El modo adecuado de ver las cosas

El modo adecuado de ver las cosas

Has encontrado un modo de ver las cosas al que llamas el adecuado. ¿O más exactamente has hallado una manera alambicada de no verlas? Un relato cojo, un traje a la medida que, claro, no te puede quedar bien, porque no son tus hechuras. Es solo una explicación maltrecha que comprarte a ti mismo.
 
Esto es muy frecuente, lo sé. Lo comprendo. Es necesario. Pero yo no hago eso. Verlo, lo veo todo, o seguramente, casi todo. Porque cuando creo que ya algo no podría ser peor…. me equivoco.
 
Yo no me engaño. Mi comportamiento está al margen del lado práctico de la vida. Y pago satisfecho el coste y las desventajas que mi actitud conlleva.
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Video nº 2 de Aprendiendo a escribir. Desde dentro

Video nº 2 de Aprendiendo a escribir. Desde dentro

 

Hola. ¿No es verdad que empezábamos a echarnos de menos?  Yo lo reconozco.

Aquí os meto un nuevo rollo por vídeo. Espero que os guste.

Un vídeo de Enrique Brossa, de Taller de relatos y DesafiosLiterarios.com.

 

Vídeo nº 2 de Aprendiendo a escribir. Desde dentro.

La necesidad de encontrar dentro de uno mismo al personaje que escribe.

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Patrimonio y matrimonio.

Patrimonio y matrimonio.

En el último Origen de las palabras estuvimos hablando del matrimonio. Nos quedó claro que matrimonium era el estado de la mujer casada, no el del esposo. ¿Sería «patrimonium» el estatus del hombre casado? Pues no.

El patrimonium era en tiempos de los romanos todos los bienes de la familia.

La palabra pater significaba jefe de la familia, y protector. Y la palabra monium, he podido entender que algunos expertos dicen que es latina pero viene del etrusco y son actos rituales. Otros lo traducen como algo recibido. Patrimonium era en conclusión, la herencia. Monium también estaría presente en matrimonium. En definitiva patrimonium era la herencia recibida del padre.

El pater familiae gobernaba un conjunto de personas compuesto por su mujer, hijos, parientes y esclavos. Tenía sobre todos poder de vida y muerte… Era el dueño de todos los bienes familiares y disponía libremente de ellos, quienquiera los hubiera adquirido con su trabajo, según G. Bordas.

Los romanos entendían dos tipos de herencia. Los herederos maternos eran llamados “cognados” y los paternos “agnados”. Solo se podía heredar de una de las dos ramas.

Como puede verse los términos pater y mater que nos suenan tanto a latinas, claro que lo son, pero provienen del legendario idioma indoeuropeo. La palabra bhrater, hermano (¿nos suena brother?) parece salida del mismo molde. Por otro lado la terminación en –ter nos recuerda al – dor (labrador, trabajador… ) o el –tor (sí, como Terminator) o los acabados en –teur en francés.

Palabras de la misma raiz serían, entre muchísimas,  por ejemplo, padre, patricio, patriarca, patrón, patria,  expatriado…  Precisando patriarca no nos viene del latín, sino directamente del griego. ¿No os suena a griego?

En fin, es normal que actualmente sean muchos y muchas los que intentan conseguir un patrimonio a través del matrimonio,  pero eso ya no es cuestión etimológica…

Y me dejo para el final la palabra más interesante. Júpiter. Sí,. también viene de pater. Significa algo así como padre de la luz, también Dios Padre, porque Dios significaba en origen ser de luz.

¡Qué bonito! Si no disfrutáis descubriendo estas cosas… os juro que yo sí que lo hago.

 

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Cumpleaños feliz

Cumpleaños feliz

Veo en las redes sociales que  algunos de mis amigos están que no paran de cumplir años, los pobres. Como hoy no es mi cumpleaños, me permito mirarles compasivamente, como si mi tiempo se hubiera quedado parado hasta que llegue mi día. Mi aniversario, se entiende. Desde la atalaya de mi «no-cumpleaños», como diría Lewis Carroll, siento pena por ellos, porque sé que pese a las celebraciones, el paso de los días te produce como un arañazo en la cara y el pecho. Es el tiempo que no vuelve. Es el tiempo que no queda. Es el tiempo que, por increíble que parezca, se acabará en un momento dado ante el firmamento impasible. Es curioso que cuando yo cumplo años no me importe demasiado y cuando los cumplen otros, los veo como a enfermos terminales. Ergo… sí que me importa demasiado.

¿Qué podría decir a alguien en el día de su cumpleaños? ¿Te acompaño en el sentimiento? Pues no. Felicidades, que es más corto. No es nada ingenioso, no es una frase por la que te vayan a recordar… Pero es que en cien años nadie nos va a recordar, ni nuestros niños, así que, no te quemes y di simplemente felicidades. No vale la pena pensárselo más. Tempus fugit.

Sí. Tempus fugit. «Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus». Pero huye entre tanto, huye irreparablemente el tiempo. Virgilio.

«Tempus fugit, sicut nubes, quasi fluctus, velut umbra». El tiempo se escapa como una nube, como una ola, como una sombra.  Mezcla de Virgilio y el Antiguo Testamento (Libro de Job).

Qué gran monje hubiera sido yo si hubiera nacido en otra época. Habría profundizado en el estudio del latín,  por el que siento un interés demasiado tardío. Me habría dedicado a escribir en mi celda, a leer las Escrituras y me habría escapado de vez en cuando a conocer a alguna novicia, qué sé yo.

Ay, pobres cumpleañeros. ¡Qué pena me dais! El paso del tiempo tiene cosas buenas. Nos iguala y nos une. Un anciano se parece más a otro anciano que a sí mismo en su juventud. Y no digamos un esqueleto en su nicho a otro esqueleto, o un montoncito de cenizas a otro. Así, transformados en desperdicios (Brossa en catalán significa desperdicios o broza o basura), nos sentiremos todos uno, y seremos mucho más amigos.

Tempus fugit. Vamos poco a poco perdiendo la identidad… Y la memoria.

En estos tiempos de pensamiento indoloro, y espíritu positivo de coach franquiciado, mis reflexiones no me harán muy querido, lo sé. Mejor os contaré otras cosas:

Llevo unos dieciséis o diecisiete años contando cuentos a mis hijos. En mi casa los cuentos se llaman «marianetes». Es en honor al niño Marianete, el líder, personaje principal de todos mis cuentos, el cuál, hace  cuchipanda con Nechete, el bueno, Felisín el miedica, Gundi (-salvito) el divertido (Gundisalvo significaba en lengua germánica «gran alegría»), Marianita (efectivamente es medio novia de Marianete), Ramirillo… Con distintos diminutivos del español. Todo bien cursi, lo más cursi que podía, porque pensé que a las niñas había que educarlas en la cursilería, cosa que afortunadamente no conseguí. Se lo contaba a mis hijas y lo grababa (algún día quizá os pase alguno o lo meta en un podcast) pensando que quizás, de mayores, se tropezarían con estos cuentos y disfrutarían recordando momentos felices. Momentos felices y con sentido. Desde el primer día, jamás añadí ni olvidé a ninguno de estos niños de la pandilla imaginaria, que siempre montaban en patinete. Quizás alguien siga mi estela y dentro de cien años Marianete nos sobreviva… Es improbable, claro. Ahora lo he adaptado al gusto del pequeño.

Queridos cumpleañeros. La melancolía no debe viciarnos. Es un poco pre-depresiva, aunque a veces sea bonita. Melancolía es añorar todo lo que no ocurrió ni ocurrirá jamás, lo que no era como pensábamos y nunca lo será. Pero una vez idealizado todo, creemos que hubiera podido colmar por momentos nuestros sueños y albergar toda la belleza que en algún instante de falsa lucidez  pudimos imaginar. Todo el esplendor en la hierba.

 

“Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
Que en mi juventud me deslumbraba

Aunque nada pueda hacer volver
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo.

En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la muerte.

Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.”

William Wordsworth, Oda a la inmortalidad. El autor que muchos conocemos solo gracias a la película de Elia Kazan, Esplendor en la hierba, con Warren Beauty y Natalie Wood. Lo confieso. Magníficas y juntas. La película, la oda y Natalie.

Corrían los finales de los setenta. Yo era un chaval muy larguirucho y pelilargo. Nos juntábamos con frecuencia en la casa de alguno de los amigos del colegio a hablar de las chicas que conocíamos, que nos traían locos. Uno de ellos tenía un disco de Paul Simon. «Still crazy after all these years». Los que seguís mis lamentables escritos ya sabéis que tengo una relación simbólica con la canción principal del mismo nombre. Todavía loco, después de todos estos años.

¿Y este tío quién se creerá que es para tener canciones simbólicas? ¿Y además, qué nos importa?

Sí, sí,claro, me refiero a mí.

Y eso…

Hoy he sabido que mis amigos digitales cumplen años, los pobres, y he vuelto a tropezar en internet con el mítico, sobre todo para mí, disco de Simon.

Algo se gana con el tiempo, sí que es cierto. Pase lo que pase, después de todos los años, la juventud que parece que vaya a desvanecerse progresivamente de nuestra mente, pervive en el recuerdo, lo volvemos a vivir así, con otra fuerza y experiencia, demostrándonos que seguimos vivos después de todo este tiempo. Gracias a Dios, todavía locos.

¿Un poco más sutiles gracias a la edad tal vez?

Bueno, no estoy muy seguro de eso…

Y ahora, queridos amigos y amigas virtuales, cumpleañeros (los pobres cumpleañeros) escuchemos a Paul Simon una vez más. Mi regalo de cumpleaños consiste en pensar en vosotros, y en vuestros afanes también, como si fueran los míos. Da igual. Compartimos los anhelos, las ansias, las murrias y la sed de todos los humanos. Respirando el mismo aire, escuchemos otra vez esta canción. Tócala otra vez.

Tú acuérdate de sacudirte la nostalgia cuando acabe la música porque tempus fugit, y no me cansaré de repetirlo.

El tiempo se escapa como una nube, como una ola, como una sombra.

Aprovechémoslo. Carpe diem.

