por enriquebrossa | 22 22+00:00 Nov 22+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Relatos
¿Tienes los ojos abiertos? Eso se preguntaba constantemente. Era el momento de mantenerlos así. Lo notaba, podía percibirlo al callar. Nada crujía, no se notaba zumbido alguno en el aire. El silencio le provocaba una gran excitación. El corazón aumentaba
su ritmo. Cerraba los párpados apretando con fuerza y se decía que esta vez iba a ganar. Cuanto más los fruncía, más llenaba los pulmones. Y entonces podía ver. Podía ver más. Sus ojos cerrados eran sus ojos abiertos. Se preparaba para ganar la carrera. Su mente y su cuerpo se colocaban en una línea imaginaria de salida. Se tapó los oídos y empezó a escuchar su respiración. A través de los pulgares, que ocultaban los orificios de sus orejas, escuchaba el golpear de los latidos. Comenzó a hablar. Muy bajito, para que nadie le oyera. «Quiero lograrlo», susurró. «Quiero lograrlo», se repetía una y otra vez. «Señor, déjame lograrlo».
Casi creyó que en ese instante su madre le decía que se fuera a la cama. Como de pequeño. En aquella época, cuando era un niño, todo acaba bien y su truco era hacer eso: rezar así. Ganaba todas las carreras. Ahora necesitaba creer que todo podía seguir funcionando igual. «Señor, permíteme ganar. Quiero ganar este desafío». Pero su infancia había desaparecido ya. Ahora que ya era mayor sentía la duda de que Dios le siguiera escuchando. Dios no escucharía a los que dudaban de Él, se dijo.
Aquella mañana,comprendió que ya no bastaría con cerrar los párpados con fuerza, porque ya era mayor. Por eso apretó los puños también, hinchó los pulmones y volvió a ver
por enriquebrossa | 8 08+00:00 Nov 08+00:00 2015 | Escribir
La muerte da sentido a las historias. Cuando algo acaba tendemos a reflexionar sobre ello, más que durante su existencia. Por eso tantos relatos y narraciones de todos los tipos y calibres, se resuelven con muertes, Muertes tristes, terribles, alegres, esperanzadoras. Hay muertes de todo tipo. Muertes del personaje principal, o de su amante o de sus antagonistas. Eso nos permite poner un punto final y ver la historia en su globalidad. Nos relaja, como el final de un clímax.
No estaría mal terminar algo ahora, que no fuera una vida. Voy a escribir un poco.
Enrique Brossa
Taller de Relatos
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Muerte de Sardanópulos de Eugene Delacroix
por enriquebrossa | 4 04+00:00 Nov 04+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Los nuevos salmos
Tengo una luz en la mano izquierda.
Una llama pequeña, como una cerilla encendida. La tapo para que no la apague el viento. Parece tan débil…
La oculto con la derecha pero temo sofocarla.
Tengo una luz en mi mano.
Tengo una luz en mi mano. La quiero, la acaricio. Le sonrío.
Tengo una luz en mi mano.
No puedo ir a tu casa.
No puedo pasar a saludar a tus padres ni aceptar vuestra invitación para almorzar, presentándome allí con una llamita en la mano. No puedo.
Tengo una luz en mi mano.
Tengo una luz en mi mano. La quiero, la acaricio. Le sonrío.
Nada tiene de malo. de nada me tengo que avergonzar. Pero ha cambiado mi vida. Ya no debo conducir, ni surcar los túneles de la ciudad con las demás personas. Tan solo quiero ver esa pequeña lengua rojiza entre mis dedos.
Tengo una luz en mi mano. La quiero, la acaricio. Le sonrío.
Tengo una luz en mi mano. Aún no sé para qué es, ni por qué existe. Si la encendí yo con un fósforo o si tú hiciste cosquillas en la palma de mi mano cuando yo dormía. No sé si me ha tocado un ángel o un diablo. Acaso un cachorro de dragón, ha escupido sobre mí o ha defecado un pequeño fuego.
Tengo una luz en mi mano.
Quiero ponerla en mi pecho pero no puedo. Se que su sitio será mi frente.
Tengo una luz en mi mano.
Mientras tanto no puedo saludar a tus padres ni acudir a mi trabajo.
De nada me tengo que avergonzar. Pero ha cambiado mi vida.
Una llama pequeña, como una cerilla encendida.
La oculto para que no la apague el viento. Pero también temo sofocarla.
Tengo una luz en mi mano. La quiero, la acaricio.
Y cuando la cuido, sonrío.
por enriquebrossa | 30 30+00:00 Oct 30+00:00 2015 | LIBROSSIANO, PUBLIRRELATO
Siempre empiezas el sexo de repente. Me sorprendes. Estás tranquila, sonriendo, cenando relajada, con tus ojos brillando en la penumbra indirecta del restaurante. Cuando llegamos al coche, estás cariñosa, pero habladora.
Llegamos a tu casa y siempre da la impresión de que tan estupendo te parezca que pase a por la eufemística última copa, como que me vaya a casa a dormir prontito, que mañana hay trabajo. Pero en cuanto entro a tu salón, saltas sobre mi como una depredadora. Como si sentarme en tu sofá fuese apretar un resorte que actuase de inmediato en tus neuronas. Como si el tresillo fuera tu tela de araña, te vuelves ansiosa y glotona y yo te lo agradezco mucho. Hoy no me has dado tiempo de decirte que el taller de novela empieza este lunes. Que es online y solo vale 60 euros al mes y que los participantes verán sus libros terminados como que me llamo… ¡Enrique Brossa, eso! El del Taller de Relatos. Es los lunes o martes a las 20:00 horas de España hasta las 21:30. Un taller distinto, te lo recomiendo. Horarios adicionales para grupos. Está bien, está bien, ya me callo. No hace falta que me metas los 60 euros en la boca. Si tienes paypal puedes pagar por medio de tallerderelatos@gmail.com y para otros medios de pago, yo te lo explico. Mañana por la mañana.
por enriquebrossa | 28 28+00:00 Oct 28+00:00 2015 | Según creo

Cuando los moderados estamos pensando, los radicales ya vienen vociferando, obsesionados con sus propias intenciones, aunque siempre denuncien los intereses de otros. Cuando los cabales optamos por contraargumentar, los sectarios llevan años haciendo agitación y propaganda. Mientras los demócratas aguantamos y respetamos, ellos lanzan piedras y dicen que la democracia son ellos. Cuando los respetuosos hablamos, los activistas ya han empezado a coaccionarnos. Los normales nos dedicamos a nuestro trabajo y nuestra vida. Los agitadores manipulan la situación y ponen palos en nuestras ruedas. Nos insultan, nos estorban y reclaman tolerancia.
¡Ponte en marcha! Deja el rebaño.
Esta es la hora de imponer sensatez. Tendremos que ser los sensatos. ¿Quién si no?