EN TIEMPOS DE CAMBIO.

EN TIEMPOS DE CAMBIO.

Aquella noche, como tantas otras, salí a contemplar desde la terraza el modo en que la noche suave recorría las calles y a encontrarme con mis reflexiones mirando las nubes. No es que tuviera nada contra las estrellas, pero en Madrid no se ven fácilmente, y mi vista tampoco era perfecta. Por eso me recreaba más en las nubes que en las estrellas. Sin embargo, no sabía qué pensamientos y emociones elegir. Me di cuenta de que tenía que definirme. Tanto entrenamiento zen de la conciencia, tanto eliminar los pensamientos negativos, tanto desbrozar el jardín de mi mente de las malas hierbas, tanta relajación, tanta visualización…

Puesta de sol sobre el terreno

Puesta de sol sobre el terreno

No sabía cuáles eran mis sentimientos. Los que tenía antes, o los que me había tratado de autoinculcar. Los viejos o los nuevos.. Me sentí a mitad de camino. Yo ya no era el de antes, pero todavía no era el futuro ser en el que me estaba transformando. Ni el doctor Jeckly ni Mr. Hide. Respiré profundamente la noche pero no supe si tenía que mirar la luna llena o anclar mi atención en la percepción del paso del aire por mi nariz, que por cierto, me estaba picando un poco.

(fragmento)

La última rendija

puerta_entreabierta_muralesyvinilos_768850__XLtaringa.

Lo mejor que logro encontrar al final de una historia es un quién sabe si tal vez. Esta es la situación del hombre ante la existencia. Queda la esperanza. Una esperanza desesperada, pequeña y helada.  Más que un quizás es un difícil «nunca se sabe». Aferrarse a una falsa incertidumbre. Es una fe escasa, matizada, remota. Una mirada de párpados fruncidos.. Una confianza minúscula. Un débil hilo. El haz de luz atravesando la última rendija que queda antes de que la puerta se cierre del todo. Y quede la oscuridad muda.

Noche

Hoy la noche se siente lejana, como si nunca hubiera existido. Antes llena de significados y ahora no se muestra siquiera. No noto los ecos, no percibo los rumores. La oscuridad está vacía. ¿O es mi corazón?

La oscuridad o mi alma están ya ciegas.

Buenas noches.

Urgencias

Urgencias

Nada une tanto a dos desconocidos como la sala de espera de urgencias de pediatría de un hospital. Miras a otro padre y sabes exactamente lo que piensa él y él sabe cómo lo estás pasando tú. Nada que decir. Todo está dicho ya. Esperemos que no sea nada importante. Los dos estamos muy concentrados, como si pudiéramos cambiar los hechos con nuestros pensamientos. Quizás rezando. Enviando fuerza, cada uno a su hijo. Quizás tratando de sobornar al destino con promesas. «Si al final no pasa nada juro que haré por este crío… » ¡Lo que sea! Esos momentos en que no piensas en ti mismo, sino en otro, y si el otro es nada menos que tu hijo, deberían dejarnos suficiente huella como para, resuelto el problema, salir transformados. Como personas que han recordado qué era lo que de verdad les importaba: el amor de verdad. ¡Resulta que era eso! ImagenF4Ese momento de los padres y madres, o de hijos; ese silencio preocupado, lleno de significado, debería merecer el mayor respeto. Más aun que los fallecidos. Son seres humanos tropezándose, cara a cara, con las verdades de la vida. 

Mi selva

pubu17_qkYIp2Bl6cvB

Has brotado tú, en forma de maravilla. Como las fuentes, como las selvas. Igual que me gusta beber, o escuchar música alterando mi ánimo, igual me gusta mirarte. Me emborracha. Noto que algo me está volviendo más y más tonto aún de lo que ya era, y son tus labios, tu voz y tus ojos. No me importa quedarme así. Mirarte vale la pena.

Incómodo

Incómodo

Hablo de un viento incómodo. No es una brisa suave. No es un aire fuerte que te despeje la mente. No es el soplo que te ayuda a navegar. No lo es.

Es un viento a golpes, a arrebatos, sin regla, seguidos. Continuos pero también discontinuos. No me obsesiona, pero me irrita. Es la sorpresa permanente. Nadie puede acostumbrarse. Golpea las ventanas, llama a la puerta. Te pide atención a todo, porque todo lo puede tumbar. ¡Cuida! ¡No te dejes nada en el jardín, se volaría! ¡Ojo con el tendedor! ¡Cierra bien la ventana! ¡A ver lo que sacan los niños afuera! !Cierra bien, que se va a portear! Revisa el tejado, que parece crujir…

¡Pero además te incordia, te aturde! No me vence, no me arrastra. ¡Pero cuánto me acosa, Señor, cuánto me acosa! ¡Atormenta! No nos respeta. El viento no quiere más que hacer que todo baile al compás de sus silbidos. No te insta a que le acompañes, te empuja con malos modales, corrigiendo tu trayectoria. Siempre enfadado, huraño. Está molesto y me molesta. No descansa si antes no me altera, y entonces, tampoco.

Un cambio de aires va a ser preciso. Me iré a otras tierras, donde la atmósfera sea más amigable. Donde mis hábitos no estén condicionados por sus ventoleras.Que pudiera mecerme el cabello, hincharme el abrigo, que debiera subirme las solapas, que rompiese los hilos de mi cometa, que fuera frío o caliente… Se lo podría consentir casi todo. Pero no que su presencia sea tan sobreabundante y excesiva, desmedida y desbordada. A favor o en contra, me estimula notar el movimiento en la cara, sentir que me abro camino en el gas invisible que cubre la tierra. No soy marino para la calma chicha, pero tampoco tolero que me hostiguen.

Si tienes prisa, ve, corre, deja de bufar a mi alrededor. Ve, tú sola, con mares y nubes a rachear. Ve a sembrar y a recoger tempestades con otro, que no sea yo. Son tus ímpetus, no los míos. Corre en la dirección que quieras a zarandear por ahí a quién te lo consienta.