«…como una nube, como una ola, como una sombra».

 

Voces

Voces

Hay una línea horizontal a lo lejos,

que marca el punto hasta donde los ojos pueden ver tierra firme

si no hay obstáculos que la tapen.

Y no los hay.

El suelo está caliente.

Veo un polvo amarillo y seco que lo cubre todo.

Vuestras voces me llegan como si fueran de espíritus, que me hablan pero que no puedo ver.

Estoy mal… pero estoy bien.

Unas lloran. Otras me piden.

Algunas me cuentan, o me animan. O me quieren.

Pero esta llanura nos separa a todos.

Sois un espejismo sonoro en mi imaginación.

Sé que el desierto se mueve más cuando yo duermo.

Esta llanura me separa de ti

Os paso mi primer video. Aprendiendo a escribir

Os paso mi primer video. Aprendiendo a escribir

Para que nadie se queje de que no me dejo ver. Espero que os guste. Por favor, quiero consultas, comentarios, suscriptores, estrellas, «me gusta», likes, y si hay más cosas, también.

Gracias.

 

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Matrimonio

Matrimonio

Sería lógico, o a mí me lo parecía, pensar que una palabra que suena tan latina como matrimonio y con toda una familia, nunca mejor dicho, de palabras como madre, no me provocaría muchas dudas. Bueno, pues, me equivocaba.

Cuando recientemente salió adelante la normativa que permitía el matrimonio homosexual, básicamente el centro de las diferencias entre los distintos partidos no fueron los derechos que se regulaban, sino el nombre de «matrimonio homosexual». La Iglesia entendía esa palabra como algo propio en el sentido de que es el nombre de un sacramento. Y ahí empezó la polémica, dado que otros argumentaron que la palabra es anterior al sacramento. Naturalmente todos acudieron a la etimología y parece ser que hubo bastantes opiniones encontradas, o mejor dicho, desencontradas.

  • Lo más aceptado es que matrimonio venga del latín, de las palabras  ‘múnuseris’ (oficio, función, obligación, cargo) y ‘mátertris’ (madre). Entonces matrimonio sería algo como oficio o funció de madre.
  • Parece que ya es rizar el rizo hablar de una etimología que sería latino-greca: “Mater-Monos”. Pero también es cierto que existe el verbo ‘móneo’ (hacer pensar, aconsejar, recordar, exhortar). Hay que tener en cuenta esa tendencia a hacer de educadora moral que casi siempre ha correspondido a la madre (y a tantas mujeres, aún sin tener hijos   🙂 ) No parece que esta acepción acabe de convencer.
  • El término ‘madre’, mater,  tiene el mismo origen que ‘materia’ (aquello de lo que algo está hecho, o con que algo se hace). Esto… No sé si tendrá mucho que ver pero me parece muy interesante. El latín tomó del Indoeuropeo el lexema “mater“ que no solo significaba “madre”; de hecho, en esa misma lengua dio lugar a “Materia” de donde procede también la palabra española “madera”.
  • “Mater, también podría componerse del lexema indoeuropeo “Ma-” que sería“Mamar” y la desinencia “Ter” que indica acción. Algunos afirman que “Ma” es lo que parece decir un bebé buscando mamar. Quizás por eso una lengua no indoeuropea,como es el chino, tenga una voz que suena como a “Mamá” con el mismo significado que tiene aquí.

Quizás sí o quizás no. Lo que suena plausible no siempre es una explicación científica.

Lo más importante sería que:

Matrimonio  hoy es unión legítima y jurídica de una pareja, pero en latín eso se llamaba connubium.

La palabra matrimonium en origen es el estatus de una mujer casada y la maternidad legal, el derecho a ser la madre legítima de los hijos de un varón, y todo lo que de esto se deriva. El plural, matrimonia, era el conjunto de las mujeres casadas: las casadas.

Llevar in matrimonium, al matrimonio, a una mujer (a la condición de esposa y madre legítima), se ha entendido como boda legal, pero no era así. Repetimos. Matrimonium era el estatus de la mujer casada. No de ambos.

Sabido es que hay muchos que han sabido usar el matrimonio para llegar al patrimonio, así que otro día entraré en esta palabra.

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Unidad de cuenta.

Unidad de cuenta.

Me molestaba enormemente que la relación con Susana no estuviera bajo mi control. Y menos tras un viaje tan largo, después del cuál, no tenía la menor sensación de haber hecho progreso alguno.

Susana, no la llames Susi, que dice que no puede con eso, no era la chica más atractiva que yo hubiera visto nunca. Tenía eso sí, una buena estatura, y una coleta de pelo negro, brillante, lo que para mí es un signo distintivo de ciertas españolas. Un buen pelo, habla de generaciones de bienestar, esa es mi opinión, por no decir, mi superstición, ya que no tengo ningún conocimiento que avale esa teoría. Pero sí, hay algo típico de las españolas de acomodada familia provinciana que hace que les queden mejor de lo normal los lacitos, y eso es el pelo oscuro y brillante, de aspecto sano.

Susana era una chica con influencias. Era un rival en mi trabajo de directivo y yo sabía que ella tenía las de ganar porque su familia estaba metida hasta las cejas en todos los asuntos de la empresa para la que trabajábamos. Las melenas de mis hermanas no eran menos brillantes ni sus coletas menos espesas… Pero eso no tenía traducción en mi influencia en el Consejo de Dirección de la empresa. Había algo peor. Yo era un joven inmaduro, lleno de contradicciones. Ella en cambio era una chica un poco gordita, pero lista, rápida y tenía las cosas muy claras. En algún momento llegué a pensar que aquella noche podría servirme para firmar un armisticio respecto a la sutil guerra de guerrillas que entre nosotros existía. Bueno, sutil por mi parte, ya que yo era el que no tenía relaciones especiales allí y necesitaba ser más prudente. Por su parte la guerra no era nada sutil. Era absolutamente vergonzosa para ella misma… bajo mi punto de vista, claro, porque en realidad a ella le importaba un pepino si estaba bien o mal.

Aquella noche volvíamos de un viaje de avión bastante pesado. Si no recuerdo mal veníamos de Bruselas. Al llegar al aeropuerto de Barajas, tomamos un coche de alquiler para dirigirnos a la ciudad en la que ambos habitábamos.

Qué puedo decir. Era un viaje de noche en coche con una mujer, que no sé si he dicho ya que no era la más atractiva que había visto nunca, pero yo es que en aquellos tiempos era muy adaptable, y mientras colgaba mi brazo del volante del coche de alquiler exhibiendo un aire casual y desenfadado, y la música de la radio sonaba dulzona, casi empalagosa, yo traté de poner mi voz más convincente, hacer mis pausas más interesantes, y compartir cigarrillos. No era fácil tratar de conseguir cambiar la hostilidad interesada de una enemiga de trabajo con tan solo unas pocas horas de coche. La luna decoraba el momento hasta el punto de que parecía que la había encargado yo. Tanto es así que cuando le comenté que ese cuarto menguante parecía más grande de lo normal, me esforcé en que pareciera un comentario intrascendente, que no era cosa que yo hubiera puesto ahí a mala idea, con alguna aviesa intención relacionada con ella. Y es que yo me sentía culpable. Y además, me temía que ella estaba bien preparada. Quiero decir, mal predispuesta contra mi.

Alcanzamos un punto en el que su lengua se empezó a soltar un poco. Decía tener mucha prisa por llegar a su casa porque había quedado con unos amigos. Pero aparte de eso, que era como una amenaza, como un “no te creas que estoy pensando en otra cosa que no sea llegar a tiempo para ver a mi gente”, la niña de las carnes prietas empezó a ser casi simpática. Lo cómoda que ella estaba en una conversación yo sabía bien cómo medirlo. Se medía en ales, El «al» es la unidad de cuenta del entusiasmo de todas las Susanas que en nuestra tierra habitan. Y Susanita, perdón, no le llamemos así, que no puede con eso, por ejemplo, si dice que algo esta muy bien es que la niña no está tan cómoda como si dice un -al, por ejemplo: “está fenomenal”. Si las susanas dicen en una misma frase dos ales, esto es, dos palabras acabadas en -al, es que la cosa va muy bien. Por ejemplo, «yo no sé por qué no le parecía fenomenal, porque a mí me parece genial y que a él no le guste, me parecía fatal”. Estaríamos ante tres ales en un mismo comentario. Eso implica que la niña tonta de pelo brillante se encuentra… ¡ideal!

Bueno, pues ella estaba muy muy suelta y mostraba un gran entusiasmo expresado en ales; la luna acompañaba; no se podía escapar corriendo si yo me manifestaba encantador porque conducíamos a unos 140 kilómetros por hora. En teoría todo estaba a mi favor, pero realmente tratar de echarle los tejos a una compañera de trabajo hostil como aquella era muy imprudente que pisar más el acelerador . Quién sabe cómo podría llegar a contarlo en la oficina.

Al llegar a la ciudad, abandonamos el coche en un aparcamiento de Rent a Car, y ella me dijo:

-Ya no llegamos a tiempo para que vea a mis amigas. ¿Me acompañas a ver si están en un sitio al que suelen ir?

-Vale, te acompaño.

Me extrañó que una chica de lazo de terciopelo en la trenza que se expresa con tantos ales me metiera en un antro oscuro lleno de punkies, pero así fue. Muy poca luz, mucho humo de tabaco, mucho olor a porro, música heavy a un volumen de los que producen daños irreversibles en el oído, sino en el hígado quizás, o en cualquier víscera, porque me vibraba todo. La pinta que tenía el

personal de ese bar era tal que en cuanto pedí un par de cubatas convencí a Susanita, bueno, a Susana, que no puede con eso de Susanita, de que donde mejor estaríamos sería cerca de la puerta de salida. Todos los tipos que por allí había, no es que llevasen piercings. Podría decirse que habían robado una cacharrería y se la habían repartido entre todo esa banda. y distribuido todo por las orejas, párpados, los brazos, nariz, lengua… Y también de la ropa, claro. Lo mismo encontrabas  un despertador, que una regadera, muchísimas cadenas, que eso era de lo más punk que había en

aquellos años ochenta, algún recambio de la Vespa. Como árboles de Návidad, pero sin parecer navideño exactamente. Navajas, tijeras… Pelos de colorines imposibles, peinados con cresta, ojos de tíos pintados como puertas, en fin… ya sabéis.

