LA CASA DE LOS BAULES (1)-(4), Enrique Brossa, fuera de concurso. ojo, seguramente mejor en scrivener


Fuera de concurso, os paso este borrador.

 

A la muerte de sus padres, los dos hermanos pasaron a vivir con sus abuelos en un palacete enorme que tenían junto a la zona más bonita del parque, ornamentada con estanques y barandillas de piedra; cisnes y patos;  sauces y abetos; rocas y juncos. Para ellos esto supuso obtener una enorme herencia, tanto en patrimonio como en carencias emocionales, justo al atravesar una edad verdaderamente crítica. (más…)

Limpio

De lejos todo parece limpio y azul. Pero si te fijas, descubrirás que el mundo es mucho más ocre y viscoso de lo que se percibe a simple vista. Querría un café con hielo y un cigarrillo y, recuperados mis primeros anteojos, mirar hacia las montañas, o al horizonte, o al mar, o al cielo. Hacia enclaves remotos; puntos indeterminados. Pero no puedo. Ahora estoy ensuciándome los dedos en una inmediatez más pringosa y adhesiva. Me convertiré en un ser de ínfimo tamaño y allí quedaré atrapado sin llegar nunca a poder separar todos mis pares de patas de esta untuosa realidad por la que últimamente transito.

Un error de apreciación

Esto parece una mesa, con sus cuatro patas. Sí, sí, lo reconozco, es verdad que tiene toda la pinta de ser eso mismo. Comprendo que a mucha gente le pueda dar esa impresión, tan equivocada, por otra parte. Pero no. Ya te lo he dicho antes: es un mar. Es un mar, pero nadie lo ve. Sí. ¿No es un mar? Si, hombre, claro que sí. Y tú me dirás, Enrique, perdona, amigo, pero yo sé lo que es una mesa, y he visto muchas durante mi vida, y de pequeño, permítete que me remonte a tiempos pretéritos, ya veía mesas en casa, que teníamos bastantes y de distintos tipos: la del comedor, la de la cocina, la que estaba junto al sofá, y otras, así que estoy totalmente familiarizado con el concepto mesa y la estética de una mesa me es muy familiar también. Además he visto el mar mil veces y practico windsurf siempre que puedo, busco mejillones en las rocas… y, créeme, Enrique, jamás haría windsurf sin que hubiera algún mar debajo o sin un lago,quizás. Es por eso que te digo muy en serio, Enrique. Lo que tú dices que es un mar y que la gente confunde con una mesa, no es otra cosa, efectivamente, que una simple mesa, corriente y vulgar, de escritorio. Lo que se llama una mesa desde toda la vida, y no tiene nada, pero nada nada, de mar. Es solo tu mesa. Y yo te diré: ¿Cómo es que tú, (y gesticularé con los brazos como un profeta, un Moisés de Hollywood) tú que me conoces, tú, a quien tanto aprecio y valoro, como es que tú (decía) puedes estar tan, pero tan, equivocado? ¿Cómo puede ser tu vista así de superficial? No esperaba de ti que te quedases en la simple periferia de las cosas. ¡Si es un mar clarísimo! Llevo años bañándome en él; nadando en él; conduciendo mi lancha en este mar; y mi buque de guerra, y mi barco de vapor del Misisipi; persiguiendo contrabandistas; enamorando sirenas y buceando en él, y no voy a enumerar exhaustivamente todas las posibilidades de cosas que se pueden hacer en un mar tan maravilloso como éste, al que tú (y te señalaré acusador) llamas mesa, así, sin más. Tan frívolamente. ¡Pero hombre! ¡Y dice que ha visto mesas y mares, el listo! ¡Dios mío, qué levedad!

fotos-lancha

Mucha gente sensata

Mucha gente sensata, demasiada gente sensata, no se arriesga nunca a mostrar sus posiciones. Entonces quedamos en las manos de los peores. Vivimos una especie de rebelión de los necios: los estúpidos, los menos formados, los más radicales, los más gregarios, los más simples, los más sectarios, los manipulables… están sobrerrepresentados en la sociedad española de hoy, por culpa de que la gente sensata y capaz de pensar por sí misma no trata de ocupar su puesto y hacer oír su voz, ya que están calculando si les merece la pena significarse o no. Esto en una democracia es un problema gravísimo. Todos tenemos el derecho y el deber de opinar en igualdad de condiciones de respeto y atención. La sociedad está intoxicada por tonterías, medias verdades y falsedades rotundas. Si entiendes de qué estoy hablando, quizás deberías moverte. Pero ya

Premonición

El día está nublado como una premonición de tiempos oscuros.
Lo más conveniente será encerrar las sensaciones en el mundo de la escritura y reservar más horas para las actitudes y para las acciones en el ámbito de la realidad, y con el sentido de la realidad. Dominar este entrar y salir de esas dos dimensiones, es importante para mi objetivo de lograr una vida más plena. Para que mis universos paralelos converjan, no en el infinito, sino un poco antes, cuando todavía estemos vivos tú y yo. Para que se apoyen, y se mezclen, pero no se confundan. Para que no me arrastren, sino que me sirvan a mí y también te sirvan a ti.