Yo me iré, me iré. Me iré a otros valles más suaves. Buscaré un lugar donde pueda volver a reinar. Y te aseguro que en mi nuevo hogar abriré el portón, los ventanales y la tronera. Todos los vanos quedarán sin batiente, de par en par, para que haya corriente. Que el cielo entre y salga por donde quiera, y que mi vida y mi casa se ventilen. Porque ningún viento razonable me molesta. Y tu, remolino insistente y hostil, galerna mía, incontinente, te quedarás allí sola, con esos aires, lamiendo mis paredes, entre las que un día anduve tratando de estar contigo mientras pude, pero  dejé de poder. Y como se suele decir, tú le echarás la culpa al viento y yo también a ti, vendaval. Ya no viviré allí. Porque yo amo el viento, pero este viento insolente no me sabe amar a mí.leon pelos al viento

Natural

Natural

1505615_1629702537253729_5360975711603722849_nMe he despertado el primero. He preparado el café y la mesa del desayuno. Luego han ido apareciendo críos.La mayor me ha pedido que me quite los altavoces de las orejas y hemos estado desayunando ella y yo, hablando sin parar, durante una hora. Luego he ido a ver un revoltillo de hijos alborotando en una cama, que es como el revuelto de setas, pero con niños, unos sobre otros riéndose sin saber por qué.

Existe una felicidad natural. Los niños, el agua fresca, los besos, el día, las risas, la hierba, tus ojos… Lo inobjetable y lo limpio.

Sexismo femenino de baja intensidad

Quiero protestar por el sexismo femenino de baja intensidad, que es el más peligroso.

Los fines de semana, por la tarde, en Antena 3, ponen después de comer una película de psicópatas. De esas en las que el guionista no se lo curra mucho. Generalmente es siempre lo mismo. Uno es asesino, porque sí, porque le da por eso, porque está tarado, sin demasiadas explicaciones. Quizá una leve mención a una infancia difícil, y ya está. La víctima es una mujer, y es la protagonista. Son películas destinadas a mujeres… El marido es siempre medio tonto. Los policías también y al principio no le hacen caso. Al final los policías quedarán admirados de la fuerza del carácter de la mujer. La heroína da mil vueltas a todos los varones y resuelve el caso, y hasta suele vencer físicamente al malo, que a veces es una mala que toma la forma de rival que trata de quitarle el bebé o el marido.

Los hombres no somos tan tontos. Si las mujeres que ven esas películas fueran tan listas, adivinarían todo lo que va a ocurrir ya desde el minuto dos, porque es totalmente previsible. El malo muere en el último minuto o es detenido por la policía. Bueno, algunas veces, cuando la heroína es atacada, en vez de salir a la calle, que parece lo lógico, sube las escalera de su casa, hasta donde no hay escapatoria. ¿No es absurdo? Sin embargo el psicópata acabará por caerse por las escaleras o por la ventana y se clavará algo punzante, como un perchero, una monolito de adorno, o un cuchillo de cocina que llevaba en la mano. Y sangrará por la boca. ¡Muerto! Si hay hilillo, está muerto. Ese hilillo de sangre desde la boca, nunca ha fallado.

En mi opinión las películas para mujeres, como las novelas para mujeres, las revistas para mujeres, etc. son un mal síntoma de la situación de la mujer. Pero de eso no se nos puede echar la culpa a nosotros los hombres. Porque no todos los muertos son nuestros. Y todos los despistes, tampoco.

El croissant de la mañana

El croissant de la mañana

Seguramente nos hemos despertado los dos al mismo tiempo. He levantado la cabeza y tú has abierto los ojos levemente , porque la habitación no estaba del todo oscura. Tus mejillas estaban calientes en la cama como un pan horneado bajo el edredón. Tus labios hinchados, aún más bonitos. He apretado mi frente a la tuya y tú te has enroscado en mi cuerpo como un perezoso en su rama, como un dormilón a su almohada. Parecías disfrutar de una sensación muy confortable. Te he destapado un poco y he subido la camiseta de tu pijama y han aparecido tus senos llenos de dicha, aunque un poco rezongones, como tu boca. Has protegido uno de tus pechos y he tenido que bebérmelo. Te has tapado más, pero remolonamente: dejándome hacer. He tirado de tu pantalón hacia abajo, hasta tus rodillas, y has vuelto a hacer un vago ademán de evitarlo y de esconder la curva de tu cadera y tu trasero a la vista, descubierto, a la intemperie. He apartado tus manos de tu seno y tu pubis y las he puesto sobre tu cabeza, juntas tus muñecas, como a una cautiva, y has abierto un instante los ojos.

-¿Qué me haces, cochino?- has dicho con una leve sonrisa sin casi despegar los párpados.

-Comerte un poco más, -beso su cuello -,ahora que estás recién hecha, recién salida del horno- y beso tus tentadores labios, y tus pechos tan disponibles, mientras ocultas tus ojos bajo un brazo -. Estás calentita… -y te beso otra vez -. Estás crujiente – y me apodero de tus tetas.

-¿Crujiente? -sonríes.

-Y sabes dulce. Y hueles muy, muy bien -chupándola por todo-…a cruasán… o a pan de leche… o a bollo de azucar, o algo así. -Y empiezo a olfatearte por los rincones. Ahogas una risita y respondes en voz baja, como avergonzada:

-¡Cochino, cochino, cochino, cochino, cochino… !- y me abrazas y lames mi oreja mientras con un pie empujas piernas abajo tu pantoloncito de pijama,  que queda enredado en el otro pie, pequeño, y medio desnudo.

