por enriquebrossa | 13 13+00:00 Dic 13+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Relatos

Huerto de los Olivos
Hoy he subido al monte con la piedra más grande de todas.
Un día Jesús dijo que nos sacrificásemos y que subiéramos piedras al monte de los olivos o a no sé cuál. Yo llevaba una piedra muy pequeña, porque a mí estás historias no me entusiasmaban. Total: que subí el primero y muy descansado a la cima. Cunado llegaron todos, Jesús se puso en plan hijo de Dios como hace siempre y la verdad es que hizo un milagro, las cosas como son. Convirtió las piedras en panes. ¿Qué pasó entonces? Pues que todos se hartaron de comer y yo me quedé con hambre. Lo hace a mala idea… Algunos dirán que no, pero yo sé que lo hace a mala idea. Desde entonces mi piedra siempre es la más grande. La subo haciendo esos sacrificios que Jesús nos pide, que no sé para qué sirven. Siempre llego el último a la cima, exhausto, molido de cansancio, con la esperanza de que Jesús convierta mi gran piedra en un súperbocadillo de chorizo de los que dejan asomar las rodajas por todos los lados. Pero desde entonces, oye, qué casualidad: ya no ha hecho más trucos.
Hoy ya no he podido remediarlo. Como decía, he pillado una piedra enorme, que casi no podía con ella. Esperaba que ya se marcase un detalle… Pero Él se ha sentado en la cima del monte contemplando «todo lo que ha hecho mi Padre», como Él dice siempre. Y es que siempre se está chuleando con lo de su papá. ¡Ya está bien, Dios mío, ya está bien de tanto presumir! ¿No quedábamos en que todos éramos hijos de Dios? Me he acercado y le he dicho:
– Jesús, oye… – Él ni caso
– Jesús, una cosa… -y Jesús como si nada.
– ¡Jesús! -le digo ya levantando la voz. Hasta que poniendo mala cara me dice:
– ¿Por qué me interrumpes, apóstol? ¿Es que no ves que estoy hablando con mi Padre? ¿No ves que estoy orando? ¿Qué quieres?
– Nada Jesús, nada… Sigue, sigue, de charleta con tu Padre si quieres…
– ¡Pero tú qué te has creído! No, venga, dime. Ya nos has interrumpido. ¿Qué quieres?
– Que es que… que tengo hambre… – Y señalé mi pedrusco haciendo un gesto de mi nariz judía y barba canosa, como diciéndole al hijo del Creador, que, bueno, que qué pasaba con lo de los bocatas.
Entonces sube las cejas Jesús, con unos aires… unos humos, como si fuera la esposa de un fariseo y dice con una leve sonrisilla:
– No. Ya ves. Hoy no hay milagro…
– ¡Pues tócame las narices!
Me levanté y me senté apartado de Él y de todos. Además, bien cabreao. Entonces se me acercó Juan. Me puso la mano en el hombro y me dijo:
– Desde luego, Judas, no me extraña que lo quieras matar. El tío no hace más que joderte todo el rato.
(Es una versión de un chiste)
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por enriquebrossa | 10 10+00:00 Dic 10+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Relatos
Todo lo que estoy contando ocurría en aquel año en que tanto llovió en Madrid. Porque en Madrid hay años de esterilidad y de sequía. Años de vientos que arrancan las ramas y años también de aguaceros tercermundistas. Nunca nada apocalíptico. Pero es una ciudad cuajada por la inconstancia. Pocas nieves atlánticas, por mucho que nos empeñemos: solamente una vez por lustro llegan aires del norte que cubren de blanco asombro las aceras durante pocas horas, pero se diluye y se ensucia en seguida, porque nada salvo lo errático persiste en este suelo. http://ow.ly/rAi4L
por enriquebrossa | 9 09+00:00 Dic 09+00:00 2013 | LIBROSSIANO, Relatos
Por fin mi viejo amigo empezó a contarme cómo se encontraba de decepcionado y de apático. Nuestras borracheras elucubrativas de la juventud ya no eran tan apasionantes. Mientras me hablaba, creí que le iban a caer los ojos en el gintonic:
-Un día puede ser una perdida de tiempo. Una vida también.
-O no -le dije yo.
Él expresó sus dudas con un apretar de morros. Mientras el camarero le ponía otra copa sin preguntarle, siguió filosofando.
-La vida es ante todo un periodo de tiempo durante el cual no puedes ocuparte más que de una sola cosa, que es vivir. Lo puedes hacer de muchas maneras, pero en el fondo… es vivir, y nada más. Y de eso no se puede salir, sin salir de la vida, claro está. Y si sales de la vida, no es que hagas mucho más. No sabemos exactamente lo que puede ocuparte, pero se impone la idea de que la no existencia será algo bastante monótono e inactivo. Vistas así las cosas, yo creo que hay pocas opciones, tanto si existes como si no. Pero no hay a dónde ir ni a quién protestar. Es una situación extraña, que te deja un poco perplejo, porque es como que te han dejado aquí, sin decirte nada, ni te dan un papel con una explicación… aunque fuera una web o un número de teléfono. Nada. Por mucha gente que haya en la ciudad yendo y viniendo, me siento en un solar sin construir, dentro de un terreno urbanizado pero sin edificar.
-Jo, cómo estás hoy.
-La gente que ves está de paso. Como tú, como yo… Todos somos como los muertos vivientes de las películas, aunque con aspecto más saludable, en general. Parecemos ocupados. ¿Ocupados en qué? Como si preparásemos un viaje. Pero nuestro viaje se acaba aquí. Nos quedaremos en este solar vacío. Entonces, ¿qué hacer?
