Caprichos

Caprichos

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En algún momento te enseñaron que por ser mujer se te consentiría todo, y pensaste además que lo que no te permitieran,  te lo permitirías tú misma. Así es como pasaste de ser una princesita caprichosa a una solitaria, antojadiza también, porque esas cosas se curan mal. Tener o no tener razón a ti te da igual. Tú no clasificas las cosas en ciertas o falsas, sino en «me molesta que me las digan» o no. Ser coherente, no te parece importante. 

Desde que recibiste aquel «conmigo no cuentes» que quiere decir en realidad, «me temo que te vas a quedar sola» aun no has entendido lo que te pasa. No tienes la culpa de ser así. Es muy duro, lo sé.

No eres una solitaria más. Eres una modalidad especial. Te hicieron mucho daño de pequeña por no mostrarte cómo y por qué mantener un comportamiento consistente, aunque hubiera sido  en un grado mínimo. Aunque solo hubiese sido con la gente que quería estar a tu lado. 

Lo siento, niña, a mí me daría mucho miedo. De verdad, lo siento, pero no hay nada que pueda hacer por ti.

Los salmos ateos: salmo 1. Siempre el río

Los salmos ateos: salmo 1. Siempre el río

El río me empuja.

Ancho es su cauce.
Cerca ya de la desembocadura
ha perdido en rapidez.

Ha ganado en caudal.
Tiene la fortaleza dulce de un padre.
Pero te impulsa hacia el final.
El río me empuja.
Lento, poderoso.
No me arrastra ni me lleva.

Yo voy en él.

El río me empuja.
Tengo su firmeza, he ganado su empuje.
Antes sonábamos, al chocar por las montañas.
Ahora somos un silencio inapelable

contra el que nadie puede.
El río me impulsa,
lento y poderoso.
Describiendo meandros de interrogación.
Con la fuerza que me da,
con el poder que me transmite,
llegaré al desorden de las olas.
A la muerte en el mar.

El río me impulsa.
Me diluiré entre playas y peces.
Volveré a estallar contra las rocas.
Pero no será como hasta ahora.
Y no  será nunca como antes.
Será una soledad infinita
hasta que me vuelva a evaporar.

Por allí cerca, el río sigue y no muere,
con su silencio imponente.

Yo soy el río y la gota de agua.
El río me empuja.

Río_Negro_by_Sarmiento_Avenue_(Resistencia)

La paz al comienzo del día

amanecer-calle-arbatEl silencio no debe engañarte. Hay una atmósfera de quietud contagiosa a primera hora de la mañana. Sin embargo el mundo sigue girando sigilosamente. Sin parar jamás, los astros siguen recorriendo distancias enormes a velocidades que la mente puede medir pero no imaginar. Y todo en el más absoluto mutismo. La calma es un tigre agazapado que te observa. Que no te engañe la paz al comienzo del día. Al alba los acontecimientos ya están al acecho, los peligros avanzan y tú estás en mitad de su camino, siempre lo estás, y si topan contigo, tratarán de devorarte. La vida y la muerte nunca dejarán de perseguirte. Sigue corriendo.

El día no ha dormido durante la noche.

Zumbidos

zumbidos en los oidos remediosHay un televisor encendido en otra habitación. Su sonido llega atenuado, y es como un batir de langostas en plena ciudad.
La calle está en silencio. Es el escenario de algo que está a punto de ocurrir. Parece que no haya nadie allí, pero está detrás del telón, escondido, sonriendo, esperando el momento de desatar la tragedia. No soporto el calor ni el murmullo metálico que viene de ese otro cuarto de la casa.
Instante

Instante

images (1)¿Te regalo un instante? No digo uno mío. Yo puedo dedicarte todos los que tuve y los que me queden. Pero yo quiero regalarte solo un instante. Sin más. No es de mi tiempo, sino de tiempo. Pequeño. Una mínima porción de relojes parados. De tiempo sin tiempo. Tiempo detenido cuando pensaba en ti. Quisiera expresar sin diminutivos la idea de una levísima fracción de eternidad, valiosa como una pepita de oro por el filón que señala. Te la mando. Está llena de sueños míos, pero tengo la humildad de querértelos mostrar y convertirlos en un obsequio que viaje hasta tí impulsado por mis pensamientos. Solo es un instante. Cuando te llegue, dime algo y te mandaré más.