Viste bien sin que nadie lo note

1219594901_850215_0000000000_sumario_normalUn caballero español clásico viste bien sin que nadie lo note. Trata de tener buen aspecto, pero detesta que le digan que su camisa o chaqueta son una preciosidad, No quiere que alguien se fije en una prenda concreta. Al contrario que muchas mujeres u otro tipo de hombres que pueden sentirse felices si alguien elogia su vestido o su traje. Con esto no quiero dar a entender que los españoles seamos el ejemplo a seguir, pero vale la analogía.

Para mí, escribir es lo mismo: al leer las palabras no debo ver palabras. Debo ver ideas, sensaciones, belleza, emociones, música, acción, descripciones, reflexiones, estados de ánimo… Las palabras no deben distraer. No digo tampoco que solo debas usar palabras corrientes. No es eso.

Esconde tus palabras.

He visto que el cielo es un telón roto y oscuro y que las aves solo son jirones rasgados en él.

He visto que el cielo es un telón roto y oscuro y que las aves solo son jirones rasgados en él.

2988579644_613598ce6a_z

Voy a cerrar mi teatro. No sé exactamente cuándo será la última representación, pero lo presiento con cada función que se acaba. No me importa por la muerte de la obra, ni por el silencio de los actores, ni por los focos apagados, ni por el sobrecogedor auditorio en sombras. No me da miedo nada, excepto una cosa. Ver el escenario sin decorados. El mar de cartón se romperá. El cielo, que parecía de cristal, se descolgará hasta que alguien termine por arrancarlo de la tramoya, para ponerlo de fondo en cualquier otra ficción. Mi sala quedará vacía y solo permanecerán el suelo, el vacío y el frío. Lo he vivido en sueños..images (2) Entrar y mirar desde el proscenio. Ver que el firmamento ya no es sino un gran borrón oscuro formado por una tela grande, vieja y pesada de un color sucio y azul, más oscuro que el petróleo. He creído ver un ave surcando el aire, pero solo era un jirón rasgado en el lienzo. Pensaba que estaba la luna, pero era otro roto en la tela. No había muro detrás del escenario salvo el de la negrura. Pero el telón impide que las sombras de la verdadera noche iluminen el escenario, que ahora es más negro aún que las tinieblas.

Haré una última reverencia y caminaré hacia la noche que se adivina tras rebasar el último cortinaje.

Café

He vuelto a tomar café. Déjame respirar hondo. Umm, cuánto me gusta. Recuerdo el aroma. Lo percibo como si lo estuviera oliendo ahora mismo.

Me gusta mucho como me siento bajo sus efectos. Fuerte. Despierto. Me inclina a actuar más que a pensar. ¿Para qué pensar? ¿No debería tenerlo ya todo suficientemente pensado? ¿Me queda algo por filosofar? ¡Para qué más! ¿Quería saber? Pues ya lo debo de saber todo. No sé qué querría aprender, la verdad, y probablemente no he entendido nada.

Qué importante es un buen café, uno bueno de verdad. El café me elimina la perplejidad. Me pone en marcha. Aporta concentración y silencio.

Hace tiempo que no estoy pensando en nada.

No estoy…

Eso en realidad es un «aunque». Sí, lo he puesto sin saber bien por qué, pero creo que ha sido un aunque. Si es «aunque no estoy».

No estoy. Solo hago y hago. Eso está bien. Hay mucho que hacer.Lo malo es que entretanto… no estoy. ¿Pero para qué estar? Yo estoy aburrido de tanto estar. Y por otro lado, ¿quién lo necesita?

Quizá cuando muera, justo antes, recuerde qué es lo que quería descubrir o comprender. O quizá esté más confundido que nunca. Seguramente, así será. Bueno, cuando me esté muriendo, sobre todo,me estaré muriendo, y eso tiene que ser una tarea bastante absorbente. ¿Me moriré distraido?

Si sigo tomando café, dormiré con las cosas hechas. Se mere uno más tranquilo, más profundamente muerto, cuando las cosas han quedado hechas, terminadas y finiquitadas.

Se ha inventado una enfermedad anglosajona como el estrés, que es de gran utilidad para que las revistas hablen de él. La gente no sabe que está científicamente probado que uno recuerda mucho más aquello que no ha terminado de hacer que todo lo que tiene realizado en su vida. Somos una generación que hace americanadas en grupo subiendo y bajando los brazos y las rodillas en los gimnasios para poder reducir el estrés. Es un error. Lo que hay que hacer es terminar cosas, suprimir el máximo de tareas inacabadas para liberar nuestra cabeza. Tomar café. Limpias tu cabeza del estrés y de los pensamientos mediante la acción. Café como antiséptico psicológico. Es decir, para un cerebro más aséptico. Si estoy bien estimulado, ni sentimientos tengo.