¿Qué pintaba allí aquella chica? ¡Para que te fíes de los ales!

¿Continuará?

Si lo quieres continuar tú…

Quién puede continuar este relato.

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Gritad si queréis

Gritad si queréis

Gritad si queréis. ¡Gritad conmigo!

Soy el hombre que salió a andar en dirección al sol.

Cada tarde pierdo mi senda, derrotado.

Y por la mañana recupero la esperanza.

Gritad,  o venid a caminar conmigo

por este planeta vasto y sin escapatoria

Los cereales crecen

Los cereales crecen

Cada palabra tiene una historia y esta no ha acabado. Sigue evolucionando y creciendo continuamente. Y ya que hablamos de crecer, que es una palabra de uso muy corriente,  vamos a ver qué se sabe de ella.

Si eres aficionado como yo a las palabras, crecer te parecerá un término que suena muy latino. Lo es, pero el latín no surgió por generación espontánea. Se cree que el verbo latino crescere proviene de la raíz indoeuropea Ker. Por otro lado la terminación en scere suele indicar un proceso y nos ha dejado en español palabras padecer, fallecer, adolecer, etc.

Hay muchas palabras interesantes que proceden de esta raíz indoeuropea. Por ejemplo:

  • crear.
  • criar
  • recreo
  • recrear
  • procrear

La lista sería muy larga. Parece interesante mencionar palabras como criollo, que eran los hijos de los africanos y de los europeos ya nacidos en América. Vendría del verbo criar, como criado. No confundir criollo con mestizo (mezcla de europeo) o con mulato (mezcla de africano, que vendría quizás de mula). El idioma arrastra las huellas de algunos de los peores defectos de nuestros antepasados.

Críos, es como mencionaban  los españoles a sus hijos nacidos en el Nuevo Continente.

Bueno, ¿Y qué más?

He visto por ahí que la palabra cereal podría venir de esta misma raíz. Pero también sabemos que existía la diosa Ceres, que para los romanos era la diosa de la agricultura y de la abundancia. ¿Parece lógico conectar también el nombre de Ceres con la raíz Ker? 

Pues si es así, será muy adecuado decir que en primavera los cereales crecen y después añadir eso de… ¡Valga la redundancia!

Photo by Por los caminos de Málaga

Obras y flotar

Obras y flotar

Me siento ante mi ordenador. Inmediatamente empiezan los golpes en el techo como si los activase mi peso en el sillón. Pero no es eso. Es que hay obras en el piso superior. Subo a preguntar y me dicen que durarán probablemente tres meses más.
 
Bajo con esa insensibilidad con la que mi mente se defiende algunas veces de los golpes que recibo por arriba y por abajo. Esto no me detiene. Sigo impasible. Alguna influencia tendrán estos ruidos en lo que escriba, eso es seguro. Quizás el resultado sea interesante. ¿Qué podría inspirarme esto? ¿La vida es como un martillo pilón? ¿Nuestra existencia está siendo continuamente taladrada por hostilidad gratuita? ¿Mantenemos nuestro ritmo mientras el tiempo nos clava a la pared? Bueno, creo que se me ocurrirá algo mejor… Algo peor, no.
 
También me acuerdo de ti. De nuestra conversación especial. ¿Notas que ha sido especial? Entre golpe y golpe de mazo en escoplo, entre rugido de brocas y pulidoras, vuelvo a estar bien. Sí, me siento bien. Hay una burbuja grande y confortable a mi alrededor y yo floto en ella en postura de mecerte en una buena hamaca. Manos detrás de la nuca y piernas estiradas con los pies cruzados. Subo y bajo ligeramente sin chocar con nada en mi despacho. Mi ordenador me sigue, volando suave, a dos centímetros de las yemas de mis dedos. Es una burbuja insonorizada. No sé si la ha creado mi propia mente o me la ha generado la tuya. Nuestras conversaciones serán las que me induzcan quizás este placentero estado de microgravedad que hace inaudibles todos los impactos, todos los golpes, todas las demoliciones a mi alrededor. Estoy agradecido al mundo y a ti, porque siento que ambos estáis uniendo tu imaginación y la mía. Allá sigue la cortadora de bloques de hormigón generando un estruendo de aviones de la Segunda Guerra Mundial; pueden rascar los cepillos para encofrados; amenazar las cizallas; bombardear las pulidoras en pugna con las machacadoras y los picos; que rujan las trituradoras; que me claven el bisel de los escoplos en el cráneo. «Allá mueran ciegos reyes… «. Que yo floto en mi burbuja mientras algo o alguien trata de hacer que se desmorone mi techo. Pero yo sigo bien, escribiendo y pensando en ti. Estoy libre de cardenales en cuerpo y alma. No me duelen contusiones claras. Siento eso sí, en alguna coordenada más o menos próxima al miocardio, una leve punzada, reacción por algún aumento de secreción de adrenalina, casi imperceptible salvo para alguien como yo de inclinaciones introspectivas. Es como una llamada lejana en el monte, que uno no está totalmente seguro de haberla oído, de tan tenue. Esa suave reacción nerviosa significa un aviso, una advertencia, como un poco de miedo pequeñito, pero casi nada, todavía lejano. Un pánico casi insignificante… Está dentro de mí, pero lo sitúo mentalmente fuera de la pompa sensorial que me columpia como a un bebé y me aísla de la destrucción que me cerca. Solo será una vaga inquietud. Acaso un recuerdo, a medias sobrevenido, en los límites del subconsciente. Quizás es solo el café. No será un augurio. No será un peligro. No será una advertencia. No será nada. Sigo flotando tranquilo.  A pesar de los golpes, soy muy feliz. 
Y en este mismo instante, en que los martillazos se han detenido en momentánea tregua, me doy cuenta de que despierto de mi sueño de ojos abiertos. Me estiro un poco, tú me lo disculparás, y me pongo a trabajar. Sigo feliz.
Soy feliz.
En camisa de once varas

En camisa de once varas

El otro día estaba tomándome un café en una terraza. Un día de sol espléndido, una zona peatonal y tranquila. Saqué mi bolígrafo para escribir un rato. Esto es para mí la definición de felicidad. En esto que llegaron un grupo de personas mayores. Las señoras apartadas a un lado, sin parar de hablar. Sobre todo una señora muy maleducada, vestida con una especie de delantal, y dotada de un afán de protagonismo desmesurado que no permitía intervenir a nadie más. Era algo así como la anciana líder del grupo. Los señores al otro lado, con cara de resignación, ya que las damas hablaban tan alto que ni juntándose entre ellos podías evadirse del parloteo de sus mujeres. En un momento de la conversación, la jubilada líder comenzó a explicar cómo le había tenido que poner los puntos sobre las íes a su nuera, quien, en su opinión, pretendía meterse demasiado en la vida de su hijo, y allí estaba su señora madre, que tenía muchos «remangos» para impedírselo. Y la señora, que parecía estar dando la explicación para que le quedase advertido a todo aquel que estuviese cruzando la plaza en ese momento, nos contó que le dijo a su nuera, a la que desde aquí aprovecho para mandar mi mensaje de solidaridad:

-Oye, nuera. Te estás metiendo en camisa de once varas.

Su marido debía de ser uno que estaba con las manos apoyadas en su bastón, y que por fin, no lo pudo aguantar.

-¡Pero Paca, cómo es posible! ¡Qué sabrás tú lo que es meterse en camisa de once varas! Si te estás metiendo en la vida de un matrimonio. ¡Déjales ya, mujer!

-¡Claro que sé lo que significa meterse en camisa de once varas! ¡Lo que estás haciendo ahora mismo! ¡Tú a callar, que los hombres no entienden nada!

Total: que al parecer se metían en camisa de once varas, la nuera, su suegra y hasta su marido. Y yo también, aunque involuntariamente, que ya me sentía un miembro más de aquella desagradable tertulia. Me apunto para otro día buscar la etimología de la palabra arpía, palabra un poco misógina seguramente.

«Meterse en camisa de once varas» es una frase cuyo origen es medieval, casi como la señora ésta de la que estábamos hablando. Al parecer, cuando había una adopción, normalmente por parte de algún religioso, era tradición una ceremonia en la que el padre adoptante, metía al bebé por la manga de una camisa muy amplia, y lo sacaba por el cuello de la camisa. Como si fuera un nuevo nacimiento. Muchas veces las adopciones no salían bien, sobre todo cuando se adoptaban niños o niñas creciditos o incluso adultos. Se metía uno en la camisa (quizás no de once varas) y salía en una casa que no era la suya…

Esta especie de rito era más o menos parecido en otros países, desde Portugal hasta Turquía generando similares expresiones, que significan aproximadamente meterse uno en asuntos en los que no tiene por qué entrar. Una vara era un patrón o medida algo más corto que el metro actual.

No podemos recomendar al hijo y la nuera que sacudan con las once varas las posaderas de la suegra, porque no somos partidarios de la violencia y sería además políticamente muy incorrecto. Con la familia, solo cabe contemporizar o salir huyendo.