-Con un poco de miel…croissant

Las fuentes

Las fuentes

En la década de los setenta empezó a crecer en España cierto interés por tipos de espiritualidad diferentes a la religión, como complemento, claro, no como alternativa al catolicismo. Otra idea no habría sido posible en tiempos de Franco. Y una de las cosas sobre las que escribían los columnistas era la idea del regreso a  casa, de la vuelta a las fuentes, a los orígenes. Recuperar la identidad, las esencias perdidas. La idea era que los españoles antes éramos agricultores y ahora nos habíamos convertido en gente de ciudad. La ciudad era mala. Los de la capital eran demasiado engreídos e ignorantes mientras que el palurdo era sabio. Aquí quien daba lecciones era Paco Martínez Soria y Gila decía que debajo de cada boina había un filósofo. John Dember cantaba «Country road, take me home, to the place I belong». Y lejos de West Virginia, unos artistas de mayor relieve cantaban: «muy bien Tomás, muy bien Tomás, te vas al campo y abandonas la ciudad». Los curas españoles se apuntaban a esta corriente mística del flash back y todo renacía: la fe renacía, el amor renacía, las vocaciones se decía que renacían también (se decía eso porque desaparecían), y todo venga a renacer, y Dios era el primer afectado por la corriente y renacía en todos nosotros, hombres de buena voluntad, con la Navidad, con la Eucaristía, con los otros sacramentos, con la oración y hasta sin ninguna excusa, siempre estaba renaciendo.

Volver a la casa del padre, o bien a la del Padre, sería volver a tu identidad, tendría un efecto terapéutico respecto a no se sabe bien qué tipo de enfermedad. Nos aclararía las ideas, nos curaría la ansiedad.

 

Pues bien. Me ha tocado volver a las fuentes a mí, cuando no solo las fuentes quedan lejos, sino que el tema ya ha dejado de estar de moda. ¿Y qué tengo que decir de mi vuelta a las fuentes? Permítanme la ordinariez, pero me cago en las fuentes.

Mis amigos de la infancia y yo no nos reconocemos por la calle, en gran medida porque no nos recordamos, y ya no estoy seguro de haber tenido de eso, y además por lo ajados que seguramente estaremos todos. Mis hermanos están viejos. Algunos, de un egoísmo enfermizo, débil, han corrido a vender a los otros. Hasta decidieron convertirse en ladrones y estafar a su madre, aquejada de Alzheimer. Cada uno encubre lo que le interesa.  He sentido una desagradable vuelta a la infancia. Al llegar a mi tierra pierdo la poca madurez que me cubre y, en este viaje regresivo, me convierto en un niño desprotegido respecto a los dientes sucios de gente decepcionante y embustera que debería haberme querido, porque yo nunca les hice nada, como hermano mucho menor que era, y ellos me han robado la túnica, como a José, y me han tirado al pozo. A la mierda las putas fuentes. Son aguas fecales. Gente podrida. ¿Volver a ver…?  ¡Volver a perder!

canteraruscpedreres21Se siente por todos los lados la ausencia de mi padre. Su muerte deja la casa como una cantera expoliada, con el filón exhausto. Han roto la gran montaña y con su piedra, más destruída que aprovechada, no han sabido hacerse ni la vida hortera que hubieran deseado tener para aliviarse de no sé qué complejo. Robaron por mezquindad y la mezquindad nunca le dio mucho a nadie. He sentido deseos de gritar ¡Papá! como de pequeño, pero la gran montaña, descarnada en un gran tajo vertical, el vacío que ha dejado mi padre, 

al chocar con una pared indiferente, solo me ha devuelto el eco de mi voz y no la suya.  No queda nada ni nadie. Al hablar junto a los restos del desfalco suena a hueco, como pasa con las cajas fuertes vacías. Solo han dejado un abismo. El único proyecto vital de algunos hijos hueros y enanos de mente es destruir la imagen de un padre cuya grandeza les acompleja, y con claros motivos. Creen haberlo logrado. Pero eso ha sido imposible. No se consigue vendiendo a la familia por conducir una mierda con ruedas. Papá jamás lo habría hecho. Él era mucho más. No habéis entendido nada. Os habéis puesto en evidencia. Golfos, avariciosos, egoístas, amargados, sinvergüenzas. Inmaduros. Torpes. Creéis que somos idiotas porque no os metemos en la cárcel. Estúpidos. Lo peor que os puede pasar es que algún día vuestros hijos os conozcan bien.

Mi padre fue un hombre que producía riqueza y bienestar a raudales, y sin embargo era bueno. Bueno, generoso, lúcido, sencillo, equilibrado, austero, pragmático, optimista, trabajador, querido, reconocido… Vosotros de eso, nada de nada. Tenía un sentido profundo de la vida que empapaba sus cartas, muchas cartas, a la familia y más exactamente a sus hijos, en las que se mezclaban sus valoraciones patrimoniales con su deseo de igualdad y su amor, que creo que no merecíamos. Allí quedó patente todo lo que sufrió por vuestra culpa. Pudo haber sido un gran ejemplo en muchos aspectos, es imposible no reconocerlo, desgraciados. ¿Por qué no lo fue? ¿Porque hemos aprendido tan poco?

 

Vuelvo a mi vida y al tiempo actual. Y de las fuentes… ya hablaremos otro día.

Ojos hambrientos

11051976_10206624256594013_1646176974847238730_n 11059321_10153174041845609_202304264032842934_nElla tenía una mirada de ojos hambrientos. Ni al sonreír o conversar dejaban de parecerlo . Algunas veces, cuando yo le hablaba, se ponía muy seria y me enfocaba con ese par de círculos transparentes de sus iris, tan llenos de significados y de preguntas, y resultaba imposible no vibrar con ellos y contemplarla de la misma manera. Con la cabeza inclinada, parecía observarme y al mismo tiempo verse las cejas, mandándo pensamientos desde su frente a la mía. Coincidir con su mirada era entrar en algo etéreo y azul, atisbar y ser atisbado. Convertirme en vapor y volar lento y suave desde mi asiento hasta sus pupilas. Aproximarme mucho a sus labios. Sus ojos intensos fueron lo más interesante de aquel invierno y la tensión entre nosotros era tal que llegué a pensar que resolverla, dar un paso real hacia ella, nos llevaría a una normalidad que jamás podría igualar el extraño, el intenso placer de sentirnos, de mirarnos. Contagiarme el hambre de sus ojos, a veces tristes, otras profundos, otras sonrientes, pero siempre, siempre, necesitados, hambrientos de capturar una mirada igual. Me dije que quizás la melancolía fijaría más ese recuerdo dulce y triste de deseos de adolescente, que convertirlos en realidad.

