiene los ojos diminutos y la mirada de mascota abandonada, aunque con gafas. No se sabe si ríe, llora o tirita.
-Amigo Jorge- le dije -, qué risas más tristes estamos echando. Mira: mañana ven a montar en bicicleta con nosotros. No hará mucho calor.
-¿Ese es tu sistema? ¿Es una receta?
-No, qué va. Eso no arreglará tu vida- se me quedó mirando como preguntándose si yo era otro hijo de perra -. Pero ir en bici está bien.
Pagamos la cervezas y nos fuimos como si ya tuviéramos que prepararnos para pedalear.

El sábado por la mañana Jorge vino a dar una vuelta en bicicleta con mi familia. Bajamos todos y allí estaba él, en la puerta del jardín esperando. Con su bici, perfectamente equipado como para hacer el Tour de France. Mi mujer salía a mi lado andando con la bicicleta y al verlo, pequeño, paticorto y con unas mallas y casco deslumbrantes, me dijo casi al oído que mi amigo parecía salir de El Señor de los Anillos. Mi hijo lo oyó y dijo eso de «parece la Hormiga Atómica». Su bicicleta le iba grande.
Al juntarnos todos comencé las presentaciones:
– Os presento a Jorge, un buen amigo mío que querría ser chino.
– Qué graciosillo es vuestro papá -dijo Jorge sonriendo.
Mi mujer me echó una pequeña regañina hipócritamente y Jorge dio la mano a mi hijo y un beso a las niñas.
– Venga, chicos, Iremos en fila- dije yo. Mi mujer me cortó:
– Los mayores al principio y al final, los pequeños en medio.
Mi hijo Rafa le dió una palmada en la espalda a Jorge y le dijo:
-Tú y yo en medio…
-¿Pero te vas a callar? -dijo Carmen.
-Dejad a Jorge en paz -tercié-. Aunque sea pequeño irá conmigo.
-Papá, ¿vamos a ir a China?
por enriquebrossa | 24 24+00:00 Jun 24+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos

Hoy me ha ocurrido algo muy especial. Estaba lavándome las manos cuando, como es normal, he levantado la vista. Entonces ha sucedido. He descubierto al hombre que estaba al otro lado del espejo. ¡A pesar de tantos años sin verlo! Está mucho más mayor, claro. Muy cambiado. Eso da un poco de pena. Pero no me cabe duda: era yo. Me ha caído bien. Ha sido solamente un instante, pero preveo que va a aparecer cada vez más a menudo, hasta despedir definitivamente al joven, a ese joven inviable, que me empeño en no dejar de ser.
Estoy contento y deseando volverme a ver.
por enriquebrossa | 24 24+00:00 Jun 24+00:00 2014 | LIBROSSIANO
Cuando la hora de la verdad es exactamente una hora, un instante, o un día, es fácil dar lo mejor de uno mismo. Puedes esforzarte al máximo durante un lapso corto, determinado y decisivo. Pero cuando tenemos una responsabilidad muy importante la hora de la verdad tiende a ser casi continuamente, cada día y a todas las horas. A veces nuestra responsabilidad dura casi toda la vida. Y no somos capaces de dar lo mejor durante todo el tiempo. O por lo menos yo no podía.
por enriquebrossa | 2 02+00:00 Jun 02+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos
Alguien abierto es el que respeta y acepta de modo tolerante que puede haber planteamientos distintos al suyo y se interesa por comprenderlos. En ese sentido, y sólo en ese, yo soy un hombre abierto. No lo es el que se apunta a lo más moderno si desprecia a los que no lo hacen. No es más abierto el más radical, y de hecho, si eres realmente abierto, es difícil que no seas también moderado en todo.
Ser de izquierdas no es ser más abierto. La izquierda y la derecha son las dos ideologías políticas igualmente oficiales de nuestro tiempo. Si descalificas a los individuos en función de sus ideas, no eres abierto. No es más abierto quien se arriesga con todo tipo de drogas, ni el que practica todo tipo de sexualidad. No es cierto que haya que probarlo todo. No ensayo con nada que me produzca asco o cualquier tipo de rechazo o simplemente no me interesa. El mundo es infinito para el tamaño del hombre y, puestos a explorar, siempre hay otras cosas que sí que me interesan y no me degradan. No intentes aquello que pueda dañar tu salud o simplemente no te sometas a experiencias que puedan alterar tu personalidad de un modo indeseable e inconveniente. No hace falta que te apuntes a la comida vegetariana, la ecología o cualquier otra tendencia. Puedes hacerlo o no. Lo importante es que aceptes con normalidad lo que otros hagan si te respetan a ti. Cualquier actitud militante es lo contrario de una mentalidad abierta. Es abierto el que trata de entender al otro. No el que trata de ser como todos los personajes no convencionales que encuentra en su camino. Ser abierto no implica ser neutral, ni neutro, ni abstencionista, no supone carecer de un modo propio de ver la vida. No significa que tú tengas que poderme moldear. Ser abierto no significa carecer de identidad. No hay que ser amorfo. Se puede tener opinión, cualquier opinión, incluidas todas las posibles, hasta las más clásicas y extendidas. Ser abierto no implica tener que instalarse de por vida en la inmadurez. Quien presuma de mente abierta, que me acepté a mí también en mi faceta de insufrible normalidad convencional. Entiéndelo bien de una vez: para ser abierto, no necesito ser como tú.
por enriquebrossa | 12 12+00:00 May 12+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos
SALMOS ATEOS.
Oraciones hacia el vacío.
LEJOS de MÍ.
Estoy lejos de todo.
Lejos de ti. Lejos de mi.
Espérame.
Yo no quería estar aquí.
No quería estar aquí.
Estoy en el horizonte al que nunca se llega.
Estoy en el laberinto de las tinieblas.
Y créeme, no quería estar aquí.
No cantan los pájaros.
La tarde es eterna,
porque estoy en un lugar que no tiene noche.
No quería estar aquí.
Estoy solo.
Tanto que no te recuerdo.
No te tengo a ti, no me tengo a mi.
Aquí hay desolación pero no soledad.
Mi pasado se ha perdido. Y no lo puedo buscar.
Yo no quería estar aquí.
Tráeme solo tu voz.
Luego sigue tu camino.
Ve sabiendo que yo
no quería estar aquí.
Pero dame tu voz,
si me duermo en este país sin noche,
hecho de tardes eternas.
Soy un insecto que habita
en un planeta de resina.
Soy un hombre de plomo
cayendo deprisa en un lago sin vida
que no tiene fondo ni luz.
Yo no quería estar aquí.
Soy un bote sin remos.
Soy un coche sin ruedas.
Soy el alma de un no nacido.
Un no nacido despierto.
La hoja que el río lleva
camina en dirección al mar.
Ve en mí un plato boca abajo.
Una ventana pintada en la pared.
Soy un objeto imposible.
No quería estar aquí.
Y créeme, de verdad
que no quería estar aquí.
Pero estoy lejos,
muy lejos de todo.
Lejos de mí. Lejos de ti.
Espérame. O no me esperes.
No me esperes más.
Yo no quería estar aquí.
por enriquebrossa | 10 10+00:00 May 10+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
(sobre el deseo de no decepcionar a un hijo)
Durante los días que Juan estuvo en el paro, nunca pudo creer que su autoestima pudiera llegar a fallarle. Juan era un hombre que se sabía diferente a los otros en algunos aspectos. Ninguna bofetada de la vida le importaba. Lo importante era lo que él era, y eso nadie se lo quitaría por mucho tiempo que estiviera en el dique seco del mercado laboral. La vida continuaba, seguía teniendo cosas importantes. Por ejemplo, el cumpleaños de su hijo. Una de las mejores maneras de celebrar el cumpleaños de un niño de siete años es organizar un simple partido de fútbol con los compañeros de clase de su hijo. Juan, espoleado por su mujer, que siempre estaba atenta a todo, encontró un campito de fútbol muy bien cuidado aunque de pequeñas dimensiones, ideal para que unos quince niños de su edad pasen una tarde estupenda. Después,una merendola con hamburguesa, refresco, patatas, chuches y, cómo no, la tarta con velas. El día señalado llegaron al campo los niños con sus papás. Estos habían acodado poner el dinero del regalo que todos los padres darían por igual. La recaudación fue suficientemente generosa como para comprarle al niño uno de aquellos cuadricópteros teledirigidos. No fue fácil aprender a dirigir aquel cacharro. Al día siguiente Juan y su hijo montaron en sus bicicletas. El hijo llevaba una pequeña bolsa a la espalda con provisiones, una bomba de hinchar unas llaves Allen, pañuelos de papel y cosas así. El padre llevaría el «drone». ¡En su caja, por Dios, sobre todo que no se rompiera! Tuvo que hacerse una especie de mochila con bolsas de plástico, ya que el aparato con su embalaje no cabía en ninguna mochila. El día era estupendo, pero las cuestas arriba con calor son más duras. Sin embargo, la ilusión les impulsó lo suficiente y pese a la poca edad del hijo y la mucha del padre, al cabo de varios kilómetros alcanzaron su meta. Una ermita generalmente abierta pero vacía y solitaria en lo alto de un montículo que permitía una vista preciosa, en una zona con una gran explanada y escasos árboles. Perfecta para aprender a manejar el aparato evitando choques peligrosos con el entorno. El drone acabó el primer intento pese a todo con varios arañazos en las hélices, ya que no era fácil de llevar al principio. Su padre le consoló explicándole que eran heroicas heridas de guerra, que no había que salir buscarlas nunca, sino todo lo contrario, pero que también eran como las arrugas en la frente, un homenaje por todo lo que uno lleva volado en la vida. Disfrutaron como niños los dos juntos hasta que se agotaron las baterías del cacharrito. – Ahora, hace un día fabuloso yel camino a casa es casi todo cuesta abajo.Podemos bajar muy rápido, sin peligro y con el aire refrescándonos. ¡Vamos, que Mamá nos espera con una comida riquísima! Pusieron cuidadosamente el aparato en su caja con todos sus accesorios. El niño era muy meticuloso para todo. Juan se cargó con todo, se subieron a las bicicletas y… Soñaban que hacían esquí acuático, que esquiaban, que se perseguían como en las películas, disparándose tiros el uno al otro. El padre estuvo a punto de matarse por volverse hacia su niño cuando descendía la cuesta a toda velocidad, fingiendo un disparo de pistola hacia su hijo que le seguía por detrás, pero milagrosamente pudo recuperar el equilibrio y controlar la bicicleta no sin que un seto le golpease en la cara y la pierna. Llegaron a la casa felices y exhaustos.
-Antes de comer tenemos que ducharnos,que estamos muy sudados.
-¿Papá, me cronometras la ducha, a ver si bato mi record?
-No. El niño se quedó decepcionado.
-¿Por qué no? -dijo abriendo unos ojos como puertas al mar.
-En vez de cronometrarte te echo una carrera. ¡Preparados, listos ya! Y cada uno se fue corriendo y riendo a su cuarto de baño a ducharse y vestirse antes que el otro.
-Papi, ¿con pelo?
-Con pelo, hijo, siempre con pelo.
Después de comer Juan le dijo al niño:
-Tenemos que poner a cargar tu cuadricóptero. Fueron a su cuarto. La caja del drone tenía compartimentos para distintos componentes y accesorios. Empezaron a buscar el cargador del juguete pero… no lo encontraron. Juan buscó en las instrucciones a ver si e había una lista de componentes. No había tal lista, sin embargo ahbía un apartado en el que salía unafrase. «No use otro cargador ya que podría dañar su aparato». Junto a la frase, aparecía un dibujo del mismo.
por enriquebrossa | 9 09+00:00 May 09+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Relatos
Mi hijo me ha dicho que no le funciona la WII. He seguido la senda del cable hacia el enchufe y efectivamente, estaba suelto.
– Oye, pollito, voy a correr el mueble. Tú que cabes, te metes y me acercas ese enchufe.
– ¡Vale, Papi!
El pollito se metió a gatas por un hueco que abrí en la estantería:
-¡Jo, Papi, mira lo que he encontrado!
Salió hacia atrás de entre los muebles y me enseño sus tesoros. En sus manos sucias había una pinza de madera de tender y dos pipas.
– ¿Fumas en pipa?
– Ya no. Lo dejé, hijo. Esta era de mi padre. Y esta es la mía. No la chupes. Quién sabe cuanto tiempo llevan allí.
– Ha sido muy chuli, Papi. Como una peli de egipcios.
– Como entrar en las pirámides, ¿verdad? Mañana se lo cuentas a la señora que limpia. Anda, arqueólogo, dámelas. Voy a lavarlas. Ya tienes arreglada la WII.
Esta noche, después de cenar he ido a mi despacho. He abierto un cajón y he extraido las dos pipas. He estado mirando un buen rato la de mi padre. He abierto la ventana. Finalmente he metido la pipa de mi padre en una caja de madera, la que él usaba para guardar el tabaco. Después he tomado la mía, y sin fumar me la he puesto en la boca y he estado mirando por la ventana la calle vacía y el cielo oscuro, enorme, mudo, sin percibir que la noche aún era fresca en abril.
por enriquebrossa | 8 08+00:00 May 08+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Las series norteamericanas están llegando a un nivel de calidad que no se encuentra en sus películas de cine.
Ayer vi Mentes Crimnales. Citaron a Adler con un excelente acierto en función del argumento de la historia. La cita es:
No sufrimos por nuestros traumas sino que los aprovechamos para nuestros fines.
Si esta cita te hace pensar en alguien o en ti mismo creo que esta búsqueda en google puede interesarte.
https://www.google.es/search?q=no+sufrimos+por+nuestros+traumas&rlz=1C1SAVU_enES554ES554&oq=no+sufrimos+&aqs=chrome.1.69i57j0l2j69i60j0l2.11443j0j4&sourceid=chrome&espv=210&es_sm=122&ie=UTF-8
Alfred Adler expresó esta idea de un modo más general y en cierto modo menos revelador que como la maneja la película, ya que se refería a la experiencia en general cuando usaba la palabra trauma. La experiencia nos crea dificultades y así aprendemos porque usamos la experiencia para alcanzar nuestros fines. Esto que parece obvio, sin embargo tiene una lectura referida a situaciones más extremas, que también hace Adler y es la que interesa en la película, de modo que cuando le damos a la palabra trauma el sentido grave que se le da en la calle, la frase implica que el trauma te justifica o te potencia para la consecución de tus objetivos. Sirve de punto de apoyo.En el caso de la película de mentes criminales, el asesino recibe del guionista una gran comprensión y respeto, pero no se le exime de culpablidad.
Un negro que fue injustamente acusado de violación y posteriormente castrado por unos blancos cercanos al KKK, se convierte en un mutilador sistemático y asesino de sus verdugos años después. Es impresionante el respeto con el que se trata en la película al asesino, así como el modo en que se le muestra al expectador que ese asesino, aunque merece mucha más simpatía que sus víctimas, ha de pagar por su delito. La película maneja el suspense, la acción y la reflexión magistralmente, sin persecuciones de coches, ni casas que explotan, ni asesinos que se caen por las escaleras en el minuto final y se clavan el cuchillo de cocina.
Los americanos han creado una magnífica industria cultural televisiva que tiene toda mi admiración.
Las comedias televisivas españolas están basadas en una especie de neocostumbrismo zafio, de chistes vulgares, de sal bien gruesa y de personajes ramplones. En vez de ser héroes fuertes, inteligentes y guapos, nuestros personajes favoritos son disparatados, ridículos y penosos. No son como la gente de la calle, que es lo que se argumenta a su favor. Son la caricatura de lo más mediocre de la calle. Y las historias son absolutamente intrascendentes. Las series norteamericanas nos demuestras que se puede llegar a las masas ofreciendo actores que gesticulan poco y transmiten mucho, Con unos guiones que hablan de personajes adultos, profesionales, inteligentes, y de gran interés. Cuentan historias que no están exentas de complejidad y motivos para la reflexión mucho más que los guiones que los propios norteamericanos hacen para el cine, como decía al principio.
España y el resto del mundo Iberoamericano deberíamos pensar un poco al respecto.
Murieron Florinda Chico, y Jose Luis López Vazquez y otros muchos en la cultura española. Respeto y comprendo que algunos sigan la estela de sus películas. Pero tiene que haber más gente, empezando por los productores, interesados en hacer otro tipo de cosas.
por enriquebrossa | 20 20+00:00 Abr 20+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Al final no he podido cambiar el mundo, porque había demasiados papeles desordenados en mi mesa y así no hay quién haga nada. Me ha dado tiempo de apilar algunos folios. Veremos si encuentro la ocasión para leerlos y tirarlos a la basura. Una jornada en que no tenga que celebrar un cumpleaños de esos que ocupan el día entero. Me lo voy a apuntar, y ya veré cuándo tengo un rato libre, que esté tranquilo, para modificar el curso de la historia. ¡Así, con tantos papeles y con tantos compromisos, no hay quien cambie ni el mundo ni nada!
por enriquebrossa | 20 20+00:00 Abr 20+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Hoy es domingo. Lo habréis notado porque el aire huele a tibio a las 9 de la mañana. El café está brotando con puntualidad y las tostadas también. Todos los domingos a las 10:00 voy a comprar fruta a un mercadillo al aire libre, cerca de casa. A las 9:30 debo haber desayunado, estar afeitado, duchado, vestido y listo para salir a las paradas.
A la vuelta iré con mi hijo pequeño y su perrillo a comprar el periódico y unos sobres de cromos de la liga de fútbol. El quiosquero tripón y bigotudo tiene una sonrisa y un nombre redundantes con el día. Se llama Domingo. Después, vamos a salir en coche. Celebramos el cumpleaños de alguien de la familia, a unos 50 Km. de Madrid, en dirección a la Sierra. Volveré al final de la tarde. Cansado, porque los cumpleaños familiares generalmente narcotizan mi voluntad. El día me habrá vencido ya. Pero ahora estoy amaneciendo fuerte. Tengo 30 minutos libres. Voy a ver si cambio un poco el mundo en este rato, como tenía apuntado en mi agenda. No puedo seguir escribiendo, o al final no me va a dar tiempo de modificar el rumbo de la historia.
por enriquebrossa | 19 19+00:00 Abr 19+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Relatos
Tiene que llegar, tiene que llegar. Hace falta que suceda ya. Mi estado de ánimo era mezcla de insensata indolencia y nerviosismo. No lograba centrarme en una única emoción que me sirviera para encarar el periodo que se me estaba abriendo. Pensó que eso vendría poco a poco, pero ¿por qué poco a poco? Necesitaba reaccionar ya.
Pensé en golpearme para empezar a sentir algo agudo que me inclinase a la acción. Quizá pincharme, pellizcarme. La idea era bien tonta y pensar en ella me producía mayor indolencia. No tenía ganas, ni de sufrir, ni de llorar, ni lograba alterarme. Quizá fumando, pensé, me concentre mejor y me encuentre ante la verdadera dimensión del peligro que se avecina. Lo cierto es que acabado el cigarrillo, me encontraba igual, solo que algo mareado. Pasear sería peor. Debería salir de ese estado de ánimo. ¿Cómo podría yo… ? Saqué un segundo cigarro y me lo llevé a la boca sin encenderlo. Miré por el ventanal. ¿Y si bebiera? Entonces fue cuando sonó el teléfono. Me volví escéptico a cogerlo sin demasiadas prisas, pero en seguida colgaron. Sabía que esa llamada no me iba a rescatar.
¡Rescatar! Acababa de hacer un gran descubrimiento. Lo que estaba haciendo era esperar un rescate. Algo que me sirviese de estímulo o de punto de partida. ¿Qué será lo que estoy esperando que no se encuentra dentro sino fuera de mí?
¿Sentir más miedo para combatir la apatía? Bastante era ya la situación que poco a poco se me acercaba. ¿Para qué necesitaba tener más miedo? Me encendí por fin el cigarrillo, algo deteriorado de mantenerlo en los labios. Y tras la primera bocanada de humo patinando sobre el cristal de la ventana recordé la relación entre los fluidos y las superficies lisas, que en vez de rebotar resbalan, cosa que no venía a cuento, me dije: ¿Y si todo esto me diera igual, qué pasaría? ¿Si, aunque sé que me debería importar, sucede que no me importa, por mucho que me empeñe, no me importa… qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer?
Pero sí que me importaba.
Centrarme en una única emoción. Debo experimentar una sola emoción.
Allí abajo estaba mi hijo, jugando con su patinete en la calle. Al verle jugar, arrugué la nariz, me froté la frente y las cejas, cerré los párpados con fuerza. Probaré a rezar, aunque no pueda tampoco, pero trataré de rezar. Abrí la ventana para tirar el cigarrillo. Nuevos cigarrillos se encendieron y se agotarón. El alfeizar le quedaba por debajo de la altura de mi cinturón. Noté que estaba mareado por fumar tanto y tan rápido. Sentí vértigo. Y así me quedé un buen rato, hasta que mi hijo dobló la esquina. Entonces me sujeté a la puerta de la ventana y después me senté en el suelo. Me quedé de nuevo impasible mirando las rayas del parquet.
Al cabo de unos minutos suspiré, me puse en pie, tomé el abrigo y salí hacia la iglesia, tratando de que no me viera mi hijo. Al llegar a la parroquia me sentí expuesto al juicio de los vecinos. ¿Qué hará este hombre allí un día como hoy, a estas horas, entrando solo a la iglesia? Si casi nunca acompaña a su familia a la misa dominical.
Primero atravesé el atrio hasta alcanzar el vestíbulo, con sus carteles junto a la entrada. “Dios está contigo”, decía uno. En otro leí: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”—Filipenses 4:6 (RVR 60)
La luz se terminó de atenuar hasta un grado de mayor recogimiento cuando atravesé la puerta abierta y alcancé la pila de agua bendita. Me hacía ilusión desde pequeño mojarme los dedos y santiguarme con ella, pero en estos tiempos de gripe aviar, quién sabe qué enfermedades podría contraer. Con pena me quedé mirando la pila y su agua decidido a no tocarla, dada la cantidad de dedos y uñas sucias que sin duda se abrían mojado allí. Acababa de entrar y ya surgían las primeras reticencias… En el fondo, la cuestión era otra. Yo era un cristiano ateo. Y todo lo que tuviera algo que ver con mi religión, cualquier pensamiento o elección, sería necesariamente contradictorio y objeto de dudas y reflexiones. Frente a mí, que permanecía retraído y de pié, se divisaban las espaldas encorvadas de media docena escasa de ancianos esparcidos por el conjunto de los bancos del templo. Dudé si parar o irme, si apoyarme en la pared o buscar un lugar en el que sentarme. Si hacer como si tuviera fe, o como si en realidad no necesitase rezar. Y mientras esto hacía, el Señor, Nuestro Señor, en una estatua fruto de la modernidad de los años sesenta, ay, ay, aquella modernidad de los años sesenta, vió claro que muchas de mis contradicciones eran fruto de aquellos años de cambio ideológico. Los sesenta impulsaron la inmadurez de varias generaciones, las que vivieron la década y las posteriores. Ese Cristo raro… tiene en realidad el mismo problema que yo, me dije. Está influenciado por los sesenta. Allí estaba Él: de color bronce, miraba como diciendo, vienes aquí a que te oiga pensar en todas las tonterías que se te vienen ocurriendo. En todas menos en mí. ¿Para esto sufrí yo la Pasión? Haz que te crucifiquen… para esto. ¿Qué puedo hacer contigo, si es que eres una pena?
Acepté como un mensaje divino ese pensamiento que había atribuido al Hombre de la Cruz y me senté dócilmente en un banco, apoyando los codos sobre las rodillas y uniendo las manos, en una postura en la que uno puede estar rezando o viendo los toros, indistintamente. Si hiciera un gran esfuerzo por ponerme a pedir por mis problemas con mucha intensidad, acaso Dios, ese Dios en el que no creía, pudiera concederme la merced de simplificar mis dificultades. Pero sabía que no, que eso no iba a pasar, por mucha fuerza interior que quisiese imprimir a mis oraciones. Ya había probado otras veces. Por ejemplo con el billete de lotería. Allí sentado hablé en realidad conmigo mismo, de las enormes bolsas de frustración que existían en la sociedad. Un mar al que durante años había resistido como un acantilado alto y orgulloso. Luego con los años, conocí a muchos vendedores de las más variopintos bienes y servicios que le hablaban del secreto del universo, que conspira a tu favor, para cumplir con tus deseos. Toda una filosofía para vivir instalado en el fracaso. Eso es lo que nunca funcionó con la Lotería Primitiva ni con el Bonoloto. Quizá probando con otro sorteo… Le encontró la gracia a todo aquello y sonrió. Espero si existes que me comprendas, le dije al Jesús medio cubista que llenaba la pared del altar. Y seguí pensando en el mar de frustración, y en la marea alta, y en que los acantilados también se desgastan con los lametones continuos del mar. En que ya estaba temiendo porque la lucha era desigual, y que quizás acabaría frustrado, como tantos otros. Y en que no me lo podía consentir.
por enriquebrossa | 9 09+00:00 Abr 09+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos
Sufrimos una epidemia de frases huérfanas muy apreciadas por mujeres de mediana edad y otros humanos en apuros. La gente abandona estas palabras como si fueran globos, esperando verlas elevarse hacia el cielo infinito para que, de paso, tiren del débil espíritu de supervivencia del hombre actual. Y tal como sucede con los globos, que nunca sabe uno dónde y cuándo cayeron de regreso a pisar tierra, estas pretenciosas declaraciones parecen desintegrarse por el camino, en algún lugar de la atmósfera sin que les oigamos hacer pop. Frases de padres desconocidos, manoseadas y prostituidas, muy categóricas todas, y supuestamente motivadoras; enunciadas como si fueran la clave para salvar el mundo. De duración efímera porque nada sabemos de su contexto, ni a qué razonamiento completo pertenecen o qué filosofía exponen. Con la cabeza hueca, el humano más informado e inconsistente de la historia, lanza sus globitos a semejanza de sus cráneos, llenos de aire o de un gas todavía más liviano, de menor peso aun. La única esperanza es recibir la sonrisa de otro infeliz que aplauda y obtener el apoyo de una ilusoria lucidez, y con ese ánimo, poder pechar con un tiempo al que todos creemos que algo le falta. En realidad le falta mucho y le sobra casi todo a esta civilización del nuevo patán. Tan informado y tan confundido. Así de perdido.
por enriquebrossa | 28 28+00:00 Mar 28+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Algunas personas aunque admiten sus limitaciones, creen serenamente en su capacidad de aprender y mejorar. Eso las convierte en gente ilusionada, honesta y positiva.
Otros llegan a la conclusión de que su talento es mediano en cualquier campo profesional o personal. Como se sienten mediocres justo por eso lo son sin remedio y su capacidad de mejorar se ve aquejada por una severa esclerosis. Todo esto a su vez les genera un enorme rencor que tratan de compensar conquistando el tipo de logros a los que empuja la avaricia. La mediocridad pone en marcha muchos resortes internos. La falta de talento es productiva. Genera negocios y también mucha corrupción.
Todo Napoleón se sabe en algún sentido bajito. La gente crea imperios económicos, si antes no acaba en la cárcel, por rencor contra el mundo, que injustamente le ha negado algún don que tanto adorna a otros. Y también para poder preguntar a todos con la mirada: ¿quién te has creído que eres? ¿No os creíais más listos que yo?
Una de las mayores fuentes de maldad y de riqueza es la falta de talento o la impresión subjetiva de sufrir esa carencia.

