Inconsistencia

La falta de consistencia al razonar es algo que molesta a cualquiera. A muchos les irrita en los otros, pero lo practican ellos mismos también. ¡Para eso son inconsistentes! Suele no deberse a limitaciones intelectuales, sino a simple grosería. Implica que la gente no se toma la molestia de pensar y razonar profundamente sus afirmaciones sino que apoya sus ideas como quien es del Real Zaragoza. Porque sí. En una democracia, en la familia, en el trabajo… En todas las áreas, eso al final nos pasa factura. A ellos y a todos.

La manía de vivir

La manía de vivir

Vivir, vivir, vivir… ¡Qué manía con vivir! ¡Como si no hubiera nada mejor que hacer! ¡Piensa en alguna otra cosa, en vez de pasar todo el rato viviendo! ¡Sin parar de existir a toda costa! ¡Pero qué empeño es ese!

Vivimos tanto que nos tenemos que ver continuamente repitiendo errores. ¿Para qué? Necesitamos un sistema de obsolescencia planificada, como cualquier producto de hoy en día. La vida es larga. Yo sé que todo el mundo se empeña en decir lo contrario e interpretarán que trato de incordiar con estas sentencias que nadie comparte, pero insisto: la vida es larga, es demasiado larga. No estamos pensados para resistir tanto. No lo digo por las prótesis dentales, o los problemas en cervicales y las artrosis, sino por cosas más importantes aún que el alzheimer. Por ejemplo, la alopecia de los hijos. ¿A algún padre le gusta ver cómo su hijo se queda calvo? No. A los hijos se les quiere ver crecer, pero no envejecer y menos empochecer. No tiene ninguna gracia. Sobran años a nuestra vida. Por eso interesa casarse tarde; que no sea fácil ver ajarse a los niños. Y hay que suprimir la cotización obligatoria a la seguridad social. A mí que me dejen morir cuando diga la naturaleza, porque al natural todo da mucho más gustito, como me decía siempre una amiga de la infancia. 

Tengo un hijo todavía pequeño. No quiero saber de sus divorcios, sus paros, ni sus declives. Quiero fallecer cuando él esté en pleno apogeo, y me traiga un nieto, como espero que habrá hecho para entonces el resto de mi descendencia.Y entonces ya, dejar de respirar. ¡Hombre, que ya llevo mucho con eso! Dejar de vivir y poder dedicarme de una vez por todas a otro tipo de cosas.

Hoy podría acabar el mundo

Hoy podría acabar el mundo. No es que lo haya profetizado nadie, ¿eh? Solo se me ha ocurrido a mí, por lo del eclipse, y por lo de la marea del siglo. Se presta mucho la cosa a hacer una película de esas de catástrofes y cataclismos. a5f5c-456879_544993522196906_1329542621_oPero si tal americanada se produjera, recordad que la idea había sido mía. Acordaos enseguida, antes de moriros, porque, claro, al ser el fin del mundo, tendréis muy poco rato para pensarlo. Ya me fastidia, porque, oye, pronosticar algo tan importante y que nadie me pueda entrevistar porque se hayan muerto todos… En cualquier caso, tengamos listos los móviles para obtener videos de todo lo que pase, haceros un selfy, y si un marciano recupera la información de nuestros dispositivos terrícolas, que lo pueda ver. Pero, atención, a ver si al empezar decís algo de mí. «Marcianos, mirad: este video muestra cómo se acaba la vida en mi planeta por culpa del eclipse, las lunaciones y todo ese rollo.» Y entonces añadís: «esto el que lo había pronosticado bien era Enrique Brossa, que sabía un montón de mareas y de apocalipsis de esos».Y así el marciano dirá, «jo, qué pena, no ha quedado ni un humano. Si le hubieran hecho caso a un tal Enrique Brossa, esto igual habría sido otra cosa. Pero nada, oye.» Bueno, pues eso. Si al final no nos morimos, nos hablamos si eso.

