por enriquebrossa | 7 07+00:00 Jul 07+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
(481 palabras)
En «The Castle» acabábamos todas las noches de juerga. Ella se llamaba Blanca. Era adicta a la cocaína. La llamábamos Blancanieves. Viéndola, nadie habría adivinado la vida de crápula que llevaba. Blanca no era una colgada, demacrada y famélica. Estaba… muy rica. Ni gorda ni delgada. De de cuerpo generoso y labios dulces. Era muy alta y cuando mis amigos la rodeaban parecían Blancanieves y los enanitos. Manolo pequeñajo y calvo. Juan gordo y con aspecto de turco. Pedro el enano cabrón. Chema con todo el pelo blanco. Félix, el enanito coñazo… Nunca se comían un rosco. En aquellos días me parecían unos amigos estupendos y muy divertidos. Yo soñaba con ella, supongo que como todos, pero me sentía con más derecho a hacerlo. A su lado todos parecían demasiado… ¡Pequeños! ¡Debería darse cuenta! Blanca tenía presencia e inteligencia. Nos llevabamos muy bien, más de una vez la acompañé a su casa y siempre se quedaba un buen rato hablando conmigo, pero mencionando a su novio.
Aquella noche la bruja de su amiga no sabemos qué le llevó ni qué le metió, pero Blanca se dejó de tonterías. La llevaron a un rincón de la discoteca. Estuvo con unos y con otros. Y luego también: estuvo con unos y con otros, pero a la vez. Le hicieron de todo. Al principio parecía reírse. Luego… no sé lo qué le pasaba por la cabeza. Uno de mis amigos me animó a que aprovechase pero el cubata me sentó realmente mal y tuve que salir a vomitar en ese mismo momento. Aquella escena me había llenado el estómago de nervios. Arrojé en un parterre. Después me senté en el bordillo de un portal, y allí me estuve fumando y pasando frío. Me habían faltado cojones para irme a casa. Y antes me faltaron cojones para interrumpir aquello. De hecho, mucho antes me faltaron cojones para terminar de seducirla las veces en que nos quedábamos charlando hasta el amanecer. Ahora lo veía claro. Me deslumbró. Traté de chillar pero…
Tras vomitar, se me pasó de golpe el mareo. Peor fue el efecto de aquella estridente ambulancia que venía hacia mí. Salió personal sanitario corriendo y se metieron en la discoteca. Apoyé la espalda en la puerta de hierro de aquella vivienda y reflexioné sobre la mierda del sitio, mierda de amigos y mierda de mundo. Abrieron la puerta, salieron unos señores y yo me puse de pié.
Estaba helado e imagino que blanco como un muerto. Mi abrigo estaba dentro de aquel antro. Quise entrar al Castel y entonces la vi salir tumbada y rígida, medio desnuda en la camilla. Cuando la subían a la ambulancia, la policía ya controlaba la entrada del Castel y se acercaron a hablar con el médico.
Justo en ese instante llegó su príncipe azul. Empezó a chillar, y a besar a su novia. Pero Blancanieves no se despertó.
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por enriquebrossa | 4 04+00:00 Jul 04+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Un espabiladillo menos a mi alrededor significa aportar a mis cosas más tiempo. Ese que nadie tiene que hacerme perder.
A la gente dice que soy muy educado. No es cierto. Hay un bruto dentro de mí. Un energúmeno que acecha.
Soy tan sofisticado como un huevo duro. O quizá, como dos. Soy de al pan pan.
Me gustan las cosas claras, y con los contornos bien delimitados. Creo en lo bueno y en lo malo. En lo correcto y en lo incorrecto. En lo hermosos y en lo feo. Prefiero lo primero. Me gusta lo noble, detesto a los impresentables, y los alejo de mí. Y no soporto la más mínima pillería. Soy en eso muy estricto. A veces hay gente a la que le das la mano y mientras te sonríe notas que está pensando el modo de aprovecharse de ti. Si tratan de quitarme 10.000 euros es grave, pero si lo que me quitan vale lo que un simple cigarrillo, es mucho peor. Cuanto más nimio es lo que te hurtan, más pequeños, miserables e innecesarios son esos personajes insolentes y menos valoran tu amistad. Y en un mundo de listillos, es decir, en el mundo que hay, acepto mi incompatibilidad con todo eso a cambio de un aislamiento espléndido. A mi alrededor quiero verdaderos humanos. Los insectos que se vayan a cumplir con su función fuera de mi casa.
por enriquebrossa | 1 01+00:00 Jul 01+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Eran esos trenes de antes, los legendarios, los que estaban divididos en compartimentos para 8 personas. Entré con mi cara de adolescente en uno de ellos con una bolsa de viaje de lona negra y mis cabellos largos de aquellos años setenta. Había un viejo con boina, una señora de aspecto también pueblerino, un árabe, o como decíamos entonces, un moro y una mujer guapa de unos 30 años. Y yo cinco. Traqueteo, ruido. Vaivén. El árabe era un tipo cuya presencia en principio intimidaba a todos por su aspecto sucio y algo salvaje. Encajé mi macuto en la bandeja que había sobre los asientos.
