Sentirte

1010660_391388157639263_791986966_nMe gusta sentirte cerca, sobre mis rodillas, ya estés vestida o desnuda, es lo de menos. Parece verdad que no estés aquí, pero ahora sé que si junto palabras es para encontrarme contigo, para que salgas de mi mesa, y de los papeles. Para reírme contigo, pensando en lo que yo diría, o en lo que tú, con tu gracia y tus ojos reflejando los ventanales, me podrías responder. Tú me mantienes, a este soñador, soñándote. Sentado ante mi escritorio, estoy junto a ti. Navego contigo, te beso, me río, me lloras, discutes, te siento en mis piernas, me besas, me paso… Nada ridículo hay en una fantasía auténtica como la nuestra. Tú y yo nos movemos bien dentro de una zona a la que no es fácil acceder si vienes de lo estéril o de lo cursi. No se puede indicar el camino para ir hacia allí. Los que nunca han estado en nuestro territorio, no es de esperar que vengan a hacer turismo. Por eso ésta es nuestra región, el parque que solo conocemos tú y yo. Quién no ha visitado nunca nuestros jardines busca la alucinación, pero nosotros no vamos tan lejos
La imaginación nos aproxima a la realidad. No nos la aleja, ni la deforma, ni la sustituye. La atrae, como tú me atraes hacia ti, mientras te invento o te presiento.

Si te disgusta la noche

planetas-hechos-de-diamanteSi te molesta el sol, yo te lo quito. Y lo que te dé calor, déjame que yo lo aparte y te sople despacio para que se te pase. Si no quieres no te miro. Y si quieres lo adoro. O me lo como. Si te disgusta la noche, no me importa traer el astro de vuelta. 5777_382863058491773_1130323493_nSi te estorba el tiempo, yo te lo paro: suprimimos juntos, las horas, los minutos y los años que no te agradaron vivir, tú me los irás diciendo. ¿Qué prefieres? ¿Un beso o un helado? ¿Una mirada o un cuento? ¿Un rapto, un verso, o unas risas? Dime qué quieres que haga con este mundo, si te va bien aquí, o lo cambio de sitio, o te hago un universo nuevo solo para ti. Tú pide. Porque desde que te he descubierto, ahora que ya sé que existes, me siento capaz de todo.

 

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Cólera

Se me ocurre hacer algo como esas poesías de versos de estructura repetitiva, refiriéndome a que estoy de mala leche. Algo así como:

Hoy el sol no me transmite alegría;
La luz de la tarde no me ilumina sino que me ciega.
Hoy ninguna mirada me sonríe,
hoy mis pasos me retrasan,
y mis palabras se apagan.
Hoy mi cabeza no está fresca.
El horizonte no me sabe a esperanza,
Y el azul no parece el mismo azul….

Pero al final, lo que se me ocurre escribir es:

Hoy no estoy para gilipolleces.
Cuidado con el perro.

Desesperación

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El niño empezó a correr y correr y correr… y desplegó los brazos tratando de planear. Agachó la cabeza para penetrar mejor contra el viento, y chilló, chilló, chilló como si fuera a arrancar a mordiscos las tripas de alguien, y seguía y seguía. Seguía corriendo con los brazos en alas, cada vez más veloz, con más rabia y mayor fuerza hasta que la garganta le falló, las zancadas se le agotaron. Siguió tratando de soltar unos gritos afónicos que se le ahogaban en el paladar, y su velocidad fue decayendo por el dolor de sus muslos, y su ánimo se hundió hasta precipitarse contra la tierra y poco a poco comprendió que nunca lograría echar a volar, porque Dios, caprichosamente, no le había querido conceder aquel don que tanto deseaba.

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En la Castellana

32499.1217cb9dVeo un aeroplano aterrizando inesperadamente en el Paseo de la Castellana. Varios hombres se lanzan con cuerdas desde las torres de oficinas que flanquean la amplia avenida. Veo el río de la ciudad convertido en el Amazonas, surcado por mi lancha motora, alargada como un enorme lápiz, que casi vuela mientras los monos miran asombrados desde los árboles de las orillas. Los nativos me disparan lanzas, flechas, dardos…, ¡de todo!. Los cocodrilos acechan, el motor ruge y hay una enorme estela de agua que salpica casi con mayor profusión que las bombas que me disparan desde un cielo intenso, lluvioso, tropical.

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Veo a un héroe, que podría ser yo mismo, que tira a puñetazos uno a uno a todos los que abordan mi barco desde otras lanchas enemigas. Hasta que finalmente, justo antes de que explote mi planeadora, salto hasta agarrarme a un helicóptero conducido por una hermosa y sofisticada mujer con gafas de sol. 