fragmento, borrador

Gracias por vuestros selfies. 😉

Cómo acabar de una vez por todas con la falta de inspiración

A veces la gente se pregunta qué hacer cuando la inspiración no llega.  Yo siempre hago el pino durante varias horas. Si me canso, voy a hacer algunas tareas caminando con las manos. Por ejemplo, me voy a la panadería y compro pan o me paso por el banco a pagar alguna multa de aparcamiento y luego voy al el supermercado y hago la compra. Antes me la llevaba a casa sujetando los paquetes con los pies pero ahora es frecuente que pida que me la lleven a casa, porque con el pan ya es mucho en un pie y el otro lo uso para gesticular si me encuentro con alguien y hablamos de algo en un café del barrio. Ahora mismo, estoy escribiendo con los pies y en mi móvil. Si veis alguna palabra rara… es que como llevo botas…

Otra cosa que va bien cuando no llega la inspiración es escribir una trilogía o dos de novelones de 800 páginas Al menos así no pierdes esa tarde sin hacer nada y evitas caer en la molicie.

Yo si no se me ocurre nada empiezo por los agradecimientos. Menciono a mi esposa e hijos, a mis padres. A la tía abuela de mi mujer, que es ciega pero luego se lo cuentan… Un día, estaba tan poco inspirado que a las 7 de la tarde ya le había dado las gracias hasta a don Pelayo por iniciar la Reconquista y favorecer así la consolidación del español como lengua franca peninsular. Después pensé en agradecérselo al público en general y busque en la guía de teléfono a todos los López del mundo, por empezar por los conjuntos más amplios… Las amigas esotéricas de mi hermana decían que agradecer mucho todo no sé qué producía en el universo que luego ya todo iba muy bien. Pero luego vi que eran demasiados folios de agradecimientos y quité a todos los lópez y a bastantes garcías.

En fin, estas cosas.

Como ves, si crees que te está faltando imaginación, empieza por decir tonterías hasta que notes que ya es suficiente. Puede que a partir de ahí comiences a escribir algo que valga la pena.

Empieza diciendo tonterías y llegarás muy lejos. ¿Verdad que se te ocurren muchos ejemplos?

Preocupaciones.

Preocupaciones.

Fragmento.

La gente piensa en sus tareas durante años. Tiene su cabeza centrada en sus expectativas, sus retos, y sus propios dramas personales. Pronto la vida se achata y se mueren. Todas las tribulaciones han transcurrido en un nimio suspiro sin consecuencias. Uno no sabe hasta qué punto una postura práctica ante la existencia es una actitud estúpida. Pragamatismo ante qué y  para qué. Siento deseos de salir del surco, para que el mundo, que parece ignorarnos activamente, sepa que a mí me matará como a todos, pero al menos no me habrá engañado. Si el cielo nos observa, yo no querría servirle de distracción. Si soy su juguete, seré ése que no quiere funcionar. Esta hormiga se sale de la fila y se quedará quieta y alejada de la senda. Esperará paciente y con los ojos abiertos la pisada que la aplaste. Voy a demostrar al vacío desde el que se nos divisa, que la realidad no solo se puede ver desde arriba. Trataré de mantener una fuerte conciencia de mi mismo. Tenderme al sol, besar, beber y esperar tumbado e impertérrito a que alguna riada me devore.

images (47)

Retrato literario

Retrato literario

4843315343_68f5ceef48_z

.

Un retrato literario no es una foto ni un análisis forense. Es una caricatura, pero una caricatura arbitraria, casi diría que aleatoria. Soy yo ante un espejo ondulado, deformador como los de las ferias. Si doy un paso me hago más largo, o más enano, delgado, gordo o paticorto. El fin de la literatura es la literatura misma, que es más importante que describirme a mí y mi irrelevante existencia en ese mundo posible de lo imposible creado por las palabras. Yo sólo soy real y no existo en la fantasía. El retrato literario pertenece a la creación inmaterial, yo soy solo un montón conglomerado de materia temporalmente viva.

Inconsistencia

La falta de consistencia al razonar es algo que molesta a cualquiera. A muchos les irrita en los otros, pero lo practican ellos mismos también. ¡Para eso son inconsistentes! Suele no deberse a limitaciones intelectuales, sino a simple grosería. Implica que la gente no se toma la molestia de pensar y razonar profundamente sus afirmaciones sino que apoya sus ideas como quien es del Real Zaragoza. Porque sí. En una democracia, en la familia, en el trabajo… En todas las áreas, eso al final nos pasa factura. A ellos y a todos.

Por qué no lo echo todo a rodar

-He encontrado motivos para echarlo todo a rodar. ¿Por què no lo he hecho? Por no molestarme.
-¿No será que te has detenido por tu sentido de la responsabilidad?
-No. Ha sido por no molestarme.
-¿Te habrán condicionado tus miedos?
-¡Nada de eso! Ha sido porque no corría prisa. Puedo hacerlo más tarde.
-Habrás pensado en el futuro.
-No. Solo he seguido así, por no arrancar. Por no molestarme, ya te lo he dicho.
-¿Te habrá detenido reflexionar respecto a tu familia?
-Podría llegar a pasar por encima de eso también. Pero no he querido molestarme.
-Al menos no has perdido la cabeza.
-Es verdad. Aparentemente hago cosas sensatas. Pero quizás un día la acabe perdiendo.
-¿Por qué?
-Porque sí… Y por no molestarme.

La manía de vivir

La manía de vivir

Vivir, vivir, vivir… ¡Qué manía con vivir! ¡Como si no hubiera nada mejor que hacer! ¡Piensa en alguna otra cosa, en vez de pasar todo el rato viviendo! ¡Sin parar de existir a toda costa! ¡Pero qué empeño es ese!