por enriquebrossa | 18 18+00:00 Mar 18+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Sufrimos una epidemia de frases huérfanas muy apreciadas por mujeres de mediana edad y otros humanos en apuros. La gente abandona estas palabras como si fueran globos, esperando verlas elevarse hacia el cielo infinito para que, de paso, tiren del débil espíritu de supervivencia del hombre actual. Y tal como sucede con los globos, que nunca sabe uno dónde y cuándo cayeron de regreso para volver a pisar la tierra, estas pretenciosas declaraciones parecen desintegrarse por el camino, en algún lugar de la atmósfera sin que les oigamos hacer pop. Frases no solo huérfanas, sino de padres desconocidos, manoseadas y hasta prostituidas, muy categóricas todas, y supuestamente motivadoras; enunciadas como si fueran la clave para salvar el mundo. De duración efímera porque nada sabemos de su contexto, ni a qué razonamiento completo pertenecen o qué filosofía exponen. Con la cabecita hueca, el humano más informado e inconsistente de la historia, lanza sus globitos a semejanza de sus cráneos, llenos de aire o de un gas todavía más liviano, de menor peso aun. La única esperanza es recibir la sonrisa de otro humano igual de infeliz que aplauda el color del hinchable. Y obtener el apoyo de una ilusoria lucidez, valga la redundancia, y con ese ánimo, poder pechar con un tiempo al que creemos que le falta algo. En realidad le falta mucho y le sobra casi todo a esta civilización del nuevo patán, tan patán, tan confundido e informado.
por enriquebrossa | 8 08+00:00 Mar 08+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Afeitarse no es simplemente rasurarse la cara. Es una costumbre romana. Una muestra de la herencia latina. Pero no sólo significa nuestra admiración y respeto por los clásicos. Tampoco pensemos que significa únicamente un deseo de civilizarnos, alejándonos de nuestra salvaje configuración física. Es mucho más que domesticar nuestra masculinidad renunciando a arañar los rostros suaves de las mujeres con las que amamos. Afeitarse es ante todo un momento en el que los hombres hacemos muecas ante el espejo para estirar los recovecos de la piel de la cara. El hombre de hoy, gracias a que se afeita el mentón, sabe que no está listo para salir de casa y lanzarse al mundo sin antes poner varias veces cara de mentecato ante el espejo. Tras este ejercicio, puede complementar su puesta a punto
colocándose una tira de tela que pende del cuello llamada corbata. Esto es lo que debe hacer un caballero para empezar esa unidad de nuestra existencia llamada día (podíamos haber dicho simplemente día) y salir al encuentro de su vida. En general, un hombre bien educado, debe hacer muecas ante el espejo cada vez que la Tierra experimenta un giro completo sobre sí mismo. Quizá sin hacer esos gestos en el cuarto de baño el mundo se pararía y en la mitad del planeta seguiría la noche y se quedarían todos a oscuras. Mirarse en el espejo y poner cara de retrasado mental al quitarte la barba contribuye al normal giro del mundo y al progreso de las cosas. Si una mañana no me afeito y siguen existiendo la tarde y la noche, y si después llega además otro día, es gracias a que otros varones, en involuntaria solidaridad, me están relevando.

