Buenas noches. Un segundo de vida es mucho.

Foto0136Me pedís este tipo de cosas que no son las que me caracterizan… Suponiendo que me caracterice algo. Luego lo releeré y me cabrearé por vuestra culpa.

Un segundo de vida es mucho. Antes de acostarte, cierra los ojos después de buscar dos o tres estrellas que se asomen entre las nubes y respira hondo junto a la ventana. Yo hago lo mismo. Pienso un instante en gente amiga. En ti, tan lejos de mi casa y tan cerca de mí.

Esos momentos tan simples… Pasan los años y descubres que no se olvidan.
Un leve resplandor se refleja en un charco de la calle. La oscuridad, los brillos después de la lluvia y el silencio de las casas dormidas, quieren contarme algo sobre una mujer soñadora. Adivino unos muslos suaves y unas mejillas tiernas. Quizás sus ojos sean los tuyos… Esta noche, aspira despacio la quietud de las últimas horas y piensa un poco en tu amigo escribidor. Inspira más, y que se alcen tus dos corazones latiendo discretos bajo la blusa. No creas, no pretendo seguir avanzando por ese territorio ahora mismo. Más que tu tentación, hoy deseo ser tu rezo. Solo quiero que llenes tus pulmones con la noche del final de este día mientras pienso en ti. Un segundo importante, una mínima parte de tu vida con significado especial, es más que muchos meses. Idealizar un instante. Pensaremos un abrazo a la vez y se disipará la niebla. Ese segundo… ¿Tú me lo regalarías?

Gracias. Un beso para ti. Buenas noches. Que descanses.

(Borrador)

No soy cinéfilo ni sibarita y sufrir sería mejor

Voy al cine con asiduidad pero no soy cinéfilo. Todo lo que sea ese tipo de poses en las que uno trata de mejorar su imagen siendo (o haciéndose pasar por) expertillo  en algo me parece detestable. Por ejemplo, vas a comer con un señor por motivos de trabajo y pretende impresionarte oliendo el corcho del vino y hablándote de la última botella de Ribera del Duero que encontró en un lugar supuestamente no apto para legos. Si eres un patán no aspires a dejar de serlo,al menos ante mí, dándotelas de experto en vino, o demostrando sibaritismo, o haciendo gala de grandes conocimientos sobre el cine que todos vemos. No eres una minoría selecta. Que memorices actores no me da pruebas de tu sensibilidad y todos vemos las mismas películas en todo el mundo. Tu botella de vino es fabricada en serie junto  con otras decenas de miles y muchos otros la habrán admirado más sinceramente que tú. Resumiendo, yo no voy de nada de eso y no sé de cine. Podría encontrar la película a la que me quiero referir en google, pero me da pereza. Qué quieres, soy procrastinador. Nobleza obliga. Me da igual no parecer muy entendido porque que si os quiero contar la película no es para hablar de cine.

Es una película de extraterrestres. Ese género de películas sobre invasores que van transformando poco a poco a toda la población terrícola en seres sin alma, sin sentimientos, sin emociones. En esa película andaban los humanos obedeciendo órdenes pero ni sentían ni padecían. Porque en los años sesenta, muchos, en todo el mundo, pensaban que el sentimiento era un atraso y el progreso nos haría a todos fríos como ordenadores, como extraterrestres o como alemanes de cabeza cuadrada.

En parte así viene sucediendo. El dicharachero, agitanado, imaginativo y furioso español murió. Permanece silencioso en el autobús, y no pita en los atascos. Se mantiene a dos metros de distancia en la cola del banco. Antes no.  Ahora el español es razonable, tranquilo y borreguil. Indudable es que muchos de los cambios acaecidos en España y a los españoles son muy positivos. Pero sin sentimiento no hay coraje. Algo que no conviene poseer de modo sobreabundante pero que si no se tiene el suficiente no se puede reaccionar ante la adversidad ni de modo individual ni colectivo. Ya buscaré la película otro día para los que la quieran ver y extraer conclusiones. Seguramente no hemos perdido los sentimientos, pero sí la capacidad de reaccionar a causa de ellos, como si pensásemos que son un atraso, ¿Educación? ¿Antidepresivos? Yo no soy médico. Consúltenle a quien lo sea, que yo no quiero ninguna responsabilidad. Pero ¿no sería conveniente reducir las dosis de Prozac de los españoles? ¿No sería mejor volver a sufrir un poco?

BUENAS NOCHES EN UN MOMENTO DE SENSIBLERÍA.

Hoy, en esta madrugada, a modo de despedida, te ofrezco mi silencio, hecho de ruidos como el mar. Te regalo mi paz, cimentada sobre mil motivos de angustia. 

Te entrego el presente que me pertenece, hecho de instantes inmediatos, para ocultar pretéritos tortuosos y futuros sin porvenir. Te doy lo que soy, que es todo lo que no soy ni puedo ser.

Esta noche miro hacia mi propia alma pero descubro que en ella estás tú, suave, suficiente, tráslúcida. Y pienso en ti. ¿Oyes mi pensar?

Te ofrezco mi silencio hecho de ruidos como el mar.

Buenas noches.

La pantufla de cristal perdida cuando sonaban las doce

Se hicieron las doce y cayó el sueño como una cortina que casi no me dejaba ver. Abandoné las redes sociales, repletas de princesas azules y de otros colores, y salí, pese al cansancio, con cierto garbo, de mi despacho en dirección al dormitorio. Pero sucedió que con las prisas, perdí una alpargata en el pasillo. ¿Cómo se pierde una alpargata caminando? La respuesta es que tienes que verme a mí con sueño.

Mi hijo pequeño, no sé qué haría despierto a esas horas, la recogió y dijo:

-Se lo voy a decir a Mamá, que tú también te dejas zapatillas por ahí, y te enfadas cuando lo hago yo.

¡Eso mismo! Dijeron sus hermanos.Calzado de Vestir y Casual - Pantuflas_tcm62-5353

-Vaya acusicas, parecéis cucos saliendo del cascarón.

Mi mujer, dijo:

-¿De quién es esa zapatilla? ¿Os parece bonito? El propietario, mejor que confiese.

Pero yo me metí en la cama, mientras ella seguía tratando de averiguar de quién era. Yo abrí un ojo al oirla entrar al cuarto. Sonriendo, introdujo la mano buscando mi pie bajo el edredón. Cuando por fin lo cazó con maestría como a un gazapo tratando de esconderse asustado en su madriguera, logró sujetarlo:

-Vamos a probar si la zapatilla es de este señor- decía.

No sé por qué le hacía tanta gracia la cosa pero pronto me contagió su risa.

-Déjame que te la pruebe- decía – y si es de tu talla está pantufla de cristal, me casaré contigo otra vez. ¿A dónde iremos de luna de miel?.

-Pues sí que tienes ganas de reincidir- le respondí yo, asomando el dedo gordo para permitirlo.

-¡Horror! ¿Sabes que tendremos bodorrio?

Y me buscó las cosquillas en la planta del pie.

Al día siguiente tendría algunas tareas poco interesantes que hacer. Dejé de soñar despierto. Me quedé pensando en mi zapatilla de Ceniciento… y en que mi coche fantástico se había convertido en calabazas. Lo pensé mejor y me dije: ¡Bueno, no. Quizás no!

SALMOS ATEOS: OTRO PAISAJE

BORRADOR

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.

De una sola zancada atlética.
Saltar por encima de la realidad
y encontrar otro paisaje.
Alargar la mano hacia tu planeta,
para poder sacarte a bailar.

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.BobBeamon_previa

Ya que no soy una hormiga,
habría estado bien ser un gigante y no lo soy.
Solo un hombre con los pies atados y los brazos rotos,
esperando algo que no sabe cómo expresar.

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.

Quiero desatarme y no puedo.
Pido ayuda, pero nadie ve cuerdas ni cadenas.
No me pueden ayudar.
Deberías caminar, me dicen todos.
Te haría bien andar.

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.
Cuando tú vienes,
siento que puedo caminar.
Cuando te vas miro al cielo
y veo a los buitres volar.

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.

No tengo motivos para chillar
cuando la gente está conmigo.
Tampoco cuando nadie está.

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.

Podría aguantar así una vida entera.
Ojalá no fuera capaz.

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.

De una sola zancada
saltarme la realidad
y encontrar otro paisaje.

Quisiera dar un paso de gigante y dejarlo todo atrás.

El Perdón y la Rabia (fragmento).

Algunas veces llega la rabia. La siento venir. Noto cómo me va enfureciendo. Sé que acabaré enviando un mensaje afilado y puntiagudo a alguien que quedará lacerado por mis respuestas punzantes. Como siempre en estos casos, haré tanto daño porque tenía la razón cuando empecé a discutir y la tendré también al final de la disputa. Pero luego sentiré haberme portado mal siendo así: certero, brillante, riguroso, verdadero, lógico, honesto, Es una vergüenza ser así. No es civilizado con los mezquinos que hay alrededor. Hago daño acorralando a la gente despreciable ante sí misma. ¿Es que no me doy cuenta?