Claro está, que si te tomas un café y te pones a escribir en vez de hacer algo…. tampoco haces nada. Y así nos quedamos como estábamos.

Creo que continuaré. Es decir, que lo dejo. Que dejo el tema sin acabar por ahora. A pesar del café.

De verdad

Eres entre otras cosas el equilibrio. Eres la sensatez. Eres la neurosis. Eres la madurez. La gracia, el secreto, tu gracilidad, el amor, la sensualidad, la maternidad, la vulnerabilidad, la frivolidad, tu verdad, tus lágrimas, el reposo, el orden, tus gestos, tu cuello, tu resolución, tu sacrificio, tu inteligencia, la torpeza, la vida, tu fragilidad, tu perspicacia, tu regazo, tus detalles, la fuerza, la fe, la tristeza, el realismo, tu vaso, tu interior, tu simpatía, tu coquetería, tu garbo, tu superstición, la esperanza, tu mano, la alegría, la atención, la atracción, el cariño, la belleza, tu mirar, tu cuerpo, la memoria, la fantasía, la virtud, tu sexo, tu valor, tu miedo, la resistencia, el cariño, la traición, tu entrega, tu trasero, tus hijos, tus padres, la religión, tu ironía, el misterio, tu desnudez, el optimismo, tus lecciones, tus dudas, las caricias, tu fragancia, mi vida, tu decisión, tu espera, tu paciencia, tus huesos, la rabia, tus prontos, tu paz, tu cabello, tu perdón, tus ojos, tu hablar, tu risa… y tú.

Todo lo que eres parece imposible a la vez

600857_446181925493219_1362106454_n

CABIZBAJO  (Una cosa es andar).

CABIZBAJO (Una cosa es andar).

tristeimages (38)

 

cabizbajoUna cosa es andar. Otra diferente es mirarse andar. Observar como los pies se relevan continuamente en su posición, es una especie de obsesión geométrica. Una actitud introspectiva. Mientras caminas no puedes ver hacia donde avanzas o retrocedes. Una espiral capaz de arrastrarme hacia el trance hipnótico. Es algo similar al autorretrato en el que figura el retratista en un espejo, y la imagen se reproduce cada vez más pequeña evocando el concepto de infinito. Las manos en los bolsillos. La vista hacia el suelo. Camino pensando en ti y cuidando al mismo tiempo de no pisar las rayas. Avanzo en la noche cerrada como un invidente, porque la noche realmente está en mí. Son dos indicios de una mente obsesiva. Jugando a no pisar lo negro, como de pequeños, mantengo un ejercicio gráfico imaginario de bordillos y aceras. Sin poder ver hacia donde voy o retrocedo, con qué o quien puedo tropezar, dónde y cómo me pueden atropellar. No es mi culpa. Es del español. El español es un idioma introspectivo lleno de reiteraciones, dobles negaciones y cuádruples redundancias que llegan al propio vocabulario. Vocablos como medioambiental, contigo, ensimismado, etcetera. Mi cabeza se ha llenado de bucles, no en el pelo sino en las ideas. Solo puedo mirarme andar.

Sombra-Cabizbajo

Baches

Baches

Atornillados al pavimento hay unos baches de goma para que los coches reduzcan la marcha. Mis hijos van en el asiento trasero. Alex en su silla infantil a la derecha clava su mirada en la mía a través del retrovisor. Está serio. Entonces yo grito.

– ¡¡¡Cuidado hijos míos!!! ¡¡¡Nos atacan, bajad la cabeza!!!

Empiezo a dar volantazos de un lado a otro y al pisar los baches a considerable velocidad se oye un ruido tremendo en mi coche como si nos disparasen. Las niñas me siguen la broma y piden socorro entre gritos y risas pero Alex agacha la cabeza y mi mujer trata de hacerse oír más que los ruidos y las chicas diciéndome. 

-¡¡Vale!! ¡¡Para ya!! ¡¡No seas gamberro, que es peligroso!!

Yo no le hago caso y sigo dando golpes de volante y los baches hacen clonc, clonc, clonc, clonc, como si las bombas explotasen cerca del coche y yo las esquivase con mis curvas. Las niñas gritan con todas sus fuerzas y se ríen empujándose hacia los lados con cada curva. Alex está casi llorando pero se da cuenta de que todo es un juego y se ríe con los ojos lacrimosos. Mi mujer me llama al orden con gritos más agudos y todos los demás nos carcajeamos. Llegamos al stop. Me detengo y un coche se pone a nuestro lado. El matrimonio que ocupa un todoterreno nos mira con gesto de censura. Mi mujer les da la razón y aunque el coche está detenido los chicos siguen alborotando. Alex me sonríe desde el retrovisor. Mi mujer sintetiza la escena:

-Qué loco estás.

Alex dice:

– Qué chulo, Papi.

Y sigue mirándome desde el retrovisor.