por enriquebrossa | 1 01+00:00 Mar 01+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Relatos
Es normal, pensaba con mi tercer o cuarto güisqui en otro bar distinto: en mi colegio de curas fui un ateo precoz, que no tendría más de once años o así cuando me dio la primera venada agnóstica. ¿No era eso un signo de genialidad? ¿No es un niño prodigio el que se plantea dudas existenciales a los once años? Fíjate bien: probablemente fui el primer niño ateo de mi clase. ¿Qué te parece? A mí me parece que no debo dejar de serlo así, tontamente, porque eso, oye, ahí está, aunque luego tú vayas y digas: ¿Ah, sí? ¿Conque sin creer en Mí? ¡Pues caña, por ateo! Desde luego, así por las buenas no pienso ponerme a creer. Hombre, en todo caso podría convertirme en un momento de gran dramatismo, como fruto de una profunda reflexión motivada por el choque emocional de algún hecho trágico o algo así. ¡Ponme un milagro! Por ejemplo, me empiezas a hacer varios milagros que yo intento negar, ¿sabes?, que yo intento no creer de acuerdo con mi naturaleza de hombre escéptico y racionalista, y un segundo y un tercer milagro, y yo diciendo: ¡Si no puede ser! Con el ceño fruncido. Todo el rato, ¡Nada! ¡No puedo creerlo! Y Tú venga, hala milagros todo el rato, milagro va y milagro viene. Y yo: que no, que es mentira. Y Tú: ¡Otro milagro! Y yo que nada. Y entonces Tú.¡Pumba! ¡Milagro! Pero ya milagrazo fuerte de verdad. Y entonces voy yo y digo: ¡Gracias, Señor! Y me caigo de rodillas con las manos juntas. Y lloro sin pestañear, como los muñecos, mirando una luz (no de bombilla, sino una luz divina, se entiende). Rezo. Y así ya, sí que dejo de ser ateo y hasta, si me apuras, dedico mi vida a la religión. Después de tantos milagros, oye… Sin meterme a cura ni en ninguna de esas, porque Tú, Dios… No sé. Creo que te pasas mucho conmigo.
Mira, ¿sabes qué?, no lo veo.
No sé, no lo veo.Y bebo güisqui. Bueno, a lo mejor, a lo mejor, caigo de rodillas ¡Pero a lo de las manos juntas me niego, no sé por qué! Si yo fuera Saulo de Tarso, me caería del caballo y diría: “Estaba ciego, pero ahora veo claro, Señor. Abjuro de mi fe atea”. Pero ahora, que no se usan ya los caballos, o me voy a un picadero y me convierto por allí cerca y tal, o me caigo de la moto, y cuando se acerca el guardia digo que estaba ciego y que ahora sí que veo bien y todo eso. Lo normal en un caso así sería que me hicieran soplar. A ver qué papel hacemos si cuando estoy yo con lo de la luz divina y el coro de ángeles porque tengo el alma recién recuperada, se oye, a ver, sople usted. ¿Usted sopla o no sopla el alcoholimetro?, en medio de los coros celestiales. Casi peor que lo de las manos juntas de antes, ¿no le parece, camarero? El camarero no me escucha. Sigamos.Yo qué sé. La verdad es que ni así lo veo claro, lo de volver a creer. ¡Que fui el primer niño ateo de mi clase, macho! Y sigo siendo un niño ateo. Lo que pasa es que soy un ateo no practicante. Un ateo no practicante. ¡Qué frase, Señor, qué ingenio!Quizás sí que hay un santo dentro de mí, me decía yo a mí mismo paseando otra vez bajo la noche. En estas que… ¡Justo! ¡Aparición! Claro que hay un santo dentro de mí. Un profeta quizás. Mi vecina la modelo. Esto sí que es un milagro. Su abrigo blanco, sus piernas, sus pelos, sus ojos (aunque desde allí no se los distinguiera, pero la imaginación hace mucho). Todo en ella era… no sé. Hasta el perro, casi. Ya sé que me la encontraba mucho paseando su perrazo a esas horas, pero… ¡Supongamos que sea un milagro! Señor, no está del todo bien pedirte estas cosas pero, Señor, haz el segundo milagro. Que se cumpla el resto del sueño y lo haga con la modelo del tercer piso, Señor, y vendo mi alma a Dios. Por favor, Señor, que te implora tu siervo, márcate un detalle y al cuarto, yo, tu cordero, creeré en Ti, le dije, porque es que yo en cuanto bebo un poco más de la cuenta enseguida empiezo a tratar a Dios de Tú. Al cuarto milagro. Al cuarto polvazo, Señor. ¡Que digo! Al segundo empezaré a sentir tu llamada, Señor. Está con su perro. ¡Rápido, qué le digo! ¡Algo ingenioso!– Hola… -lo normal era decir eso.
(Fragmento)
por enriquebrossa | 26 26+00:00 Feb 26+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos, Reflexiones
Hay un yo más consistente. Sin tanta tontería. Otro más dicharachero. Me gusta más el serio. Pero me lo paso mejor con esta otra identidad superficial y alegre. Otra de mis personalidades es la de muermo, y víctima de atropellos. Infeliz y pupas. Este se parece mucho al tímido, aunque el tímido tiene mucha más miga… Y es generoso. Luego está mi mente de científico racionalista. Es una de mis favoritas, pero ¿a quién le interesa? Supongo que ya conocéis al soñador, cuya mirada se funde con el mar y traspasa el horizonte hasta alcanzar a tus ojos. Eso por lo menos.
Luego tengo dos personajes que riñen por tomar el control. Uno es el adolescente. Fundamental para conocerme. Es de lo mejor que tengo. Pensarás que al adolescente se contrapone el adulto. Te confundes: el que lucha con el adolescente es el niño. Con el niño juega aveces el padrazo, que solo va con mis hijos, claro. En algunos aspectos no da la talla pero en otros se esfuerza en ser verdaderamente cariñoso y especial. A este le acompaña un sacerdote moralista algo cargante, el cuál discute mucho también con otra firma de cuidado: no sé si es seductor o ligón. Depende. Digo yo que tirará hacia hortera, como la canción aquella del que fue paloma por querer ser gavilán. ¡Ay,amiga! Lamentable muchacho, pero tiene mucho de bueno verle cómo desafía el paso de los años. ¡Y cuánto bien hace… ! Pero luego el fiel no le permite pasarse nada de nada.
El adulto rara vez hace acto de presencia. No se mete casi, pobre hombre. No nos soporta a algunos de nosotros, como por ejemplo al enamorado, al soñador… Con estos tiene poco que ver. El adulto se lleva bien con el ejecutivo, pero más por respeto que por afinidad real. Con estos dos suelen salir a charlar mi faceta realista. Un tipo a la vez cínico y descarnado. En lo crudo coincide con el melodramático y con el pesimista. ¡Vaya par! Si los ves, sal corriendo. Quedan a veces a comentar las noticias con mi yo del sentido del deber: el responsable.
El muermo que he mencionado antes es otro, pero no te creas que le aceptan del todo.
Algo tiene en común con el trabajador incansable. Siempre recriminando al procrastinador, un tío muy bohemio que últimamente me resulta francamente molesto. ¡Con lo bien que me he llevado siempre con él! Pero nos estamos distanciando…
No le quites la vista al elocuente. Piensa bien, se expresa mejor, es contundente, ecuánime y sin embargo justiciero. No viene para cualquier cosa…
En fin, como he empezado diciendo, hay un yo más consistente y sin tanta tontería. Pero es muy caro de ver. Ojalá viniese más, y así te lo podría presentar.