Desconectando

Desconectando

Aquella tarde se fueron en coche a la iglesia toda la familia porque había que asistir a una especie de ceremonia de preparación de algún sacramento. Su mujer e hijos accedieron primero y él algo después, cuando por fin consiguió aparcar el monovolumen.
Era un templo moderno, de ladrillo y pocas vidrieras, ideal para curas relativamente modernos. Él no se sabía si era por la confirmación de una de las niñas o por la comunión de otra. Se sentía desconectado de todo. Su mujer controlaba a la perfección ciertos acontecimientos familiares pero a él todo eso le sobraba. Lo que sabía es que quería mucho a sus hijos. Las ceremonias, los cumpleaños, los compromisos… le hastiaban hasta la náusea. El cura se esforzó por demostrar que podía impartir una homilía muy cariñosa y dicharachera, llena de chistecillos para niños que las mamás reían con un entusiasmo desmedido. El sacerdote en cuestión era casi idéntico al humorista Moncho Borrajo, tanto físicamente como en su manera de hablar, solo que llevaba una barba, que hace unos años habría sido propia de un misionero, pero que, actualmente, la apariencia que resultaba era la de un cura hipster.
Durante el sermón, él se fijó en las caras de la gente. Algunos días no le gustaban. No veía en ellas lo que desearía encontrar. Miraba a cada uno de los padres de los alumnos y no encontraba alguien con el que se imaginase encontrando una excelente charla. Sabía que eso era una tontería, que luego trataría con cualquiera de ellos, encontraría motivos por los que sonreír ante cualquier broma y tendría que admitir que se había distraído hablando. Pero en principio, aquel ambiente no le importaba. No podía hablarse de nada, no había nada en común con ellos. No sentía particular interés. Percibía una especie de desinterés mutuo entre el mundo y él.
Después, que Dios le perdonase, empezó a observar las caras de las mujeres. ¡Que cosa tan irreverente! Dios en el fondo seguro que le comprendía. Estaba buscando algo con lo que distraerse, porque llevaban ya casi una hora con esa ceremonia. Había ya descubierto dónde andaba el número IV del via crucis, al que localizó junto a un confesionario, y que no se veía bien desde donde él estaba sentado. Había analizado también la simetría falsa del altar. En otro momento dejó vagar su mente imaginando una emergencia. ¿Por dónde saldría toda esa gente si hubiera un incendio? Solo veía una puerta en aquella iglesia que estuviera abierta… Después, sería por asociación de ideas por lo que de las emergencias pasó a las fugas, y empezó mentalmente a localizar el punto de fuga para dibujar aquellas filas de bancos en perspectiva. Luego probó a hacer otros juegos con la mente, y como se estaba poniendo de moda lo del mindfullnes, se dedicó a concentrarse en el paso del aire por su nariz. Pero respiraba mal por la nariz y además, eso le provocaba cierta dolor de cabeza. Volvió a las fugas e imaginó un ataque militar contra la iglesia. Se vio defendiendo a su familia con unas granadas que no le costó trabajo imaginar en su bolsillo. Veía a los asaltantes rompiendo los cristalitos de colores de las vidrieras con sus botas y saltando a dentro sin dejar de ametrallar a los feligreses. Pero él con un solo brazo protegía a los suyos mientras que se metía la otra mano en su bolsillo derecho, palpaba dentro y entre las llaves del coche, el monedero y los kleenex localizaba unas cuantas granadas con las que, antes de que le disparasen a él, había podido matar a diez o doce soldados invasores. En ese momento su mujer le dio un codazo y se despertó de golpe comprendiendo lo surrealista de lo que estaba soñando. Su hijo le miraba desde abajo con preocupación. Mira que dormirse en la iglesia del colegio… Eso le pasaba por controlar el paso del aire por la nariz. ¿Pero cuánto tiempo llevaba ya hablando ese cura que iba de gracioso? Entonces fue cuando decidió dedicarse a mirar mamás… ¿Qué otra cosa podía hacer? Pero desde su ángulo, la más vistosa era su mujer.
Por fin acabó la ceremonia. El cura hipster les invitó a pasar por una puerta hacia la zona de la sacristía donde habían preparado unos refrescos y patatas fritas. Sus hijos se dispersaron con otros compañeros de colegio. Su esposa no paraba de saludar y sonreír mucho. Parecía muy animada mientras que él solo pensaba en lo ramplón que le parecía todo aquello. Dos o tres matrimonios se acercaron y les saludaron. A él le costaba trabajo hacer con la boca una mueca parecida a una sonrisa.

-Guillermo, de verdad, qué cara tienes de aburrido…- le dijo su esposa cuando pudo hablar sin ser oída por otros-. ¿No puedes disimular un poco? ¿Quién te crees que eres?
-Estoy disimulando.
-Pues disimulas muy bien que lo estás disimulando, con esa cara de asco que pones.
-Antes me he quedado dormido, ya has visto.
-Siempre dando la nota…
-Ya. Es que esto es demasiado largo para mí.
-El sermón, sí. También ha sido largo para mí y para todos. Pero ya se ha acabado.
-No me refería al sermón.
-A qué te referías entonces.
-A todo esto…

A su mujer se le iluminó su cara al saludar a una de sus amigas. Y él, esforzándose por sonreír, se repitió de nuevo con el pensamiento.
-Demasiado largo todo esto…
La amiga de Carmen se fue y entonces ella se volvió a mirar a Guillermo con la cara triste.
-¿A qué te referías? ¿Qué es demasiado largo, Guillermo?

-A nada.

-Te conozco…
Se miraron a los ojos y ambos se comunicaron una fría tristeza. En aquel momento supieron que el divorcio estaba a punto de llegar aunque ninguno de los dos lo estuviera promoviendo. Era inevitable, como la muerte. Ella parecía a punto de llorar y él le tomó la mano tratando de consolarla, cuando se le acercó el cura hipster, con sus gafas redondas y su sonrisa en mitad de una larga barba gris, y les dijo en tono cordial.
-¿Qué tal estáis, pareja? ¡Qué alegría veros por aquí!

 

Photo by josuebasurto

Tiempos pasados

Tiempos pasados

La gente es valiente. Sí, sí, sí, es muy audaz, muy atrevida, y eso es una gran virtud.  Por ejemplo: se ponen a escribir novelas de épocas pretéritas con gran facilidad. Y hasta series de televisión de reyes medievales  o renacentistas. ¿Os hacéis a la idea de la gran cantidad de palabras y expresiones a las que habría que renunciar al escribir algo dramático sobre épocas pasadas? El otro día en una serie de televisión ambientada en el siglo XVI un noble le decía a otro.

-No he venido aquí a que me expliques tus problemas laborales.

¡Por dios! Esta ironía, muy de estilo americano actual, ya me cuesta pasarla. Pero los problemas laborales… ¿Existía en el siglo XVI el concepto de «problemas laborales»? Yo afirmo que es un disparate. Sin embargo alguno escritores creen que para escribir sobre la poca de Marco Polo basta con cuidar de  que no se te escape mencionar la televisión, el whatsup y poco más.

También he empezado a leer un libro de una periodista famosa a la que no conozco personalmente pero a quien respeto mucho. Ha escrito una novela de historias mucho más antiguas todavía, llamémoslas «paleocristianas», por decir algo. Siento mucho haber leído su decepcionante texto, porque además de haberse centrado más en la forma que en el ritmo, está lleno de disparates en términos como «arsenal de exorcismos». ¿La palabra arsenal es adecuada por su significado y pega en esa época? ¿De cuándo fueron los primeros exorcismos? Digo esto porque me acuerdo, pero su libro está plagado de miles de anacronismos peores.

La palabra arsenal es un lugar donde se construyen embarcaciones. Viene del italiano, arsenale, y a su vez entra en Italia por el árabe: dar as  sina´a que significa casa donde se construye. Palabras como dársena y atarazana vienen también de aquí. En el siglo XVI los italianos tomaron muchos conocimientos de los árabes y empzaron a llamar así a sus muelles, donde no solo se reparaban barcos sino que se guardaban armas y municiones. Por eso, a medida que avanzaron los siglos, se empleó más la palabra arsenal en el sentido de «almacén» de armamento. Por tanto, si yo empleo esa palabra en una historia anterior al XVI con el sentido de acumulación, de cantidad, de almacén… es totalmente inapropiado. Y además el término no existía aún ni en el territorio que hoy llamamos España ni en el de Italia.

¿Tanto hay que saber para poder escribir una historia de épocas pasadas?

Woody Allen se preguntó un buen día. ¿Es necesario que el sexo sea sucio? Y se respondió: no, en absoluto. El sexo solo debe ser sucio cuando se hace bien.

Digamos como Woody, que para «hacerlo bien», y ahora me refiero a escribir novelas de época, habría que saberlo todo sobre los tiempos de las que hablas.  Ahora bien, bodrios de novelas históricas hay a patadas y sus escritores me imagino que lo habrán pasado bien al hacerlas. Yo diría que al menos habría que tener intuición. Yo cuando leo según que cosas, algo me produce eso que llamamos «dar de entera», y se me pone la piel de gallina. Luego lo estudio y comprendo exactamente por qué. Cuando digo lo estudio, quiero decir que hago una mínima investigación con el señor Google y la señora Wikipedia, la RAE y alguna otra cosa. Está a tu alcance, lector. Pero claro, hace falta que al oír hablar de arsenales antes del siglo IX tengas esa primera  intuición, que al menos algo te chirríe, como si estuvieras con el dentista aplicándote la sierra en los premolares.

Porque que estas cosas son como decir:  vuesa merced debiera currárselo un pelín más.

Y este es el ruego que le hago yo a mi ex admirada periodista.

Naturalmente sé que muchas personas que lean esto dirán: ¿y quién se fija en esas cosas? ¡Qué más dará eso!

Repito: vuesa merced debiera currárselo más.

Photo by Kevin Hutchinson

Si te disgusta la noche

Si te disgusta la noche

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Si te molesta el sol, yo te lo quito del cielo. Y lo que te dé calor, déjame que yo lo aparte y te sople despacio para que se te pase. Si no quieres no te miro. Y si quieres lo adoro. O me lo como. Si te disgusta la noche, no me importa traer el astro de vuelta. 

Si te estorba el tiempo, yo te lo paro: suprimimos juntos, las horas, los minutos y los años que no te agradaron vivir, tú me los irás diciendo.

¿Qué prefieres? ¿Un beso o un helado? ¿Una mirada o un cuento? ¿Un rapto, un verso, o unas risas? Dime qué quieres que haga con este mundo, si te va bien aquí, o lo cambio de sitio, o te hago un universo nuevo solo para ti. Tú pide. Porque desde que te he descubierto, ahora que ya sé que existes, me siento capaz de todo.

