Aire caliente

Aire caliente

Las-carreteras-mas-rectas-del-mundoSolo queda el horizonte.
Persisten el sol y la tarde.
Ecos lejanos de actividad. Hierbas secas en las cunetas. Parecen estar muertas, pero revivirán cuando yo no exista. Cuando mis hijos no vivan ya. Siempre habrá.

Aire caliente.
El mundo se ha aclarado mucho, es verdad. Todo ha resultado ser más simple. Más chato. Pero queda el misterio de las grandes explanadas vacías que están dentro de mí.
A lo lejos, oigo un tren. Lleva ilusiones, expectativas, afanes de otros. Antes llevaba los nuestros.
Un grillo se ha callado. Un motor, a lo lejos. Un vaso con un hielo casi derretido.
Notas en la pared que nadie ha leído. Unas fotos. ¡Qué mayores se han hecho! Los juguetes que regalamos. El perro que murió. Hermanos que no valía la pena tener. Besos desvanecidos y olvidados. Amigos de otras partes. Memoria borrada. Perdidas la indignación y el asombro. Extraviados el dolor y la tristeza. ilusiones dilapidadas.
Aun quedamos algunos. Como yo, que persisto como el sol y la tarde. Y la voluntad, que me mantiene seco bajo el peso del aire caliente, listo para arder y renacer cada año, igual que la hierba en las cunetas, siempre señalando al horizonte.monumentvalley1

 

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ROMANCES DE LA VIEJA DEL PUEBLO. Canción del Pañuelo

ROMANCES DE LA VIEJA DEL PUEBLO

Canción del Pañuelo

Érase un hombre
que guardaba un secreto.
Lo tomó con su mano.
Lo envolvió en un pañuelo
con sus letras bordado.

Cavó un agujero
junto a una raíz,
bajo un árbol seco,
en la ribera de un riego.

Cada mañana
tomaba su azada.
Y se iba dispuesto
a matar a quien viera
su pañuelo bordadozarate 1

Vivía angustiado,
mirando distante.
y era desdichado.

Pero llegó un día,
conoció a una mujer.
Le dio la alegría
y se instaló con él.

A la maña siguiente
tomó su azadón.
-¿Dónde vas tan pronto?
Quedémonos un rato.
-Tengo enseguida
que vigilar algo.

Salió el hombre
a ver su secreto.
Y de pronto parado
díjose circunspecto.

-Vivía angustiado,
mirando distante.
Era desdichado.
Guardando un secreto.
Y ahora de pronto.
Olvidé en un instante
qué envolvía el pañuelo
con iniciales bordado.

Hombre y mujer
a la acequia acudieron.
Junto a una raíz
cavaron un agujero
bajo un árbol seco
en la rivera de un riego.

-No tengas miedo
de encontrar nada malo.
Sea lo que sea
me tendrás a tu lado.

Hallado el pañuelo
los novios chillaron.
Horrorizados salieron
presos del miedo.

La mujer corría,
el hombre la alcanzaba
cayeron al suelo
lejos de la azada.

La cara en la tierra
sus lágrimas mojaba
Sin ver luz siquiera
entre las manos, la cara.
Levantándose él
Una enorme piedra
tomó con sus brazos
mientras ella lloraba.

Dejó caer la piedra
sobre su cabeza
rompiendo su cráneo.
Silencio, tristeza.
Sintiendo algo extraño.

Cavó un agujero
junto a una raíz,
bajo un seco árbol,
en la ribera de un riego.

Cada mañana
tomaba su azada.
Y se iba dispuesto
a matar a quien viera
su pañuelo bordado

Vivió angustiado,
mirando distante.
y huyó de aquel pueblo
tres días más tarde.

El palito

El palito

PJerry_Lewis_10ues es que estábamos en el cine y vi que uno de mis hijos se había terminado el chupa chups y seguía mordisqueando el palito. Se lo cogí, lo fui a doblar con dos dedos pero tenía más flexibilidad de la prevista porque salió disparado a la cara de una chica que había delante. Esta vio con asco el proyectil mordisqueado y lleno de salibilla de mi hijo, que le había golpeado en la cara como un latiguillo. Ya le dije yo: perdone, pero si son babas de un angelito… Y mi familia partiéndose de risa. Estas situaciones de Jerry Lewis me suceden algunas veces.

 
Calor

Calor

Dame pues tu agua si quieres para este día de calor. Dame frescor. Contágiame tu alegría. Pero yo poco te puedo aportar. Depositaré pensamientos sobre tus senos, aunque también amor. Te daré mi abrazo, mi sopor, mi tregua. Mis dudas yacerán junto a ti. Dormirás junto a mis cicatrices. ¿Eso quieres? ¿Verme inconsciente con los párpados arrugados? Si no deseas respirar el aliento de un convaleciente, lo podré comprender. Es tan escaso lo que puedo lograr para ti Yo beberé tu agua. ¿Tú qué obtendrás de mí?

