por enriquebrossa | 14 14+00:00 Nov 14+00:00 2014 | Fantasías y ensoñaciones, LIBROSSIANO
Os gustan las frases positivas, ¿Verdad? El pesimismo os hiere. Os contagia. Hace aflorar vuestras propias dudas. Vuestros miedos. Vuestro pánico ante la vida, la soledad, la decepción y la muerte. Y no os resuelve nada. No queréis oír, ni saber, ni pensar… Sois como niñas que se tapan las orejas cuando discuten con su hermana: «bla, bla, bla, no te oigo, no te oigo…». Ahora, ya mayores, conserváis esa misma estrategia ante la vida. Tapar con la mano la información que no queréis ver. Sois frágiles. Pensáis que las dudas son como vibraciones que pueden fracturar ese espíritu de fino cristal; agrietar esos ánimos tan quebradizos. Sois débiles, como yo.
Os comprendo. Quiero deciros que en realidad no soy tan pesimista. Me flagelo por simple modestia cartuja, como si tuviera que compensar el exceso de dones que la naturaleza hubiese derramado sobre mí… pero que tampoco son tantos en realidad, y de los que la vida me viene despojando, de uno en uno, y ya estoy casi desnudo. Me flagelo en exceso, sí. A veces siento que me lo estáis advirtiendo. Os doy la razón. Se agota mi pose descarnada. Ya no me aporta nada nuevo. Es por eso que…
Hace tiempo que he iniciado la preparación de una expedición importante, al menos para mí. He estado planificando esta aventura toda mi vida sin saberlo. Os diré de qué se trata: de la búsqueda de un optimismo no estúpido. Voy a salir a hacer un largo viaje intelectual no exento de peligros. Estoy listo. Salgo mañana. Quiero convertirme en geógrafo de la existencia y recorrer el mundo con el pensamiento. Atravesar las selvas. Visitar los desiertos de momento no, que no me hace falta, porque ya los conozco bastante. Obviaremos lo de surcar los mares, escalar cordilleras y cruzar los cielos, por ser una retórica muy manida y a mi la selva es lo que más me mola en realidad. Voy a salir en busca de un optimismo que no sea blandengue. Sin fotos de cachorritos y sin frases cursis. Un optimismo más fuerte. A ver si lo encuentro, aunque sea en el centro de la Tierra.
Me gustaría mucho que me acompañaseis, pero si os quedáis en casa, espero que estemos en contacto. Os iré contando mi camino, mis hallazgos, dificultades y sobresaltos.
Cierto es que necesitaría financiación, para tan larga empresa, pero, con o sin ella, parto ya en mi carabela, a por El Dorado.
Seguid mis pasos a partir de ahora, como hasta ahora. Y si algún día se pierde el contacto, si mis cartas ya no os llegan y me dan por desaparecido, que los más valientes me busquen cerca de algún Amazonas o en las fuentes de posibles nilos, fértiles y caudalosos, y al encontrarme, que me pregunten:
—Taller de Relatos, supongo.
Un nuevo día. Una nueva oportunidad.
por enriquebrossa | 12 12+00:00 Nov 12+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Ricardito era un niño muy muy muy bueno y más cantor que Joselito. Siempre estaba alegre y siempre cantaba. Respondía cantando gorgoritos a todas las preguntas que le hacía su mamá, o su maestra. Ya fuera buenos días, o me voy a dormir, o puedo ir al lavabo, Ricardito, el niño cantor, siempre lo decía todo cantando y derrochando una gracia… que no se podía aguantar. Tipo «tralalá, tralalá, ay mi maestra del alma, tralalí tralalá, déjeme «usté» ir a orinar.
Un día, Ricardito, corrió a por una pelota que se le escapaba a otro niño de su clase al que quiso ayudar (siempre tan generoso y buen compañero), con tan mala fortuna, que pasó un coche y trágicamente atropelló a Ricardito.
