Dos personas excepcionales

Fueron tiempos muy difíciles los que habían vivido. Ahora eran dos personas de extraordinaria fortaleza interior. Él era un tipo especial. Su cara estaba llenade rasguños, como su alma. Y de cicatrices. Y de pústulas… Bueno, lo de las pústulas lo vamos a borrar porque… no queda muy bien. Pero lo que quiero decir es que estaba muy curtido en muchas batallas. Ël era pues, qué les voy a decir yo, como un viejo lobo de la vida, es decir, como un viejo lobo de mar, pero sin mar. ¡Pero en cambio con vida! Y muy, muy curtido, muy hecho. Había vivido de todo. Y eso se reflejaba en la mirada, esa mirada que tanto impresionaba a las mujeres.

Ella en contrapartida era joven y guapa, más aún de espíritu que por su edad. No tenía rasguños por ningún sitio que pudiera apreciarse a simple vista. Ni cicatrices. Respecto a las pústulas ya hemos quedado en que de eso no tenían ninguno de los dos. Pero ella demostraba poseer un carácter impresionante y más cosas impresionantes también. ¡Qué mujer!

Dos piezas así estaban condenadas a encontrarse. El choque sería tremendo. ¿Dónde iban a colisionar él y ella? Naturalmente, compitiendo en un reto proporcionado a su altura. En el Desafió Literario 22. Es el Desafío Literario de Taller de Relatos que conmemora nada más y nada menos que los 6.000 primeros amigos fanáticos de esta página, entre lo cuales espero que te encuentres. Prepárate YA para un desafío ÉPICO.

La madre de todos los desafíos literarios, DL22. Muy pronto en las mejores pantallas. ¡Ah! ¡¡¡Y esta vez TIENE PREMIO DE VERDAD!!! VA EN SERIO.

Cicatrizar

Aquellos días, que fueron los de las heridas abiertas y del alma en carne viva,  tuvieron algo positivo para él. Aprendió a refugiarse en su profesión cuando las cosas no le iban bien. Había muchos consejeros complacientes, como yo mismo,  que le decíamos que la solución a su tristeza era esforzarse menos y centrarse ahora en divertirse más para olvidar. Pero él siempre tuvo claro que la clave era trabajar más y divertirse mejor. Y darle tiempo al tiempo. Y así fue como el sufrimiento le fortaleció y le permitió afianzarse en su vida y en sus proyectos.

Único problema

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A veces la solución no está en seguir tratando de desatar el nudo gordiano, sino en cortarlo. No puedo dedicar mi vida a resolver un único problema o a desenredar un solo nudo. Y menos si además no estoy consiguiendo nada. Hay que cortar.

Diagnóstico.

Un buen diagnóstico. Un diagnóstico evidente, compartido por todo el pueblo cabreado porque le roban. Un diagnóstico perfecto para enardecer a la gente, convertirla en chusma y hacerse con el poder. Y llegar a ser otro tiranillo pseudo revolucionario, que de nuevo haga de un país su corral, y se atreva, encima, a ponerle nombre de democracia, porque cambia la corbata por el chandal o la coleta.

Un buen diagnóstico, un diagnóstico certero de lo que nos están haciendo, es el punto de apoyo y la palanca para que un demagogo turbio goce del trampolín necesario para asaltar el poder.

¿Y el proyecto? Puede que sea un proyecto lamentable, pero seguramente no. Seguramente será más bien falso o inexistente. ¿Y a quién le importa? Lo que la gente quiere es desahogarse detrás de una pancarta y vengarse de los políticos.

Un diagnóstico acertado es lo que permite pasar de una democracia corrupta a una dictadura corrupta y pseudo revolucionaria.

Cuidado.

Buenas noches. Un segundo de vida es mucho.

Foto0136Me pedís este tipo de cosas que no son las que me caracterizan… Suponiendo que me caracterice algo. Luego lo releeré y me cabrearé por vuestra culpa.