por enriquebrossa | 7 07+00:00 Feb 07+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Relatos
fragmento
Todo lo que estoy contando ocurría en aquel año que tanto llovió en Madrid. Porque en Madrid hay años de esterilidad y de sequía. Años de vientos que arrancan las ramas y años también de aguaceros tercermundistas. Nunca nada apocalíptico. Pero es una ciudad cuajada por la inconstancia. Pocas nieves atlánticas, por mucho que nos empeñemos: solamente una vez por lustro llegan aires del norte que cubren de blanco asombro las aceras durante pocas horas, pero se diluye y se ensucia en seguida, porque nada salvo lo errático persiste en este suelo.
Volvía a casa siempre por el mismo camino. Me tocó un semáforo junto a las fuentes de Colón, de espumas blancas que a mí me parece que me tienen que salvar o lavar de algo. Sin embargo, metí el coche por Génova, que tenía un tráfico espeso y grasiento bajo el sudor frío que goteaba de la frente azul oscuro de Dios, y que se escurría indolente y turbio, pendiente abajo hacia la Plaza del Descubrimiento. Anocheció deprisa sobre mi coche, casi de golpe, por distracción mía, porque estaba mirando rodar la grasa azul marino y a mi juventud desarrimándose por la Glorieta de Alonso Martínez, y no me di cuenta de nada más. Eso es, todo tiene su explicación, porque en aquella tarde de aguas no había chicas en la terraza de la Cervecería Santa Bárbara. Es que se acuerda uno de la cervecería Santa Bárbara cuando truena y ha llovido mucho ya, hasta demasiado. Quedaba eso sí, por la zona, un cierto olor a mojado, a metro y a tres pintas y a dos dobles de gambas y a mira a ver, que siempre te estás dejando el mechero en todas partes.
Pero nada más. Sin más gente que algún transeúnte, señora con paraguas, que sortea goterones, canaleras, regachas y canalones. Vacío.
“España huele a eso… “, decía la canción.
Es posible que tenga algo de fiebre, unas décimas.
Goterones, canaleras, y regachas.
Las palabras se repiten como un estribillo:
Canaleras
goterones,
regachas.
¿Qué son las regachas?
Está lloviendo mucho ahora y la lluvia hace mucho ruido sobre el coche. Hay algunos pilotos de color ocre brillante sobre el salpicadero y luces ámbar y rojas detrás de las gotas del Santo Sudor. Me estorba el limpiaparabrisas. Advierto que una modorra gripal se está instalando en mis brazos y piernas. Cada vez que pasa el limpiaparabrisas se me lava una idea; cada vez una sensación menos. Si lo paro, las gotas de agua van cubriendo el cristal y me siento solo como en un túnel de lavado, o como un submarinista nocturno en altamar.
Nadie arreglará el tráfico de esta ciudad.
Vuelvo a encender el limpiaparabrisas y las escobillas arrojan a un lado un montón de ideas mojadas. Subsiste la nostalgia por Anabel, pegada al cristal como una octavilla lamida por el aguacero.
Ya no era la tarde cuando llegué a mi casa. Arrimé el coche a la acera y miré la lluvia caer, recordando la noche en que nos unió el milagro. La vi, no sé por qué, con una aureola blanquecina de Santa Anabel de la Malasaña, o quizás de Virgen de Maravillas. Aureola reverberando alrededor de su cabeza, al margen del aguaviento; completa su imagen de sacro icono con una de las dos bestias que dieron calor al Divino Portal cogida por una correa, pero sin José y sin Niño Jesús; paseando indiferente su perrazo y su misterio por entre los chuzos, atravesando la cortina, andando sobre las aguas; presta a santificar y dar su bendición a los drogodependientes de la Plaza del Dos de Mayo.
Por la otra ventanilla, a mi derecha, vi al ciego en nuestro portal abriendo su negra boca al agua de lluvia y parando las gotas con sus barbas corrompidas o podridas o putrefactas, no sé como lo decía la vieja, como un pirata pechando el temporal desde la proa, pero quebrado y esquelético, como él era. Le vi arremangándose y levantando los brazos. Tal vez lavándose las pobredumbres. Tal vez pidiendo justicia, maldiciendo o rezando. O riéndose. No sé.
En ese momento se me rompió la nariz en un estruendo y casi llegué tarde con el clínex para contener mi desbordante mucosidad. Quizás fueron cien los estornudos sucesivos y cuarenta o cincuenta los pañuelos de papel en los que los fui depositando y envolviendo, junto con briznas de cerebro escupidas ora por el conducto nasal izquierdo, ora sonándome el derecho. Me pican los ojos y el paladar, me faltan las fuerzas, y entre los sesos rotos bajo mi cráneo queda escrito mil veces y entero el nombre glorioso de Anabel.
Romántica es la cosa…
He subido a mi apartamento soñando el regreso de mi mestiza, pero no he llamado al piso de Anabel, no sea que otra vez tuviese compañía. Afuera, suenan las gotas, ya más despacio. Me metería a gusto en la bañera con agua muy caliente, pero nunca logré eliminar mis reservas respecto a su asepsia. Me quité los calcetines y pensando en el ciego, en su boca negra y en su cartón, metí a remojar un pie en el bidet y lo noté reblandecerse como el pan en las sopas de ajo. Estuve tocándome el otro pie con los dedos de la mano, casi hasta que el goteo volvió a sonar regularmente, como el tictac del reloj. No sé cuantas horas darían, no tengo ni idea.
por enriquebrossa | 6 06+00:00 Feb 06+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos

Educación: católico, de colegio de curas.
Estado civil: «cabreao».
Algunas veces voy a la iglesia a pensar, a ordenar mis ideas o a sentirme parte de la comunidad. Soy capaz de rezar sin fe, como un ciego que al hablar lanza sus palabras hacia la oscuridad.
Siento la vivencia de la religión, pero racionalmente no creo. ¿Cómo puedo compaginar esto? Pues eso mismo me pregunto yo, pero así es. Defiendo a la Iglesia porque, aunque no le hago caso, en algún sentido, formo parte de una gran masa humana de mentalidad humanista cristiana. Es algo parecido a lo que a partir de cierta edad te sucede con tus padres. No comulgo con sus ideas, veo sus enormes errores, pero siento respeto y mucho cariño hacia el cristianismo. Educo a mis hijos en el cristianismo, que creo es la base cultural de esta civilización, menos imperfecta cada vez si miramos con la perspectiva de los últimos 2000 años.
Algunas veces me complace ser muy superficial. Otras veces, todo lo contrario. Hay tiempo para poder alternar lo frívolo con lo grave.
El Dios en el que no creo nos ha dado capacidad para el placer intelectual que la gente suele desaprovechar. De los demás placeres, qué te voy a contar…
Admiro y quiero a Charles Darwin como si fuera uno de mis abuelos. Es otro Papa para mí.
Ideología política: partidario de la realidad, aunque viva alejado de ella. Liberal, moderado, demócrata, reformista, regeneracionista (según empleamos hoy este término).
por enriquebrossa | 31 31+00:00 Ene 31+00:00 2014 | En el lado positivo, LIBROSSIANO
Querida mía.
Desde que te fuiste lo he pasado realmente mal. Me he sentido como un trapo. He salido a buscarte, pero no sabía por dónde. He querido llamarte, decirte a gritos que junto a mí siempre tendrás cabida. Pero perdí mis fuerzas. ¡Estaba tan triste! ¡Tan indefenso sin ti! Me hundí.
A medida que me fui deprimiendo noté que algo en mí estaba cambiando. Me deterioraba. Empecé a enfadarme con todos y por todo. Me volví más irascible que nunca. Entonces comprendí que ya habías vuelto a casa, conmigo. Te quiero, rabia mía. Vamos a volver a hacer mil cosas juntos. Sí, mi rabia y yo. Tú has vuelto y también he vuelto yo.
Te quiero, rabia mía. No sé si nos comeremos el mundo, pero al menos le daremos un buen mordisco. Te necesito. Salgamos. Tú me ayudarás a poner muchas cosas al día. Juntos podremos.
por enriquebrossa | 24 24+00:00 Ene 24+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos
Estoy un poco cansado de todo. De que sea la una de la noche. De sentir descontento. De estar contento también he llegado a cansarme. Hastiado de entretenimientos. Harto de aburrirme. De esperar y de pasar el rato. Maldigo los tiempos perdidos. Las oportunidades desperdiciadas. Lo único que no me enoja son mis equivocaciones. Han sido tantas que cuando lo pienso me dan risa, pero no sé de qué me carcajeo más, si de mis errores o de mis aciertos. Busco un timón en mi interior pero no tengo esta pieza. He comprado algo incompleto y seguro que no me dejarán cambiarlo. Si me pusiera a rezar, ¿a dónde irían las plegarias de un ateo? Unas veces se me vigila y otras no se me escucha. No obstante es ahora cuando se aproximan los años de indiferencia y hojas secas. Demasiado cansado de todo como para hacer algo con todo este material.
por enriquebrossa | 16 16+00:00 Ene 16+00:00 2014 | Fantasías y ensoñaciones, LIBROSSIANO
Desordenarte, volverte, revolverte, revolcarte, volcarte, volcarme.
Y volverme.
por enriquebrossa | 16 16+00:00 Ene 16+00:00 2014 | En el lado positivo, LIBROSSIANO
El miedo es mejor que la apatía. Tras el primero al menos hay instinto de supervivencia. En la apatía ya no queda ni el deseo de resistir.
por enriquebrossa | 13 13+00:00 Ene 13+00:00 2014 | Fantasías y ensoñaciones, LIBROSSIANO

Deja que se te caiga ese tirante, por favor, no creo que pase nada malo. Y permíteme también que retire ese mechón que monta casi sobre tus ojos. Ni te he rozado.¿Podría ahora sujetar tu cara en mis manos?
por enriquebrossa | 13 13+00:00 Ene 13+00:00 2014 | En el lado positivo, LIBROSSIANO
Si no estás funcionando como deberías, abstente de tratar de introducir en tu cerebro consignas para mejorar (como esta que acabas de leer).
Lee si quieres esos articulitos que se titulan con un número pero no les des demasiada importancia: 7 maneras de vencer a la desidia; mejora tu autoimagen en 7 pasos; 14 maneras de hacerte rico en dos patadas; las 4 aplicaciones que podrían cambiar tu vida; como acabar de una vez por todas con el hábito de hurgar en la las orejas cuando estás en publico…
Este tipo de enfoques antes estaban en las revistas para señoras mayores y se ocupaban de las manchas en los jerseys de lana, los problemas con los hijos, el marido, 4 acciones contra la flacidez del antebrazo… ¿Es eso lo que tú necesitas? Así no vas a resolver tu vida.
Ahora las señoras mayores casi no leen revistas y de la gente que vivía de esas cosas, el que no se ha jubilado ya, se ha transmutado en coach, consejero por internet, creador de sentencias zen para apoyar a los desparejados, y creadores de power point con cachorritos. Medio mundo está molesto porque el otro medio trata de aconsejarle. ¡Cuando el verdadero consejero debería ser él, que para eso compró un título! ¡Cuánto intrusismo! ¡Qué valor tiene la gente!
Yo lo hago también y no sé cómo no me da vergüenza
por enriquebrossa | 11 11+00:00 Ene 11+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Si mi estado de ánimo me lo permitiera te diría algo, que sería mentira.
Si mi manera de ser no me lo impididiese, te explicaría algo… pero sería falso.
Si yo no creyera en ti y tú no creyeras en mí, podría confesarte… lo que no es cierto.
Cerraría la puerta, te abrazaría y te engañaría sinceramente.
Dame tiempo.
por enriquebrossa | 11 11+00:00 Ene 11+00:00 2014 | LIBROSSIANO

Reconozco que ya soy presa del pánico. Están dominando la casa. Ya he tirado varios por la ventana y he metido muchos en la basura. Pero al día siguiente parece haber más. Por eso pido ayuda a todo aquel al que llegue este mensaje. Quiero dejar claro que estoy pidiendo socorro urgente. Los hay en todas las zonas clave del piso. En el salón casi no caben más. En el dormitorio… ya no puedo dormir allí. Sorprende verlos incluso sobre las sillas de la cocina. Pero lo que más me horroriza es percatarme de cómo proliferan en las habitaciones de los niños. Me angustia pensar que en cualquier momento puedan volverse en contra de mis hijos.

Sospecho que ya dominan el cerebro de mi mujer. Están poco a poco tomando la casa. Un día vas por ahí y notas que hay dos más. Mueves uno y, sorpresa, hay otro escondido detrás. Es imposible saber cuántos son en realidad ni por dónde entran, ni de dónde proceden… No creo que sean de Marte. Pero puedo decirlo ya claramente y con todas las letras: se trata de una verdadera INVASIÓN y en toda regla. Repito: una invasión. ¡Y han venido para quedarse! Necesito ayuda. Sé que en otros hogares ya ha ocurrido lo mismo. Si alguien esta experimentando este fenómeno u otro similar, se lo ruego, deberíamos comunicarnos cuanto antes, repito, lo antes posible, inmediatamente. Quizá aun no sea tarde. ¡Dios mío! ¡Quien sabe! A lo mejor juntos podemos hacerles frente. Por favor, estoy desesperado. Necesito ayuda contra lo que estoy sufriendo, sea lo que sea. ¡Repito, desesperado! Alguien tiene que ayudarme a parar esto. Hagamos frente unidos, todos los hombres de la Tierra, contra esta invasión… ¡¡¡La Invasion de los Cojines!!!
En el siguiente episodio, tras la toma de la casa por los cojines, llega un nuevo invasor, aliado de estos. Las mantitas.

por enriquebrossa | 4 04+00:00 Ene 04+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Relatos

