La historia de Ricardito, niño cantor.

Ricardito era un niño muy muy muy bueno y más cantor que Joselito. Siempre estaba alegre y siempre cantaba. Respondía cantando gorgoritos a todas las preguntas que le hacía su mamá, o su maestra. Ya fuera buenos días, o me voy a dormir, o puedo ir al lavabo, Ricardito, el niño cantor, siempre lo decía todo cantando y derrochando una gracia… que no se podía aguantar. Tipo «tralalá, tralalá, ay mi maestra del alma, tralalí tralalá, déjeme «usté» ir a orinar.
Un día, Ricardito, corrió a por una pelota que se le escapaba a otro niño de su clase al que quiso ayudar (siempre tan generoso y buen compañero), con tan mala fortuna, que pasó un coche y trágicamente atropelló a Ricardito.
Ricardito quedó tendido en la calle y muy mal herido. A su alrededor se amontonaron llorando los transeúntes. Todos en el barrio querían mucho a Ricardito. llamaron corriendo a su madre y ésta, al verle agonizar, besole, abrazole, y rogole entre sollozos:
– ¡¡¡Ricardito, hijo mío, no te vayas, no me dejes!!! ¡¡¡Dime algo, Ricardito!!!
Y Ricardo mirando con amor a su madre, aunque casi no podía respirar, hizo un esfuerzo por alzar la cabeza y decir::
– ¡Chimpuuuuún!
Y se murió.
Fin

Damocles

10440891_1495462624020113_4598773515387824034_nPuede que provoque cierta grima tener una espada de Damocles sobre la cabeza pendiendo de un pelo de crin de caballo. Yo creo que si no la atas muy alta, la espada solo te hará daño, pero no te matará. La imagen que infunde de verdad miedo es la de la guadaña o cualquier otra hoja afilada que vaya, no dirigida al cráneo, sino a la garganta. Si sientes un filo metálico bien agudo cerca de tu cuello, es cierto: no puedes disfrutar de los acordes de la cítara, ni de la umbrosa ribera, ni de las enramadas, ni de los céfiros.
Si el mundo que te rodea está demasiado afilado, lo mejor que puedes hacer es hablar con alguien de tu confianza. Si ya te has dado cuenta de que no hay nadie que te sirva, bien sea porque no tienen la amistad que tú querrías, o porque nada pueden hacer por ti, entonces opta por meditar o por hacer ejercicio. Si ya has comprobado que eso te suaviza la angustia pero no resuelve tus problemas… entonces, ¿qué te queda? Cortarte la piel de los dedos con solo rozar el borde de la guillotina para confirmar que, en cualquier momento, los puede hacer rodar por los suelos a la vez que a tu cabeza.

La frase gastada

Espero no parecer inmodesto si os cuento que hay algo en lo que soy bastante bueno. Es verdad. No es nada tan importante como para que deba ocultarlo así que os lo voy a confesar. Veréis: se me da muy bien adivinar lo que los personajes van a decir en una película.

Por ejemplo:

En una americana de aventuras, suele ocurrir que cuando el protagonista está herido (el típico balazo en el hombro) y la chica está tratando de curarle (le seca la frente sudorosa y le da sopa), él está inconsciente (lo de la sopa llegará después) y junto a la cama, alguien pregunta preocupado:

-¿Crees que se pondrá bien?

Invariablemente la respuesta es esta:

«No lo sé. Ha perdido mucha sangre…»

Mi habilidad consiste en que, medio segundo antes de que lo diga el televisor, yo lo digo y algunas veces me aplauden por eso en mi casa.

Jamás dicen «todavía está muy débil», o «aun está delirando», o «no lo sé, pero come como una lima» o «ahora mismo acaba de ponerle la mano en el culo a Katy»…

¡Jamás! ¡Nunca! Siempre dicen la misma frase:

«No lo sé. Ha perdido mucha sangre»

También a veces se añade la frase:

«Pero es un hombre luchador y muy terco»

¡¡¡Dios!!!

Por favor: no seáis como las películas. Si hay mil modos de contar algo ¿por qué usar la frase que ya está gastada?

Rinitis muy aguda

rinitis_bebesApuntes, borrador.

Durante aquellos años de rinitis continuas, gastaba varios paquetes de pañuelos todos los días. Estornudaba ruidosamente y soltaba por mi nariz trocitos de cerebro, digo yo que de la corteza prefrontal esa. Mi nariz destilaba continuamente conocimiento, goteaba sabiduría. Siento un profundo agradecimiento por quellas alergias. ME aportaron una filosofía resfriada de la vida. Una visión constipada del mundo. Y la mirada de un hombre mocojudo. Más que inquietudes, mi adolescencia y juventud me aportaron picores de nariz y lágrimas, también de dolor y de pena, alguna vez, claro que sí, pero sobre todo, lágrimas de congestión nasal. Entre analgésicos, antigripales y cosas así, perdí el sentido del olfato, lo cual fue muy positivo, porque la mayoría de los olores son malos. Nunca lo recuperé. No suelo contar que desde entonces padezco de alucinaciones olfativas, porque la gente suele ponerme una cara muy rara y creo que se llevan una impresión de mí que no me beneficia. Pero es verdad. Mis pituitarias me engañan. Hasta mis pituitarias me engañan, podríamos decir.Por eso algunas veces, hay personas o lugares que apestan con fragancias inexistentes. Frecuentemente esto son pistas. Días de sol huelen a lluvia. Mujeres que huelen a cordero asado a la brasa, correos con olor a jamón. Son vivencias absurdas y surrealistas que acaban teniendo sentido. Pero de eso podemos hablar otro día. Lo que quería decir, ya hablando totalmente en serio, es que cuando tengo mocos es cuando de verdad me siento identificado conmigo mismo.

Ahí queda.

De lejos

edificios-en-miamiDe lejos todo parece limpio y azul. Pero si te fijas, descubrirás que el mundo es mucho más ocre y viscoso de lo que se percibe a simple vista. Querría un café con hielo y un cigarrillo y, recuperados mis primeros anteojos, mirar hacia las montañas, o al horizonte, o al mar, o al cielo. Hacia enclaves remotos; puntos indeterminados. Pero no puedo. Ahora estoy ensuciándome los dedos en una inmediatez más pringosa y adhesiva. Me convertiré en un ser de ínfimo tamaño y allí quedaré atrapado sin llegar nunca a poder separar todos mis pares de patas de esta untuosa realidad por la que últimamente transito.

Nublado

foto_0000000120140422214406El día está nublado como una premonición de tiempos oscuros.
Lo más conveniente será encerrar las sensaciones en el mundo de la escritura y reservar más horas para las actitudes y para las acciones en el mundo real. Dominar este entrar y salir de esas dos dimensiones, es importante para mi objetivo de lograr una vida más plena. Para que mis universos paralelos converjan, no en el infinito, sino un poco antes, cuando todavía estemos vivos tú y yo. Para que se apoyen, y se mezclen, pero no se confundan. Para que no me arrastren, sino que me sirvan a mí y también te sirvan a ti.