Estereotipos

El progreso de la cultura occidental está en la caída paulatina de los estereotipos. Significa no tratarte de un modo especial en función de tu género, religión, procedencia, clase social, nivel cultural, profesión…. Es la extensión natural de una cultura de derechos humanos. Si en una reunión de profesionales hay cuatro mujeres y un hombre, la bromita de decir el hombre «estoy en minoría» no implica odio a la mujer ni mucho menos. Pero implica una mentalidad anticuada, porque en esa reunión hay cinco profesionales y lo demás es irrelevante. El sexo, la religión, o cualquier otra condición humana, puede ser importante, pero nada nos define totalmente y tratar a alguien en función de su etiqueta o estereotipo lo limita y es casi una falta de respeto. El caso más enfermo individual y socialmente es cuando el estereotipo alcanza el grado de prejuicio. Implica toda una opinión previa generalmente negativa respecto a personas. Los prejuicios son devastadores y generan las ideologías más nefastas. Por ejemplo el nacionalismo, que se basa solo en teorizar sobre opiniones arbitrarias del tipo nosotros somos así, los que no son así, no merecen ser de aquí. Los de fuera no son como nosotros. Mezclarnos con estos nos empeora, los de fuera quieren quitarnos lo nuestro. Históricamente, estas simplezas provocan las mayores catástrofes.

Obviar estereotipos nos moderniza, nos hace más cultos, más educados, más civilizados, más pacíficos y mejores personas. Combate los estereotipos. Combate los prejuicios. Combate los nacionalismos. Sea cuál sea tu posición política. Respeta a todos escrupulosamente y todos te respetarán. Haz un entorno social mas feliz.

No voy a quejarme del frío

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Hoy no voy a quejarme del frío porque mi deber es dar abrigo. Tendré que inspirar mis humildes letras en alegrías y en esperanzas. O quizás seguir ilustrando penas, siempre que no sean las mías. Mi tarea no es llorar por mí, sino acudir veloz ante el llanto de los míos. Mi tiempo pasará. Hasta hoy no he tenido ni suficiente egoísmo ni auténtica generosidad. En la segunda mitad de la vida, la vida debe cambiar. No queda tiempo para distracciones. Hay que acabar algunas tareas. Alcanzar las metas que todavía estén por cubrir.

Limpio

De lejos todo parece limpio y azul. Pero si te fijas, descubrirás que el mundo es mucho más ocre y viscoso de lo que se percibe a simple vista. Querría un café con hielo y un cigarrillo y, recuperados mis primeros anteojos, mirar hacia las montañas, o al horizonte, o al mar, o al cielo. Hacia enclaves remotos; puntos indeterminados. Pero no puedo. Ahora estoy ensuciándome los dedos en una inmediatez más pringosa y adhesiva. Me convertiré en un ser de ínfimo tamaño y allí quedaré atrapado sin llegar nunca a poder separar todos mis pares de patas de esta untuosa realidad por la que últimamente transito.

Mucha gente sensata

Mucha gente sensata, demasiada gente sensata, no se arriesga nunca a mostrar sus posiciones. Entonces quedamos en las manos de los peores. Vivimos una especie de rebelión de los necios: los estúpidos, los menos formados, los más radicales, los más gregarios, los más simples, los más sectarios, los manipulables… están sobrerrepresentados en la sociedad española de hoy, por culpa de que la gente sensata y capaz de pensar por sí misma no trata de ocupar su puesto y hacer oír su voz, ya que están calculando si les merece la pena significarse o no. Esto en una democracia es un problema gravísimo. Todos tenemos el derecho y el deber de opinar en igualdad de condiciones de respeto y atención. La sociedad está intoxicada por tonterías, medias verdades y falsedades rotundas. Si entiendes de qué estoy hablando, quizás deberías moverte. Pero ya

Premonición

El día está nublado como una premonición de tiempos oscuros.
Lo más conveniente será encerrar las sensaciones en el mundo de la escritura y reservar más horas para las actitudes y para las acciones en el ámbito de la realidad, y con el sentido de la realidad. Dominar este entrar y salir de esas dos dimensiones, es importante para mi objetivo de lograr una vida más plena. Para que mis universos paralelos converjan, no en el infinito, sino un poco antes, cuando todavía estemos vivos tú y yo. Para que se apoyen, y se mezclen, pero no se confundan. Para que no me arrastren, sino que me sirvan a mí y también te sirvan a ti.

