¡Largo!

Un espabiladillo menos a mi alrededor significa aportar a mis cosas más tiempo. Ese que nadie tiene que hacerme perder.

Advertecia a la gente que dice que soy muy educado. No es cierto. Hay un bruto dentro de mí. Un energúmeno que acecha.
Soy tan sofisticado como un huevo duro. O quizá, como dos. Soy de al pan pan.
Me gustan las cosas claras, y con los contornos bien delimitados. Creo en lo bueno y en lo malo. En lo correcto y en lo incorrecto. En lo hermosos y en lo feo. Prefiero lo primero. Me gusta lo noble, detesto a los impresentables, y los alejo de mí. Y no soporto la más mínima pillería. Soy en eso muy estricto. A veces hay gente a la que le das la mano y mientras te sonríe notas que está pensando el modo de aprovecharse de ti. Si tratan de quitarme 10.000 euros es grave, pero si lo que me quitan vale como un simple cigarrillo, es mucho peor.Cuanto más nimio es lo que te hurtan, más pequeños, miserables e innecesarios son esos personajes insolentes y menos valoran tu amistad. Y en un mundo de listillos, es decir, en el mundo que hay, acepto mi incompatibilidad con todo eso a cambio de un aislamiento espléndido. A mi alrededor quiero verdaderos humanos. Los insectos que se vayan a cumplir con su función fuera de mi casa.

Más sobre el río: sin las certezas y sin las dudas

Más sobre el río: sin las certezas y sin las dudas

Hemos hecho un viaje por un río que arrastra más promesas que gratificaciones. Nos ha proporcionado una peripecia corta y pesada.
A lo largo de estos años hemos encontrado la falta de fe que buscábamos.
La edad nos ha quitado por fin las ilusiones desmesuradas, pero aún conservamos la parte oscura de la pasión.
Hemos perdido sensibilidad y piedad pero no por eso nos hemos hecho más fuertes.
Hemos acabado desengañados respecto de la importancia de la vida y de las vidas de otros, pero eso no nos ha ayudado a comprender mejor el mundo ahora que cuando éramos jóvenes y sentíamos el corazón en los dedos.
Hemos desenmascarado todo cuanto parecía bello y valioso, y hemos descubierto claramente que era todo trivial, limitado o decepcionante.
Así ha sido como nos hemos quedado: sin las certezas y sin las dudas. Por eso te digo una cosa. Solo se cambia a peor.

Este extraño río de las paradojas y los fraudes, que empieza exuberante y crecido para acabar en un charco medio seco. Aporta al viajero una experiencia tan dolorosa como inútil.patagonia

Saber de mí

¡Qué manía con querer saber de mí! Que pongas tu foto, que de dónde eres, que se ve que tienes problemas, cuéntamelos todos… La verdad es que estoy agradecido. La gente pone un interés por los desconocidos enorme, y respecto a mi caso en particular, veo que no soy precisamente el que menos curiosidad despierta. En el fondo me encanta. ¿De verdad? Puede que sí.

Pero lo que me sorprende es que la gente, sobre todo las empáticas señoras, tengan tanto interés en conocer todo aquello que va mal, lo que me haga sufrir, motivos de preocupación, fracasos y frustraciones.

¿Qué hace que algunas personas gocen escuchando a otros confesar todo aquello que es triste y negativo en su vida?

Tengo varias hipótesis como respuesta:
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Hipótesis uno. 
Las señoras creo yo que tienen siempre un instinto que hace que tiendan a amamantarme. ¿Eso le duele al nene? Mamá te lo va curar, ya verás que bien. Te dejas querer y ellas a su vez se sienten bien. ¿Por qué a mis años siguen queriendo darme teta? Pues… no lo sé. Además, las damas, no sé si es por el instinto maternal, tienen una acusada tendencia a dar lecciones sobre la vida, de modo que tú les cuentas algo tuyo y ellas te dicen a la primera de cambio cómo deberías ser, qué deberías hacer. Por muy mal que se sienta una mujer consigo misma, siempre puede resolver tu problema. Y si les gusta un hombre, mucho más. Si una mujer le gusta cómo es un hombre, inmediatamente tratará de cambiarle. A mí no me parece muy lógico, pero es así. Tratan de cambiarnos mediante una mezcla de consejos y besos antes de casarse. Y después de la boda, a base de reproches. Así es como el matrimonio mejora tanto la vida y el espíritu de los hombres. 

1150854_416802535097825_1740229874_nHipótesis dos.
La gente quiere oír tristezas para ver cuándo les toca a ellas contarlas. «Es tremendo eso que me cuentas, no sabes cómo te comprendo. Precisamente a mí me pasó algo aún peor. Déjame que te lo cuente…». Es como si se acercaran a la pescadería y estuvieran esperando su turno, pero en vez de comprar merluza, lo que quieren es contar sus propias penas.

Hipótesis tres.
Confunden la tristeza, con el cariño o con la bondad. El hecho de que sean tres palabras diferentes, debería dar la pista porque son efectivamente cosas muy distintas, que pueden coincidir o no.

En fin, sabed que aunque no os cuente mi vida, y me haga el duro, a mi manera sí que la comparto con los que me leéis, y que disfruto mucho de vuestra compañía.

(Final tierno, para que las señoras no se quejen).

Cómo lo saben

Como-lucir-una-corbata-con-eleganciaEn mi radio suena una emisora en una lengua desconocida. Dos tipos están hablando de modo amistoso y animado en un idioma incomprensible. Llevo unos cuarenta minutos escuchándo. No sé de que hablan. Quizás de que algo está a punto de pasar. Se ríen a carcajadas y no puede saberse por qué. Las risas son desagradables como toses. Las voces son huecas. Parecen de mediana edad. Los imagino obesos y con corbata. 

Quién sabe cómo se habrán enterado de lo que está a punto de ocurrir.

Extraños

Sales de casa. Hace buen tiempo. Caminas y miras el suelo que refleja la luz del día. Ves también el cielo azul. Y tus ojos repasan los edificios de tu ciudad. En cada ventana imaginas gente como tú o familias como la tuya. Lo que tú entiendes por personas normales. Sientes que tu calle es tu casa. 
 

Pues no es así. Tal como quizá te decían de pequeño el mundo está plagado de gente rara. Y la educación generalizada ha empeorado las cosas. Los seres indeseables se camuflan mejor que antes. No son fruto de la desigualdad, sino de la degeneración que esta sociedad provoca.

Ahora las personas extrañas no se distinguen de las normales hasta que ya es demasiado tarde.

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El listo

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Tenemos un órgano que va de listillo, que se llama cerebro. Tanta soberbia tiene este simple trozo de persona que nunca deja de opinar sobre todo, analizarlo todo, y de responder ante cualquier cosa que suceda. Su misión es básicamente resolver problemas, para satisfacer nuestras necesidades, que en muchos casos crea él mismo. Cuando no tiene problemas que resolver, los inventa. El caso es no parar.