 

 

 

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Cocodrilos

Cocodrilos

De bebé se llora con rabia por causa de cualquier pequeño inconveniente. Pero a medida que creces muchas cosas pierden importancia. Ya no te escandaliza nada, ni te decepciona nadie más de lo decepcionado que ya estabas. La gente falla. es un hecho. Falla continuamente. La gente no vale nada. Se quejan de los navajazos que les dan los demás y al momento te los dan a ti por… prácticamente por nada que necesiten en realidad. Por una mezcla de maldad, instinto, estupidez y frustraciones. Vamos multiplicando una cadena de dolores innecesarios, de sufrimientos sin razón. Hasta que ya muchas cosas no te alteran, no te sorprenden.
Es imposible hacer que un reptil sienta vergüenza de serlo, por arrastrarse, por acechar taimado sus oportunidades como hace un cocodrilo en el río. Los humanos tampoco se avergüenzan realmente y son peores. Los hombres no muerden para comer sino porque sus inteligencias nacen ya enfermas. O te apartas de todos, o te haces pasar por ciego. No puede existir una civilización que integre solo a un minúsculo grupo de humanos decentes. Sería muy insegura. Tienes que vivir con todos los otros reptiles.
La hipocresía es nuestra civilización. Como el barrizal en el que se revuelve el cocodrilo.
El origen de las palabras. La mosca.

El origen de las palabras. La mosca.

Es frecuente oír que alguien está con la mosca detrás de la oreja. Como siempre ocurre, repetimos expresiones cuyo origen desconocemos y por lo tanto no sabemos exactamente lo que significan. En muchas ocasiones esto se emplea como sinónimo de estar mosqueado.  Sin embargo no tiene nada que ver ni con esa expresión ni con ningún insecto que pueda molestarnos.

Estar con la mosca detrás de la oreja es sinónimo de estar atento y preparado para actuar. Cuando hay una situación en la que algo podría salir de modo inesperado e inconveniente, estamos con la mosca detrás de la oreja, sin distraernos respecto de ese tema.

6304182223_852e37b1a2_arcabuzPara entender la frase tenemos que retrotraernos a los tiempos del arcabuz. Si buscas algo sobre el arcabuz en Google encontrarás esta descripción: arma de fuego antigua, parecida a un fusil, que se disparaba prendiendo la pólvora mediante una mecha móvil. Era muy común entre los soldados de infantería europeos en los siglos XV, XVI Y XVII. Permitía hacer un orificio en una armadura enemiga situada a menos de 50 metros, lo que, en aquella época, le convertía en un arma realmente poderosa, y por eso sustituyó a la ballesta.

A la mecha del arcabuz en España se le llamaba la mosca. El arcabucero o mosquetero, se ponía en la oreja la mecha para no tener que sacarla de ningún saquito en un momento de necesidad acuciante de disparar. ¿No habéis visto nunca un carpintero con un lápiz en la oreja? Pues así lo hacían con la mecha o mosca. En ese momento, con la mosca colocada detrás de la oreja, estaban preparados para cualquier eventualidad, porque solo tenían que quitarse la mosca de detrás de la oreja, arreglárselas para encender la mecha y disparar. Esto ahora nos parecería absurdo, porque en eso de matar… hay que reconocer que hemos progresado mucho.

Photo by MAURO CATEB  Photo by Jose Casielles

Solo en ti

Solo en ti

Tu rostro rosado también es azul cielo, como tus ojos, por el resplandor que emanan. Hay algo de pena en ellos. Hay timidez también. Y reflexión. Y miedo. Quiero darte abrigo, comprensión y alegría. Quiero inculcarte fortaleza, seguridad y otra vez alegría. Voy a aportar las pautas para ser feliz, desde mi dudosa destreza y magra experiencia, porque estoy seguro de que lo vas a merecer. Te voy a enseñar a no aguantar nada de nadie aunque creas que te quiere más que yo. Que no escuches más ni el ruido ni el silencio. Que hagas tú misma las olas y el viento. Que no te asuste el hueco en el cielo. Serás el centro de todo ahora. Te señalaré el principio del camino a recorrer, que eres tú. comer-el-pieTe acompañaré un tramo, y te abandonaré para siempre a mi pesar durante algún atardecer desapacible. Otros te ayudarán después. Al final, y créeme que lo siento, verás que el viaje más bonito es el que hiciste con nosotros. No mirarás hacia atrás, o eso espero. Que no quiero que pierdas de vista el terreno que pisas y que pienses en ti, solo en ti, hasta que una nueva luz, con tu atención azulada, se agarre a tu mano para ir, venir y comer. ¡Piensa en ti, piensa en ti, te diré siempre! Sé muy fuerte y sufriremos menos. No esperaba querer tanto. Bienvenida. Hoy terminan unos días y empiezan otros, que son los tuyos. Bienvenida.

A mi primera hija, por su nacimiento, y a la segunda y al tercero, con idéntico amor. Dedicado también a todos los que somos los padres.

Braga

Braga

Creo que es en la película Jamón, jamón de Vigas Luna, donde hay una escena en la que el hijo de un empresario, el señor Ponte, de Industrias Ponte, que fabrica prendas íntimas de mujer, pretende ganarse la confianza de su padre primero con el lanzamiento de unos calzoncillos para perro y luego con una campaña publicitaria basada en un slogan excelente:

Hagas lo que hagas, Ponte bragas.

¿Que tiene la palabra bragas que tiende a producir hilaridad?

  • Braga puede ser una cuerda que suspende algo en el aire. palabras como ebrio, embriagador, y otras provienen de esta palabra, dado que las uvas se ataban con unas cuerdas y después se exprimían. Por tanto, la braga quedaba borracha, empapada de vino. Braga, en este caso, vendría de briaga y este término a su vez procedería de ebricus. 
  • Hay otra palabra homógrafa, que es la que mayor interés suscita. Braga, bragas o braguitas, como se tiende a decir durante las últimas décadas tratando de dar más finura al vocablo, es algo que todo el mundo conoce. Es la prenda interior femenina, interior e inferior, que tanto perturba las neuronas masculinas, según lo que contengan.

Los romanos, en eso de la moda creían estar, como en todo, por encima de los bárbaros. Sin embargo, un día llegaron a una región situada entre las actuales Galicia y Portugal donde la gente llevaba unos calzones en vez de la túnica romana. A los romanos esa prenda les parecía ridícula. El nombre de la región es Braga, precisamente. El origen de esta palabra podría ser germano, podría ser galo, e incluso griego, dado que braquis significa corto o pequeño. Lo cierto es que la teoría que estoy explicando podría ser falsa.

La ciudad romana de Braga, se llamaba exactamente Bracara Augusta seguramente por la tribu Bracati. Este nombre (bragados) coincide con el apodo despectivo que ponían los romanos a germanos y celtas precisamente por llevar esa prenda. Pero en todo caso, el apodo de bragados, que daba a entender que eran poco viriles, ya era anterior a la fundación de Bracara Augusta. Por tanto, la prenda vendría de los bárbaros del norte, y la palabra sería un germanismo.

Ya lo sabes, mujer: hagas lo que hagas…

El cielo es un telón roto y oscuro y las aves solo son jirones rasgados en él

El cielo es un telón roto y oscuro y las aves solo son jirones rasgados en él

Voy a cerrar mi teatro. No sé exactamente cuándo será la última representación, pero lo presiento con cada función que se acaba. No me importa por la muerte de la obra, ni por el silencio de los actores, ni por los focos apagados, ni por el sobrecogedor auditorio en sombras. No me da miedo nada, excepto una cosa. Ver el escenario sin decorados. El mar de cartón se romperá. El cielo, que parecía de cristal, se descolgará hasta que alguien termine por arrancarlo de la tramoya, para ponerlo de fondo en cualquier otra ficción. Mi sala quedará vacía y solo permanecerán el suelo, el vacío y el frío. Lo he vivido en sueños.. Entrar y mirar desde el proscenio. images-2Ver que el firmamento ya no es sino un gran borrón oscuro formado por una tela grande, vieja y pesada de un color sucio y azul, más oscuro que el petróleo. He creído ver un ave surcando el aire, pero solo era un jirón rasgado en el lienzo. Pensaba que estaba la luna, pero era otro roto en la tela. No había muro detrás del escenario salvo el de la negrura. Pero el telón impide que las sombras de la verdadera noche iluminen el escenario, que ahora es más negro aún que las tinieblas.

Haré una última reverencia y caminaré hacia la noche que se adivina tras rebasar el último cortinaje.

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Pedante

Pedante

Algunas personas te pueden tomar por pedante solo porque te gusta comunicar a otros lo que sabes. Parece que lo que mejor queda últimamente es dar muestra de ignorancia. Según para quién, claro está.

Según la Real Academia de la Lengua Española pedante es alguien engreído que alardea de conocimientos de modo inoportuno.

Veréis: antiguamente era muy normal que hubiera «maestros a domicilio». Ahora se llamarían Teleprofe o algo así (dominio de internet que me acabo de registrar) y te los mandarían a casa en Vespino, como las pizzas. Pero en aquella época no. Por tanto, no era nada malo ser pedante, sino todo lo contrario. Los maestros eran muy respetados.

La palabra pedante unos la atribuyen a su relación con PAEDAGOGUS, pedagogo. Y otros con PEDIS, pie, ya que acompañaban a pasear a los niños por la calle mientras les enseñaban. Sabido es que muchas palabras relacionadas con niños, como pediatría, tienen también una raíz de parecido sonido.

La palabra pedante nació en Italia y se extendió por Francia y España. Adquiere connotaciones negativas por el hecho de que supuestamente estos maestros trataban de demostrar su capacidad y conocimientos, y competían entre ellos, de modo que lo de comportarse como un pedante es hacer como hacían aquellos tutores o maestros domiciliarios.

Abundando en lo dicho, en 1473, en una localidad cercana a… Bueno, mejor será que no me ponga pedante.Photo by Internet Archive Book Images

SALMOS ATEOS. EL SALMO DEL VIENTO.

SALMOS ATEOS. EL SALMO DEL VIENTO.