Algunas personas no son lógicas, es un hecho, pero no tienen la culpa. Otras son estúpidas, aparentemente incluso más que yo, pero no lo pueden evitar. Otras mezquinas, o malvadas, o simplemente falsas. Es su manera de ser, y yo no tengo derecho a cambiarlos. Yo no tengo derecho a nada. Solo a aguantar. Soy el que tiene que comprender a los otros, y amortiguar sus molestias con mis propias tripas, porque comprender y valorar está en mis posibilidades. Otros no pueden o no quieren. Y con razón me odian. Les molesto, estorbo sus movimientos.
Algunas veces llega la rabia, la siento entrar por los brazos y salir por mi cara. Esa rabia que es a menudo el preludio de la tristeza. Porque con rabia me impongo y luego me siento mal ya que, aunque sé que debo hacerlo, aunque sé que es lo justo para conmigo mismo, obro mal. Los otros piensan que no admito el legítimo derecho que tienen a molestar y a estropear el mundo, a estar allí presentes, insatisfechos consigo mismos, sufriendo por ser así, y entorpeciendo vida de los demás.
BORRADOR

Singing in the rain

Silbo y canto continuamente. Incluso leyendo, o escribiendo. Incluso sumando, o preparando una hoja de cálculo con el ordenador. Siempre suena alguna canción, se oiga o no. Cuando no se me oye, puedo estar haciéndolo mentalmente. No me molesta. Es divertido, pero claro, es poco serio. Qué dirá la gente de un señor que pasa los días silbando o canturreando… También compongo. Soy un enorme compositor de canciones y sinfonías de gran repercusión entre gente como por ejemplo yo y mí mismo. 

Bueno, me gusta dar rodeos: lo que quería decirte es que hoy he tomado mi taza de café con leche, he ido al baño, me he quitado la camiseta del pijama de un tirón y luego he chutado los pantalones hacia el lavabo, y así, despelotado me he metido en la ducha rasgando una guitarra eléctrica imaginaria y cantando un estribillo, que si no se descubre la canción por ahí, será que me la he debido de inventar yo.
Bajo la lluvia y el champú he seguido cantándolo, con mucha marcha:

Tenlo presente:
No sé si te añoro a ti,
o simplemente 
al día en que te conocí.

Le he quitado los entes:

No sé si te añoro a ti.
o al día en que te conocí.

Los pareados se pueden admitir en las canciones, sobre todo en las malas.

Pues eso:

Yo no sé si te añoro a ti.
o al día en que te conocí.

A ver si mañana me levanto con otra estrofa.
Todos los derechos reservados a tope.

Solo pido fuerzas (fragmento de "Noviembre no es tan azul")

Tenemos que encontrar el modo de encauzar esto. Una vida sin dirección puede ser una magnífica aventura. Pero demasiado dolorosa.

¿Qué es mejor? Apretar los puños, cerrar con fuerza los párpados hasta que duelan, meditar, rezar, salir a correr, gritar… ¿Hacer inspiraciones, suspirar, sollozar, conducir el coche sin rumbo, mirar por la ventana, tomarte un calmante, beber, comer, meterte en la cama, caminar?

La única respuesta posible, con o sin trabajo, es trabajar. Trabajar y trabajar. Que no me f17653_340765719368174_839673453_nalten nunca las fuerzas, Señor.

Trabajar es luchar. Es ir a la guerra, por ti y por los tuyos. Por todos. Trabajar es matar enemigos.

Por eso, apretaré los puños,hasta que vuelva a sentir la rabia que me ayude a reaccionar. Cerraré con fuerza los párpados hasta que mis propósitos me marquen a hierro el cerebro. Voy a meditar hasta que las neuronas me devuelvan a la atención. Rezaré, por si alguien me oye y me ayuda. Correré y gritaré al mismo tiempo hasta que mis fantasmas huyan de mí. Respiraré hondo si siento ansiedad. Suspiraré por mi mujer, y lloraré por mis hijos y caminaré todo lo que sea necesario para pensar sin dejar de sentirme activo. Pero nunca más conduciré sin rumbo, ni me esconderé de la realidad bajo la almohada.

Solo pido fuerzas.

El hombre sin rostro

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941580_371075126337233_1741172267_nSoy un hombre muy seguro de mí, o muy inseguro, depende de en qué. 

Soy un humano que busca cariño y compañía como cualquier otro de nuestra especie, y no lo niega.

Soy un ser que se oculta y que no esconde nada, porque todo os lo cuenta.
Me tapo la cara para poderme mostrar desnudo.

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Vienen curvas

1743604_1586780684879248_3098721865081862992_nOye, hace tiempo que te miro y estoy preocupado. Siempre estamos crispados últimamente. Seguro que estarán creciendo en ti algunas inseguridades respecto a los próximos años. Y es verdad que yo también imagino muchas veces el futuro y siento rabia, sobre todo cuando lo veo como la continuidad lógica de todos estos días. La culpa debe de ser mía. Quizá debería quererte mejor, pero no más. No vayas a dudar más de la cuenta. Si es por mí, debes saber que una sonrisa tuya basta para disipar la niebla. En realidad, no somos conscientes pero, sí, yo creo que sí, que en el fondo estamos muy bien. Si quieres seguir conmigo, ya sabes que ahora vienen curvas. Que sea por eso, por las curvas. No tienes por qué sufrirlas si no quieres. Que sea por eso y no por otra cosa. Por mí, si tú no te mareas, seguimos juntos.

Ya sabéis que estoy muerto. Crónicas del firmamento, 4.

Ya sabéis que estoy muerto. Crónicas del firmamento, 4.

Bueno, ya sabéis que sigo en el cielo. Ya llevo mucho, no sé decir cuánto, porque aquí uno no se entera de nada. Una modorra… ¡Qué molicie¡ La verdad, que a mí el cielo me ha decepcionado bastante. Yo así una eternidad no la aguanto. Esto está lleno de repelentes. La mayoría de la gente que me cae bien están en el purgatorio o en el infierno. Y aquí estamos todos los muermos juntos. Los más muertos.

Sabéis que estábamos mirando a uno que yo pensaba que era Dios por aquello de la contemplación divina. Pues era San Pedro. Se mosqueó conmigo. Dice, ¿si no está Dios, a quién quieres mirar tú? Pero yo lo que me pregunto es:¿y Dios por qué no está en el cielo? Ojo. Yo no digo que no sea buen tío San Pedro. ¡Pero no es Dios! Por lo visto hace mucho que Él no viene. Pues no lo entiendo. Se ve que se pasa el día en la tierra. Decían el otro día que Dios Padre siempre se quejaba de que en el mundo la gente no hacía más que pecar todo el rato. ¡Pues oye, si tanto lo criticas, no sé porqué bajas tanto….! Y no sé qué hará, porque las cosas no es que estén perfectas abajo. No sé qué habrá solucionado…

Aquí falta organización. Yo esto lo montaría de otra forma. Porque oye, toda la vida siendo bueno y arrepintiéndome de todo para luego tanto mirar a San Pedro… ¡Venga, hombre! No digo que tengamos que hacer aerobic, como en los hoteles para jubilados, pero alguna excursión… ¡No sé, algo!

Tengo un compañero todo el día sonriendo. No lo soporto. ¡Qué cara de idiota! Está el tío encantado de estar aquí. Me acerco y le digo «buenas». Y en vez de contestar se me queda mirando con su sonrisa de comprensión profunda del alma humana… ¿Será tonto el tío? ¿Pero de qué va? Le digo: ¿me está mirando usted por encima del hombro? Porque a mí me habrán traído a aquí igual que a usted… Usted, qué pasa, ¿es que se ha hecho más bueno? Y él nada,con su sonrisa de iluminado. Claro, si lleva una eternidad mirando a San Pedro, se habrá vuelto majara.

Ya he preguntado si me podía bajar a la tierra o hacer una visita a algún amigo que tengo en el purgatorio, por llenar un poco el tiempo infinito. Pero aquí siempre te miran tiernamente pero no te contestan. Me tienen ya bastante harto.

Total. He empezado a preguntarme qué hago yo en el cielo. Yo creo que no me lo merezco. Para mí que se han equivocado. Lo más curioso es que cuando estaba en la tierra ya me preguntaba: ¿Y yo qué hago aquí? Y ahora en el cielo, igual. No tenía que haber venido. Esto me pasa como otras cosas, por ser un buenazo.

canción

He encontrado esta cancioncilla que escribí en «mi mocedad». La pondré aquí por… ponerla en algún sitio.

  • Disculpa que no piense mucho en ti
  • cuando llevo tanto tiempo sin entrar
  • cruzándome las calles sin parar
  • deambulando alegremente por ahí
  • Disculpa que no piense nada en ti.
  • Recuerdo que querías ser feliz
  • no querías complicarte al regresar
  • dijiste lo importante ahora es vivir.
  • Tus ideas ya me han puesto en tu lugar
  • Disculpa que no piense bien de  ti.
  • Si piensas cuánto has hecho tú por mí
  • no me extraña que me quieras conservar.
  • yo no puedo ya volver a a ser igual
  • Disculpa que no crea mucho en ti.
  • y te plante de un modo espectacular
  • Disculpa que ahora piense más en mí.
  • Disculpa que ahora piense en mí, por fin.

Tiempo

Hay una guitarra eléctrica que suena desde la casa de al lado. Parece ser un estudiante, porque repite todo el tiempo los mismos acordes. Me gusta.

Cuántas cosas me faltan por hacer.

Suena melancólico el comentario. Sin embargo, morir debe de ser sentir que ya no tienes nada más que realizar.

