Autorretrato

Autorretrato

 

Soy una maquina de escribir que lleva mucho tiempo sin usar y quiero hablarte de mí:

Español, varón. Adolescente desde hace décadas. Mi educación no fue de letras pero mi pasión sí. He escrito algunas novelas. Soy al mismo tiempo emprendedor y perezoso. Me gusta mucho hablar, pero hablo poco cuando hay poco que decir o que escuchar. Me encuentro muy bien tomando algo en cualquier terraza, tanto en compañía de buenos conversadores, como con algo para leer o para escribir. Disfruto con la polémica. Veo mejor de lejos que de cerca. Odio los detalles. Tengo una relación contradictoria con lo convencional que se refleja en todo lo que escribo. Mi firma, como mi vida, está hecha de trazos paralelos, es decir, que no convergen. Soy algunas veces demasiado cándido, otras desconfiado. Noto que puedo influir en la gente, pero no suelo aprovecharme de este poder. Al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, no siento fascinación alguna por el mal, porque me parece terrenal y simple y dentro de mí hay un arzobispo sin religión ni fieles. Soy solitario y sufridor. Soy un ermitaño en la ciudad. Un audaz aventurero: un explorador ante un despacho. Tengo los pies grandes y los hombros268267_421650041212195_2004627855_n pequeños. Soy el viento de bohemia que se mete en una celda. Sería el mejor de los amigos, si los tuviera, ya que exijo en los demás la madera del árbol que nunca existió. Aprecio la indulgencia y la compasión. Puedo estar ofuscado o lúcido, pero escribiendo me siento mejor. Escribir no es para mí ni un viaje al infinito ni a mi propio interior, sino al centro de la Tierra.

T.

Alguien me oye

Hace días que aprecio algunos signos de que alguien me oye.

Cada vez es más claro.

No es un espía, nadie que aceche, nada que me inquiete.

Pero me escuchan. Sé que lo hacen.

He pedido con fuerza. Y has llegado tú.

¿No es mucha casualidad?

Me he sentido bueno y has aparecido tú.

He hablado en silencio y en silencio te acercabas tú.

¿Tendrá eso significado?

He sentido agradecimiento y... qué grata eres tú.

¡Cuánto deseo aportar!

He escuchado la hierba y la semilla rozar la tierra

Atento espero notar la respiración de quien me observa.

Puede que seas tú.

Puede que sea yo.
Puede que sea Él.
Nadie que aceche, nada que me inquiete.
Pero me escuchan. Sé que me oyen.
He pedido con fuerza. Y has llegado tú.
Me he sentido bueno y has aparecido tú.
He hablado en silencio 
y en silencio te acercabas tú.

ojos abiertos

¿Tienes los ojos abiertos? Eso se preguntaba constantemente. Era el momento de mantenerlos así. Lo notaba, podía percibirlo al callar. Nada crujía, no se notaba zumbido alguno en el aire. El silencio le provocaba una gran excitación. El corazón aumentaba JOVEN-REZANDO-SENTADO[1]su ritmo. Cerraba los párpados apretando con fuerza y se decía que esta vez iba a ganar. Cuanto más los fruncía, más llenaba los pulmones. Y entonces podía ver. Podía ver más. Sus ojos cerrados eran sus ojos abiertos. Se preparaba para ganar la carrera. Su mente y su cuerpo se colocaban en una línea imaginaria de salida. Se tapó los oídos y empezó a escuchar su respiración. A través de los pulgares, que ocultaban los orificios de sus orejas, escuchaba el golpear de los latidos. Comenzó a hablar. Muy bajito, para que nadie le oyera. «Quiero lograrlo», susurró. «Quiero lograrlo», se repetía una y otra vez. «Señor, déjame lograrlo».

Casi creyó que en ese instante su madre le decía que se fuera a la cama. Como de pequeño. En aquella época, cuando era un niño, todo acaba bien y su truco era hacer eso: rezar así. Ganaba todas las carreras. Ahora necesitaba creer que todo podía seguir funcionando igual. «Señor, permíteme ganar. Quiero ganar este desafío». Pero su infancia había desaparecido ya. Ahora que ya era mayor sentía la duda de que Dios le siguiera escuchando. Dios no escucharía a los que dudaban de Él, se dijo.

Aquella mañana,comprendió que ya no bastaría con cerrar los párpados con fuerza, porque ya era mayor. Por eso apretó los puños también, hinchó los pulmones y volvió a ver

Una luz en la mano. Salmos ateos

Tengo una luz en la mano izquierda.

Una llama pequeña, como una cerilla encendida. La tapo para que no la apague el viento. Parece tan débil…

La oculto con la derecha pero temo sofocarla.