SALMOS ATEOS
ed34b0082df21c3e81584d04ee44408be273e7d11db117469cf3_640_vientoMientras camino, está el viento.
Mientras pienso, está el viento.
Mientras paso.
Siempre ahí,
sopla en mi cabeza
Parece delicado
cuando alborota despacio mi cabello,
pero su presencia abarca todo,
los cuatro lados del horizonte.
Mi paisaje es el viento.
Cuando me odias,
el aire me acaricia la frente,
llevándose parte de mis recuerdos.
Mientras mi existencia te irrita,
su vuelo está.
Juegas a olvidar.
Estuvo antes que yo,
ha visto más,
mi vida es irrelevante
para el movimiento de la atmósfera,
no me ve,
soy la cara de una hormiga.
Cuando miro a mis hijos,
no ha parado de remover el polvo de la tierra.
Mientras hacíamos el amor,
o cuando miraba el cielo,
seguía lamiendo todo
con la lengua seca.
Las corrientes de aire
pueden envolvernos e ignorarnos a la vez.
Son como la muerte.
Cuando sonrío, olvido su paso,
pero sigue ahí, con su continuo barrer.
Apática, indiferente, descuidada,
la brisa suave limpia sin mirar.
Es tiempo es el viento.
Cuando muera,
mi cabeza arderá durante un instante
 de su historia infinita y después
se apagará como un fósforo.
Esparcirá mi ceniza sin pensar en mí.
Mientras camino está el viento.
Arroja a mis pies la tierra que arrastra,
la misma que disolverá mi cuerpo.
El viento es el tiempo.
Mientras mi existencia te irrita,
su vuelo está.
Su vuelo es.

Photo by Schaduw Zijde

La estrella fugaz

La estrella fugaz

Ayer vi una gran estrella fugaz, como un cometa, que parecía moverse despacio en el cielo. Inmediatamente pensé en el nacimiento de Jesús y fui corriendo a la Iglesia del pueblo. El párroco, de mediana edad, me dijo:

-Espera un poco, feligrés impulsivo. Antes de que haga redoblar las campanas veamos esa estrella.
Subimos al campanario y el cura me puso la mano paternalmente sobre el hombro diciendo:
– Hijo mío, tienes razón, es una señal divina.
– ¿Es porque va a volver a nacer Jesucristo?
– ¡Qué va, hombre, nada de eso! Por lo menos esta tarde no creo!
-¿Entonces qué es lo que anuncia esa señal?
– Está claro, hijo mío. Que está a punto de llegar el siguiente Desafío Literario en DesafiosLiterarios.com .Comunica a todos la buena nueva, para que no se lo pierdan. Que vayan introduciendo sus datos de usuario en DesafiosLiterarios.com. ¡¡Ah, y diles a que desprecien las imitaciones!! ¡¡Que solo son verdaderos DL los de Taller de Relatos y DesafiosLiterarios!!
– Bueno padre, pues toque las campanas.
– ¡Qué plasta eres con las campanas, hijo mío! Ahora lo que se hace es compartirlo todo en facebook, y lo de las campanas está más pasao que el ayuno de los viernes.
– Ah, vale, vale, padre. Así sea. Ya lo vamos a compartir todos en facebook ahora mismo. Que nadie se pierda el Desafio Literario siguiente.  ¡¡Y que se registre todo el pueblo en DesafiosLiterarios.com antes del domingo que viene!! ¡Que muy pronto saldrá la convocatoria! Amén.

-Amén. Y yo voy a ver si utilizo para el DL unas notas que tengo sobre la Cuaresma, hijo mío.

-¡Jo, padre…!

La gran explosión

La gran explosión

Dicho con todo respeto, no es importante para lo que te quiero decir si crees en Dios o no; si crees en Jesús o en el gran agujero negro . 2236007_origPorque en general hay un consenso científico según el cual en un momento dado hubo una gran explosión, con o sin ayuda divina, y de ahí han surgido todos los astros del firmamento.Y de toda esa gran bola de mierda incandescente y gigantesca, una pelotilla sin importancia relativa en elconjunto del universo que salió salpicada, ha sido llamada Tierra por los yayos de nuestros yayos y, tras convertirse en nuestro lugar de nacimiento, nos ha permitido llegar a la situación actual. De alguna manera todos venimos de un  Sol o de otro. Somos trozos del sol, porciones mínimas, enfriadas, húmedas, fermentadas y podridas. Millones de veces impregnadas, engendradas y evolucionadas hacia no se sabe qué, o hacia la nada. Somos una colonia super poblada de insectos flotando sobre un pomo de madera, resto de un enorme naufragio; monstruos minúsculos al borde del vacío.

Entonces… besémonos con desesperación. Será lo mejor.  ¿No te parece?

Photo by jacilluch

El origen de las palabras. Demonio

El origen de las palabras. Demonio

¿Algunas personas son un poco exageradas y te han dicho que «eres un demonio» o incluso que «eres peor aún que un demonio»? Y si te lo han dicho ¿fue alguien muy enfadado o estaba sonriente? Bueno, no me contestes. Lo que te quiero decir es que ser un demonio no siempre fue malo. Verás:

Esta palabra proviene del latín “daemonium” y ésta a su vez del griego antiguo, “daimónion”, o bien “daímôn”. Sin embargo, esta palabra significaba “espíritu, deidad, divinidad”.

Los “daímones” no tenían por qué ser malignos. Eran almas de muertos que según Hesíodo, hacían de guardianes para los mortales. Aprovecho para recomendaros investigar respecto a Hesíodo. Si tenéis interés, os contaré más cosas de él.

Quizá se puede aclarar que he sabido que la palabra “theós”, “dios”, se refería a deidades en persona.

Existía por ejemplo la palabra “eudaimonía” que quiere decir “felicidad” o “buena suerte”, como “ayudado por espíritu bueno”.

Con el cristianismo, muchos términos de origen pagano, adquirieron un sentido negativo. Y así fue como esta palabra se transformó en el maligno.

Pero el recorrido que hacen las palabras es largo. «Dividir”, es una palabra española que proviene del griego antiguo: “daíomai”, “dividir, distribuir” y con “démos”, “tierra, pueblo”, tal vez en alusión a la división de las tierras. ¿Era “Daímôn” el “espíritu que repartía (dividía) destinos y fortunas”? Pues no lo sé. Yo no estaba. Quizás por eso mi fortuna se la dividieron mis hermanos mayores. Porque yo no estaba.

Presidio

Presidio

Al encender su ordenador, ella está siempre ahí. Quizás esperando. Unas veces le saluda. Otras le mira, o siente él que le está observando sin hablar desde su dispositivo electrónico. Se leen mutuamente. Otras comparten charlas muy especiales. Él imagina que están presos en una cárcel medieval, en dos cámaras separadas. No pueden tocarse, ni verse siquiera. Hacerse llegar sus voces les aporta mucho o casi todo. La noche cae sobre ellos y el silencio les cubrirá en minutos. Pero antes de quedar dormido recordará que ella es un rayo de luz atravesando la humedad de su celda de piedra fría. Cuando se acueste, ella puede soñar que se refugia en él, porque también lo siente así. Se lo confirma: su nuca,  que desearía peinar con los dedos, y su cuello delicado de ave, encajarían bien entre su brazo y su pecho. Cómo no protegerla si comparten esta misma peripecia de naves a la deriva. Pero al apagar el ordenador, cambian de una realidad a otra más abierta e incómoda que sus mazmorras imaginarias, y él cada vez tarda más segundos en olvidar el diminuto haz de luz transparente que estaba iluminando su sonrisa, la que ella le provoca, endulzando su común presidio virtual.

Photo by Felipe Sasso

Photo by Juliana Coutinho

Liderazgo y amor

Liderazgo y amor

El liderazgo produce siempre una relación parecida a la familiar, en la que el líder es como un padre y los seguidores son como hijos y hermanos. Por mucho que el padre quiera atenderles a todos, siempre sufren episodios de intranquilidad y estrés, porque, no solamente necesitan sentirse queridos, sino que precisan ser más queridos que los otros hijos. El hambre de sentir que el líder les da «cariño» y valoración individual se hace patente en aquellos que se sienten más alejados.

La atención del líder es siempre escasa en el sentido económico de la palabra. El líder tiene recursos físicos limitados como su propio tiempo, energía  y capacidad de atención individualizada. Nunca es suficiente su entrega al equipo, porque no todos pueden sentirse más queridos que todos los demás. Es algo imposible.

Donde no llega esta atención siempre limitada físicamente de cualquier líder, y de cualquier ser humano, llegan los «hermanos» favoreciendo esa integración de todos los individuos del grupo.

Que el ambiente sea agradable, no solo depende de la atención del padre o líder, sino del «amor» de los hermanos entre sí. Y el líder debe promoverla.

Muchas organizaciones favorecen la desunión entre los miembros para que el líder se sienta seguro. Mientras los miembros del equipo se atacan entre sí, el líder no se parece cuestionado. La palabra que sirve de coartada a esta política miserable se llama competitividad. Se dice, el ambiente de esta empresa es muy competitivo y así se presume de algo que es finalmente una guerra de gerrillas continua que se produce en los pasillos y que no favorece a aquel que más talento tiene. Para adaptarse esa situación, siempre comprometida, los miembros del grupo no promueven las decisiones óptimas, sino las que menos reacciones provocan.

Hay una alternativa más beneficiosa para todos, que es promover espíritu de grupo, conciencia de equipo, una verdadera y profunda «hermandad» entre los miembros y una mayor humildad del líder, para que los miembros del grupo se sientan integrados incluso el día en que el padre/líder no les ha podido mirar. Esto es en sí mismo una recompensa para los integrantes del grupo. De este modo, los objetivos personales y los del colectivo quedan mejor alineados que en la empresa que se pretende autodenominar competitiva. En la empresa competitiva, los objetivos del grupo están continuamente detrás de los intereses personales espúreos de poder y de cada individuo.