No es mi caso.

La guitarra sigue sonando. Se enreda en una especie de bucle de notas entre psicodélicas y morunas. Me siento libre al oír ese austero pero sentido solo de guitarra que me ofrece algún vecino.

Quiero actuar más.

Voy a hacer mucho más.

Aunque pensandolo bien…

Me estoy equivocando. No hay que pensar solo en lo que se quiere hacer. Eso solo me aportará experiencias, momentos, aprendizajes. Es mucho, está muy bien. Pero no debo pensar solo en lo que quiero hacer y vivir. Debo enfocarme en lo quiero conseguir.

Artesanía

Artesanía

Estoy descubriendo algo nuevo para mí. Es el placer de la artesanía. Trabajar honradamente con la madera, lijándola una y otra vez. Oler la madera… Percibir con las yemas de los dedos su grado de flexibilidad y dureza. Hacer los orificios con cuidado y luego soplar fuerte para que el polvo de serrín se escape. Medir, marcar con el lápiz. Recortarla del modo más exacto posible. Golpear con el martillo sin excederme en la fuerza y dando solo los golpes imprescindibles. Mirar con un solo ojo los lados de una tabla para cerciorarme de que están perfectamente rectos, y si no lo están, volver a lijar. Cincelar,  tallar… Barnizarla, y esperar hasta secar con unas cervezas, un cansancio merecido, satisfecho, una bombilla de luz suave, una ventana y un atardecer. 175954499Y volverla a ver, por fin, al día siguiente, alegre por el reencuentro, ¡a ver qué tal estás hoy! para terminar de dar la segunda capa con un suave vaivén de muñeca. Hago el amor a la madera porque la quiero, porque es noble y buena y hasta sus nudos, y defectos me gustan, así,tal cual. Y como cada vez la conozco mejor, puedo tratarla con mayor cariño aún cada mañana. Con ella mis manos se hacen cada vez más firmes y duras, pero  al mismo tiempo, menos torpes. Más comprensivas. Sí, claro que sí. Existe algo entre ella y yo. Siento que me comprende. Hay una confianza entre nosotros. Quiero convertirme en un honesto artesano de este material noble, que procede de los troncos, que son vida, tranquila vida, de crecimiento imperceptible y gigantesco, testigo inadvertido, pero de larga y fructífera vida, que al final, perdura después de arrancada. Cuanto más la trabajo, más sabio siento que soy. Como si siempre hubiese sido carpintero, quiero envejecer así, contigo. Si no logro hacer una barca, mi nave serán el taburete y la estantería. Da igual: yo sabré sentirlo del mismo modo. En ti, madera, sea como sea, pondré mis últimos sueños de surcar los mares.

¡Largo!

Un espabiladillo menos a mi alrededor significa aportar a mis cosas más tiempo. Ese que nadie tiene que hacerme perder.

Advertecia a la gente que dice que soy muy educado. No es cierto. Hay un bruto dentro de mí. Un energúmeno que acecha.
Soy tan sofisticado como un huevo duro. O quizá, como dos. Soy de al pan pan.
Me gustan las cosas claras, y con los contornos bien delimitados. Creo en lo bueno y en lo malo. En lo correcto y en lo incorrecto. En lo hermosos y en lo feo. Prefiero lo primero. Me gusta lo noble, detesto a los impresentables, y los alejo de mí. Y no soporto la más mínima pillería. Soy en eso muy estricto. A veces hay gente a la que le das la mano y mientras te sonríe notas que está pensando el modo de aprovecharse de ti. Si tratan de quitarme 10.000 euros es grave, pero si lo que me quitan vale como un simple cigarrillo, es mucho peor.Cuanto más nimio es lo que te hurtan, más pequeños, miserables e innecesarios son esos personajes insolentes y menos valoran tu amistad. Y en un mundo de listillos, es decir, en el mundo que hay, acepto mi incompatibilidad con todo eso a cambio de un aislamiento espléndido. A mi alrededor quiero verdaderos humanos. Los insectos que se vayan a cumplir con su función fuera de mi casa.

Más sobre el río: sin las certezas y sin las dudas

Más sobre el río: sin las certezas y sin las dudas

Hemos hecho un viaje por un río que arrastra más promesas que gratificaciones. Nos ha proporcionado una peripecia corta y pesada.
A lo largo de estos años hemos encontrado la falta de fe que buscábamos.
La edad nos ha quitado por fin las ilusiones desmesuradas, pero aún conservamos la parte oscura de la pasión.
Hemos perdido sensibilidad y piedad pero no por eso nos hemos hecho más fuertes.
Hemos acabado desengañados respecto de la importancia de la vida y de las vidas de otros, pero eso no nos ha ayudado a comprender mejor el mundo ahora que cuando éramos jóvenes y sentíamos el corazón en los dedos.
Hemos desenmascarado todo cuanto parecía bello y valioso, y hemos descubierto claramente que era todo trivial, limitado o decepcionante.
Así ha sido como nos hemos quedado: sin las certezas y sin las dudas. Por eso te digo una cosa. Solo se cambia a peor.

Este extraño río de las paradojas y los fraudes, que empieza exuberante y crecido para acabar en un charco medio seco. Aporta al viajero una experiencia tan dolorosa como inútil.patagonia

Saber de mí

¡Qué manía con querer saber de mí! Que pongas tu foto, que de dónde eres, que se ve que tienes problemas, cuéntamelos todos… La verdad es que estoy agradecido. La gente pone un interés por los desconocidos enorme, y respecto a mi caso en particular, veo que no soy precisamente el que menos curiosidad despierta. En el fondo me encanta. ¿De verdad? Puede que sí.

Pero lo que me sorprende es que la gente, sobre todo las empáticas señoras, tengan tanto interés en conocer todo aquello que va mal, lo que me haga sufrir, motivos de preocupación, fracasos y frustraciones.

¿Qué hace que algunas personas gocen escuchando a otros confesar todo aquello que es triste y negativo en su vida?

Tengo varias hipótesis como respuesta:
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Hipótesis uno. 
Las señoras creo yo que tienen siempre un instinto que hace que tiendan a amamantarme. ¿Eso le duele al nene? Mamá te lo va curar, ya verás que bien. Te dejas querer y ellas a su vez se sienten bien. ¿Por qué a mis años siguen queriendo darme teta? Pues… no lo sé. Además, las damas, no sé si es por el instinto maternal, tienen una acusada tendencia a dar lecciones sobre la vida, de modo que tú les cuentas algo tuyo y ellas te dicen a la primera de cambio cómo deberías ser, qué deberías hacer. Por muy mal que se sienta una mujer consigo misma, siempre puede resolver tu problema. Y si les gusta un hombre, mucho más. Si una mujer le gusta cómo es un hombre, inmediatamente tratará de cambiarle. A mí no me parece muy lógico, pero es así. Tratan de cambiarnos mediante una mezcla de consejos y besos antes de casarse. Y después de la boda, a base de reproches. Así es como el matrimonio mejora tanto la vida y el espíritu de los hombres. 

1150854_416802535097825_1740229874_nHipótesis dos.
La gente quiere oír tristezas para ver cuándo les toca a ellas contarlas. «Es tremendo eso que me cuentas, no sabes cómo te comprendo. Precisamente a mí me pasó algo aún peor. Déjame que te lo cuente…». Es como si se acercaran a la pescadería y estuvieran esperando su turno, pero en vez de comprar merluza, lo que quieren es contar sus propias penas.

Hipótesis tres.
Confunden la tristeza, con el cariño o con la bondad. El hecho de que sean tres palabras diferentes, debería dar la pista porque son efectivamente cosas muy distintas, que pueden coincidir o no.

En fin, sabed que aunque no os cuente mi vida, y me haga el duro, a mi manera sí que la comparto con los que me leéis, y que disfruto mucho de vuestra compañía.

(Final tierno, para que las señoras no se quejen).

Cómo lo saben

Como-lucir-una-corbata-con-eleganciaEn mi radio suena una emisora en una lengua desconocida. Dos tipos están hablando de modo amistoso y animado en un idioma incomprensible. Llevo unos cuarenta minutos escuchándo. No sé de que hablan. Quizás de que algo está a punto de pasar. Se ríen a carcajadas y no puede saberse por qué. Las risas son desagradables como toses. Las voces son huecas. Parecen de mediana edad. Los imagino obesos y con corbata. 

Quién sabe cómo se habrán enterado de lo que está a punto de ocurrir.

Extraños

Sales de casa. Hace buen tiempo. Caminas y miras el suelo que refleja la luz del día. Ves también el cielo azul. Y tus ojos repasan los edificios de tu ciudad. En cada ventana imaginas gente como tú o familias como la tuya. Lo que tú entiendes por personas normales. Sientes que tu calle es tu casa. 
 

Pues no es así. Tal como quizá te decían de pequeño el mundo está plagado de gente rara. Y la educación generalizada ha empeorado las cosas. Los seres indeseables se camuflan mejor que antes. No son fruto de la desigualdad, sino de la degeneración que esta sociedad provoca.

Ahora las personas extrañas no se distinguen de las normales hasta que ya es demasiado tarde.

