por enriquebrossa | 23 23+00:00 Abr 23+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Hablo de un viento incómodo. No es una brisa suave. No es un aire fuerte que te despeje la mente. No es el soplo que te ayuda a navegar. No lo es.
Es un viento a golpes, a arrebatos, sin regla, seguidos. Continuos pero también discontinuos. No me obsesiona, pero me irrita. Es la sorpresa permanente. Nadie puede acostumbrarse. Golpea las ventanas, llama a la puerta. Te pide atención a todo, porque todo lo puede tumbar. ¡Cuida! ¡No te dejes nada en el jardín, se volaría! ¡Ojo con el tendedor! ¡Cierra bien la ventana! ¡A ver lo que sacan los niños afuera! !Cierra bien, que se va a portear! Revisa el tejado, que parece crujir…
¡Pero además te incordia, te aturde! No me vence, no me arrastra. ¡Pero cuánto me acosa, Señor, cuánto me acosa! ¡Atormenta! No nos respeta. El viento no quiere más que hacer que todo baile al compás de sus silbidos. No te insta a que le acompañes, te empuja con malos modales, corrigiendo tu trayectoria. Siempre enfadado, huraño. Está molesto y me molesta. No descansa si antes no me altera, y entonces, tampoco.
Un cambio de aires va a ser preciso. Me iré a otras tierras, donde la atmósfera sea más amigable. Donde mis hábitos no estén condicionados por sus ventoleras.Que pudiera mecerme el cabello, hincharme el abrigo, que debiera subirme las solapas, que rompiese los hilos de mi cometa, que fuera frío o caliente… Se lo podría consentir casi todo. Pero no que su presencia sea tan sobreabundante y excesiva, desmedida y desbordada. A favor o en contra, me estimula notar el movimiento en la cara, sentir que me abro camino en el gas invisible que cubre la tierra. No soy marino para la calma chicha, pero tampoco tolero que me hostiguen.
Si tienes prisa, ve, corre, deja de bufar a mi alrededor. Ve, tú sola, con mares y nubes a rachear. Ve a sembrar y a recoger tempestades con otro, que no sea yo. Son tus ímpetus, no los míos. Corre en la dirección que quieras a zarandear por ahí a quién te lo consienta.
Yo me iré, me iré. Me iré a otros valles más suaves. Buscaré un lugar donde pueda volver a reinar. Y te aseguro que en mi nuevo hogar abriré el portón, los ventanales y la tronera. Todos los vanos quedarán sin batiente, de par en par, para que haya corriente. Que el cielo entre y salga por donde quiera, y que mi vida y mi casa se ventilen. Porque ningún viento razonable me molesta. Y tu, remolino insistente y hostil, galerna mía, incontinente, te quedarás allí sola, con esos aires, lamiendo mis paredes, entre las que un día anduve tratando de estar contigo mientras pude, pero dejé de poder. Y como se suele decir, tú le echarás la culpa al viento y yo también a ti, vendaval. Ya no viviré allí. Porque yo amo el viento, pero este viento insolente no me sabe amar a mí.
por enriquebrossa | 22 22+00:00 Abr 22+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Me he despertado el primero. He preparado el café y la mesa del desayuno. Luego han ido apareciendo críos.La mayor me ha pedido que me quite los altavoces de las orejas y hemos estado desayunando ella y yo, hablando sin parar, durante una hora. Luego he ido a ver un revoltillo de hijos alborotando en una cama, que es como el revuelto de setas, pero con niños, unos sobre otros riéndose sin saber por qué.
Existe una felicidad natural. Los niños, el agua fresca, los besos, el día, las risas, la hierba, tus ojos… Lo inobjetable y lo limpio.
por enriquebrossa | 21 21+00:00 Abr 21+00:00 2015 | En el lado positivo, Frases y microrrelatos
Cuando eres capaz de no necesitar a nadie, le cuentas a todos que ya has vencido a la soledad. Sin embargo es posible que te hayas roto algo importante.
por enriquebrossa | 20 20+00:00 Abr 20+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Quiero protestar por el sexismo femenino de baja intensidad, que es el más peligroso.