-¡Pues vivir! ¡Coño, vivir!
-Exacto. Lo único, eso.
http://ow.ly/rAhVn
por enriquebrossa | 7 07+00:00 Dic 07+00:00 2013 | Crónicas del firmamento, LIBROSSIANO
Queridos amigos y amigas. Hoy tengo que contaros algo serio de verdad. Espero que los errores del corrector del móvil unidos a los míos, de por sí frecuentes y bochornosos, os hagan sonreír ante mi grave comunicación. Creo que lo mejor que podéis hacer es tomaros esto con una sonrisa y como lo que es: una fase más de la vida. Sí, amigos y amigas, lo cierto es que me he muerto. El otro día empezó a dolerme la cabeza de un modo brutal. Tardé varios días en atribuir peligro a mi dolor, que no se atenuaba ni con medicinas, ni con cama. Cuando decidí ir al médico de urgencias, ya era demasiado tarde. Nunca regresé a mi casa y de mí nada más se ha sabido.
Por favor, no lloreis por mí. Todos tenemos que morir, así que igual podría yo llorar por vosotros.
Qué más decir…
Por ahora es prematuro decir qué tal es estar muerto. No hay nada muy distinto de lo quue siempre imaginé. Como ya suponía, al morirme yo se ha acabado el mundo. Espero no molestaros al haceroslo notar. En cierto modo, eso me incomoda, como si hubiera estropeado la tarde a todos los reunidos. No es mi intención. También he perdido la memoria (bueno, ya en vida fui un despistado, desde pequeño, para qué engañarme) y claro no recuerdo si me morí por decisión propia o por extinción del periodo previsto. Qué cabeza tengo. Pero al menos, no quería partir sin despedirme. No siento desconsuelo. Miro a las tinieblas de frente, con serenidad. Aunque ahora sé que en estas nubes sobre las que flota mi espíritu me seguiré encontrando con esas tías buenas con alas que me mandabais en facebook las autoras de «miseres» (te quiero con todo «miser», me abrazaba con todo «miser»… ). Y bueno… Tampoco es,una mala manera de pasar la eternidad. A ver si las veo.
Hasta siempre.
por enriquebrossa | 7 07+00:00 Dic 07+00:00 2013 | Relatos
Por fin llegó Carmen. Fui a recibirla a la estación de Chamartín el viernes por la noche y la invité a cenar a un restaurante de moda. Ella estaba más guapa de lo que recordaba. ¿Te gusto con mi jersey rosa palo?, me preguntó.
Estaba guapísima, así que no hacía falta responder, sé que se reflejaban en mí su alegrón y sus latidos y que su jersey rosa palo, como ella decía, resplandecía en mi cara. Con tales estímulos, me mostré ameno y brillante. Sí, recuerdo que estuve inspirado. Me porté como un hombre de mundo seduciendo a la niña que viene a la ciudad. Parecía que siempre hubiese vivido allí, perfectamente adaptado, y no que los vecinos me estuviesen volviendo loco.
Cuando volvíamos de la cena me dijo en el coche:
– Estás más hablador pero más tranquilo. Se te ve
más maduro -e hizo un gesto suave con la mano que expresaba tranquilidad.
– Deben de ser los antibióticos que estoy tomando por lo de mi catarro. O el insomnio, yo qué sé. Todo el mundo me dice que me encuentra más maduro últimamente y hace así con la mano como tú, y en realidad estoy baldado por culpa de los medicamentos.
A ella le hizo mucho gracia que a mí los antibióticos me produjeran madurez. Dijo que le parecía genial.
– ¿Sabes lo que significa eso? -le pregunté.
Ella hizo como si se burlase de que me iba a poner filosófico, aunque en realidad yo sabía que esa era una de mis facetas que más le gustaban.
– A ver si lo adivino. Has llegado a la conclusión de que la inmadurez es como un bacilo -dijo.
– Muy graciosa. Lista -ella no dejaba de sonreír-. Bueno pues por ahí ibas bien. Creo que la inmadurez es un exceso de energías. Lo que llamamos madurez es simplemente esa pérdida de facultades.
– ¿Sexuales?
– Quizás también -sentencié.
Me acuerdo que salíamos del semáforo que está enfrente del Palacio de Oriente, cuando ella se colgó de mi cuello y chupándome la oreja me dijo:
– Bueno, pues no madures más, ¿eh? que ahora estás en tu punto…
por enriquebrossa | 5 05+00:00 Dic 05+00:00 2013 | Relatos
Cansancio. Sé lo que es. Se me abre la boca a la vez que frunzo el ceño, y no puedo mantener los ojos abiertos al mismo tiempo. La cabeza se me cae hacia el respaldo de mi sillón giratorio. Se acaba el bostezo, pero la boca sigue abierta y apretados los párpados, con la mueca doliente de un fusilado.
En mi cabeza no cabe una palabra más, una alerta más, una tarea más que recordar. Veo mi abrigo colgado de una percha. Él fue mi compañero, mi último amigo, mi perro fiel, la bandera de mi patria, y también la de mi barco pirata. Ahora, perdidas las naves, será la manta que me cobije cuando viva en la calle, el lienzo con que me tapen el rostro tras la confirmación de mi muerte. Debajo del traje y de mi abrigo estoy yo desnudo, moribundo y obsceno.
(fragmento)