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El listo

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Tenemos un órgano que va de listillo, que se llama cerebro. Tanta soberbia tiene este simple trozo de persona que nunca deja de opinar sobre todo, analizarlo todo, y de responder ante cualquier cosa que suceda. Su misión es básicamente resolver problemas, para satisfacer nuestras necesidades, que en muchos casos crea él mismo. Cuando no tiene problemas que resolver, los inventa. El caso es no parar. 
Caprichos

Caprichos

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En algún momento te enseñaron que por ser mujer se te consentiría todo, y pensaste además que lo que no te permitieran,  te lo permitirías tú misma. Así es como pasaste de ser una princesita caprichosa a una solitaria, antojadiza también, porque esas cosas se curan mal. Tener o no tener razón a ti te da igual. Tú no clasificas las cosas en ciertas o falsas, sino en «me molesta que me las digan» o no. Ser coherente, no te parece importante. 

Desde que recibiste aquel «conmigo no cuentes» que quiere decir en realidad, «me temo que te vas a quedar sola» aun no has entendido lo que te pasa. No tienes la culpa de ser así. Es muy duro, lo sé.

No eres una solitaria más. Eres una modalidad especial. Te hicieron mucho daño de pequeña por no mostrarte cómo y por qué mantener un comportamiento consistente, aunque hubiera sido  en un grado mínimo. Aunque solo hubiese sido con la gente que quería estar a tu lado. 

Lo siento, niña, a mí me daría mucho miedo. De verdad, lo siento, pero no hay nada que pueda hacer por ti.

Los salmos ateos: salmo 1. Siempre el río

Los salmos ateos: salmo 1. Siempre el río

El río me empuja.

Ancho es su cauce.
Cerca ya de la desembocadura
ha perdido en rapidez.

Ha ganado en caudal.
Tiene la fortaleza dulce de un padre.
Pero te impulsa hacia el final.
El río me empuja.
Lento, poderoso.
No me arrastra ni me lleva.

Yo voy en él.

El río me empuja.
Tengo su firmeza, he ganado su empuje.
Antes sonábamos, al chocar por las montañas.
Ahora somos un silencio inapelable

contra el que nadie puede.
El río me impulsa,
lento y poderoso.
Describiendo meandros de interrogación.
Con la fuerza que me da,
con el poder que me transmite,
llegaré al desorden de las olas.
A la muerte en el mar.

El río me impulsa.
Me diluiré entre playas y peces.
Volveré a estallar contra las rocas.
Pero no será como hasta ahora.
Y no  será nunca como antes.
Será una soledad infinita
hasta que me vuelva a evaporar.

Por allí cerca, el río sigue y no muere,
con su silencio imponente.

Yo soy el río y la gota de agua.
El río me empuja.

Río_Negro_by_Sarmiento_Avenue_(Resistencia)

La paz al comienzo del día

amanecer-calle-arbatEl silencio no debe engañarte. Hay una atmósfera de quietud contagiosa a primera hora de la mañana. Sin embargo el mundo sigue girando sigilosamente. Sin parar jamás, los astros siguen recorriendo distancias enormes a velocidades que la mente puede medir pero no imaginar. Y todo en el más absoluto mutismo. La calma es un tigre agazapado que te observa. Que no te engañe la paz al comienzo del día. Al alba los acontecimientos ya están al acecho, los peligros avanzan y tú estás en mitad de su camino, siempre lo estás, y si topan contigo, tratarán de devorarte. La vida y la muerte nunca dejarán de perseguirte. Sigue corriendo.

El día no ha dormido durante la noche.

Zumbidos

zumbidos en los oidos remediosHay un televisor encendido en otra habitación. Su sonido llega atenuado, y es como un batir de langostas en plena ciudad.
La calle está en silencio. Es el escenario de algo que está a punto de ocurrir. Parece que no haya nadie allí, pero está detrás del telón, escondido, sonriendo, esperando el momento de desatar la tragedia. No soporto el calor ni el murmullo metálico que viene de ese otro cuarto de la casa.
Instante

Instante

images (1)¿Te regalo un instante? No digo uno mío. Yo puedo dedicarte todos los que tuve y los que me queden. Pero yo quiero regalarte solo un instante. Sin más. No es de mi tiempo, sino de tiempo. Pequeño. Una mínima porción de relojes parados. De tiempo sin tiempo. Tiempo detenido cuando pensaba en ti. Quisiera expresar sin diminutivos la idea de una levísima fracción de eternidad, valiosa como una pepita de oro por el filón que señala. Te la mando. Está llena de sueños míos, pero tengo la humildad de querértelos mostrar y convertirlos en un obsequio que viaje hasta tí impulsado por mis pensamientos. Solo es un instante. Cuando te llegue, dime algo y te mandaré más.

Viste bien sin que nadie lo note

1219594901_850215_0000000000_sumario_normalUn caballero español clásico viste bien sin que nadie lo note. Trata de tener buen aspecto, pero detesta que le digan que su camisa o chaqueta son una preciosidad, No quiere que alguien se fije en una prenda concreta. Al contrario que muchas mujeres u otro tipo de hombres que pueden sentirse felices si alguien elogia su vestido o su traje. Con esto no quiero dar a entender que los españoles seamos el ejemplo a seguir, pero vale la analogía.

Para mí, escribir es lo mismo: al leer las palabras no debo ver palabras. Debo ver ideas, sensaciones, belleza, emociones, música, acción, descripciones, reflexiones, estados de ánimo… Las palabras no deben distraer. No digo tampoco que solo debas usar palabras corrientes. No es eso.

Esconde tus palabras.

He visto que el cielo es un telón roto y oscuro y que las aves solo son jirones rasgados en él.

He visto que el cielo es un telón roto y oscuro y que las aves solo son jirones rasgados en él.

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Voy a cerrar mi teatro. No sé exactamente cuándo será la última representación, pero lo presiento con cada función que se acaba. No me importa por la muerte de la obra, ni por el silencio de los actores, ni por los focos apagados, ni por el sobrecogedor auditorio en sombras. No me da miedo nada, excepto una cosa. Ver el escenario sin decorados. El mar de cartón se romperá. El cielo, que parecía de cristal, se descolgará hasta que alguien termine por arrancarlo de la tramoya, para ponerlo de fondo en cualquier otra ficción. Mi sala quedará vacía y solo permanecerán el suelo, el vacío y el frío. Lo he vivido en sueños..images (2) Entrar y mirar desde el proscenio. Ver que el firmamento ya no es sino un gran borrón oscuro formado por una tela grande, vieja y pesada de un color sucio y azul, más oscuro que el petróleo. He creído ver un ave surcando el aire, pero solo era un jirón rasgado en el lienzo. Pensaba que estaba la luna, pero era otro roto en la tela. No había muro detrás del escenario salvo el de la negrura. Pero el telón impide que las sombras de la verdadera noche iluminen el escenario, que ahora es más negro aún que las tinieblas.

Haré una última reverencia y caminaré hacia la noche que se adivina tras rebasar el último cortinaje.

Me descifras

Te oigo pensar mientras hablo. Procesas toda información sobre mí. Me descifras poco a poco.

Soy el laberinto de papel que juegas a resolver. Parece que estás revisando mis comentarios. Comprobando la coherencia, confirmando su consistencia. Completando el puzzle. Pero solo es que te gusta conocerme y que tienes más memoria que yo. Otra persona que hiciera lo mismo me molestaría. Cualquiera que no fueses tú. En cambio a ti te lo agradezco.

Café

He vuelto a tomar café. Déjame respirar hondo. Umm, cuánto me gusta. Recuerdo el aroma. Lo percibo como si lo estuviera oliendo ahora mismo.

Me gusta mucho como me siento bajo sus efectos. Fuerte. Despierto. Me inclina a actuar más que a pensar. ¿Para qué pensar? ¿No debería tenerlo ya todo suficientemente pensado? ¿Me queda algo por filosofar? ¡Para qué más! ¿Quería saber? Pues ya lo debo de saber todo. No sé qué querría aprender, la verdad, y probablemente no he entendido nada.

Qué importante es un buen café, uno bueno de verdad. El café me elimina la perplejidad. Me pone en marcha. Aporta concentración y silencio.

Hace tiempo que no estoy pensando en nada.

No estoy…

Eso en realidad es un «aunque». Sí, lo he puesto sin saber bien por qué, pero creo que ha sido un aunque. Si es «aunque no estoy».

No estoy. Solo hago y hago. Eso está bien. Hay mucho que hacer.Lo malo es que entretanto… no estoy. ¿Pero para qué estar? Yo estoy aburrido de tanto estar. Y por otro lado, ¿quién lo necesita?

Quizá cuando muera, justo antes, recuerde qué es lo que quería descubrir o comprender. O quizá esté más confundido que nunca. Seguramente, así será. Bueno, cuando me esté muriendo, sobre todo,me estaré muriendo, y eso tiene que ser una tarea bastante absorbente. ¿Me moriré distraido?

Si sigo tomando café, dormiré con las cosas hechas. Se mere uno más tranquilo, más profundamente muerto, cuando las cosas han quedado hechas, terminadas y finiquitadas.

Se ha inventado una enfermedad anglosajona como el estrés, que es de gran utilidad para que las revistas hablen de él. La gente no sabe que está científicamente probado que uno recuerda mucho más aquello que no ha terminado de hacer que todo lo que tiene realizado en su vida. Somos una generación que hace americanadas en grupo subiendo y bajando los brazos y las rodillas en los gimnasios para poder reducir el estrés. Es un error. Lo que hay que hacer es terminar cosas, suprimir el máximo de tareas inacabadas para liberar nuestra cabeza. Tomar café. Limpias tu cabeza del estrés y de los pensamientos mediante la acción. Café como antiséptico psicológico. Es decir, para un cerebro más aséptico. Si estoy bien estimulado, ni sentimientos tengo.