Los fines de semana, por la tarde, en Antena 3, ponen después de comer una película de psicópatas. De esas en las que el guionista no se lo curra mucho. Generalmente es siempre lo mismo. Uno es asesino, porque sí, porque le da por eso, porque está tarado, sin demasiadas explicaciones. Quizá una leve mención a una infancia difícil, y ya está. La víctima es una mujer, y es la protagonista. Son películas destinadas a mujeres… El marido es siempre medio tonto. Los policías también y al principio no le hacen caso. Al final los policías quedarán admirados de la fuerza del carácter de la mujer. La heroína da mil vueltas a todos los varones y resuelve el caso, y hasta suele vencer físicamente al malo, que a veces es una mala que toma la forma de rival que trata de quitarle el bebé o el marido.
Los hombres no somos tan tontos. Si las mujeres que ven esas películas fueran tan listas, adivinarían todo lo que va a ocurrir ya desde el minuto dos, porque es totalmente previsible. El malo muere en el último minuto o es detenido por la policía. Bueno, algunas veces, cuando la heroína es atacada, en vez de salir a la calle, que parece lo lógico, sube las escalera de su casa, hasta donde no hay escapatoria. ¿No es absurdo? Sin embargo el psicópata acabará por caerse por las escaleras o por la ventana y se clavará algo punzante, como un perchero, una monolito de adorno, o un cuchillo de cocina que llevaba en la mano. Y sangrará por la boca. ¡Muerto! Si hay hilillo, está muerto. Ese hilillo de sangre desde la boca, nunca ha fallado.
En mi opinión las películas para mujeres, como las novelas para mujeres, las revistas para mujeres, etc. son un mal síntoma de la situación de la mujer. Pero de eso no se nos puede echar la culpa a nosotros los hombres. Porque no todos los muertos son nuestros. Y todos los despistes, tampoco.
por enriquebrossa | 19 19+00:00 Abr 19+00:00 2015 | Erótico, LIBROSSIANO
Seguramente nos hemos despertado los dos al mismo tiempo. He levantado la cabeza y tú has abierto los ojos levemente , porque la habitación no estaba del todo oscura. Tus mejillas estaban calientes en la cama como un pan horneado bajo el edredón. Tus labios hinchados, aún más bonitos. He apretado mi frente a la tuya y tú te has enroscado en mi cuerpo como un perezoso en su rama, como un dormilón a su almohada. Parecías disfrutar de una sensación muy confortable. Te he destapado un poco y he subido la camiseta de tu pijama y han aparecido tus senos llenos de dicha, aunque un poco rezongones, como tu boca. Has protegido uno de tus pechos y he tenido que bebérmelo. Te has tapado más, pero remolonamente: dejándome hacer. He tirado de tu pantalón hacia abajo, hasta tus rodillas, y has vuelto a hacer un vago ademán de evitarlo y de esconder la curva de tu cadera y tu trasero a la vista, descubierto, a la intemperie. He apartado tus manos de tu seno y tu pubis y las he puesto sobre tu cabeza, juntas tus muñecas, como a una cautiva, y has abierto un instante los ojos.
-¿Qué me haces, cochino?- has dicho con una leve sonrisa sin casi despegar los párpados.
-Comerte un poco más, -beso su cuello -,ahora que estás recién hecha, recién salida del horno- y beso tus tentadores labios, y tus pechos tan disponibles, mientras ocultas tus ojos bajo un brazo -. Estás calentita… -y te beso otra vez -. Estás crujiente – y me apodero de tus tetas.
-¿Crujiente? -sonríes.
-Y sabes dulce. Y hueles muy, muy bien -chupándola por todo-…a cruasán… o a pan de leche… o a bollo de azucar, o algo así. -Y empiezo a olfatearte por los rincones. Ahogas una risita y respondes en voz baja, como avergonzada:
-¡Cochino, cochino, cochino, cochino, cochino… !- y me abrazas y lames mi oreja mientras con un pie empujas piernas abajo tu pantoloncito de pijama, que queda enredado en el otro pie, pequeño, y medio desnudo.
-Con un poco de miel…