Vivimos tanto que nos tenemos que ver continuamente repitiendo errores. ¿Para qué? Necesitamos un sistema de obsolescencia planificada, como cualquier producto de hoy en día. La vida es larga. Yo sé que todo el mundo se empeña en decir lo contrario e interpretarán que trato de incordiar con estas sentencias que nadie comparte, pero insisto: la vida es larga, es demasiado larga. No estamos pensados para resistir tanto. No lo digo por las prótesis dentales, o los problemas en cervicales y las artrosis, sino por cosas más importantes aún que el alzheimer. Por ejemplo, la alopecia de los hijos. ¿A algún padre le gusta ver cómo su hijo se queda calvo? No. A los hijos se les quiere ver crecer, pero no envejecer y menos empochecer. No tiene ninguna gracia. Sobran años a nuestra vida. Por eso interesa casarse tarde; que no sea fácil ver ajarse a los niños. Y hay que suprimir la cotización obligatoria a la seguridad social. A mí que me dejen morir cuando diga la naturaleza, porque al natural todo da mucho más gustito, como me decía siempre una amiga de la infancia. 

Tengo un hijo todavía pequeño. No quiero saber de sus divorcios, sus paros, ni sus declives. Quiero fallecer cuando él esté en pleno apogeo, y me traiga un nieto, como espero que habrá hecho para entonces el resto de mi descendencia.Y entonces ya, dejar de respirar. ¡Hombre, que ya llevo mucho con eso! Dejar de vivir y poder dedicarme de una vez por todas a otro tipo de cosas.

Hoy podría acabar el mundo

Hoy podría acabar el mundo. No es que lo haya profetizado nadie, ¿eh? Solo se me ha ocurrido a mí, por lo del eclipse, y por lo de la marea del siglo. Se presta mucho la cosa a hacer una película de esas de catástrofes y cataclismos. a5f5c-456879_544993522196906_1329542621_oPero si tal americanada se produjera, recordad que la idea había sido mía. Acordaos enseguida, antes de moriros, porque, claro, al ser el fin del mundo, tendréis muy poco rato para pensarlo. Ya me fastidia, porque, oye, pronosticar algo tan importante y que nadie me pueda entrevistar porque se hayan muerto todos… En cualquier caso, tengamos listos los móviles para obtener videos de todo lo que pase, haceros un selfy, y si un marciano recupera la información de nuestros dispositivos terrícolas, que lo pueda ver. Pero, atención, a ver si al empezar decís algo de mí. «Marcianos, mirad: este video muestra cómo se acaba la vida en mi planeta por culpa del eclipse, las lunaciones y todo ese rollo.» Y entonces añadís: «esto el que lo había pronosticado bien era Enrique Brossa, que sabía un montón de mareas y de apocalipsis de esos».Y así el marciano dirá, «jo, qué pena, no ha quedado ni un humano. Si le hubieran hecho caso a un tal Enrique Brossa, esto igual habría sido otra cosa. Pero nada, oye.» Bueno, pues eso. Si al final no nos morimos, nos hablamos si eso.

Experiencia y arrepentimiento

Experiencia y arrepentimiento

 

La experiencia es algo parecido al arrepentimiento. Reconoces que no lo tenías que haber hecho cuando ya está hecho. Uno podría arrepentirse antes de pecar, cuando estaba a punto de incurrir en el comportamiento pecaminoso… pero eso sería una tontería, porque te quedarías… ¡Sin haber podido pecar!. Normalmente primero pecamos y luego ya nos arrepentimos. Pero siempre después. ¡Si es que nos acordamos! Porque yo muchas veces, me arrepentiría de mis actos pero se me olvida. Sí, se me olvida sentirme culpable por ellos y luego un día me acuerdo y digo… ¡Madre mía! ¡La de meses que han pasado  desde aquello! A ver si un día tengo tiempo y me arrepiento, porque es que, vamos, cuando no es por una cosa es por otra y al final todo se queda sin arrepentir. Ahora mismo no puedo porque no sería sincero… Un día que esté más mentalizado… que ahora estoy muy liado. ¡Si es que tengo una de cosas… !

Algo así es la experiencia. La experiencia es al intelecto lo que el arrepentimiento es a la conciencia. Cuando has aprendido de tu experiencia es porque ya te has equivocado. Demasiado tarde. Y la gente dice, hay que aprender de los errores… ¡Qué bonito, madre! Tonterías. Yo sé que no está de moda decirlo, pero, aquí entre nosotros, cuando de verdad aprendo es cuando acierto. Y si no logro acertar, ¿qué he aprendido?

Vivimos en un mundo de frases. Frases, frases y más frases… de las que nos hacemos misioneros evangelizadores antes de llegar a ser fieles devotos. Frases y más frases. Tonterías y más tonterías. «Convierte tu fracaso en un nuevo peldaño. Aprende de tus derrotas y no te rindas. Aprovecha tus experiencias. Si encuentras piedras en tu camino haz con ellas tu castillo y después… » ¡Dios! ¡Qué cantidad de majaderías!

La población mundial está al borde de la depresión. Habría que meter toneladas de prozac en el agua. La peña está necesitada de lucidez y espera encontrarla en internet. En cuatro aforismos sin consistencia ninguna. Falta de realismo como de idealismo, falta de criterio y capacidad crítica. Carencia de pensamiento consistente. Falta de satisfacción y felicidad. Falta de fortaleza moral. Precariedad intelectual. Ignorancia. Y, obviamente, una patética falta de cariño. Éste es mi diagnóstico de los humanos como yo en la era de la información y la hiperconectividad. Ofuscación, iluminados de andar por casa. Medio mundo aconsejando al otro medio. Vendiendo humo unos a otros. Autoengañándose continuamente. Comprando cualquier cosa que suene a esperanza, aunque cante también a timo. Explicando a los demás cómo vivir, cuando ellos no saben cómo sobrevivir. Hay gente enseñando a respirar, cursos sobre cómo pensar, cómo sentir, cómo relajarse, cómo activarse… Un mundo de idiotas. Ahora que hemos acabado en parte con el analfabetismo se nota todavía más el bajo nivel general. La incultura disimulaba mucho la mediocridad. Empiezo a añorarla.

Y en medio de todo esto, digo yo: ¿Por qué nadie tiene una de esas estúpidas frases consejeras para mí?

sorry

Creer que se olvida

6bf1b1cfea09afe459bb3e3ec5054167

Dormir es creer que se olvida. Durmiendo sigues recordando en tus sueños, pero olvidas lo que has recordado. Dicho así, parece algo confuso, pero es peor si añado que durmiendo olvido solo lo que he recordado, mientras que despierto lo olvido casi todo.
Dormir es también olvidarme durante horas de que olvido demasiadas cosas y que recuerdo demasiado otras.