Éramos niños y estábamos jugando junto a la playa cuando vimos una botella de refresco vacía.
-¡No toques eso! -me dijo Luisito.
-¿Qué pasa?
-Que eres un cochino. Mamá dice que no hay que jugar con esas cosas que te encuentras porque no sabes si la ha podido tocar un leproso.
-Me da igual. Me gusta esta botella. La voy a lavar para quitarle la arena. Y además ya no hay leprosos
Y mientras iba a la orilla Luisito me seguía explicando lo temerario de mi acción.
-¡Que te crees tú que no hay leprosos! ¡Sí que hay! ¡Y tuberculosos también hay! Si no te lo crees pregúntale a mi mamá.
-¡Que ahora ya no hay! Eso era antes.
-Además mi mamá dice que te puedes cortar.
-Eso es solo si se rompe, idiota.
-¡Idiota tú! Ya verás si se te rompe.
-¡No se me rompe!
-¡Tú si que eres idiota! Y ahora ¿Qué vas a hacer con ella?
-Voy a mandar un mensaje en una botella, como en las pelis de piratas.
Luisito se rascó la cabeza. Y me dijo suavizando su tono de voz:
-Pero no tenemos corcho… ¿Cómo la vas a tapar?
-Pediré uno en el chiringuito.
-¡Buena idea! Mi madre tiene papel y boli.
Luisito olvidó de pronto sus propias advertencias y salió corriendo a por el papel sumándose a mi empresa. Entre tanto,como la botella estaba mojada decidí secarla con arena caliente. Entonces se me volvió a manchar de arena, lógicamente, y la tuve que volver a lavar en el mar. Finalmente la dejamos secar al sol mientras escribíamos el mensaje bajo la sombrilla de la mamá de Luisito. «Socorro. Nos han secuestrado unos contrabandistas. Necesitamos ayuda». No teníamos una idea clara de lo que era un contrabandista pero pensábamos que debía de ser bastante malo. Entonces metimos el mensaje en la botella de Trinaranjus y el señor del chiringuito nos ayudó a poner el corcho y a taparla bien. Fuimos corriendo, quemándonos las plantas de los pies, hasta que nos metimos en el agua para lanzar la botella lo más lejos posible.
-Mi mamá no me deja pasar de donde me cubre las tetillas.
-¡Qué cagueta eres, con tu mamá todo el rato! Dame la botella, la lanzaré yo.
-¡No! La lanzo yo.
-¡No, trae!
Luisito lanzó la botella muy torpemente antes de que yo se la quitase.
-¡Qué poca fuerza tienes! ¡Vas a ver yo!
Nadé hasta llegar un poco más allá de donde estaba Luisito parado, que volvía su cabeza para ver si su mamá le estaba observando. Ésta efectivamente hacía señales al niño.
-¡Mi mamá dice que volvamos!
-Espera.
Cuando alcancé la botella yo ya no tocaba el fondo con los pies. Traté de enviarla muy lejos pero, al no tener punto de apoyo, mi lanzamiento no fue mucho mejor, como rápidamente señaló mi amigo. Luego nos sentamos en la orilla a esperar.
-Puede que la botella llegue a América con nuestro mensaje.
-Sí. ¡O a Rusia!
-¡O a Nueva York!
-!Eso es América, tonto, ya lo hemos dicho!
-Pero allí vive Superman.
-¡Hala! ¡Mentira! ¡Superman no existe!
En pocos minutos las olas trajeron la botella hacia la playa a unos metros del agua que lavaba nuestros pies. Un niño la encontró y se la mostró a su hermana.
-¿Ves? No es tan difícil hacerle llegar a alguien un mensaje en una botella -dije -. Si un día me pasase algo pediría ayuda con una botella como hoy. ¡Una idea buenísima! Es lo que hacen siempre los náufragos, ¿sabes?
La hermana del niño trató de destaparla pero como el señor del chiringuito se había empleado a fondo empujando el corcho y la niña no lo lograba, la llevaron a su papá para que se la abriese. Éste miró la botella con aprensión y sin tocarla, les dijo algo que no podíamos oír, señalando con el brazo extendido y el dedo apuntando. Como la estatua de Colón, pero no mirando a la tierra de Superman, sino hacia la papelera. Los hermanos, obedientes, la fueron a dejar allí sin rechistar y volvieron a sus juegos sin darle más importancia.
Nos quedamos un poco decepcionados.
-Bien, hemos comprobado que los mensajes en botella llegan a la gente-dijo Luisito pensativo-. Lo difícil es que te hagan caso.
Y el sol siguió brillando en sonrisas sobre las pequeñas olas, indiferente por completo a nuestra decepción.
por enriquebrossa | 4 04+00:00 Ene 04+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones

La presión atmosférica media al nivel del mar se sitúa en torno a los 101.325 kPa, con una altura de aproximadamente 8.5 km. No puedo soportar tanto aire sobre mi cabeza. Y delante, detrás, a los lados… está todo lleno de aire, demasiado aire. Por mucho que inspiro no logro respirármelo todo y cambiar todo ese gas por mi aliento.
por enriquebrossa | 3 03+00:00 Ene 03+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Por ningún lado. No está. Necesito mi rabia y no la encuentro. Esta mañana estaba conmigo… Estuvimos tan juntos y encolerizados…. pero ahora… No puedo creer que ya no esté.
Quién sabe porqué me habrá abandonado. ¿Y si le ha pasado algo?
Vuelve, por favor. Sabes que formas parte de mí. Si tú me faltas, no sé qué voy a hacer.
¡Rabia, vuelve conmigo!
por enriquebrossa | 30 30+00:00 Dic 30+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos
Ella cerró la puerta con llave. Apagó las luces. Se aseguró de que el perro dormía enroscado sobre su manta. Graduó el termostato antes de irse a dormir. Revisó los dormitorios de los niños. Dejó lista la mesa del desayuno para la mañana siguiente. Se lavó los dientes. Se puso el pijama. Se metió en la cama y apagó la luz.
Yo me acerqué a la ventana. La abrí. Sentí el frío. Me encendí un cigarro. Fui a la cocina dejando las ventanas abiertas, usé una taza del desayuno para servirme un güisqui. El perro salió a olfatearme los zapatos y luego se fue a dormir al sofá del salón. La botella se me acabó y abrí la puerta de la calle que ella había cerrado con llave y dejé el frasco con las basuras. El perro despertó a los niños. Luego fui a mi cuarto, encendí la luz, la desperté sin querer.
Pienso que estoy deshaciendo todo cuanto ella hace.
por enriquebrossa | 27 27+00:00 Dic 27+00:00 2013 | Fantasías y ensoñaciones, LIBROSSIANO

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Él no quería que nadie hiciera imposible lo que siempre había sido imposible.
Parece una locura pero se puede llegar a sentir así cuando las emociones se mueven cerca de la frontera. Los dos estaban tan próximos ya que les parecía que no estaban lejos de traspasarla. Pero la cuestión no era la distancia hasta la barrera, sino su altura.
Por eso no estaba en su mano aceptar que nadie le quitase aquello que, afortunadamente, nunca había tenido.
por enriquebrossa | 23 23+00:00 Dic 23+00:00 2013 | Fantasías y ensoñaciones, LIBROSSIANO
Me gusta sentirte cerca, sobre mis rodillas, ya estés vestida o desnuda, es lo de menos. Parece verdad que no estés aquí, pero ahora sé que si junto palabras es para encontrarme contigo, para que salgas de mi mesa, y de los papeles. Para reírme contigo, pensando en lo que yo diría, o en lo que tú, con tu gracia y tus ojos reflejando los ventanales, me podrías responder. Tú me mantienes, a este soñador, soñándote. Sentado ante mi escritorio, estoy junto a ti. Navego contigo, te beso, me río, me lloras, discutes, te siento en mis piernas, me besas, me paso… Nada ridículo hay en una fantasía auténtica como la nuestra. Tú y yo nos movemos bien dentro de una zona a la que no es fácil acceder si vienes de lo estéril o de lo cursi. No se puede indicar el camino para ir hacia allí. Los que nunca han estado en nuestro territorio, no es de esperar que vengan a hacer turismo. Por eso ésta es nuestra región, el parque que solo conocemos tú y yo. Quién no ha visitado nunca nuestros jardines busca la alucinación, pero nosotros no vamos tan lejos
La imaginación nos aproxima a la realidad. No nos la aleja, ni la deforma, ni la sustituye. La atrae, como tú me atraes hacia ti, mientras te invento o te presiento.
por enriquebrossa | 14 14+00:00 Dic 14+00:00 2013 | Fantasías y ensoñaciones, LIBROSSIANO
Si te molesta el sol, yo te lo quito. Y lo que te dé calor, déjame que yo lo aparte y te sople despacio para que se te pase. Si no quieres no te miro. Y si quieres lo adoro. O me lo como. Si te disgusta la noche, no me importa traer el astro de vuelta.
Si te estorba el tiempo, yo te lo paro: suprimimos juntos, las horas, los minutos y los años que no te agradaron vivir, tú me los irás diciendo. ¿Qué prefieres? ¿Un beso o un helado? ¿Una mirada o un cuento? ¿Un rapto, un verso, o unas risas? Dime qué quieres que haga con este mundo, si te va bien aquí, o lo cambio de sitio, o te hago un universo nuevo solo para ti. Tú pide. Porque desde que te he descubierto, ahora que ya sé que existes, me siento capaz de todo.
http://ow.ly/rLqg8
por enriquebrossa | 14 14+00:00 Dic 14+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos, Según creo
Se me ocurre hacer algo como esas poesías de versos de estructura repetitiva, refiriéndome a que estoy de mala leche. Algo así como:
Hoy el sol no me transmite alegría;
La luz de la tarde no me ilumina sino que me ciega.
Hoy ninguna mirada me sonríe,
hoy mis pasos me retrasan,
y mis palabras se apagan.
Hoy mi cabeza no está fresca.
El horizonte no me sabe a esperanza,
Y el azul no parece el mismo azul….
Pero al final, lo que se me ocurre escribir es:
Hoy no estoy para gilipolleces.
Cuidado con el perro.
por enriquebrossa | 14 14+00:00 Dic 14+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Relatos