¡Ay, si hablasen!

¡Ay, si hablasen!


Una frase española que se está perdiendo es aquella de: «Ay, si las paredes hablaran». Nunca me ha gustado, la verdad. Estoy en favor de que se siga perdiendo, y para tal fin, ni siquiera debería haberla evocado. La sentencia, además de ser una cursilería rancia, denota mucha ignorancia, o quizás una gran maldad, dado que, como todo el mundo sabe o debería saber, las paredes oyen. No están sordas como tapias. Y hablar, hablan mucho también. Por tanto, me parece muy feo referirse a ellas como si no estuvieran delante. Delante, detrás, a los lados… Lo que no te gustaría que te hicieran a ti, no se lo hagas tú al tabique. ¿no te parece?

cecilia-paredes-1Yo no siempre he simpatizado con las paredes. De pequeño, uno no sabe comunicarse bien con ellas. Son muy paradas, y no se logra un buen entendimiento por lo general hasta mucho después de obtenida la edad para votar. En la treintena o puede que ya en la vejez. Actualmente paso una parte significativa de mi tiempo entre paredes, como todo el mundo, y me llevo muy bien con ellas. Si a mí me introdujeran por unos cuantos años en un presidio, mi tortura serían claramente los presos, y no los muros. Sé que hay mucha gente que se va de este mundo sin haber dedicado un poco de tiempo a escuchar lo que hablan las tapias. Me resulta difícil describir con claridad mis sentimientos hacia ellas puesto que se mezclan la indignación y la lástima. La lástima es por la ignorancia, claro.

Todo parece indicar que he atravesado ya, como diría un comentarista deportivo, «el Ecuador del partido». Durante estas décadas en las que camino por la calle disfrazado de adulto, puedo decir que he sido curioso y que he tratado de aprender algunas cosas. Pero las más importantes me las han contado las paredes. Mis hijos son todavía demasiado jóvenes. Están en esa edad en la que parece que haya que orientarles mucho, pero que no es así. images (48)Realmente viven el tiempo apasionante en el que uno aprende por sí mismo y casi no hace falta nadie más. La función del padre está en lograr que aprendan más despacio, para que cuando salten del nido no se los coma el gato. Sé que aún me quedan algunos secretos que contarles para su mejor vivir. No les explicaré todo por ahora. Esperaré a que yo ya esté en mi lecho, haciendo esperar a la muerte. Ay, procrastinador, me dirá la muerte,siempre lo has dejado todo para el último minuto. Entonces… pediré que me pongan un almohadón para incorporarme y apoyar la espalda y les pediré que se sienten en la cama a mi alrededor. Tomaré sus manos con las mías, probablemente ya huesudas y frías, y veré sus caras serias e incómodas, porque la juventud siempre apremia. Entonces… Entonces tampoco les diré esos secretos. Solo aconsejaré solemnemente que escuchen a las paredes de vez en cuando. Que hablen con ellas de verdad. Con el primer café del amanecer de invierno. O unos segundos mientras se secan junto a la ducha. O mientras esperan en el recibidor del dentista, o antes de una entrevista de trabajo. Que escuchen a las paredes, sobre todo a aquellas que estén más vacías. Que conversen con ellas cuando la gente duerme. Con sinceridad. Nadie puede engañar a las que están pintadas de blanco, por ejemplo. Ellas lo saben todo y se lo contarán todo. Algún día. No hay prisa. Tiempo habrá. Más tarde o más temprano, en las paredes vacías mis hijos encontrarán el sentido de la vida. Entonces… cuando yo no esté, quiero creer que se acordarán de mí y comprenderán mirando los muros desnudos y lisos, el porqué de tanto amor.Y el porqué de cierta pena. Y entonces… Entonces serán indulgentes con todos los rollos y los necios discursos que, como esta misma perorata, les haya podido transmitir su padre antes de poder dejarles vivir en relativa paz.