El gato (2)

Los-gatos-duermen-al-sol-Feliway

.

.

El gato pasea por el jardín. Ve una pelota, la empuja con su zarpa y salta un poco. Pero le falta convicción. Ha perdido este invierno la inocencia del cachorro. Deja de jugar con la pelota y sigue quieto observando como un felino, aunque no haya nada que escrutar. No quiere parecerse a un perro vago, ni tampoco a un ratón.

El gato (1)

97DA4395CLo primero que hizo el gato al despertar fue asearse un poco. Para ello metió sus pezuñas en el plato del agua. Se estiró varias veces, desde el rabo hasta las orejas. Y ya con todos los pelos y huesos en sus respectivos lugares, salió a pasear al jardín atravesando la gatera con andares propios de un sheriff. Miró despacio hacia la derecha… No vio nada. Después, con su mirada fría y curtida torció su cuello gatuno hacia la izquierda… pero tampoco había nadie por allí. Se quedó inmóvil un buen rato, como intentando asimilar la frustración, hasta que por fin decidió tumbarse allí mismo, bajo el sol. Sintió soledad y tristeza. El ratón no había salido a jugar con él. ¡Cómo le echaba de menos! Y fue entonces cuando empezó a sospechar que el ratón, en realidad, siempre había sido él.

Su llegada será rápida como la de un huracán

Su llegada será rápida como la de un huracán. El efecto suave y letal como el de la radioactividad. Y el motor de mi coche no quiere ponerse en marcha. Sólo me queda mirar por la ventana y esperar por sí el advenimiento de mi tragedia fuera visible como una nube oscura de polución.

Imbecilidad (2) La imbecilidad mata

La verdad es que la imbecilidad mata. Mata mucho más que el alcohol, y el tabaco y más que el coche también. Aunque es probable que todo eso también sea imbecilidad. Los asesinos en la realidad, al contrario de lo que vemos en el cine, suelen ser idiotas. Las víctimas seguro que también lo son. Y no solo los involucrados en un asesinato: cuando engendramos, pienso que traemos pobres seres a nacer por aquí de modo irresponsable y simple. Cuando la imbecilidad no nos mata, nos estropea continuamente la vida. La imbecilidad está en mayor o menor medida siempre presente en cada uno de nosotros. La naturaleza parece haberla desarrollado por algún motivo atávico. Quizá sea un residuo difícil de eliminar. O puede ser que, por el contrario, sea imprescindible para nuestra subsistencia. Quizá oculta los límites del universo y el sentido o el sinsentido de la vida. Vemos un pez o una oruga y pensamos que son seres estúpidos. Pero a lo mejor alguien que nos vea desde una instancia superior piense exactamente lo mismo de nosotros.

Bueno, perdona. Creo que será mejor que intente dejar de decir imbecilidades por ahora.

Imbecilidad

Imbecilidad

La imbecilidad debería ser un delito. Desde el punto de vista de los damnificados que sufren la imbecilidad ajena, sería mejor que la ley les protegiera de esa eterna lacra social y que el Estado persiguiera ese tipo de delincuencia. images (52)Y por mi parte, como imbécil confeso, también sería una ventaja que este crimen estuviera tipificado en el código penal, y así mi delito podría prescribir, como ocurre por ejemplo con los crímenes contra el fisco. O tal vez  yo, una vez condenado, cumpliría una condena de un número limitado de años, en vez de estar penando de por vida…  por imbécil.

Egoísmo

Egoísmo

Un egoísmo desmesurado parece un síntoma de debilidad y de inmadurez. Un indicio de que alguien está incompleto. Te asegurará una soledad terrible, y si Dios te concede el éxito, disfrútalo cuanto puedas, porque será lo único que tengas y te va a saber a muy poco. Es una preocupante preferencia por recibir… En todo caso, implica perderse algunas de las mejores cosas de la vida.

Existe un tiempo para todo… Hay momentos para recibir, los hay para arrebatar y también momentos para conceder. Y si sabes no hacerlo indiscriminadamente, es decir, midiendo cuándo, cómo y a quién, aportarás algún sentido a tus actos.

Photo by Ktoine

Rinitis (fragmento)

5662640-hombre-que-tiene-la-gripe-aislado-sobre-fondo-blancoDurante aquellos años de rinitis continuas, gastaba varios paquetes de pañuelos todos los días. Estornudaba ruidosamente y soltaba por mi nariz trocitos de cerebro, digo yo que de la corteza prefrontal esa. Mi nariz destilaba continuamente conocimiento, goteaba sabiduría. Siento un profundo agradecimiento por aquellas alergias. Me aportaron una filosofía resfriada de la vida. Una visión constipada del mundo. Y la mirada de un hombre mocojudo. Más que inquietudes, mi adolescencia y juventud me aportaron picores de nariz y lágrimas, también de dolor y de pena, alguna vez, claro que sí, pero sobre todo, lágrimas de congestión nasal. Entre analgésicos, antigripales y cosas así, perdí el sentido del olfato, lo cual fue muy positivo, porque la mayoría de los olores son malos. Nunca lo recuperé. No suelo contar que desde entonces padezco de alucinaciones olfativas, porque la gente suele ponerme una cara muy rara y creo que se llevan una impresión de mí que no me beneficia. Pero es verdad. Mis pituitarias me engañan. Hasta mis pituitarias me engañan, podríamos decir. Por eso algunas veces, algunas personas o lugares apestan con fragancias inexistentes. Frecuentemente esto son pistas. Días de sol huelen a lluvia. Mujeres que huelen a cordero asado a la brasa, correos con olor a jamón. Son vivencias absurdas y surrealistas que acaban teniendo sentido. Pero de eso podemos hablar otro día. Lo que queria decir, ya totalmente en serio, es que cuando tengo mocos es cuando de verdad me siento identificado conmigo mismo

Aburrido

Estoy un poco cansado de todo. De que sea la una de la noche. De sentir descontento. De estar contento también he llegado a cansarme. Hastiado de entretenimientos. Harto de aburrirme. De esperar y de pasar el rato. Maldigo los tiempos perdidos. Las oportunidades desperdiciadas. Lo único que no me enoja son mis equivocaciones. Han sido tantas que cuando lo pienso me dan risa, pero no sé de qué me carcajeo más, si de mis errores o de mis aciertos.
Busco un timón en mi interior pero no tengo esta pieza. He comprado algo incompleto y seguro que no me dejarán cambiarlo. Si me pusiera a rezar, ¿a dónde irían las plegarias? Unas veces se me vigila y otras no se me escucha. No obstante es ahora cuando se aproximan los años de indiferencia y de hojas secas.
Estoy un poco cansado de todo, como para poder hacer algo con este material.