Tengo una luz en mi mano.

Tengo una luz en mi mano. La quiero, la acaricio. Le sonrío.

Tengo una luz en mi mano.

No puedo ir a tu casa.

No puedo pasar a saludar a tus padres ni aceptar vuestra invitación para almorzar, presentándome allí con una llamita en la mano. No puedo.

Tengo una luz en mi mano.

Tengo una luz en mi mano. La quiero, la acaricio. Le sonrío.

Nada tiene de malo. de nada me tengo que avergonzar. Pero ha cambiado mi vida. Ya no debo conducir, ni surcar los túneles de la ciudad con las demás personas. Tan solo quiero ver esa pequeña lengua rojiza entre mis dedos.

Tengo una luz en mi mano. La quiero, la acaricio. Le sonrío.llama-en-la-mano-8563822

Tengo una luz en mi mano. Aún no sé para qué es, ni por qué existe. Si la encendí yo con un fósforo o si tú hiciste cosquillas en la palma de mi mano cuando yo dormía. No sé si me ha tocado un ángel o un diablo.  Acaso un cachorro de dragón, ha escupido sobre mí o ha defecado un pequeño fuego.

Tengo una luz en mi mano.

Quiero ponerla en mi pecho pero no puedo. Se que su sitio será mi frente.

Tengo una luz en mi mano.

Mientras tanto no puedo saludar a tus padres ni acudir a mi trabajo.

De nada me tengo que avergonzar. Pero ha cambiado mi vida.

Una llama pequeña, como una cerilla encendida.

La oculto para que no la apague el viento. Pero también temo sofocarla.

Tengo una luz en mi mano. La quiero, la acaricio.
Y cuando la cuido, sonrío.

Sexo repentino

Siempre empiezas el sexo de repente. Me sorprendes. Estás tranquila, sonriendo, cenando relajada, con tus ojos brillando en la penumbra indirecta del restaurante. Cuando llegamos al coche, estás cariñosa, pero habladora. 11947620_1688860484671267_8692250128761834481_nLlegamos a tu casa y siempre da la impresión de que tan estupendo te parezca que pase a por la eufemística última copa, como que me vaya a casa a dormir prontito, que mañana hay trabajo. Pero en cuanto entro a tu salón, saltas sobre mi como una depredadora. Como si sentarme en tu sofá fuese apretar un resorte que actuase de inmediato en tus neuronas. Como si el tresillo fuera tu tela de araña, te vuelves ansiosa y glotona y yo te lo agradezco mucho. Hoy no me has dado tiempo de decirte que el taller de novela empieza este lunes. Que es online y solo vale 60 euros al mes y que los participantes verán sus libros terminados como que me llamo… ¡Enrique Brossa, eso! El del Taller de Relatos. Es los lunes o martes a las 20:00 horas de España hasta las 21:30. Un taller distinto, te lo recomiendo. Horarios adicionales para grupos. Está bien, está bien, ya me callo. No hace falta que me metas los 60 euros en la boca. Si tienes paypal puedes pagar por medio de tallerderelatos@gmail.com y para otros medios de pago, yo te lo explico. Mañana por la mañana.

MIS SALMOS ATEOS: PELDAÑO borrador

Éste ha sido mi día.
Mirad mis errores.
Ésa mi confusión.
Aquí cargo con mi pereza.
Mi tristeza que la veis
bajo mis pies.
Me sirve de peldaño,
endurecida como está,
para parecer más alto
de lo que soy en realidad..
Ved cómo son mis manos intactas.
y estos mis pies descalzos.
Mi cara afilada,
MI espalda torcida,
porque lo quiso Dios
quedó encorvada
Mirad, arrugada, mi camisa.
Adelgazadas mis piernas.
Estos brazos tan flacos
que cuelgan de mis hombros,
Acaban en mis palmas blanqueadas
de las paredes que tiento.
12038557_1692396380984344_7643668603259990078_nÉsta la ceguera.
Y mi mirada vacía.
MIs bolsillos rotos
tal como van los codos.
MI boca seca.
La lengua quieta.
El sueño equivocado
con el día y con la noche.
Mi perro, antes hambriento.
Ahora muerto.
Mi plato huero.
o con pan ácimo y duro.
Mi tiempo perdido,
mis proyectos fracasados,
las oportunidades, idas,
en melancolía se tornaron,
y los recuerdos, en aciagos
La cama oscura
me ofrece descanso.

Ésta ha sido mi vida.
Mi tristeza la veis
bajo mis pies.
Me sirve de peldaño,
endurecida como está,
para parecer más alto
de lo que soy en realidad.