Experiencia y arrepentimiento

Experiencia y arrepentimiento

 

La experiencia es algo parecido al arrepentimiento. Reconoces que no lo tenías que haber hecho cuando ya está hecho. Uno podría arrepentirse antes de pecar, cuando estaba a punto de incurrir en el comportamiento pecaminoso… pero eso sería una tontería, porque te quedarías… ¡Sin haber podido pecar!. Normalmente primero pecamos y luego ya nos arrepentimos. Pero siempre después. ¡Si es que nos acordamos! Porque yo muchas veces, me arrepentiría de mis actos pero se me olvida. Sí, se me olvida sentirme culpable por ellos y luego un día me acuerdo y digo… ¡Madre mía! ¡La de meses que han pasado  desde aquello! A ver si un día tengo tiempo y me arrepiento, porque es que, vamos, cuando no es por una cosa es por otra y al final todo se queda sin arrepentir. Ahora mismo no puedo porque no sería sincero… Un día que esté más mentalizado… que ahora estoy muy liado. ¡Si es que tengo una de cosas… !

Algo así es la experiencia. La experiencia es al intelecto lo que el arrepentimiento es a la conciencia. Cuando has aprendido de tu experiencia es porque ya te has equivocado. Demasiado tarde. Y la gente dice, hay que aprender de los errores… ¡Qué bonito, madre! Tonterías. Yo sé que no está de moda decirlo, pero, aquí entre nosotros, cuando de verdad aprendo es cuando acierto. Y si no logro acertar, ¿qué he aprendido?

Vivimos en un mundo de frases. Frases, frases y más frases… de las que nos hacemos misioneros evangelizadores antes de llegar a ser fieles devotos. Frases y más frases. Tonterías y más tonterías. «Convierte tu fracaso en un nuevo peldaño. Aprende de tus derrotas y no te rindas. Aprovecha tus experiencias. Si encuentras piedras en tu camino haz con ellas tu castillo y después… » ¡Dios! ¡Qué cantidad de majaderías!

La población mundial está al borde de la depresión. Habría que meter toneladas de prozac en el agua. La peña está necesitada de lucidez y espera encontrarla en internet. En cuatro aforismos sin consistencia ninguna. Falta de realismo como de idealismo, falta de criterio y capacidad crítica. Carencia de pensamiento consistente. Falta de satisfacción y felicidad. Falta de fortaleza moral. Precariedad intelectual. Ignorancia. Y, obviamente, una patética falta de cariño. Éste es mi diagnóstico de los humanos como yo en la era de la información y la hiperconectividad. Ofuscación, iluminados de andar por casa. Medio mundo aconsejando al otro medio. Vendiendo humo unos a otros. Autoengañándose continuamente. Comprando cualquier cosa que suene a esperanza, aunque cante también a timo. Explicando a los demás cómo vivir, cuando ellos no saben cómo sobrevivir. Hay gente enseñando a respirar, cursos sobre cómo pensar, cómo sentir, cómo relajarse, cómo activarse… Un mundo de idiotas. Ahora que hemos acabado en parte con el analfabetismo se nota todavía más el bajo nivel general. La incultura disimulaba mucho la mediocridad. Empiezo a añorarla.

Y en medio de todo esto, digo yo: ¿Por qué nadie tiene una de esas estúpidas frases consejeras para mí?

sorry

Creer que se olvida

6bf1b1cfea09afe459bb3e3ec5054167

Dormir es creer que se olvida. Durmiendo sigues recordando en tus sueños, pero olvidas lo que has recordado. Dicho así, parece algo confuso, pero es peor si añado que durmiendo olvido solo lo que he recordado, mientras que despierto lo olvido casi todo.
Dormir es también olvidarme durante horas de que olvido demasiadas cosas y que recuerdo demasiado otras.

El gato (2)

Los-gatos-duermen-al-sol-Feliway

.

.

El gato pasea por el jardín. Ve una pelota, la empuja con su zarpa y salta un poco. Pero le falta convicción. Ha perdido este invierno la inocencia del cachorro. Deja de jugar con la pelota y sigue quieto observando como un felino, aunque no haya nada que escrutar. No quiere parecerse a un perro vago, ni tampoco a un ratón.