Claro está, que si te tomas un café y te pones a escribir en vez de hacer algo…. tampoco haces nada. Y así nos quedamos como estábamos.

Creo que continuaré. Es decir, que lo dejo. Que dejo el tema sin acabar por ahora. A pesar del café.

De verdad

Eres entre otras cosas el equilibrio. Eres la sensatez. Eres la neurosis. Eres la madurez. La gracia, el secreto, tu gracilidad, el amor, la sensualidad, la maternidad, la vulnerabilidad, la frivolidad, tu verdad, tus lágrimas, el reposo, el orden, tus gestos, tu cuello, tu resolución, tu sacrificio, tu inteligencia, la torpeza, la vida, tu fragilidad, tu perspicacia, tu regazo, tus detalles, la fuerza, la fe, la tristeza, el realismo, tu vaso, tu interior, tu simpatía, tu coquetería, tu garbo, tu superstición, la esperanza, tu mano, la alegría, la atención, la atracción, el cariño, la belleza, tu mirar, tu cuerpo, la memoria, la fantasía, la virtud, tu sexo, tu valor, tu miedo, la resistencia, el cariño, la traición, tu entrega, tu trasero, tus hijos, tus padres, la religión, tu ironía, el misterio, tu desnudez, el optimismo, tus lecciones, tus dudas, las caricias, tu fragancia, mi vida, tu decisión, tu espera, tu paciencia, tus huesos, la rabia, tus prontos, tu paz, tu cabello, tu perdón, tus ojos, tu hablar, tu risa… y tú.

Todo lo que eres parece imposible a la vez

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CABIZBAJO  (Una cosa es andar).

CABIZBAJO (Una cosa es andar).

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cabizbajoUna cosa es andar. Otra diferente es mirarse andar. Observar como los pies se relevan continuamente en su posición, es una especie de obsesión geométrica. Una actitud introspectiva. Mientras caminas no puedes ver hacia donde avanzas o retrocedes. Una espiral capaz de arrastrarme hacia el trance hipnótico. Es algo similar al autorretrato en el que figura el retratista en un espejo, y la imagen se reproduce cada vez más pequeña evocando el concepto de infinito. Las manos en los bolsillos. La vista hacia el suelo. Camino pensando en ti y cuidando al mismo tiempo de no pisar las rayas. Avanzo en la noche cerrada como un invidente, porque la noche realmente está en mí. Son dos indicios de una mente obsesiva. Jugando a no pisar lo negro, como de pequeños, mantengo un ejercicio gráfico imaginario de bordillos y aceras. Sin poder ver hacia donde voy o retrocedo, con qué o quien puedo tropezar, dónde y cómo me pueden atropellar. No es mi culpa. Es del español. El español es un idioma introspectivo lleno de reiteraciones, dobles negaciones y cuádruples redundancias que llegan al propio vocabulario. Vocablos como medioambiental, contigo, ensimismado, etcetera. Mi cabeza se ha llenado de bucles, no en el pelo sino en las ideas. Solo puedo mirarme andar.

Sombra-Cabizbajo

Baches

Baches

Atornillados al pavimento hay unos baches de goma para que los coches reduzcan la marcha. Mis hijos van en el asiento trasero. Alex en su silla infantil a la derecha clava su mirada en la mía a través del retrovisor. Está serio. Entonces yo grito.

– ¡¡¡Cuidado hijos míos!!! ¡¡¡Nos atacan, bajad la cabeza!!!

Empiezo a dar volantazos de un lado a otro y al pisar los baches a considerable velocidad se oye un ruido tremendo en mi coche como si nos disparasen. Las niñas me siguen la broma y piden socorro entre gritos y risas pero Alex agacha la cabeza y mi mujer trata de hacerse oír más que los ruidos y las chicas diciéndome. 

-¡¡Vale!! ¡¡Para ya!! ¡¡No seas gamberro, que es peligroso!!

Yo no le hago caso y sigo dando golpes de volante y los baches hacen clonc, clonc, clonc, clonc, como si las bombas explotasen cerca del coche y yo las esquivase con mis curvas. Las niñas gritan con todas sus fuerzas y se ríen empujándose hacia los lados con cada curva. Alex está casi llorando pero se da cuenta de que todo es un juego y se ríe con los ojos lacrimosos. Mi mujer me llama al orden con gritos más agudos y todos los demás nos carcajeamos. Llegamos al stop. Me detengo y un coche se pone a nuestro lado. El matrimonio que ocupa un todoterreno nos mira con gesto de censura. Mi mujer les da la razón y aunque el coche está detenido los chicos siguen alborotando. Alex me sonríe desde el retrovisor. Mi mujer sintetiza la escena:

-Qué loco estás.

Alex dice:

– Qué chulo, Papi.

Y sigue mirándome desde el retrovisor.

Frases y reflexiones sueltas para una Filosofía Antipositiva

Estoy aburrido de frasecitas estomagantes «positive thinking» en contra del miedo. ¿Es que todo el mundo lee las mismas chorradas?

 

Sin miedo la vida es demasiado simple. Tened siempre bastante miedo. Si no tenéis motivos, echaos a temblar.

Se acercan las primeras curvas.  Me falta mucho miedo para tanto peligro como viene.

¿Avanza el peligro o avanza el miedo?

 

Los miedos nos identifican más que las alegrías y que las esperanzas. Son más constantes, más nobles. Los conocemos al nacer, vamos mejorando en conocimiento mutuo con los años, lo que no siempre sucede entre los esposos.

Al final de la vida, nuestros miedos son los únicos que nos acompañan hasta el otro mundo. Todos los que nos lloran, sin embargo, se quedan, no se mueren con nosotros para acompañarnos, los muy falsos. Sin embargo el miedo no es hipócrita. Es el más sincero y espontáneo de nuestros sentimientos.


Todos los humanos formamos la miedosfera, que tenemos el deber de cuidar para que generaciones venideras hereden nuestros miedos.


Una nación es un conjunto de seres que comparten los mismos miedos.

El miedo me da cobijo y seguridad. Si perdemos el miedo, ¿qué nos queda?

 

Vamos a devenir en una mayéutica diacrónica del miedo en sí y para sí, pero no por sí. La miedosfera avanza.

 

El miedo nos diferencia de la materia en sí y por sí.

 

Dejadme tranquilo con mis miedos

(Heinrich Brossen Tallernauer, el filósofo del miedo).

El agua

El agua

venecia(borrador de un fragmento) (o fragmento de un borrador).

