Mi agenda dominical

Hoy es domingo. Lo habréis notado porque el aire huele a tibio a las 9 de la mañana. El café está brotando con puntualidad y las tostadas también. Todos los domingos a las 10:00 voy a comprar fruta a un mercadillo al aire libre, cerca de casa. A las 9:30 debo haber desayunado, estar afeitado, duchado, vestido y listo para salir a las paradas.

A la vuelta iré con mi hijo pequeño y su perrillo a comprar el periódico y unos sobres de cromos de la liga de fútbol. El quiosquero tripón y bigotudo tiene una sonrisa y un nombre redundantes con el día. Se llama Domingo. Después, vamos a salir en coche. Celebramos el cumpleaños de alguien de la familia, a unos 50 Km. de Madrid, en dirección a la Sierra. Volveré al final de la tarde. Cansado, porque los cumpleaños familiares generalmente narcotizan mi voluntad. El día me habrá vencido ya. Pero ahora estoy amaneciendo fuerte. Tengo 30 minutos libres. Voy a ver si cambio un poco el mundo en este rato, como tenía apuntado en mi agenda. No puedo seguir escribiendo, o al final no me va a dar tiempo de modificar el rumbo de la historia.

La avaricia

Algunas personas aunque admiten sus limitaciones, creen serenamente en su capacidad de aprender y mejorar. Eso las convierte en gente ilusionada, honesta y positiva.

Otros llegan a la conclusión de que su talento es mediano en cualquier campo profesional o personal. Como se sienten mediocres justo por eso lo son sin remedio y su capacidad de mejorar se ve aquejada por una severa esclerosis. Todo esto a su vez les genera un enorme rencor que tratan de compensar conquistando el tipo de logros a los que empuja la avaricia. La mediocridad pone en marcha muchos resortes internos. La falta de talento es productiva. Genera negocios y también mucha corrupción.

Todo Napoleón se sabe en algún sentido bajito. La gente crea imperios económicos, si antes no acaba en la cárcel, por rencor contra el mundo, que injustamente le ha negado algún don que tanto adorna a otros. Y también para poder preguntar a todos  con la mirada: ¿quién te has creído que eres? ¿No os creíais más listos que yo?

Una de las mayores fuentes de maldad y de riqueza es la falta de talento o la impresión subjetiva de sufrir esa carencia.

 

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Frases

Sufrimos una epidemia de frases huérfanas muy apreciadas por mujeres de mediana edad y otros humanos en apuros. La gente abandona estas palabras como si fueran globos, esperando verlas elevarse hacia el cielo infinito para que, de paso, tiren del débil espíritu de supervivencia del hombre actual. Y tal como sucede con los globos, que nunca sabe uno dónde y cuándo cayeron de regreso para volver a pisar la tierra, estas pretenciosas declaraciones parecen desintegrarse por el camino, en algún lugar de la atmósfera sin que les oigamos hacer pop. Frases no solo huérfanas, sino de padres desconocidos, manoseadas y hasta prostituidas, muy categóricas todas, y supuestamente motivadoras; enunciadas como si fueran la clave para salvar el mundo. De duración efímera porque nada sabemos de su contexto, ni a qué razonamiento completo pertenecen o qué filosofía exponen. Con la cabecita hueca, el humano más informado e inconsistente de la historia, lanza sus globitos a semejanza de sus cráneos, llenos de aire o de un gas todavía más liviano, de menor peso aun. La única esperanza es recibir la sonrisa de otro humano igual de infeliz que aplauda el color del hinchable. Y obtener el apoyo de una ilusoria lucidez, valga la redundancia, y con ese ánimo, poder pechar con un tiempo al que creemos que le falta algo. En realidad le falta mucho y le sobra casi todo a esta civilización del nuevo patán, tan patán, tan confundido e informado.

