por enriquebrossa | 13 13+00:00 Dic 13+00:00 2013 | Escribir, Herramientas para Escritores, LIBROSSIANO, Mis autorretratos, Relatos
Veo un aeroplano aterrizando inesperadamente en el Paseo de la Castellana. Varios hombres se lanzan con cuerdas desde las torres de oficinas que flanquean la amplia avenida. Veo el río de la ciudad convertido en el Amazonas, surcado por mi lancha motora, alargada como un enorme lápiz, que casi vuela mientras los monos miran asombrados desde los árboles de las orillas. Los nativos me disparan lanzas, flechas, dardos…, ¡de todo!. Los cocodrilos acechan, el motor ruge y hay una enorme estela de agua que salpica casi con mayor profusión que las bombas que me disparan desde un cielo intenso, lluvioso, tropical.

Veo a un héroe, que podría ser yo mismo, que tira a puñetazos uno a uno a todos los que abordan mi barco desde otras lanchas enemigas. Hasta que finalmente, justo antes de que explote mi planeadora, salto hasta agarrarme a un helicóptero conducido por una hermosa y sofisticada mujer con gafas de sol.
Al terminar de trepar, mientras esquivo las balas, entro en la cabina y la atractiva piloto se sube las gafas de sol hasta el cabello, sonríe enigmática y se baja la cremallera de su mono mimetizado mostrando rotundas bombas de considerable calibre. Cierra los ojos, profundos como el mar y todo eso. La beso.

Y luego ella me pone una escafandra. Tras desprenderse de su mono, se queda en una delicada ropa interior y me dice: «¡Rápido!, tenemos solo unos segundos para vestirnos de astronauta». Nuestro helicóptero convertido en el Apolo XXII se dirige a la conquista del espacio. Yo aprecio el imponente cuerpo de mi compañera mientras se pone un traje espacial que le queda tan sexy que noto inmediatamente en cierta parte de mi cuerpo claros síntomas de la pérdida de la atracción de la gravedad. Nuestra cohete se aleja. La Tierra se ve más pequeña cada vez por los visores del cohete y la nave se recorta ya contra la majestuosa estampa de Júpiter que con sus anillos brillantes nos aguarda adornado de verbena, como un planeta en fiestas que nos diera la bienvenida.

Soy un soñador. Cuando estoy parado desarrollo una actividad frenética. El niño que hay en mí domina mi mente.Un privilegio y una desgracia.
Pienso en 3D, Dolby y sensorround y todas esas cosas que se quedan tan cortas siempre. Disfruto de realidad virtual sin dispositivo alguno. Alucino sin necesidad de narcóticos ni sustancias tóxicas.

Comprendo que me envidiéis, lo comprendo tanto como que os burléis de mí. Yo lo haría también. Siento que soy el primero del mundo al que le pasa lo que me pasa. Que nadie antes que yo lloró, ni río, ni besó, ni corrió contra el viento, ni comió pipas con sal. Vivo una aventura que no cesa. Y tengo que contárosla toda entera, para que tengáis la suerte de poder imaginar una existencia casi tan apasionante como la mía
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por enriquebrossa | 13 13+00:00 Dic 13+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Relatos