Fue el día gris en el que celebramos la boda de Carmina, la sobrina que trabajaba de relaciones públicas de un hotel, creo recordar. Estaba distraído pensando en las noticias del día. Algo había pasado, no recuerdo qué. También estaba preocupado por lo difícil que se estaba poniendo ejercer mi profesión de controlador aéreo . Y ese era precisamente el problema. Estaba demasiado distraído para ese trabajo. Mi responsabilidad era demasiado grande.Mientras caminaba, miraba a la gente sin fijarme en nadie. En un escaparate había uno de esos maniquíes que hablan. Se proyecta sobre su cara una película con un rostro parlante y el efecto es algo extraño. El maniquí parece estar vivo. Pero ese truco era ya muy viejo. Simplemente me puse en aquel escaparate para seguir pensando, por no pararme en medio de una acera. Yo seguía con mis pensamientos. El maniquí dejó de gesticular. La gente se fue y yo seguía allí, cavilando y solo junto al vidrio que me separaba del muñeco parlanchín. Sonreía estúpidamente. Como si empezáramos a simpatizar. Yo le sonreí también. Sonreír es bueno. No es malo… Es bueno sonreír.
Algo me despertó. Un poco de frío en los pies. Miré y vi que se había formado un charco que yo estaba empapando mis zapatos. Por un momento creí que me había orinado encima, no sé por qué. Seguí caminando. Con las manos en los bolsillos de mi traje gris. Pero el charquito se agrandaba avanzando más que yo. Me paré a mirar hacia atrás y entonces me di cuenta de que la calle estaba desierta y cubierta de una uniforme capa de agua, de unos dos centímetros. Eso me recordaba la primera vez que fui a Venecia. Toda la plaza de San Marcos estaba inundada, algo que allí se acepta con naturalidad. Yo no sé si es muy normal que yo viva esto en esta ciudad de secano y lo contemple con apatía, como un veneciano, pero después de todo, ¿qué podía yo hacer? Solo seguir andando con las manos en los bolsillos y pensar en las noticias y en mi trabajo, en el que tanto me estaba distrayendo. Ahora sí que estaba parado en mitad de la calle, mirando alrededor. Todo vacío. No estaba claro de dónde salía el agua. No notaba que hubiera corriente alguna. Sin embargo , sí que me entró una soledad sobrecogedora y magnifica. Vi un banco con una paloma encima y, pese a llevar el traje impecable, me dirigí hacia él arrastrando los pasos por el estanque que ya tendría unos diez centímetros de agua, para poner los pies en el asiento y apoyarme en el borde del respaldo. La paloma se fue batiendo alas, claro, y la seguí con la vista hasta que la perdí. Busqué mi tabaco mientras me relajaba a medida que el agua iba transformando aquella avenida. Pero no llevaba cigarrillos encima. Estaba tan aturdido… Creo que en general los días húmedos, o de bajas presiones en lo meteorológico, me afectan. Alteran mi salud y mi estado de ánimo. Aunque no había visto llover ese día. ¿O sí? Lamenté profundamente no llevar tabaco encima. Estuve recordando la boda de Carmina. Tenía una duda. ¿Quien era Carmina? No recordaba bien si era la mayor de las chicas de mi hermana o si era una prima mía. Todo estaba confuso. Había ido a la iglesia y… Algunas iglesias tienen ese tipo de altares que detesto, llenos de estatuas de madera con columnas jónicas pintadas de un color dorado oscuro. Son retablos tristes, aburridos. Yo había llegado con el resto me mi familia, pero Nieves me pidió que fuera al coche para traerle el chupete del pequeño. De mi hijo. Por un momento no sabía qué niño necesitaba el chupete. Y no tenía claro dónde había dejado el coche. De pronto me pregunté si se le estarían mojando los bajos. La famosa tapa del delco. ¿Existiría la famosa tapa del delco? Quizás los coches modernos ya no tengan esa tapa o carezcan del delco ese. El agua parecía ya moverse un poco, hasta el punto de que hacía un bonito murmullo al salpicar junto a las patas del banco que estaba ocupando. Era normal que tanta agua en una ciudad tan abierta encontrase algún desnivel. Mi asiento era de madera, pero las patas eran de hierro. También los brazos. Sobre esos apoyacodos de hierro tuve que poner pronto mis pies porque el nivel del agua ya superaba el del asiento. Y yo todavía no había ido al coche a por el chupete o lo que fuese. Soy capaz de reaccionar y lo hice. Baje del banco y empecé a andar hacia las murallas árabes, con el agua por encima de las rodillas. Recordé que había una bajada un instante antes de caer por la escalinata cubierta de agua y verme nadando por ahi. Daba gusto hacer braza en aquella enorme piscina. Me preocupaba que mi mujer necesitaría el chupete para el niño. Y ver mi corbata mojada también me debió de molestar. Mis corbatas son de seda. Empecé a nadar y claro, recordé las noticias de la noche anterior. En Levante habían alcanzado los ventisiete grados en pleno mes de noviembre. ¡Veintisiete!  Seguí nadando aunque no era fácil, porque la corriente era cada vez mayor. De nuevo me quedé distraído como con el escaparate y me dejé llevar. Me daba todo igual. Cuando se evaporase toda ese lago ya volvería yo a  donde antes. El agua no estaba fría. Me puse a sonreír. Sonreír… Es como las cosas se arreglan. Sonriendo. Veo que el agua me arrastra en circulo. Hay un remolino en el centro de la plaza, como si hubiera un sumidero gigante. Será mejor que sonría. Espero que el maniquí me vea sonreír. Está lejos. Mi cara esta tirante… Me va a tragar el agua. Haré el gesto de sonreír mejor, que ya no sé cómo era, pero algo haré. Las mejillas están muy tensas como si la piel hubiera encogido. Hago un cierto esfuerzo por alargar mi boca hacia los lados. Como que soy como el maniquí, que en realidad mi cara no se mueve mientras la corriente me lleva. Sonreír es muy bueno. Las cosas mejoran. Y si el extraño desagüe me traga, quizá, sonriendo, no muera ni sienta nada. Ni frío ni calor. Me pregunto qué tal se estará en Levante ahora. Ayer salió en las noticias. Dijeron que había bastante gente tumbada al sol en las playas de Levante.

Sentirme en mis zapatos

Sentirme en mis zapatos

Me gusta sentir que estoy en mis zapatos. Mi indumentaria no me interesa nada pese a las advertencias insistentes de mis asesoras familiares, que las tengo de diversos tamaños y edades. Simplemente me gustan las suelas de mis zapatos porque conectan mis pies con la tierra sin dejarme clavado en ella. Porque me permiten caminar con firmeza y aportan una grandiosa sonoridad a mis andares sobre la tarima flotante o el parquet. Me dan equilibrio y estabilidad. Velocidad y protección. Son una buena base. POBRE-ZAPATOS-ROTOS-FOTO-anyka-3998340-desgastadas-y-maltratadas-zapatos-de-un-mendigo-en-las-calles1En estos días en los que la gente vuelve a menear banderolas patrióticas, yo quiero proclamar que ni los hombres ni las mujeres tienen ni han tenido nunca raíces que les aten a la tierra. Poseemos sólo pies, y son para andar. Sólo pies y no raíces. Son para irse. Son para separarnos de lo que amamos y de donde nos quieren o de los que no lo hacen. Lo natural en el hombre es andar. Ir y volver o no. Y encontrar nuevos caminos, buscar otros recodos. Y con un buen calzado, es un placer explorar distancias y trayectos sin concesiones a la nostalgia. Alejarnos de lo que adoramos nos enseña a amar otras cosas y personas y a valorar todo ello. Dar grandes pasos con botas de buena goma en la suela.es un placer para el caminante. Pisar fuerte. Ganar en seguridad y en recorrido. Es normal devoción o querencia por los sitios ya que los lugares son tan fieles como los perros. Las ciudades siempre te defraudarán menos que las personas. Pero a mí me quedan solo mis viejos y varias veces recauchutados zapatos como ultimo y único de mis apegos. Quiero andarlos y destrozarlos cien veces hasta que no puedan dar un paso más. Mis pares de zapatos viejos son mi tesoro. Los abrazo con afán de avaro a sus bolsas de monedas. Cuatro o cinco pares usados a la vez. Los estrecho, les achucho y les beso el hocico como a cachorros. Los quiero, no sabes cuánto. Sueño con echar a caminar en linea recta, en dirección al sol y hacerles trabajar hasta desollar mis pies. Me gustan así de viejos y si están sucios, mejor. Cuanto más polvorientos, mayor es mi orgullo. Es como la sangre en la espada del soldado. Debo esconder estos tesoros que venero con sus tapas y medias suelas. Si no lo hago pronto, mi mujer me los tirará a la basura y, aunque ya no camine tanto ni tan lejos, quiero que su espíritu me acompañe siempre y recordar con todos ellos mis mejores y legendarios momentos. Hay entre estos camaradas y mi esposa una relación de reticencias mutuas, pero yo los protegeré siempre y mantendré la esperanza vana de que mi mujer se integre y brille en nuestro grupo más que el fuego en la chimenea entorno a la que ellos y yo nos calentamos las plantas y revivimos nuestras hazañas.

Un muchacho normal

Él era un muchacho normal. Agradable. Caía bien. Buena gente. No es que las chicas no se fijasen en él. Pero no tanto hasta que se descalzó una vez en un parque. La pandilla encontró un cesped bajo el sol de junio e hicieron un corro para contar chistes y tocar la guitarra. Estaban su mejor amigo y una compañera de clase de ojos color de miel y labios gruesos con un mohín de niña enfadada. Luego vendrian los otros. Tere dijo que su hermano fumaba sujetando el cigarro con los dedos de los pies. En segundos su amigo José se habia descalzado para intentarlo. Roque se dejo llevar por la tontería y comenzó a deanudar su pie derecho. Su calcetin se iba poniendo del revés a medida que tiraba de él hasta que todo su pie quedó completamente a la vista y los ojos de Tere se abrieron a tope y sus pupilas cambiaron totalmente su mirada.
-¡Qué pedazo de pie! – dijo la chica.- ¡¡Es impresionante!!

Continuará.

El trapecista espeleólogo

BORRADOR Y FRAGMENTO

 

Aerialist-Pinito-del-Oro-1953Es dura la vida de un trapecista espeleólogo porque implica muchas contradicciones y paradojas.

Mi madre era una mujer rumana muy alta y muy fuerte. Trabajaba en el circo y era la mejor sobre el trapecio. Un trapecio es eso que sale en los circos que parece el palico de la jaula de un periquito. Pues desde ahí daba unas volteretas increibles en el aire. Era capaz de sujetar a un hombre que llegase volando desde otro trapecio y estando bocabajo los dos, lanzarlo cuando su columpio estaba de vuelta. Se la veía muy guapa desde lejos, quizás más que de cerca, y no es que fuera fea, no, pero claro, con esa especie de bañadores morados con lentejuelas que llevaba, se subía al trapecio y doblaba una rodilla, y quedaba muy así, la mujer, meciendo sus formas desde aquellas alturas tan peligrosas.
Como cuando se columpiaba sin manos ni pies, apoyada tan solo por el torso. ¡Vaya torso! En cambio, si te acercabas mucho, mi madre ya tenía un poco más cara de gorila, solo que con un moño rubio y alto. Era guapa, pero muy a su estilo. Como de carcelera en la Rumanía comunista, la imaginaba yo.irma02