Al terminar de trepar, mientras esquivo las balas, entro en la cabina y la atractiva piloto se sube las gafas de sol hasta el cabello, sonríe enigmática y se baja la cremallera de su mono mimetizado mostrando rotundas bombas de considerable calibre. Cierra los ojos, profundos como el mar y todo eso. La beso.

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Y luego ella me pone una escafandra. Tras desprenderse de su mono, se queda en una delicada ropa interior y me dice: «¡Rápido!, tenemos solo unos segundos para vestirnos de astronauta». Nuestro helicóptero convertido en el Apolo XXII se dirige a la conquista del espacio. Yo aprecio el imponente cuerpo de mi compañera mientras se pone un traje espacial que le queda tan sexy que noto inmediatamente en cierta parte de mi cuerpo claros síntomas de la pérdida de la atracción de la gravedad. Nuestra cohete se aleja. La Tierra se ve más pequeña cada vez por los visores del cohete y la nave se recorta ya contra la majestuosa estampa de Júpiter que con sus anillos brillantes nos aguarda adornado de verbena, como un planeta en fiestas que nos diera la bienvenida.

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Soy un soñador. Cuando estoy parado desarrollo una actividad frenética. El niño que hay en mí domina mi mente.Un privilegio y una desgracia.

Pienso en 3D, Dolby y sensorround y todas esas cosas que se quedan tan cortas siempre. Disfruto de realidad virtual sin dispositivo alguno. Alucino sin necesidad de narcóticos ni sustancias tóxicas.

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Comprendo que me envidiéis, lo comprendo tanto como que os burléis de mí. Yo lo haría también. Siento que soy el primero del mundo al que le pasa lo que me pasa. Que nadie antes que yo lloró, ni río, ni besó, ni corrió contra el viento, ni comió pipas con sal. Vivo una aventura que no cesa. Y tengo que contárosla toda entera, para que tengáis la suerte de poder imaginar una existencia casi tan apasionante como la mía
.kinopoisk.ru

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La piedra más grande

Huerto de los Olivos

Huerto de los Olivos

Hoy he subido al monte con la piedra más grande de todas.
Un día Jesús dijo que nos sacrificásemos y que subiéramos piedras al monte de los olivos o a no sé cuál. Yo llevaba una piedra muy pequeña, porque a mí estás historias no me entusiasmaban. Total: que subí el primero y muy descansado a la cima. Cunado llegaron todos, Jesús se puso en plan hijo de Dios como hace siempre y la verdad es que hizo un milagro, las cosas como son. Convirtió las piedras en panes. ¿Qué pasó entonces? Pues que todos se hartaron de comer y yo me quedé con hambre. Lo hace a mala idea… Algunos dirán que no, pero yo sé que lo hace a mala idea. Desde entonces mi piedra siempre es la más grande. La subo haciendo esos sacrificios que Jesús nos pide, que no sé para qué sirven. Siempre llego el último a la cima, exhausto, molido de cansancio, con la esperanza de que Jesús convierta mi gran piedra en un súperbocadillo de chorizo de los que dejan asomar las rodajas por todos los lados. Pero desde entonces, oye, qué casualidad: ya no ha hecho más trucos.
Hoy ya no he podido remediarlo. Como decía, he pillado una piedra enorme, que casi no podía con ella. Esperaba que ya se marcase un detalle… Pero Él se ha sentado en la cima del monte contemplando «todo lo que ha hecho mi Padre», como Él dice siempre. Y es que siempre se está chuleando con lo de su papá. ¡Ya está bien, Dios mío, ya está bien de tanto presumir! ¿No quedábamos en que todos éramos hijos de Dios?  Me he acercado y le he dicho:
– Jesús, oye… – Él ni caso

– Jesús, una cosa… -y Jesús como si nada.

– ¡Jesús! -le digo ya levantando la voz. Hasta que poniendo mala cara me dice:
– ¿Por qué me interrumpes, apóstol? ¿Es que no ves que estoy hablando con mi Padre? ¿No ves que estoy orando? ¿Qué quieres?
– Nada Jesús, nada… Sigue, sigue, de charleta con tu Padre si quieres…
– ¡Pero tú qué te has creído! No, venga, dime. Ya nos has interrumpido. ¿Qué quieres?
– Que es que… que tengo hambre… – Y señalé mi pedrusco haciendo un gesto de mi nariz judía y barba canosa, como diciéndole al hijo del Creador, que, bueno, que qué pasaba con lo de los bocatas.
Entonces sube las cejas Jesús, con unos aires… unos humos, como si fuera la esposa de un fariseo y dice con una leve sonrisilla:
– No. Ya ves. Hoy no hay milagro…
– ¡Pues tócame las narices!

Me levanté y me senté apartado de Él y de todos. Además, bien cabreao. Entonces se me acercó Juan. Me puso la mano en el hombro y me dijo:
– Desde luego, Judas, no me extraña que lo quieras matar. El tío no hace más que joderte todo el rato.

(Es una versión de un chiste)

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