¡Ay, si hablasen!

¡Ay, si hablasen!


Una frase española que se está perdiendo es aquella de: «Ay, si las paredes hablaran». Nunca me ha gustado, la verdad. Estoy en favor de que se siga perdiendo, y para tal fin, ni siquiera debería haberla evocado. La sentencia, además de ser una cursilería rancia, denota mucha ignorancia, o quizás una gran maldad, dado que, como todo el mundo sabe o debería saber, las paredes oyen. No están sordas como tapias. Y hablar, hablan mucho también. Por tanto, me parece muy feo referirse a ellas como si no estuvieran delante. Delante, detrás, a los lados… Lo que no te gustaría que te hicieran a ti, no se lo hagas tú al tabique. ¿no te parece?

cecilia-paredes-1Yo no siempre he simpatizado con las paredes. De pequeño, uno no sabe comunicarse bien con ellas. Son muy paradas, y no se logra un buen entendimiento por lo general hasta mucho después de obtenida la edad para votar. En la treintena o puede que ya en la vejez. Actualmente paso una parte significativa de mi tiempo entre paredes, como todo el mundo, y me llevo muy bien con ellas. Si a mí me introdujeran por unos cuantos años en un presidio, mi tortura serían claramente los presos, y no los muros. Sé que hay mucha gente que se va de este mundo sin haber dedicado un poco de tiempo a escuchar lo que hablan las tapias. Me resulta difícil describir con claridad mis sentimientos hacia ellas puesto que se mezclan la indignación y la lástima. La lástima es por la ignorancia, claro.

Todo parece indicar que he atravesado ya, como diría un comentarista deportivo, «el Ecuador del partido». Durante estas décadas en las que camino por la calle disfrazado de adulto, puedo decir que he sido curioso y que he tratado de aprender algunas cosas. Pero las más importantes me las han contado las paredes. Mis hijos son todavía demasiado jóvenes. Están en esa edad en la que parece que haya que orientarles mucho, pero que no es así. images (48)Realmente viven el tiempo apasionante en el que uno aprende por sí mismo y casi no hace falta nadie más. La función del padre está en lograr que aprendan más despacio, para que cuando salten del nido no se los coma el gato. Sé que aún me quedan algunos secretos que contarles para su mejor vivir. No les explicaré todo por ahora. Esperaré a que yo ya esté en mi lecho, haciendo esperar a la muerte. Ay, procrastinador, me dirá la muerte,siempre lo has dejado todo para el último minuto. Entonces… pediré que me pongan un almohadón para incorporarme y apoyar la espalda y les pediré que se sienten en la cama a mi alrededor. Tomaré sus manos con las mías, probablemente ya huesudas y frías, y veré sus caras serias e incómodas, porque la juventud siempre apremia. Entonces… Entonces tampoco les diré esos secretos. Solo aconsejaré solemnemente que escuchen a las paredes de vez en cuando. Que hablen con ellas de verdad. Con el primer café del amanecer de invierno. O unos segundos mientras se secan junto a la ducha. O mientras esperan en el recibidor del dentista, o antes de una entrevista de trabajo. Que escuchen a las paredes, sobre todo a aquellas que estén más vacías. Que conversen con ellas cuando la gente duerme. Con sinceridad. Nadie puede engañar a las que están pintadas de blanco, por ejemplo. Ellas lo saben todo y se lo contarán todo. Algún día. No hay prisa. Tiempo habrá. Más tarde o más temprano, en las paredes vacías mis hijos encontrarán el sentido de la vida. Entonces… cuando yo no esté, quiero creer que se acordarán de mí y comprenderán mirando los muros desnudos y lisos, el porqué de tanto amor.Y el porqué de cierta pena. Y entonces… Entonces serán indulgentes con todos los rollos y los necios discursos que, como esta misma perorata, les haya podido transmitir su padre antes de poder dejarles vivir en relativa paz.