Trapecista Erica de la Vega.Un día mi padre, estaba haciendo la mili y fue con un compañero de regimiento al circo aprovechando que estaba de permiso en una ciudad que no era la suya y no sabía qué hacer. El primer día libre en cuatro meses, según contaba mi padre. Cuando su amigo y él vieron a mi madre saludar al público desde arriba se les disparó algún resorte y decidieron ir a verla a su camerino. Bueno, a su carromato. Su amigo le dijo que no tenía cojones de meterse23926 allí, y mi padre -que era muy valiente-, pues… ¡Para dentro! ¡Menudo era! La cogió medio en pelotas, pero no hizo más que verla y ella empezó a chillar, y un gitano que por allí andaba le pego, por la espalda, el muy desgraciado, un puñetazo en la cabeza a mi papá y otro en el ojo y luego, tras apearle del carro a hostias, lo dejó tirado junto a un remolque, bajo la mirada impertérrita de un león que, con aire aristocrático,  movió el rabo y arqueó una ceja desde su jaula, mientras miraba el pateo propianado a mi padre. Mi madre se tapó un poco el pechamen con un trapo brillante que había por ahí, y protestó porque, aunque se soldado se hubiera metido en su furgón cuando se estaba desnudando, a lo mejor su intención era buena… Y salió a ver al recluta. El crío tendría dieciocho años y ella unos quince más. Le dió pena. Le hizo subir al furgón así como estaba ella, con el traje a medio poner y una especie de chal por encima. Mientras le curaba el ojo, empezaron a charlar. Le quitó la camisa para verle las patadas recién recibidas. A mi madre los musculitos no le impresionaban ya. Había mucho músculo en el circo. Pero se ve que le hizo gracia el crío.descarga (12)

-¡Ay qué locos sois los chicos! ¡Quién te mandaba a ti meterte aquí! -dijo mientras le limpiaba la ceja partida con la punta de un pañuelo mojado con saliva.

-Es que yo me meto por todo. ¿Sabe? Por eso voy a ser espeleólogo cuando acabe la mili. Me gusta penetrar en las cuevas y en todos los lados. ¡Y usted, qué carnes más prietas que tiene!

-¡Ahí va este! ¡Descarado! – y le apretó fuerte en la ceja como represalia.

Aquella noche mi mamá, con todo lo grande que era, se enamoró locamente, impresionada por la capacidad penetrativa de papá, el cuál, acabó metiéndome a mí en su tripa. Se casarón al cabo de tres meses, lo que no le valió para conseguir muchos permisos como recluta como pensaba él, pero es lo que hizo. Y antes de que acabase la mili, nací yo.

Trapeze Artist Practicing her ActMi madre, que no quería dejar el circo, le dijo a mi padre que podía hacer, por ejemplo, números de escapismo de esos en los que uno se mete en un cofre cargado de cadenas y camisas de fuerza y luego te tiran al agua con todo, pero al final sales vivo por lo general… Porque esos números pegaban más con el circo que la espeleología esa rara… Pero a mi padre, aunque lo probó un par de veces, eso no le gusto. Lo suyo era más meterse que sacarse, solía decir mi madre mirándome a mí, no sé por qué.  Y él mismo se colocó de ayudante de un catedrático con el afán de arrastrase por todas las cuevas de la zona que le dejaran, que era lo suyo.

Mis papás, aunque luego fueron muy felices, estuvieron toda su vida discutiendo por mi culpa.

-Te digo que el chico va a ser espeleólogo como yo. No hay más que verlo.

-Qué va. ¡Es un artista, como su mamá! ¿No lo ves, que parece un mono? A salido a mí.

-En la cara sí. Pero su mente…

-¡Chorradas, Abelino! Éste en el trapecio hará filigranas con su madre -decía ella orgullosa.

Y a resultas de esto, yo salí como salí. Seguramente el único trapecista espeleólogo que haya existido hasta nuestros días. Ese soy yo.

Y bueno, pues lo que decía. Es dura la vida de un trapecista espeleólogo. Implica contradicciones y paradojas. Sí, ya lo creo: es difícil ser trapecista y espeleólogo a la vez. Siempre hay una cosa que te gusta más y otra que te exige más trabajo. Una te pide sacrificio y la otra quizá más entrega. En fin… Yo ya he explicado en algún sitio, que las líneas de la vida aveces son paralelas. Será porque yo también seré un poco lelo -¿lo captan?-.  Pero he comprendido que todo es cuestión de fuerza de voluntad.

Todo el mundo necesita mucha fuerza de voluntad para tirar del carromato de su vida. Y yo necesito el doble de mucha. Y ya está. Esto es lo que hay. Y como lo he comprendido, me he puesto manos a la obra.

Debo unificar mis vocaciones, y hacer de ellas una sola, aunque con distintas facetas. Tratar de compaginar las dos cosas: el trapecio y las cuevas; los columpios y las grutas.

No necesité meterme en una gruta subterránea para darme cuenta de que, si casi no me podía mover ahí dentro, menos podía dar un doble salto mortal. De hecho, en las cuevas es raro encontrar dónde situar un trapecio. Frecuentemente me tengo que quitar el casco para poder meter la cabeza. Una vez lo hice y llegué a desesperarme, dado que estaba solo y luego no podía sacarla. Empecé a probar todo tipo de movimientos y giros, pero mi cabeza no salía de ahí. Estuve a punto de partirme el cuello. Recordé a mi padre. «Más de meterse que de sacarse». Fue muy agobiante el primer minuto, pero los noventa y tantos restantes que estuve allí, fueron mucho peores. ¡Cómo lo pasé de mal! Llegó un momento en el que decidí dejar de luchar y prepararme para una muerte horrenda. Sería de sed seguramente. O devorado por algún tipo de alimaña que me comería vivo. Me esforcé en no llorar para no desaprovechar el agua de mi cuerpo. Y e00080287d0960b7b37e810mpecé a reflexionar. Nadie podría rescatarme. No cabía especulación posible sobre ese tema.  El cerebro consume energía, sobre todo el mío, que tengo mucho, así que era mejor no pensar. Traté de dormir. Y hasta soñé, no sé si dormido o despierto. En mis onirismos estaba yo con mi chandal blanco recién lavado por mi mamá con detergente del bueno. Como era rumana, le gustaban estos atuendos como de patinador artístico de países del Este. Y me lanzaba desde mi trapecio a dar la vuelta en el aire quedando por un momento suspendido, entre los aplausos cerrados del público que chillaba al ver cómo, de pronto, me lanzaba contra una montaña, con cueva incluida, que había por allí y en la que nadie se había fijado aún. Me metía en la cueva volando ante el asombro del público que pensaba que me iba a romper mi nariz de gitano contra la roca. Luego soñé que al avanzar por la roca, poco a poco pero con esfuerzo, lograría alcanzar un bonito lago subterráneo dentro de una gran cavidad kárstica, iluminada con antorchas cuyas luces deDOCU_GRUPO RESCATA ESPELEOLOGA EN SIMA DE ISABA ocres y anaranjadas titilarían por todas las bóvedas y se reflejarían en las aguas tranquilas sobre las que volaría yo como Tarzán, de liana en liana. Sorteando estalactitas y estalagmitas traslúcidas, hasta dejarme caer de cabeza a  aquel estanque, al mismo tiempo brillante y oscuro, donde reduciría a un cocodrilo, y, luego ya, me daría un bañito tan tranquilo. Me despertó el dolor de mis miembros entumecidos. Empecé a meditar y a hacer relajación, pero me mareaba, porque la postura era muy incómoda. Me rendí. Me tranquilicé. Después de todo, al meterme en esos vericuetos, yo había crecido. Mi intelecto se había desarrollado. A consecuencia de eso probablemente mi cabeza habría crecido en aquel momento y, claro, ahora ya no había Cristo que la sacase de ahí. espeleologia2Pero debía enorgullecerme de que mi mente se hubiera desarrollado tanto… ¡La de inteligencia que demostraba tener al morir así, con tanta cabeza! Me tranquilicé. Y milagrosamente al notar que se me dormían todas las extremidades, y hasta los genitales, hice un gesto torpe, propio de quien ya no controla sus movimientos y de pronto noté que mi cabeza se había liberado. Entonces ya sí que lloré de alegría y di gracias a Dios todo el rato.

Luego el problema era retroceder arrastras con las extremidades frías y sin circulación sanguínea. sentía un hormigueo doloroso y no notaba si mis pies topaban con alguna pared de roca o no. Requirió mucha paciencia y mucha capacidad para sufrir. Al moverme percibí que me había hecho en mis pantalones. Si hubiera querido dejar la espeleología y dedicarme al trapecio, no me habrían pasado estas cosas. Al final, logré salir. ¡Y hasta recuperé mi casco, que era practicamente nuevo! Eso fue casi lo mejor.

Pero bueno, es lo que quería decir: que en las cuevas no se puede hacer funambulismo, ni doble salto mortal, ni acrobacias, ni nada. ¿Cómo podría algún día unificar mis dos profesiones?

Volví al circo y hablé precisamente con el mismo gitano que le zurró a mi padre de jovenzano, que era totalmente imparcial para estas cosas. Los años le habían blanqueado el cabello y lo habían asentado. Siempre estaba asentado en una silla, con una vara y un sombrero, en plan patriarca, sin hacer nada más.  Le conté mis apuros allí metido y me dijo:

-Hijo mío, solo te pareces a mí en la nariz. Está claro que no podría ser nunca tu padre, más que nada por las tonterías que dices. Tienes que ser una cosa u otra. O vas a husmear madrigueras de esas o te haces un hombre de circo como Dios manda. No las dos cosas.