El afeitado matutino

images (34)Afeitarse no es simplemente rasurarse la cara. Es una costumbre romana. Una muestra de la herencia latina. Pero no sólo significa nuestra admiración y respeto por los clásicos. Tampoco pensemos que significa únicamente un deseo de civilizarnos, alejándonos de nuestra salvaje configuración física. Es mucho más que  domesticar nuestra masculinidad renunciando a arañar los rostros suaves de las mujeres con las que amamos. Afeitarse es ante todo  un momento en el que los hombres hacemos muecas ante el espejo para estirar los recovecos de la piel de la cara. El hombre de hoy, gracias a que se afeita el mentón, sabe que no está listo para salir de casa y lanzarse al mundo sin antes poner varias veces cara de mentecato ante el espejo. Tras este ejercicio, puede complementar su puesta a punto images (33)colocándose una tira de tela que pende del cuello llamada corbata. Esto es lo que debe hacer un caballero para empezar esa unidad de nuestra existencia llamada día (podíamos haber dicho simplemente día) y salir al encuentro de su vida. En general, un hombre bien educado, debe hacer muecas ante el espejo cada vez que la Tierra experimenta un giro completo sobre sí mismo. Quizá sin hacer esos gestos en el cuarto de baño el mundo se pararía y en la mitad del planeta seguiría la noche y se quedarían todos a oscuras. Mirarse en el espejo y poner cara de retrasado mental al quitarte la barba contribuye al normal giro del mundo y al progreso de las cosas. Si una mañana no me afeito y siguen existiendo la tarde y la noche,  y si después llega además otro día, es gracias a que otros varones, en involuntaria solidaridad, me están relevando.
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¿Con quién quieres hablar?

Hay un yo más consistente. Sin tanta tontería. Otro más dicharachero. Me gusta más el serio. Pero me lo paso mejor con esta otra identidad superficial y alegre. Otra de mis personalidades es la de muermo, y víctima de atropellos. Infeliz y pupas. Este se parece mucho al tímido, aunque el tímido tiene mucha más miga… Y es generoso. Luego está mi mente de científico racionalista. Es una de mis favoritas, pero ¿a quién le interesa? Supongo que ya conocéis al soñador, cuya mirada se funde con el mar y traspasa el horizonte hasta alcanzar a tus ojos. Eso por lo menos.

Luego tengo dos personajes que riñen por tomar el control. Uno es el adolescente. Fundamental para conocerme. Es de lo mejor que tengo. Pensarás que al adolescente se contrapone el adulto. Te confundes: el que lucha con el adolescente es el niño. Con el niño juega aveces el padrazo, que  solo va con mis hijos, claro. En algunos aspectos no da la talla pero en otros se esfuerza en ser verdaderamente cariñoso y especial. A este le acompaña un sacerdote moralista algo cargante, el cuál discute mucho también con otra firma de cuidado: no sé si es seductor o ligón. Depende. Digo yo que tirará hacia hortera, como la canción aquella del que fue paloma por querer ser gavilán. ¡Ay,amiga! Lamentable muchacho, pero tiene mucho de bueno verle cómo desafía el paso de los años. ¡Y cuánto bien hace… ! Pero luego el fiel no le permite pasarse  nada de nada.

El adulto rara vez hace acto de presencia. No se mete casi, pobre hombre. No nos soporta a algunos de nosotros, como por ejemplo al enamorado, al soñador… Con estos tiene poco que ver. El adulto se lleva bien con el ejecutivo, pero más por respeto que por afinidad real. Con estos dos suelen salir a charlar mi faceta realista. Un tipo a la vez cínico y descarnado. En lo crudo coincide con el melodramático y con el pesimista. ¡Vaya par! Si los ves, sal corriendo. Quedan a veces a comentar las noticias con mi yo del sentido del deber: el responsable.
El muermo que he mencionado antes es otro, pero no te creas que le aceptan del todo.
Algo tiene en común con el trabajador incansable. Siempre recriminando al procrastinador, un tío muy bohemio que  últimamente me resulta francamente molesto. ¡Con lo bien que me he llevado siempre con él! Pero nos estamos distanciando…
No le quites la vista al elocuente. Piensa bien, se expresa mejor, es contundente, ecuánime y sin embargo justiciero. No viene para cualquier cosa…
En fin, como he empezado diciendo, hay un yo más consistente y sin tanta tontería. Pero es muy caro de ver. Ojalá viniese más, y así te lo podría presentar.

12 hombres sin piedad

Solo falta esperar

Solo falta esperar

Si mi estado de ánimo me lo permitiera te diría algo, que sería mentira.

Si mi manera de ser no me lo impididiese, te explicaría algo… pero sería falso.

Si yo no creyera en ti y tú no creyeras en mí, podría confesarte… lo que no es cierto.

Cerraría la puerta, te abrazaría y te engañaría sinceramente.

 

Dame tiempo.