Ricardito quedó tendido en la calle y muy mal herido. A su alrededor se amontonaron llorando los transeúntes. Todos en el barrio querían mucho a Ricardito. llamaron corriendo a su madre y ésta, al verle agonizar, besole, abrazole, y rogole entre sollozos:
– ¡¡¡Ricardito, hijo mío, no te vayas, no me dejes!!! ¡¡¡Dime algo, Ricardito!!!
Y Ricardo mirando con amor a su madre, aunque casi no podía respirar, hizo un esfuerzo por alzar la cabeza y decir::
– ¡Chimpuuuuún!
Y se murió.
Fin
por enriquebrossa | 12 12+00:00 Nov 12+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Mis autorretratos
Recuerdo perfectamente mi primer día de colegio. Yo tenía cuatro añitos, pero ya por aquel entonces, era más alto que los otros niños. No es que eso se me subiera a la cabeza pero… La verdad es que mis compañeros de clase me parecieron más infantiles que yo, que estaba interesado por las grandes corrientes culturales y sociales del siglo XX, partidas de poker y otras cosas así adecuadas para un párvulo. Sin embargo ellos querían jugar a indios y vaqueros. A mí eso, en principio me parecía bien. Pero claro, enseñaban el índice y el pulgar y eso ya decían que era una pistola. ¡Qué tontería! Y para disparar hacían un ruido con la boca ¡Y ya estaba! Si te disparaban, decían que te habían dado. Entonces te tenías que morir artísticamente. Por ejemplo, te llevabas las manos al corazón, cerrabas los ojos y decías: ¡¡¡Me muero!!!! Y te tirabas al suelo. Luego te veía llegar tu madre así de sucio y es cuando de verdad casi te mataban. Pero ¿Y si no te morías? Decías, «no me habías dado», o «me ha pasado rozando la bala por aquí debajo del brazo». Al final, siempre había un niño que se hartaba y decía: «se lo voy a decir ahora mismo a la señorita Querubina, que tú no te mueres nunca».
Así como ahora yo, lo reconozco, debería seguir en primero de carrera, porque no he madurado mucho más, en aquella época estaba «precoz». Me tenían que haber puesto con los de doce años, o no tenían que haber dejado a mis compañeros entrar en el cole tan críos. Porque, a ver. imagínate esto: «A la señorita vas: – y luego te acusaban -Señorita Querubina, «quesque» Enrique no se muere nunca». Vamos, no me fastidies. Tener que adaptarse a eso…
por enriquebrossa | 28 28+00:00 Oct 28+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Relatos
BORRADOR FRAGMENTO
Un día de septiembre en que deambulaba muy triste,el cuarentón resolvió ir al trabajo dando un rodeo con el coche por calles que no solía cruzar. El final del verano le ponía melancólico y la tarde tenía una tonalidad otoñal. No era época todavía de que las hojas de los árboles alfombras en las aceras, pero un fuerte vendaval lo había anticipado. El día era desagradable y aquellas calles estaban casi desiertas a las cinco.
Muchas cosas no iban demasiado bien. Estaba preocupado. Pensó en su padre. Vivía en otra ciudad y hacía mucho que no le veía. Le habían dicho la noche anterior que el anciano estaba ya muy mal. Se iba. Dejando algunas cosas a medias, pensó. En algún momento pensó que siempre estaría allí, sano y claro de mente, haciendo que las cosas marchasen bien. Pero se fue ya al enfermar, sin morirse, y muchas cosas se estaban desmoronando. Empezando por su propia familia.
Aquella noche, al oír las malas noticias, puso la imagen de su padre en la pantalla de su teléfono móvil. Le gustaba verlo, como si fuera la estampita de un santo. Cada cierto tiempo apretaba el botón del dispositivo y miraba a su padre sin acabar de creerse que fuese a acabar así. Se apartó de su camino al trabajo cada vez más. El cielo empezó a derramar pequeñas gotas, pero con la fuerza del viento, se estrellaban en el parabrisas haciendo sonar de un modo un poco intimidante las lunas del coche.
Nada. La vida era… Nada. Algo sin demasiada importancia.