Pero eso era lo fácil. Demasiado fácil. No era el consejo que buscaba y hablé con el manager del circo, que aunque decían que era un cantamañanas, a mí me parecía muy listo.

-Muchacho, es una cuestión de mentalización. Tienes que aprender a pensar realmente como un espeleólogo trapecista. Ven pacá.

Le seguí hasta el remolque que él llamaba «la oficina», donde su hija- qué fea era la jodida -, tenía un ordenador viejo y una impresora ruidosa que despertaba a los elefantes.

images (42)-Josefa. Hazle al chico unas tarjetas, como esas que me hiciste a mí. Ya verás, muchacho, lo que sabe hacer mi chica.

-¿Y qué le pongo? ¿Felisín, manager circense?

-No hija. Manager yo. Ponle: Don Félix Montoya López. Espeleólogo y trapecista. Y le pones el teléfono del circo.

En poco tiempo la chica- cuidao que era  fea, la puñetera -hizo salir de la impresora una página de cartón con hendiduras, con esos mismos datos. Separamos el cartón en tarjetas idénticas, oye, qué ideas tan buenas tiene la gente, y me las dieron atadas con una goma de pelo de la chica del manager.

-Tú mira tu tarjeta con frecuencia. Hasta que realmente asumas que eres un espeleólogo trapecista, que es lo que eres, y así triunfarás. Y si un día quieres ofrecer tus servicios de espeleólogo trapecista, le das a alguien tu tarjeta, para que vea que eres un profesional. ¡Pero me avisas antes, a mí y a tus padres! ¿no nos dejes sin función de un día para el otro!

-¿Usted cree que habrá demanda de mucho espeleólogo trapecista por ahí?

-Es la oferta la que crea la demanda, muchacho, te lo digo yo. No lo dudes. Y si hubiera demanda, como serás el único, pues toda para ti. ¡Pero tienes que asumirlo!

Pero yo ya no le oía. Salía de su oficina releyendo continuamente mi título, en mi primera y flamante tarjeta.

88c392408e094cd8fac9a9b76f1fcf2e-Don Félix Montoya López. Espeleólogo y trapecista. Don Félix Montoya López. Espeleólogo y trapecista.Don Félix Montoya López. Espeleólogo y trapecista.  Don Félix Montoya López. Espeleólogo y trapecista. ¡Ya lo asumo, ya lo asumo! Gracias, manager. Te debo un favor. -y en voz baja yo seguía y seguía -Don Félix Montoya López. Espeleólogo y trapecista.  Don Félix Montoya…

-¡No te preocupes, figura! ¡Nada de gracias! ¡Venga! ¡A triunfar!

Metamorfosis a lagartija

Lagartija-EFE

Mis cejas comenzaron a despoblarse. El proceso era lento. Creo que solo yo podía percibirlo pero mis uñas crecían como garras y mi piel se cubrió de escamas. La mutación había empezado y yo solo deseaba que fuera más rápida y profunda para obtener pronto los réditos de mi nueva animalidad. La causa de mi transformación en reptil no era la noche, ni la luna tampoco. No era una pastilla, ni la fuerza de un rayo. Mi secreto era ella, que me ponía de mala leche. Ese era el motor de mi metamorfosis: solo era ella.

Una familia de París

Buenas tardes, escritores.
Como estamos en estas fechas de «Todos los Santos» os voy a relatar una historia de epitafios que me contaron hace más de 20 años.

Hace muchas décadas, cerca de un viejo cementerio de París, vivía un matrimonio compuesto por dos buenas personas. El matrimonio Martin, estaba muy unido. Se querían mucho y eso les ayudaba a soportar mejor su enorme frustración. Esta era que no lograban traer hijos al mundo que frucificasen el enorme amor que mutuamente se profesaban.

Se habían casado muy jóvenes y derrocharon todo su amor diariamente para engendrar un varón que prolongase aquella rama de los Martin. Pero por mucha semilla que juntos sembraban, nada lograba germinar. Pronto empezaron a visitar médicos pero ni ella ni él mostraban ningún problema o disfunción que justificase su infertilidad. Llegaron ambos a cumplir más de cincuenta años de edad, treinta de ellos suspirando, y decidieron por fin resignarse y vivir el uno para el otro lo que les quedaba de vida.

Un día, Virginia, la esposa, se levantó de la cama y notó un hueco en su estómago. Tomó un orinal que tenían bajo el lecho y pronto comenzó a vomitar. Los Martin, siempre silenciosos, solo se miraron a los ojos unos instantes y corrieron a contárselo al médico. Y siete meses después los Martin no cabían en sí de alegría. Cuando ya no esperaban cumplir su deseo, Dios les premiaba con un pequeño varón guapísimo, aunque de poco peso, pero eso no parecía importante. Tan eufóricos estaban, tan agradecidos a Dios por aquella bendición, que el día del bautizo sorprendieron al sacerdote.

-¿Como le ponemos?
-Magnífico -dijeron a la vez.
-¿A qué se refieren?

Llamaron al niño Magnifico Martin. Después de todo era la mejor noticia de su vida.
Creció quizás demasiado contemplado. Muchos mimos. Excesivos cuidados. Y heredó de sus padres aquel profundo romanticismo. Algunas veces el niño iba al cementerio que había cerca de la casa de sus padres y robaba una florecilla y la guardaba en un libro de poemas. Era todo emoción, todo sentimiento.

Igual que sus padres, se enamoró en seguida de una mujer buena y desmesuradamente flaca que sentía por él la mayor devoción posible en una esposa.

Aparte de su mala salud, su vida fue muy feliz. Consiguió un trabajo de administrador que le permitía pensar en su esposa mientras rellenaba los asientos contables de una hospedería cercana al cementerio.Todos los días, antes de cenar, los amantes esposos paseaban de la manita junto a las lápidas de aquel cementerio que se ponía muy bonito con el tenue sol parisiense, y esa afición les llevó cierta mañana a comprar un panteón con los pocos francos que habían logrado ahorrar.

2052488525_64ee193c5aEn adelante, igual que otros iban a ver su casa rural los domingos, los Martin iban a misa y luego pasaban orgullosos por su panteón, donde algún día descansarían juntos para siempre.

Una tarde muy primaveral, fueron a visitar su panteón vacío y Magnifique tosió. Con la pulcritud característica de los buenos contables, extrajo un pañuelito de su americana y se lo llevó a la boca antes de toser más. Al notar cierto sabor salado en su paladar, miró el pañuelo y sin decir nada, allí junto al panteón, se lo mostró con gesto grave a su flaca esposa. Había esputado sangre. Nunca más dejaría de hacerlo.

Días después, el doctor Balmain-Roissire, el buen médico de la familia de toda la vida, metía su fonendoscopio en su raído maletín de cuero y, muy serio, salía de la casa de los Martin acompañado hasta la puerta por la escuálida esposa de Magnifique Martin, que lloraba de un modo caudaloso y sin embargo, silente.

Volvió la mujer al dormitorio a acompañar al moribundo y se sentó distante en una silla como si fuera ya el velatorio. Magnifique, febril y congestionado, dio a sus toses la entonación precisa para que ella, tras veloz interpretación, se acercase, le humedeciera la frente y le tomase la mano. Fue entonces cuando él le expresó su último deseo.

Magnifique le comunicó entre carraspeos y gárgaras su eterno agradecimiento por la vida feliz que había disfrutado junto a ella y a sus sacrificados padres. Tan sólo había acusado el dolor provocado por una cosa que a él le hubiera gustado mucho poder cambiar en su existencia: su nombre. Llamarse Magnifique, siendo él tan enclenque y enfermizo, había supuesto una pesada cruz. En el colegio todos los niños se burlaban de él y en la adolescencia no se atrevía jamas a acercarse a las chicas por no pasar el mal rato de presentarse. Hasta que la conoció a ella… Y mientras su mujer lloraba intentando convencerle de que callase y ahorrase sus fuerzas para resistir las puñaladas de la enfermedad, Magnifique seguía narrando en su lecho de muerte el dolor que le había ocasionado aquel nombre tan peculiar. Y asi fue como Magnifique Martin, alentado por una fiebre altísima, le hizo prometer a su mujer que jamás perpetuaría su inoportuno nombre en una lápida. Viéndolo tan acomplejado, la escuálida mujer accedió y se lo juró llorando y lo besó apasionadamente, aunque desafiando la infección.

Magnifique falleció muy poco después.

La viuda más desconsolada de París se puso de riguroso luto y comenzó solitaria los preparativos para el entierro. No sabiendo qué poner en el epitafio si no podía grabar el nombre del fallecido, se le ocurrió hacer que tallasen la siguiente inscripción:

«Yace aquí un hombre que sólo amó a una mujer a la que fue completamente fiel durante toda su vida».

Pero el destino es inapelable por definición. Tras el entierro, la mujer se separó del finado y pudo comprobar que su marido parecía ser reconocido por todas las mujeres de París, ya que al leer que sólo había amado a una mujer y siempre le había sido fiel, sonriendo exclamaban todas entre sorprendidas e incrédulas

-Ohlalá! Cest magnifique! (¡es magnífico! )

Y la viuda comenzó una nueva llorera silenciosa, quizá por creer infiel a su santo marido o tal vez al darse cuenta de que no había podido cumplir con el último deseo de su difunto esposo de que su nombre no fuera nunca más evocado después de su muerte.