CABIZBAJO

 

Una cosa es andar. Otra diferente es mirarse andar. Observar cómo los pies se relevan continuamente en su posición, es una especie de obsesión geométrica. Una actitud introspectiva. Mientras caminas no puedes ver hacia donde avanzas o retrocedes. Una espiral capaz de arrastrarme hacia el trance hipnótico. Es algo similar al autorretrato en el que figura el retratista en un espejo, y la imagen se reproduce cada vez más pequeña evocando el concepto de infinito. Las manos en los bolsillos. La vista hacia el suelo. Camino pensando en ti y cuidando al mismo tiempo de no pisar las rayas. Avanzo en la noche cerrada como un invidente, porque la noche realmente está en mí . Son dos indicios de una mente obsesiva. Jugando a no pisar lo negro, como de pequeños, mantengo un ejercicio mental de bordillos y aceras. Sin poder ver hacia donde voy o retrocedo, con qué o quien puedo tropezar, dónde y cómo me pueden atropellar. No es mi culpa. Es del español, que es un idioma obsesivo y ensimismado. Lleno de reiteraciones, dobles negaciones y cuádruples redundancias que llegan al propio vocabulario. Vocablos como medioambiental, contigo, ensimismado, etc. Mi cabeza se ha llenado de bucles por dentro. Solo puedo mirarme andar.

TE PODRÍA PASAR A TI

Perdonadme que os diga algo que os interesa: un día vi un ramillete de flores junto a la barandilla del viaducto de Segovia, en Madrid (no confundir con el acueducto de Soria). Una señora mayor estaba llorando. Le pregunté si podía ayudarle pero me contestó que ya nada ni nadie podría ayudarle nunca . Su hijo se había suicidado la noche anterior (el que estudiaba farmacia no, el que se casó con una médico de Albacete). Al parecer se quitó la vida por no haber tenido el coraje suficiente para presentarse al Desafío Literario 9. Dándose cuenta de la oportunidad que había perdido, dejó una carta al juez y una nota a la de la limpieza para que en su ausencia no dejase los trajes en el tinte. Yo le dije a la señora, ¡qué error tan trágico! ¡¡Si hay un Desafío literario cada semana o dos (o dos semanas)!! Pero la anciana, mirándome a los ojos desde detrás de sus lágrimas sentencio:
– Cada Desafío Literario que dejamos a escapar nunca vuelve. Es como el agua del río.
– O la de los servicios – me dije a mí mismo consciente de haber descubierto una gran verdad de la vida. ¡Cuánta sabiduría en sus mirar y en sus palabras!

No quiero que os pase como a aquel desafortunado. Así que os recomiendo que os presentéis al siguiente Desafío Literario.
Pero ya mismo, porque el plazo acaba exactamente muy pronto, (hora de España, «mayormente» peninsular). Y solo son unas pocas palabras. Y se pueden publicar en un tomo muy tremendo del que os tengo que hablar.
Y recordad estas palabras:
No hay agua debajo del viaducto de Segovia.

Al caer el velo

 

20110801a

He soñado un velo de seda acariciando tus brazos y piernas al deslizarse hacia el suelo. Te he imaginado conteniendo tus senos redondos entre los dedos. Mi mente ha inventado un espejo mostrando obscenamente tu espalda. Te he visto con la boca entreabierta, los ojos bien abiertos y el rostro deslumbrado ante tu propia desnudez, iluminada por mi mirada atónita. Siento tus ojos y los míos conectados con esa atracción tan profunda que es capaz de ponernos serios. Adivino tus sensaciones. Es un encuentro que sabe a tragedia, porque tiene algo de sorpresa y de derrota. Hay una emoción desbordada en el beso que marca un final y una puerta de entrada a un lugar nuevo, a un paisaje distinto. Tan presente estás en mí. Tenemos que vivir esta historia, que es de las que siempre acaban mal, pero que aportan a la vida algunos segundos a los que no se puee renunciar.

Pero al despertar, me descubro en un cuarto vacío, frente a una pared que reflejaba el resplandor de la noche.

No quiero continuar un minuto más sin perderme por ti. Quiero estrecharte y rozar tu frente con mis dedos. Acariciarte las cejas con mi nariz. Hablar contigo y escuchar el silencio de tu cuerpo elástico, que se exhibe tal cual es, transparente, frágil y que súbitamente desaparece como una burbuja en el agua.

La gran explosión

maxresdefault

Dicho con todo respeto, no es importante para lo que te quiero decir si crees en Dios o no; si crees en Jesús o en el gran agujero negro . 2236007_origPorque en general hay un consenso científico según el cual en un momento dado hubo una gran explosión, con o sin ayuda divina, y de ahí han surgido todos los astros del firmamento.Y de toda esa gran bola de mierda incandescente y gigantesca, una pelotilla sin importancia relativa en el conjunto del universo que salió salpicada, ha sido llamada Tierra por los yayos de nuestros yayos y, tras convertirse en nuestro lugar de nacimiento, nos ha permitido llegar a la situación actual. De alguna manera todos venimos de un  Sol o de otro. Somos trozos del sol, porciones mínimas, enfriadas, húmedas, fermentadas y podridas. Millones de veces impregnadas, engendradas y evolucionadas hacia no se sabe qué, o hacia la nada. Somos una colonia súper poblada de insectos flotando sobre un pomo de madera, resto de un enorme naufragio; monstruos minúsculos al borde del vacío.