La lluvia y el viento arreciaron. La poca gente que había se agarraba a sus solapas y hundía la cabeza como si tratasen de penetrar mejor en el aire para poder avanzar. Pronto se vio conduciendo en una autovía, saliendo de la ciudad sin darse cuenta. El pavimento estaba ya encharcado y vio por el retrovisor un amenazante camión de gran tonelaje pulverizando agua hacia los lados con sus enormes ruedas. ¿Cómo podía ser tan irresponsable de ponerse tan cerca de su coche a esa velocidad y con esta lluvia? Se negó a acelerar porque la lluvia era ya tan fuerte que no veía bien. El camión acortaba las distancias de un modo amenazante.
Siguió pensando en su padre. Le quería mucho. Por eso todo era tan decepcionante.Tomó el móvil y fue a llamar a la casa de sus padres. Redujo la velocidad y el camión comenzó a protestar haciéndole señales con las luces largas. Adelántame y deja de molestar, imbécil, pensó.
Tomó su teléfono y apareció la foto de su padre. En ese momento se olvidó de que estaba conduciendo… De pronto, la foto de su padre desapareció gradualmente en tres segundos. ¡Nunca antes había desaparecido así la foto en el móvil! Lo tomó como una señal de que la vida de su padre se extinguía en ese momento y frenó el coche bruscamente. Un bocinazo prolongado del camión se oyó como si proviniera del asiento de al lado. Se dio cuenta de que el camión no podría frenar todas aquellas toneladas a cien kilómetros por hora en tan poco espacio sobre un pavimento encharcado y trató de echarse a un lado, pero no había más de un metro de arcén. El camión intentó torcer hacia la izquierda pero el volante casi no controlaba la dirección. De pronto apareció la entrada de un almacén y el hombre del teléfono móvil se metió allí como último recurso. El claxon del camión seguía bramando, como informándole de que estaba a punto de arroyarle. El coche empezó a girar al margen de su conductor, que de pronto empezó a chillar viendo que se empotraba con la columna de la entrada del almacén y que tenía el camión a medio metro detrás. Chilló hasta desgañitarse una sola palabra. Papá.
El auto patinó fuera de control, y se dio a un lado contra la entrada de aquella tienda de muebles baratos, y luego siguió hasta golpearse con la garita del vigilante del almacén. Pudo ver como se caían todos los cristales y la caseta de aluminio se caía con un ocupante dentro. El camión finalmente torció a la izquierda y tras corregir con varios volantazos el camionero recuperó el control y continuó su marcha sin parar de insultarle a base de largos toques de claxon.
El conductor del coche siniestrado miró su móvil y la cara de su padre no reaparecía. Le quitó la batería al móvil y la volvió a poner. La lluvia seguía ruidosa y espesa sobre el capó arrugado del auto. Con la cara totalmente blanca, el vigilante del almacén salió a gatas y como pudo, pero indemne, de su maltrecha caseta, a ver cómo estaba el automovilista y se lo encontró manipulando su teléfono, lo que le sorprendió todavía más que el propio asalto a su garita.
-¿Está bien?
El conductor se le quedó mirando de un modo raro y solo acertó a decir.
– Sí. Lo que pasa es que se ha quedado sin batería.
Enchufó el cargador y volvió a encender el coche.
-¡No lo haga, podría explotar el depósito de combustible!
La gente del almacén de muebles empezó a salir a mirar el espectáculo y el vigilante les explicaba: tiene pinta de ser un loco.
Pero él hizo una llamada con su móvil.
-Hola, que soy yo. ¿qué tal está Papá?
Le contaron que había pasado una gran crisis, pero que de momento parecía haberla vuelto a superar. Gracias a mí, pensó él. Le habría despertado su chillido.
por enriquebrossa | 24 24+00:00 Oct 24+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Puede que provoque cierta grima tener una espada de Damocles sobre la cabeza pendiendo de un pelo de crin de caballo. Yo creo que si no la atas muy alta, la espada solo te hará daño, pero no te matará. La imagen que infunde de verdad miedo es la de la guadaña o cualquier otra hoja afilada que vaya, no dirigida al cráneo, sino a la garganta. Si sientes un filo metálico bien agudo cerca de tu cuello, es cierto: no puedes disfrutar de los acordes de la cítara, ni de la umbrosa ribera, ni de las enramadas, ni de los céfiros.