Un segundo de vida es mucho. Antes de acostarte, cierra los ojos después de buscar dos o tres estrellas que se asomen entre las nubes y respira hondo junto a la ventana. Yo hago lo mismo. Pienso un instante en gente amiga. En ti, tan lejos de mi casa y tan cerca de mí.

Esos momentos tan simples… Pasan los años y descubres que no se olvidan.
Un leve resplandor se refleja en un charco de la calle. La oscuridad, los brillos después de la lluvia y el silencio de las casas dormidas, quieren contarme algo sobre una mujer soñadora. Adivino unos muslos suaves y unas mejillas tiernas. Quizás sus ojos sean los tuyos… Esta noche, aspira despacio la quietud de las últimas horas y piensa un poco en tu amigo escribidor. Inspira más, y que se alcen tus dos corazones latiendo discretos bajo la blusa. No creas, no pretendo seguir avanzando por ese territorio ahora mismo. Más que tu tentación, hoy deseo ser tu rezo. Solo quiero que llenes tus pulmones con la noche del final de este día mientras pienso en ti. Un segundo importante, una mínima parte de tu vida con significado especial, es más que muchos meses. Idealizar un instante. Pensaremos un abrazo a la vez y se disipará la niebla. Ese segundo… ¿Tú me lo regalarías?

Gracias. Un beso para ti. Buenas noches. Que descanses.

(Borrador)

No soy cinéfilo ni sibarita y sufrir sería mejor

Voy al cine con asiduidad pero no soy cinéfilo. Todo lo que sea ese tipo de poses en las que uno trata de mejorar su imagen siendo (o haciéndose pasar por) expertillo  en algo me parece detestable. Por ejemplo, vas a comer con un señor por motivos de trabajo y pretende impresionarte oliendo el corcho del vino y hablándote de la última botella de Ribera del Duero que encontró en un lugar supuestamente no apto para legos. Si eres un patán no aspires a dejar de serlo,al menos ante mí, dándotelas de experto en vino, o demostrando sibaritismo, o haciendo gala de grandes conocimientos sobre el cine que todos vemos. No eres una minoría selecta. Que memorices actores no me da pruebas de tu sensibilidad y todos vemos las mismas películas en todo el mundo. Tu botella de vino es fabricada en serie junto  con otras decenas de miles y muchos otros la habrán admirado más sinceramente que tú. Resumiendo, yo no voy de nada de eso y no sé de cine. Podría encontrar la película a la que me quiero referir en google, pero me da pereza. Qué quieres, soy procrastinador. Nobleza obliga. Me da igual no parecer muy entendido porque que si os quiero contar la película no es para hablar de cine.

Es una película de extraterrestres. Ese género de películas sobre invasores que van transformando poco a poco a toda la población terrícola en seres sin alma, sin sentimientos, sin emociones. En esa película andaban los humanos obedeciendo órdenes pero ni sentían ni padecían. Porque en los años sesenta, muchos, en todo el mundo, pensaban que el sentimiento era un atraso y el progreso nos haría a todos fríos como ordenadores, como extraterrestres o como alemanes de cabeza cuadrada.

En parte así viene sucediendo. El dicharachero, agitanado, imaginativo y furioso español murió. Permanece silencioso en el autobús, y no pita en los atascos. Se mantiene a dos metros de distancia en la cola del banco. Antes no.  Ahora el español es razonable, tranquilo y borreguil. Indudable es que muchos de los cambios acaecidos en España y a los españoles son muy positivos. Pero sin sentimiento no hay coraje. Algo que no conviene poseer de modo sobreabundante pero que si no se tiene el suficiente no se puede reaccionar ante la adversidad ni de modo individual ni colectivo. Ya buscaré la película otro día para los que la quieran ver y extraer conclusiones. Seguramente no hemos perdido los sentimientos, pero sí la capacidad de reaccionar a causa de ellos, como si pensásemos que son un atraso, ¿Educación? ¿Antidepresivos? Yo no soy médico. Consúltenle a quien lo sea, que yo no quiero ninguna responsabilidad. Pero ¿no sería conveniente reducir las dosis de Prozac de los españoles? ¿No sería mejor volver a sufrir un poco?