Otro factor positivo es acabar con la igualdad. La igualdad es aquello que afortunadamente nunca existe ni existirá. La felicidad de los miembros de un equipo está en tener cada uno un papel diferente y ser valorado por él, no por repartos de roles idénticos. Cuando cada uno tiene su propio rol basado en lo que quiere y puede hacer bien, se valora a sí mismo y no depende de la aprobación del líder ni de los demás. Una organización consigue metas extraordinarias cuando cada uno hace aquello para lo que siente que vale, de modo diferente y personal. La igualdad es frustrante entre personas diferentes, solo es un modo de tortura de la identidad personal. Cada individuo debe encontrar su propia diferencia para sentirse querido primero por sí mismo y luego por todos los otros. Es algo así como un equipo multidisciplinar de especialistas, donde todos se complementan y se necesitan. El padre/líder debe promover esta admiración compartida por la unión de diferentes. La diferencia evita las tensiones por comparaciones estériles.

¿Es realmente posible esta idílica situación de cohesión dentro de un grupo o la naturaleza humana hará que más temprano que tarde surjan los problemas y la desunión?

Efectivamente tiene mucho de utopía. Son equilibrios muy inestables. Pero hay una palabra mágica:

PROYECTO

Dale a un grupo un proyecto, algo que empiece y termine en una fecha o suponga alcanzar un objetivo y la cohesión tenderá a durar tanto como el proyecto. Mantén a la gente ocupada e ilusionada con proyectos sucesivos variados y se llevarán bien entre ellos, darán todo de sí mismos y aceptarán durante ese periodo las virtudes de los demás.

 

 

Conmigo

Conmigo

Esta palabra, conmigo, ¿No te suena un poco rara? ¿Qué es eso de «migo»?

En latín se decía «mecum» lo que venía de decir me y cum que sería una «preposicion puesta detrás», valga la paradoja. Es decir, que en vez de decir «cum me» decían «mecum.»

Cuando se va formando la lengua romance castellana, mecum debió pasar a «micum». Después micum acabaría pronunciándose «migo», Pero, claro está que «migo» ya no recuerda nada a cum (con). Así que la gente empezaría a decir «con migo», en vez de decir con mí, igual que decimos sin mí.

Por lo tanto, cuando decimos conmigo es como si dijéramos cum-me-cum. o con-mí-con.

Sumamente reiterativo, ¿no? Será por esta especie de repetición de «con» que los que hablamos español somos tan buenos acompañantes. O tan posesivos. Pues no creo.

 Toda lengua es la evolución de otra anterior.

Cuando no le dejan hablar. Fragmento.

Cuando no le dejan hablar. Fragmento.

Noté que esa era una charla preparada por una persona sin mucha facilidad de palabra. Y como siempre voy unos pasos por delante de lo que pasa en la película, ya vi que eso iba a enlazar con un comentario, y de ese a otro, hasta que saliera el asunto sobre el que realmente me quería contar o preguntar. Sabía que sería algo, para bien o para mal, de interés para mí. Sin embargo, no podía evitar el impulso travieso de romperle su discursito y salir por peteneras, preguntándole por cualquier conocido común o recordándole alguna anécdota que no tuviera relación con su conversación. Entonces, cada vez con voz más firme, como quien da a entender que esa charla es la suya, volvía otra vez al principio, y a contar lo preocupada que estaba con la posibilidad de que alguien con mi trayectoria, y bla, bla, bla… y mientras yo me temía que iba a ser portadora de malas noticias, porque buenas no las podía haber, se me escapaba una sonrisa tonta de gato jugando con el ratón. Pero ella estaba decidida a volver una y otra vez al mismo surco y entonces ya, desesperada, cuando estaba yo desviando la charla hacia la anécdota del día que apareció un ratón en la planta 14 del edificio Bancpro durante una rueda de prensa y… Me interrumpió:
-Porque yo creo que tú puedes salir vivo de todo esto, Marcos- me corto subiendo la voz.

Entonces decidí escucharla.

Margaritas a los cerdos.

Margaritas a los cerdos.

La palabra griega margaron significa exactamente perla. De esta palabra vienen palabras como por ejemplo, margarina, dado que este producto, un poco parecido a la mantequilla pero de origen completamente distinto, tiene un tono nacarado o perlado.

Cuando decimos que algo es dar margaritas a los cerdos, damos a entender que estamos empleando algo para dárselo a quien que no lo sabe apreciar o no lo merece. O también que algo es un desperdicio. Pero en realidad todo procede de una traducción equivocada del evangelio según San Mateo. La frase debió traducirse como dar perlas a los cerdos, pero el sentido no se modificaba demasiado y nadie se dio cuenta, de modo que la frase se popularizó. Hasta el punto de que si dices en una reunión que no hay que dar perlas a los cerdos, seguramente todos te intentarán corregir diciendo que la frase es con margaritas. Pues ahora tú podrás presumir y decir: no señor, son perlas.

Y es que todos sabemos poco, pero corregimos mucho.

Photo by lucaskuriger

La nariz (fragmento)

La nariz (fragmento)

X lleva siempre la nariz manchada. Es una raya cuya curvatura leve de los lados hacia abajo casi no puede apreciarse porque la línea es demasiado corta. Se trata de una nariz demasiado grande en la cara de un hombre modesto. Demasiada nariz en un hombre puede llegar a torcer sus espaldas hacia adelante. Hundirle el pecho. Inclinarle el cuello como a una jirafa cuando bebe agua en un charco. Es lo que ve cuando se mira en los espejos de los lavabos de su oficina. Le pesa la nariz o quizás le pesa más la mancha minúscula amarronada que hay sobre ella. La nariz de un hombre cabizbajo no se levanta lo suficiente al beber del café con leche de la máquina expendedora que hay en el pasillo de la entrada de la oficina. El vaso de plástico es muy Ojeras con mancha en narizpequeño y está casi rebosando el líquido oscuro, porque la dirección no repara en gastos ni en ahorros al repartir esta droga beneficiosa para el ritmo de la producción. Como casi siempre, al apurar la última gota de café con leche de máquina, ha metido la nariz en el cubilete de plástico y el borde sucio del vaso le ha señalado con esa línea ligeramente curva dejándole una marca como la del puente de unas gafas. El borde del vaso de plástico se imprime en su nariz cuando apura el último sorbo, el que le devuelve las neuronas a su sitio, o el que se las altera, quién sabe.
Yo mantengo una amable conversación gris con este compañero. Qué mal está todo. Y cuánto trabaja él, según dice. Y qué fiel es a la Compañía, me dice. ¡Claro, claro, y yo!, le digo. Me explica lo que me quiere explicar. Lo que le interesa divulgar. Algo dirigido contra algún compañero que está entre la realidad y sus aspiraciones. Alguien ha dicho que, te pongas donde te pongas, siempre estás en el camino de alguien. Mezquindad es la palabra que mancha su nariz cuando la mete en el vaso de plástico. El café está envenenado. Pagamos cinco duros cada vez que queremos ser un poco más enanos y nos manchamos la nariz de color café de tanto lamerle el culo a la empresa.

Businessman drinking coffee from coffee pot

Businessman drinking coffee from coffee pot

Mientras me habla y me cuenta lo mucho que hace y lo que en su día hizo, su labor, largamente superior a la realizada por sus compañeros, yo me llevo la mano a la nariz, quizás porque es mi manera de decirle que se ha manchado sin obligarle a parar de aburrir con su plática. A lo mejor es que mientras habla siento que también mi nariz se está manchado en el culo de la Dirección.

Me he distraído pensando en Anabel y me voy al lavabo. Al entrar me pregunto: ¿Me he despedido de X? No me acuerdo. Entonces debería tomar más café con leche. A lo mejor Anabel no es la causa de que piense en ella. Quizás es este mundo ramplón, por el que no puedo sentir apego, el que hace que me enamore de Anabel. Anabel es realidad, libertad y un montón de cosas así, que suenan así, que se gozan así. Y todo esto es falso. Es mentira, me digo. Todo esto no ocurre. No es nada. Es la nada.

Con estos pensamientos en la cabeza, llego y me inclino sobre el lavabo de la oficina, me miro la nariz y efectivamente, también la veo manchada. Gracias a Dios se disuelve con unas gotas de mi saliva que llevo con los dedos. Veo mi mirada vacía. Detrás de mí entra X, se lava las manos a mi lado y me sigue contando. Luego entra un compañero y saluda con energía y cordialidad postizas. Se pone a mear. X mete las manos en el grifo y se lava la cara. Le miro y me miro. Tengo la cara roja. Me seco. Entra otro tío, uno de ventas y también se pone a mear. X bebe del agua del grifo, sin agacharse, como los soldados que escogió el profeta.

Tengo que ser capaz de dejar esta empresa.

 

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Qué tal estás

El día que me llamó por teléfono me extraño muchísimo

-Marcos, qué tal estás, cómo te sientes.
Son preguntas que algunas veces se pronuncian sin que pueda escucharse el signo de interrogación. Por ejemplo: si te preguntan ¿Ha vuelto ya tu primo de Berlín? Se oye perfectamente la interrogación, con su curva interrogante y su punto debajo. Pero algunas veces la pregunta no lleva interrogación.
-Marcos, qué tal estás.
No se pronuncia con entonación de pregunta, porque realmente es una afirmación. Lo que se afirma en realidad es:
-«Marcos, ya sé que tienes que estar pasándolo muy mal y debo hacer como si eso me provocara un duelo profundo y darte a entender que estoy muy preocupado por ti, pese a que mi aflicción es moderada y tú lo sabes, y te daré muestras de apoyo que realmente son a su vez un modo de decirte que yo ahora estoy por encima de ti porque tú ahora estás más jodido que yo”.

Serious young man using phone and computer in a bright office

Serious young man using phone and computer in a bright office

Todas estas largas frases se resumen a veces en esa pregunta de tres palabras sin interrogación y con tu nombre delante.
-Marcos, qué tal estás.

Piropo

La palabra piropo viene del griego pyropus y es el color rojo fuego. Conocemos palabras como pirómano, pira pirotecnia relacionadas con fuego.

Se supone que un piropo es una joya color rojo rubí o granate para halagar a la mujer.

Sin embargo, opos significa cara. Esto nos permite considerar que piropo significa fuego en la cara, cosa que resulta sumamente sugerente porque evocaría al rubor.

Pero hay otra posibilidad. Si opos es cara, ops es mirada. Fuego en la mirada.

¿Qué hipótesis prefieres tú?