Si el mundo que te rodea está demasiado afilado, lo mejor que puedes hacer es hablar con alguien de tu confianza. Si ya te has dado cuenta de que no hay nadie que te sirva, bien sea porque no tienen la amistad que tú querrías, o porque nada pueden hacer por ti, entonces opta por meditar o por hacer ejercicio. Si ya has comprobado que eso te suaviza la angustia pero no resuelve tus problemas… entonces, ¿qué te queda? Cortarte la piel de los dedos con solo rozar el borde de la guillotina para confirmar que, en cualquier momento, los puede hacer rodar por los suelos a la vez que a tu cabeza.
por enriquebrossa | 1 01+00:00 Oct 01+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Relatos
BORRADOR
FRAGMENTO
Un asesinato… A ver: «un asesinato, un asesinato…» Dicho así, por supuesto que suena muy fuerte. Pero no es necesario pensar en una cosa que sea como los de la tele o yo qué sé. Con la sangre y todo eso. Puede ser un asesinato que no sea tan, tan, tan… tan asesinato, del modo en el que la gente tiende a mencionarlo. Como si fuera lo más horroroso que hay. A ver: que yo no estoy a favor de los asesinatos. Si es verdad que es horroroso. Para empezar, quiero dejar claro que yo nunca he matado a nadie. Te parecerá que soy mariquita, pero es verdad, yo de momento no he matado a nadie. A lo mejor tú tampoco, yo no lo sé, pero bueno, pues mejor si es así. Hay mucha gente que sí. ¿Quieres otra? ¡Camarero, por favor! ¡Dos más! Cuánta gente ha matado por guerras, ya sea directa o indirectamente. Y se les tiene por gente respetable. ¿No? Lo que quiero decir es que todo depende. En defensa propia todo el mundo entiende que matar está bien. ¡Bueno, bien! No es que esté bien, pero se supone que es lógico hacerlo y moralmente permitido. Y legalmente. Pues ahora imagínate que matas en defensa propia. En el fondo… ¿no es todo en defensa propia? Se alimenta uno de seres vivos en defensa propia. Se miente en defensa propia. Se compite en defensa propia. Se dicen chorradas como hago yo ahora mismo en defensa propia. La vida nos tiene a todos un poco a la defensiva. O a la ofensiva, que es exactamente lo mismo. Sí, hombre, yo sé lo que digo. ¿No me entiendes? La vida… No me mires así, joder, y déjame hablar. Desde luego contigo no se puede hablar de nada serio. Por un día… Pero yo creo que la vida… la vida es… Fíjate, la vida… Es, es es en el fondo… en defensa propia. ¡Claro! Vivir es en defensa propia. Ya está, ya lo he dicho. Vivimos en defensa propia.Siempre estamos al borde del abismo. Todo lo que no cuidamos se deteriora, y en cierto modo te mata o te hunde. Todo lo que hacemos es alejar el peligro y la muerte y tratar de hacerlo de un modo más o menos cómodo,si podemos. Vivimos bajo amenaza de muerte desde que nacemos. Y con tanta abortista revolucionaria de esas, más, porque estamos amenazados de muerte desde antes de nacer. Y si no es una abortista, pues es otra enfermedad. En cuanto llega la vida llega la amenaza de muerte. Es una forma de equilibrio universal un poco jodido, pienso yo, pero es así. Se vive en defensa propia. Si matamos…pues no diré que esté bien, pero… a lo mejor todo es distinto si es uno mismo el que sabe cómo llega a hacer algo así. Yo estaba siendo amenazado. No de muerte. Ni me iban a robar. Simplemente era la vida. La vida me amenazaba con quitarme la vida. O la muerte, no sé. Qué lío. ¿Tú no estás bebiendo demasiado? Estas dos últimas sobraban. Me sentía amenazado Y pensé en matar. Estaba desesperado. Acorralado. No sé si ofuscado o al contrario, por una vez, lúcido. Me di cuenta de que un asesinato era algo… en lo que se podía llegar a pensar.