Entonces… besémonos con desesperación, será lo mejor. ¿No te parece?insecto flotando

Solo en ti.

Todo tu rostro parece azul cielo, por el resplandor que emanan tus ojos. Hay algo de pena en ellos. Hay timidez también. Y reflexión. Y miedo. Quiero darte abrigo, comprensión y alegría. Quiero inculcarte fortaleza, seguridad y otra vez alegría. Voy a aportar las pautas para ser feliz, desde mi dudosa destreza y magra experiencia, porque estoy seguro de que lo vas a merecer. Te voy a enseñar a no aguantar nada de nadie aunque creas que te quiere más que yo. Que no escuches más ni el ruido ni el silencio. Que hagas tú misma las olas y el viento. Que no te asuste el hueco en el cielo. Serás el centro de todo ahora. Te señalaré el principio del camino a recorrer, que eres tú. comer-el-pieTe acompañaré un tramo, y te abandonaré para siempre a mi pesar durante algún atardecer desapacible. Otros te ayudarán después. Al final, y créeme que lo siento, verás que el viaje más bonito es el que hiciste con nosotros. No mirarás hacia atrás, o eso espero. Que no quiero que pierdas de vista el terreno que pisas y que pienses en ti, solo en ti, hasta que una nueva luz, con tu atención azulada, se agarre a tu mano para ir, venir y comer. ¡Piensa en ti, piensa en ti, te diré siempre! Sé muy fuerte y sufriremos menos. No esperaba querer tanto. Bienvenida. Hoy terminan unos días y empiezan otros, que son los tuyos. Bienvenida.

A mi hija Claudia.

Fraude

Siempre he pensado que la vida de la gente empieza cuando sale del trabajo. No quisiera dar la impresión de que tengo una mentalidad poco entusiasta respecto al fenómeno laboral, pero sin duda el tiempo que se pasa trabajando, cuando se hace conforme a las reglas de otro, en la casa o en la empresa de otro, es una parte de la vida que se presta. Aceptar obligaciones, sean profesionales, familiares, sociales, es como perder o ceder parte de nuestra vida a los demás. Un sometimiento. Considero valientes a aquéllos que consiguen resistirse al deber, así como a los que, a pesar de aceptarlo, logran construir su propia vida, la que les corresponde o desean y no un sucedáneo. A los que no logran ninguna de las dos cosas, les queda poco tiempo entre la hora de salida y el sueño. El tiempo siempre pasa fugaz, y a ellos más. Parece un fraude.

Dos personas excepcionales

Fueron tiempos muy difíciles los que habían vivido. Ahora eran dos personas de extraordinaria fortaleza interior. Él era un tipo especial. Su cara estaba llenade rasguños, como su alma. Y de cicatrices. Y de pústulas… Bueno, lo de las pústulas lo vamos a borrar porque… no queda muy bien. Pero lo que quiero decir es que estaba muy curtido en muchas batallas. Ël era pues, qué les voy a decir yo, como un viejo lobo de la vida, es decir, como un viejo lobo de mar, pero sin mar. ¡Pero en cambio con vida! Y muy, muy curtido, muy hecho. Había vivido de todo. Y eso se reflejaba en la mirada, esa mirada que tanto impresionaba a las mujeres.

Ella en contrapartida era joven y guapa, más aún de espíritu que por su edad. No tenía rasguños por ningún sitio que pudiera apreciarse a simple vista. Ni cicatrices. Respecto a las pústulas ya hemos quedado en que de eso no tenían ninguno de los dos. Pero ella demostraba poseer un carácter impresionante y más cosas impresionantes también. ¡Qué mujer!

Dos piezas así estaban condenadas a encontrarse. El choque sería tremendo. ¿Dónde iban a colisionar él y ella? Naturalmente, compitiendo en un reto proporcionado a su altura. En el Desafió Literario 22. Es el Desafío Literario de Taller de Relatos que conmemora nada más y nada menos que los 6.000 primeros amigos fanáticos de esta página, entre lo cuales espero que te encuentres. Prepárate YA para un desafío ÉPICO.

La madre de todos los desafíos literarios, DL22. Muy pronto en las mejores pantallas. ¡Ah! ¡¡¡Y esta vez TIENE PREMIO DE VERDAD!!! VA EN SERIO.

Cicatrizar

Aquellos días, que fueron los de las heridas abiertas y del alma en carne viva,  tuvieron algo positivo para él. Aprendió a refugiarse en su profesión cuando las cosas no le iban bien. Había muchos consejeros complacientes, como yo mismo,  que le decíamos que la solución a su tristeza era esforzarse menos y centrarse ahora en divertirse más para olvidar. Pero él siempre tuvo claro que la clave era trabajar más y divertirse mejor. Y darle tiempo al tiempo. Y así fue como el sufrimiento le fortaleció y le permitió afianzarse en su vida y en sus proyectos.

Único problema

1011866_395602080551204_2047779873_n.

A veces la solución no está en seguir tratando de desatar el nudo gordiano, sino en cortarlo. No puedo dedicar mi vida a resolver un único problema o a desenredar un solo nudo. Y menos si además no estoy consiguiendo nada. Hay que cortar.

Diagnóstico.

Un buen diagnóstico. Un diagnóstico evidente, compartido por todo el pueblo cabreado porque le roban. Un diagnóstico perfecto para enardecer a la gente, convertirla en chusma y hacerse con el poder. Y llegar a ser otro tiranillo pseudo revolucionario, que de nuevo haga de un país su corral, y se atreva, encima, a ponerle nombre de democracia, porque cambia la corbata por el chandal o la coleta.

Un buen diagnóstico, un diagnóstico certero de lo que nos están haciendo, es el punto de apoyo y la palanca para que un demagogo turbio goce del trampolín necesario para asaltar el poder.

¿Y el proyecto? Puede que sea un proyecto lamentable, pero seguramente no. Seguramente será más bien falso o inexistente. ¿Y a quién le importa? Lo que la gente quiere es desahogarse detrás de una pancarta y vengarse de los políticos.

Un diagnóstico acertado es lo que permite pasar de una democracia corrupta a una dictadura corrupta y pseudo revolucionaria.

Cuidado.