(Escrito en el día de los 42 grados a la sombra)

El león está triste

El león está triste

Cuando tenía siete años o así,  me tocó leer en clase uno de los cuentos del libro de lecturas de mi colegio. Se llamaba algo como «El Rey de la Selva» y trataba de un león en sus horas bajas. El pobre estaba viejo, se le habían caido los dientes, y muchos e los animales que antes le temían y respetaban le molestaban ahora que no podía ni correr. No sé por qué insertaron una historia tan triste en un libro de lecturas para niños. El caso es que me tocó leerlo a mí.

Yo leía muy bien, no debería decirlo pero no leía como los otros niños de la clase que silabeaban como bebés tontos. ¿Algunos todavía lo harán? Yo había aprendido a leer bien. Y creo que por eso ahora me gusta escribir. Sigo usando lo que me enseñaron. A entender las palabras, y entonar los puntos, las comas, las interrogaciones y las exclamaciones o admiraciones. A usarlos como las notas musicales, porque para mi escribir es una cuestión de oído y de musicalidad. Los signos suenan, es evidente que están para representar sonidos. Pero las ideas también guardan una secreta correspondencia con ese lenguaje natural a todos los seres vivos, singularmente a los mamíferos, que alcanza los signos, los colores, los ruidos, los pensamientos, los sentimientos… todo es una misma cosa, y esa es la razón de ser de que todos entendamos y sintamos la música sin que nos la expliquen y  que sepamos cuando un animal de otra especie llora, o amenaza.

Pero me estoy desviando. Lo que quería contar es que me tocó esa historia tan aciaga. Subí a la tarima del aula y comencé a leer. Lo hice lo mejor que pude.

Normalmente, cuando un niño acababa de leer la señorita pedía para él el aplauso de sus compañeros pero cuando yo acabé nadie aplaudió.

Levanté los ojos para ver si recibía mi merecida ración de gloria, pero todos estaban muy serios. Miré a la seño, y ella me dijo con cara de circunstancias, muy bien, siéntate. Bajé de la tarima decepcionado y al llegar a mi asiento vi que mi compañero  de pupitre y amigo (muy bajito él), Pedrito, tenía los ojos enrojecidos.

Nunca he conseguido recuperar esa relato tan desdichado,y tan inapropiado para esas páginas párvulas. Si alguien lo encontrase un día, me daría una gran sorpresa si me lo hiciera llegar.

Cada vez me doy más cuenta de que la importancia de lo que leemos en enorme. A veces creo que esa lectura me influyó en algunos aspectos durante todo el resto de mi vida. Quizás ese día aprendí compasión, lo que sería bueno, pero también algo de pesimismo. Para poder cambiar nuestro destino necesitaríamos recuperar nuestras lecturas, pero como no podemos pasar nuestra vida releyendo lo  ya leído (hay tanto por leer), nos hace falta reescribir cada día nuestros pensamientos y emociones. Porque la lectura más importante es la que hacemos de nuestra propia vida. Tengo que reescribir esa historia del león. Decirle a la gente que estuvo realmente feo que el chimpancé le tirase un coco a la cabeza cuando él se estaba muriendo y que el hurón le mordisquease los codos. Qué mal hizo el elefante de remojarle con su trompa. Todos trataron cobardemente  de humillarle. Tengo que dar altavoz a ese león indefenso, o quizás debo escribir una historia con un final mejor para los reyes agonizantes, con los que deberíamos identificarnos todos.

Escribir ordena las ideas y las emociones. Convierte nuestro bagaje inmaterial en algo tangible, organizado, concreto y te ayuda a dar a cada cosa su justa dimensión al compartirlo con otros. Escribir nos ayuda a superar historias leídas y vividas. Nos emancipamos de argumentos ya abordados cuando ponemos un punto final. Eso nos hace crecer.

Te invito a que vengas conmigo a un viaje muy especial, leyendo y escribiendo conmigo. Iremos juntos cada uno a un sitio distinto. Parece paradójico, pero  no lo es. Como si fuera una aventura de Julio Verne, yo le llamo «Viaje al centro de ti mismo»

¿Te apuntas?

Con los ojos abiertos

Con los ojos abiertos

No estoy en la corriente general buenista. Creo que eso de querer ver siempre la botella medio llena es más un deseo y un ejercicio de voluntarismo que una visión realista de las cosas. La botella, esté como esté, se nos acaba poco a poco, esa es la verdad. 

En mi opinión las cosas no suelen ser tan bonitas como la gente las quiere ver para no deprimirse. Siempre me acuerdo de un tipo que conozco que solía decir: «la vida es dura y al final te mueres». Esta frase me parecía muy divertida…. aunque no deja de ser cierta. Vamos, que vivo y convivo con mi negatividad, presumo de mi visión realista de las cosas, y creo que eso no me impide estar contento y disfrutar de las cosas.

Por lo general, yo también amo la existencia. Aprecio mucho el privilegio de latir durante un tiempo. Aunque no siempre la encuentre tan guapa como  mí me gustaría, puedo besar a la vida con los ojos abiertos.