El niño empezó a correr y correr y correr… y desplegó los brazos tratando de planear. Agachó la cabeza para penetrar mejor contra el viento, y chilló, chilló, chilló como si fuera a arrancar a mordiscos las tripas de alguien, y seguía y seguía. Seguía corriendo con los brazos en alas, cada vez más veloz, con más rabia y mayor fuerza hasta que la garganta le falló, las zancadas se le agotaron. Siguió tratando de soltar unos gritos afónicos que se le ahogaban en el paladar, y su velocidad fue decayendo por el dolor de sus muslos, y su ánimo se hundió hasta precipitarse contra la tierra y poco a poco comprendió que nunca lograría echar a volar, porque Dios, caprichosamente, no le había querido conceder aquel don que tanto deseaba.

por enriquebrossa | 13 13+00:00 Dic 13+00:00 2013 | Escribir, Herramientas para Escritores, LIBROSSIANO, Mis autorretratos, Relatos
Veo un aeroplano aterrizando inesperadamente en el Paseo de la Castellana. Varios hombres se lanzan con cuerdas desde las torres de oficinas que flanquean la amplia avenida. Veo el río de la ciudad convertido en el Amazonas, surcado por mi lancha motora, alargada como un enorme lápiz, que casi vuela mientras los monos miran asombrados desde los árboles de las orillas. Los nativos me disparan lanzas, flechas, dardos…, ¡de todo!. Los cocodrilos acechan, el motor ruge y hay una enorme estela de agua que salpica casi con mayor profusión que las bombas que me disparan desde un cielo intenso, lluvioso, tropical.

Veo a un héroe, que podría ser yo mismo, que tira a puñetazos uno a uno a todos los que abordan mi barco desde otras lanchas enemigas. Hasta que finalmente, justo antes de que explote mi planeadora, salto hasta agarrarme a un helicóptero conducido por una hermosa y sofisticada mujer con gafas de sol.
Al terminar de trepar, mientras esquivo las balas, entro en la cabina y la atractiva piloto se sube las gafas de sol hasta el cabello, sonríe enigmática y se baja la cremallera de su mono mimetizado mostrando rotundas bombas de considerable calibre. Cierra los ojos, profundos como el mar y todo eso. La beso.

Y luego ella me pone una escafandra. Tras desprenderse de su mono, se queda en una delicada ropa interior y me dice: «¡Rápido!, tenemos solo unos segundos para vestirnos de astronauta». Nuestro helicóptero convertido en el Apolo XXII se dirige a la conquista del espacio. Yo aprecio el imponente cuerpo de mi compañera mientras se pone un traje espacial que le queda tan sexy que noto inmediatamente en cierta parte de mi cuerpo claros síntomas de la pérdida de la atracción de la gravedad. Nuestra cohete se aleja. La Tierra se ve más pequeña cada vez por los visores del cohete y la nave se recorta ya contra la majestuosa estampa de Júpiter que con sus anillos brillantes nos aguarda adornado de verbena, como un planeta en fiestas que nos diera la bienvenida.

Soy un soñador. Cuando estoy parado desarrollo una actividad frenética. El niño que hay en mí domina mi mente.Un privilegio y una desgracia.
Pienso en 3D, Dolby y sensorround y todas esas cosas que se quedan tan cortas siempre. Disfruto de realidad virtual sin dispositivo alguno. Alucino sin necesidad de narcóticos ni sustancias tóxicas.

Comprendo que me envidiéis, lo comprendo tanto como que os burléis de mí. Yo lo haría también. Siento que soy el primero del mundo al que le pasa lo que me pasa. Que nadie antes que yo lloró, ni río, ni besó, ni corrió contra el viento, ni comió pipas con sal. Vivo una aventura que no cesa. Y tengo que contárosla toda entera, para que tengáis la suerte de poder imaginar una existencia casi tan apasionante como la mía
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por enriquebrossa | 13 13+00:00 Dic 13+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Relatos

Huerto de los Olivos
Hoy he subido al monte con la piedra más grande de todas.
Un día Jesús dijo que nos sacrificásemos y que subiéramos piedras al monte de los olivos o a no sé cuál. Yo llevaba una piedra muy pequeña, porque a mí estás historias no me entusiasmaban. Total: que subí el primero y muy descansado a la cima. Cunado llegaron todos, Jesús se puso en plan hijo de Dios como hace siempre y la verdad es que hizo un milagro, las cosas como son. Convirtió las piedras en panes. ¿Qué pasó entonces? Pues que todos se hartaron de comer y yo me quedé con hambre. Lo hace a mala idea… Algunos dirán que no, pero yo sé que lo hace a mala idea. Desde entonces mi piedra siempre es la más grande. La subo haciendo esos sacrificios que Jesús nos pide, que no sé para qué sirven. Siempre llego el último a la cima, exhausto, molido de cansancio, con la esperanza de que Jesús convierta mi gran piedra en un súperbocadillo de chorizo de los que dejan asomar las rodajas por todos los lados. Pero desde entonces, oye, qué casualidad: ya no ha hecho más trucos.
Hoy ya no he podido remediarlo. Como decía, he pillado una piedra enorme, que casi no podía con ella. Esperaba que ya se marcase un detalle… Pero Él se ha sentado en la cima del monte contemplando «todo lo que ha hecho mi Padre», como Él dice siempre. Y es que siempre se está chuleando con lo de su papá. ¡Ya está bien, Dios mío, ya está bien de tanto presumir! ¿No quedábamos en que todos éramos hijos de Dios? Me he acercado y le he dicho:
– Jesús, oye… – Él ni caso
– Jesús, una cosa… -y Jesús como si nada.
– ¡Jesús! -le digo ya levantando la voz. Hasta que poniendo mala cara me dice:
– ¿Por qué me interrumpes, apóstol? ¿Es que no ves que estoy hablando con mi Padre? ¿No ves que estoy orando? ¿Qué quieres?
– Nada Jesús, nada… Sigue, sigue, de charleta con tu Padre si quieres…
– ¡Pero tú qué te has creído! No, venga, dime. Ya nos has interrumpido. ¿Qué quieres?
– Que es que… que tengo hambre… – Y señalé mi pedrusco haciendo un gesto de mi nariz judía y barba canosa, como diciéndole al hijo del Creador, que, bueno, que qué pasaba con lo de los bocatas.
Entonces sube las cejas Jesús, con unos aires… unos humos, como si fuera la esposa de un fariseo y dice con una leve sonrisilla:
– No. Ya ves. Hoy no hay milagro…
– ¡Pues tócame las narices!
Me levanté y me senté apartado de Él y de todos. Además, bien cabreao. Entonces se me acercó Juan. Me puso la mano en el hombro y me dijo:
– Desde luego, Judas, no me extraña que lo quieras matar. El tío no hace más que joderte todo el rato.
(Es una versión de un chiste)
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por enriquebrossa | 10 10+00:00 Dic 10+00:00 2013 | Erótico, LIBROSSIANO
Hueles mucho a mí. No importa lo mal que te sepa mi recuerdo; aunque sientas la rabia que sientas.Todos mis olores están en ti. No hay parte de tu cuerpo ni en tus prendas que no esté impregnada. Tu nariz no deja de percibir distintos momentos y sucios matices. Especialmente, tu pensamiento, sigue recorriendo los aromas que querrías detestar. Cierra los ojos, abre la boca, y recuérdame. Respírame. Inhala otra vez aquellos instantes. No puedes evitarlo. Estoy aquí. Aunque te duela, sigo dentro de ti. Moviendo tus labios y manos. Durante un tiempo vas a ser mía. Tardarás años en olvidar.