Calderón y Quevedo usaron este vocablo.

No digáis que no es bonito esto de buscar el origen de las palabras

 

 

Desbrozando a Brossa. Metáforas.

Desbrozando a Brossa. Metáforas.

 

En esta sección voy a hablarte un poco de Brossa.  Le vas a conocer tú para que yo pueda comprenderme mejor. Voy a colocar pieza por pieza lo que reconozco de él, y luego las partes que no sé dónde encajar, hasta completar mi rompecabezas. Me es imposible predecir si la imagen final quedará fea, o si será al menos la correcta. Lo que sí que está claro es que esto exige paciencia, y la paciencia se apoya siempre en el interés. No sé si tendré suficiente interés para ti, como para motivar tu paciencia. En todo caso, ya estoy decidido a llevar adelante este proceso de reconstrucción personal.

Lo primero es deciros quién soy, presentarme, y hablaros de mi nombre, que además es como una metáfora. Acudir a una metáfora implica que atribuimos un significado a algo, un poder para interpretar las cosas. Sin embargo las cosas quizás, casi seguro, carezcan de significado. La metáfora es una forma más de superstición.

Crear una metáfora es generar una creencia, generar algo contra la razón. Vivo enredado entre alegorías. Entre significados sin sentido. Enmarañado en hechicería retórica.  Las metáforas están en todas partes. Revolotean como moscas. Acuden a mí en todo momento, manteniéndome lejos del suelo, con los pies en el aire, como un fantasma. Como un ahorcado. Me aportan una interpretación sentida del pasado y me pronostican un futuro que yo creo descubrir, pero que me separan del momento presente y me condicionan. Siento mi frente cargada de ideas. Saturada de conceptos, llena de lastres mentales que no tengo con quién compartir. He pensado que tú podrías sostener parte de mi peso. La verdad es que no me fallan las piernas. Soy joven aún, y más fuerte que algunos. Pero andaría más ligero y disfrutaría con tu compañía.

Enrique Brossa es mi verdadero nombre, ya que yo no me llamo así. Es decir, que es el nombre que he elegido yo, no el que figura en la partida de nacimiento. Por eso es más verdad que el verdadero. No hay contradicción.

DesbrozarLa palabra catalana brossa es similar a la castellana broza. Cuando quise ocultarme tras un seudónimo, llegué a ponerme el apellido Brossa simplemente por no mentir. Es uno de los apellidos de mi padre y, por tanto, me pertenece. ¿Qué es lo que puede pasar cuando uno no quiere mentir? Sucede que lo consigue más allá de lo que había previsto, que acaba diciendo una verdad más sincera de lo que quería. Exactamente esto es lo que me ha pasado.

La palabra Brossa me define. Es mi metáfora supersticiosa favorita y me aporta un sentido o quizás resalte un sinsentido. Soy como la broza. La palabra basura, acaso provenga de la misma raíz, lo tengo que buscar, tiene una connotación putrefacta en español, una imagen de suciedad. Pero aunque muchas veces las metáforas me elijan a mí, yo también puedo elegirlas a ellas, y a mí me gusta más la acepción de desperdicio, que tiene otros matices y no tantas bacterias como la suciedad propiamente dicha.

Muchas personas llegan a un punto en su vida en que se plantean si han jugado bien sus cartas o no. Si han vivido la vida que les correspondía o la gestión de sus talentos y potencialidades ha sido un verdadero desperdicio. Brossa es broza, y broza es hojarasca. Mi cabeza está repleta de ella: de hojas secas que lo embrollan todo, que giran en remolinos en cuanto se levanta el aire. Generan ruido de crujidos al agitarse, como si mi cráneo fuera unas maracas, llenas de restos alimenticios, papeles y de trozos crepitantes de talentos desperdiciados. No de malicia, pero si de maleza, producida con la imaginación en complicidad con la desidia. Estas son las metáforas que mi apellido encierra.

Hasta aquí la parte de color gris oscuro. Pero si te fijas bien, encontrarás un degradé positivo al levantar la vista. El gris se hace más claro. Por encima de la niebla tiene que estar siempre el sol.

Ahora, por fin, siento la necesidad de madurar. Antes de alcanzar la edad de Matusalén, necesito parar de contemplar el valor estético narcisista de mi desdicha personal y de aportar algo positivo a los seres que me rodean, sobre todo a los que me quieren. Sígueme. Ven, por favor. Haremos muchas cosas juntos porque estoy viviendo una interesante aventura. La aventura de cambiar. ¿Quieres hacerlo conmigo?

Quiero por tanto desbrozar a Brossa. Limpiar mi terreno de arbustos y de malas hierbas para hacer un sitio donde plantar mi árbol y que pueda crecer bien. Quizás un roble, tal vez sea un olivo. Buscaré un lugar alto, alejado y tranquilo. Crecerá mucho y con un tronco bien ancho y sólido, por sumar más años a los años. Y espero que, algún día, quizás durante las tardes más suaves de junio, algunos hijos míos, mientras disfrutan leyendo algún libro y respirando la paz que perfuma la hierba, puedan apoyar sus espaldas en él.

Golf

Golf

10806468_1589324344624882_8926103125936701711_n (1)En el bar del club de golf brillaba una terraza con mesitas cuyos sillones estaban orientados al campo. Y ella estaba allí, rodeada de amigos. Es absurdo pensar que me enamorase de ella en ese momento. Estaba tan lejos… Tan inalcanzable. Sin duda ya me había fijado en ella antes, pero fue en ese momento, viéndola así de diminuta, por allá, donde los últimos hoyos, cuando tomé conciencia de lo mucho que me gustaba. Casi no se la veía, pero yo no dejaba de mirar hacia allí. En el bar sonaba una música bastante animada y a buen volumen, pero yo creí poder escuchar su voz y su carcajada cantarina. Estaba tan graciosa, con sus bermudas y su palo de golf, bromeando, o al menos, eso suponía yo… Y claro, ¿sabes qué? Me levanté de la mesa, porque uno debe saber resistir a estas atracciones. No hay que dejarse subyugar a la primera, no se puede sucumbir de semejante modo, así que pagué mi refresco y fui directo a preguntar el precio de unas clases de golf.
Meter la pata

Meter la pata

Hola, queridos amigos. Quería deciros que he decidido poner una articulito semanal acerca de etimologías. Hay cosas sorprendentes e interesantes en el origen y la evolución de las palabras. Empecemos:

El Demonio Rojo_800Meter la Pata
Eso de meter la pata suena a pisar donde no se debe, como un animal, con una pata. Pues no. Meter la pata es una expresión que procede de ‘mentar a Pateta’, y Pateta es el diablo. Puede encontrarse este término en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Mencionar al diablo, o mentar a Pateta se supone que daba mala suerte. La frase se hizo muy popular y se fue deformando hasta cambiarse por «meter la pata». Supongo yo que lo de Pateta la gente lo cambió por patita, y de ahí pasarían a decir meter en vez de mentar.

Mentar a Pateta era síntoma de mala suerte, de llamar al infortunio, siendo muy popular y ampliamente utilizado, por lo que sufrió una lógica transformación con el transcurrir de los años debido a la popularización en el lenguaje cotidiano.

De esto se deduce que cuando decimos que alguien ha metido la pata… estamos metiendo también la pata.

 

Recuerdos del cuarto oscuro

Recuerdos del cuarto oscuro

Hay un sabor a raro flotando en la penumbra. Sabe a piano antiguo. El olor de un barniz antiguo, como de principios del siglo XX. Pero no lo siento en la nariz, sino en la boca.

Hay un mueble negro, Puedes quitarle un poco de pintura, como si fuese cera. Se queda en las uñas. Pero el mueble sigue completamente negro. Hay un suelo fregado que no huele bien. Un cuarto oscuro. Estoy seguro de que tenía ventana, pero no logro recordarla abierta. Siempre cerrada. Hay un objeto de cristal que no logro comprender.
Una pequeña estatua de sal del niño que se saca la espina del pie. Me molesta la expresión “quiero recordar” cuando podría decir, “creo recordar”. En esta ocasión, yo quiero recordar, porque no tengo total certeza de que una niña chupa la estatua del niño para ver si sabe a sal o no. Luego yo chupo también la figura, y no quedo convencido de que sepa salado.
Hay un colchón antiguo, amorfo, previo a la invención de los muelles. Un pasillo con curva en vez de esquina. Una cocina que se limpia con algo raro. ¿Una piedra? ¿Una madera? ¿Una piedra y serrín? Hay un olor desagradable algunas veces. Hay una presencia hostil. Mantillas negras. Paños de ganchillo sobre los brazos de los sillones. Cortinas de terciopelo. Platos con entremeses sobre el colchón. También una pared recubierta de papel pintado con unos pájaros verdes que eran tres veces mayores que la palma de un niño de cuatro años como yo. Hay una amenaza continua de soledad en el aire. Y un reloj de pesas. Un santo en una rinconera. Una cerraja decimonónica.
Hace mucho calor. Un barrendero moja la plaza. Qué envidia, poder dedicarse a regarlo todo. Vuelvo la cara hacia la mesa cuadrada. Hay un mantel de plástico. Olor a cigarrillos. Las expresiones de los ancianos son de cariño. Pero hay algo hostil en algún sitio. Quizás al fondo, el cuarto cuya ventana está siempre cerrada. Siempre oscuro. Algo permanece al acecho, amenazante. Un olvido que amenaza con hacerse recordar. Un pasado hundido en la memoria que pretende volver a flotar.

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Caperucita

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🙂

NI aun así me gusta

NI aun así me gusta

Tengo un gran lastre en mi vida. Me disgusta causar daño. Muchos dirán que es una virtud de mi bondadoso espíritu y otros que es una debilidad de mi carácter. A mí me da igual. No tiene mérito ser así, porque no me gustaría ser de otra manera, por tanto no me cuesta esfuerzo. Tampoco me importa si es una debilidad o no, por el mismo motivo. Me gusta ser como soy y por tanto no tengo nada más que pensar. Sin embargo, es una carga. Cuando hago daño a alguien, no me siento bien. Aunque sea para devolver una bofetada.