Huerto de los Olivos
Hoy he subido al monte con la piedra más grande de todas.
Un día Jesús dijo que nos sacrificásemos y que subiéramos piedras al monte de los olivos o a no sé cuál. Yo llevaba una piedra muy pequeña, porque a mí estás historias no me entusiasmaban. Total: que subí el primero y muy descansado a la cima. Cunado llegaron todos, Jesús se puso en plan hijo de Dios como hace siempre y la verdad es que hizo un milagro, las cosas como son. Convirtió las piedras en panes. ¿Qué pasó entonces? Pues que todos se hartaron de comer y yo me quedé con hambre. Lo hace a mala idea… Algunos dirán que no, pero yo sé que lo hace a mala idea. Desde entonces mi piedra siempre es la más grande. La subo haciendo esos sacrificios que Jesús nos pide, que no sé para qué sirven. Siempre llego el último a la cima, exhausto, molido de cansancio, con la esperanza de que Jesús convierta mi gran piedra en un súperbocadillo de chorizo de los que dejan asomar las rodajas por todos los lados. Pero desde entonces, oye, qué casualidad: ya no ha hecho más trucos.
Hoy ya no he podido remediarlo. Como decía, he pillado una piedra enorme, que casi no podía con ella. Esperaba que ya se marcase un detalle… Pero Él se ha sentado en la cima del monte contemplando «todo lo que ha hecho mi Padre», como Él dice siempre. Y es que siempre se está chuleando con lo de su papá. ¡Ya está bien, Dios mío, ya está bien de tanto presumir! ¿No quedábamos en que todos éramos hijos de Dios? Me he acercado y le he dicho:
– Jesús, oye… – Él ni caso
– Jesús, una cosa… -y Jesús como si nada.
– ¡Jesús! -le digo ya levantando la voz. Hasta que poniendo mala cara me dice:
– ¿Por qué me interrumpes, apóstol? ¿Es que no ves que estoy hablando con mi Padre? ¿No ves que estoy orando? ¿Qué quieres?
– Nada Jesús, nada… Sigue, sigue, de charleta con tu Padre si quieres…
– ¡Pero tú qué te has creído! No, venga, dime. Ya nos has interrumpido. ¿Qué quieres?
– Que es que… que tengo hambre… – Y señalé mi pedrusco haciendo un gesto de mi nariz judía y barba canosa, como diciéndole al hijo del Creador, que, bueno, que qué pasaba con lo de los bocatas.
Entonces sube las cejas Jesús, con unos aires… unos humos, como si fuera la esposa de un fariseo y dice con una leve sonrisilla:
– No. Ya ves. Hoy no hay milagro…
– ¡Pues tócame las narices!
Me levanté y me senté apartado de Él y de todos. Además, bien cabreao. Entonces se me acercó Juan. Me puso la mano en el hombro y me dijo:
– Desde luego, Judas, no me extraña que lo quieras matar. El tío no hace más que joderte todo el rato.
(Es una versión de un chiste)
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por enriquebrossa | 10 10+00:00 Dic 10+00:00 2013 | Erótico, LIBROSSIANO
Hueles mucho a mí. No importa lo mal que te sepa mi recuerdo; aunque sientas la rabia que sientas.Todos mis olores están en ti. No hay parte de tu cuerpo ni en tus prendas que no esté impregnada. Tu nariz no deja de percibir distintos momentos y sucios matices. Especialmente, tu pensamiento, sigue recorriendo los aromas que querrías detestar. Cierra los ojos, abre la boca, y recuérdame. Respírame. Inhala otra vez aquellos instantes. No puedes evitarlo. Estoy aquí. Aunque te duela, sigo dentro de ti. Moviendo tus labios y manos. Durante un tiempo vas a ser mía. Tardarás años en olvidar.
por enriquebrossa | 10 10+00:00 Dic 10+00:00 2013 | En el lado positivo, LIBROSSIANO
Los ojos de mi hijo son grandes, redondos, claros y lo esperan todo de mí. A través de esa mirada creo ver su corazón. Juega al fútbol con su consola y dice que el delantero centro soy yo. Me ensimismo viéndole sonreír. Se da cuenta y me pregunta qué me pasa. Nada, hijo. Estaba pensando… Os dejo. Tengo miles de cosas muy importantes que hacer por él. http://ow.ly/rAifV
por enriquebrossa | 10 10+00:00 Dic 10+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Relatos
Todo lo que estoy contando ocurría en aquel año en que tanto llovió en Madrid. Porque en Madrid hay años de esterilidad y de sequía. Años de vientos que arrancan las ramas y años también de aguaceros tercermundistas. Nunca nada apocalíptico. Pero es una ciudad cuajada por la inconstancia. Pocas nieves atlánticas, por mucho que nos empeñemos: solamente una vez por lustro llegan aires del norte que cubren de blanco asombro las aceras durante pocas horas, pero se diluye y se ensucia en seguida, porque nada salvo lo errático persiste en este suelo. http://ow.ly/rAi4L