por enriquebrossa | 10 10+00:00 May 10+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
(sobre el deseo de no decepcionar a un hijo)
Durante los días que Juan estuvo en el paro, nunca pudo creer que su autoestima pudiera llegar a fallarle. Juan era un hombre que se sabía diferente a los otros en algunos aspectos. Ninguna bofetada de la vida le importaba. Lo importante era lo que él era, y eso nadie se lo quitaría por mucho tiempo que estiviera en el dique seco del mercado laboral. La vida continuaba, seguía teniendo cosas importantes. Por ejemplo, el cumpleaños de su hijo. Una de las mejores maneras de celebrar el cumpleaños de un niño de siete años es organizar un simple partido de fútbol con los compañeros de clase de su hijo. Juan, espoleado por su mujer, que siempre estaba atenta a todo, encontró un campito de fútbol muy bien cuidado aunque de pequeñas dimensiones, ideal para que unos quince niños de su edad pasen una tarde estupenda. Después,una merendola con hamburguesa, refresco, patatas, chuches y, cómo no, la tarta con velas. El día señalado llegaron al campo los niños con sus papás. Estos habían acodado poner el dinero del regalo que todos los padres darían por igual. La recaudación fue suficientemente generosa como para comprarle al niño uno de aquellos cuadricópteros teledirigidos. No fue fácil aprender a dirigir aquel cacharro. Al día siguiente Juan y su hijo montaron en sus bicicletas. El hijo llevaba una pequeña bolsa a la espalda con provisiones, una bomba de hinchar unas llaves Allen, pañuelos de papel y cosas así. El padre llevaría el «drone». ¡En su caja, por Dios, sobre todo que no se rompiera! Tuvo que hacerse una especie de mochila con bolsas de plástico, ya que el aparato con su embalaje no cabía en ninguna mochila. El día era estupendo, pero las cuestas arriba con calor son más duras. Sin embargo, la ilusión les impulsó lo suficiente y pese a la poca edad del hijo y la mucha del padre, al cabo de varios kilómetros alcanzaron su meta. Una ermita generalmente abierta pero vacía y solitaria en lo alto de un montículo que permitía una vista preciosa, en una zona con una gran explanada y escasos árboles. Perfecta para aprender a manejar el aparato evitando choques peligrosos con el entorno. El drone acabó el primer intento pese a todo con varios arañazos en las hélices, ya que no era fácil de llevar al principio. Su padre le consoló explicándole que eran heroicas heridas de guerra, que no había que salir buscarlas nunca, sino todo lo contrario, pero que también eran como las arrugas en la frente, un homenaje por todo lo que uno lleva volado en la vida. Disfrutaron como niños los dos juntos hasta que se agotaron las baterías del cacharrito. – Ahora, hace un día fabuloso yel camino a casa es casi todo cuesta abajo.Podemos bajar muy rápido, sin peligro y con el aire refrescándonos. ¡Vamos, que Mamá nos espera con una comida riquísima! Pusieron cuidadosamente el aparato en su caja con todos sus accesorios. El niño era muy meticuloso para todo. Juan se cargó con todo, se subieron a las bicicletas y… Soñaban que hacían esquí acuático, que esquiaban, que se perseguían como en las películas, disparándose tiros el uno al otro. El padre estuvo a punto de matarse por volverse hacia su niño cuando descendía la cuesta a toda velocidad, fingiendo un disparo de pistola hacia su hijo que le seguía por detrás, pero milagrosamente pudo recuperar el equilibrio y controlar la bicicleta no sin que un seto le golpease en la cara y la pierna. Llegaron a la casa felices y exhaustos.
-Antes de comer tenemos que ducharnos,que estamos muy sudados.
-¿Papá, me cronometras la ducha, a ver si bato mi record?
-No. El niño se quedó decepcionado.
-¿Por qué no? -dijo abriendo unos ojos como puertas al mar.
-En vez de cronometrarte te echo una carrera. ¡Preparados, listos ya! Y cada uno se fue corriendo y riendo a su cuarto de baño a ducharse y vestirse antes que el otro.
-Papi, ¿con pelo?
-Con pelo, hijo, siempre con pelo.
Después de comer Juan le dijo al niño:
-Tenemos que poner a cargar tu cuadricóptero. Fueron a su cuarto. La caja del drone tenía compartimentos para distintos componentes y accesorios. Empezaron a buscar el cargador del juguete pero… no lo encontraron. Juan buscó en las instrucciones a ver si e había una lista de componentes. No había tal lista, sin embargo ahbía un apartado en el que salía unafrase. «No use otro cargador ya que podría dañar su aparato». Junto a la frase, aparecía un dibujo del mismo.
por enriquebrossa | 8 08+00:00 May 08+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Las series norteamericanas están llegando a un nivel de calidad que no se encuentra en sus películas de cine.
Ayer vi Mentes Crimnales. Citaron a Adler con un excelente acierto en función del argumento de la historia. La cita es:
No sufrimos por nuestros traumas sino que los aprovechamos para nuestros fines.
Si esta cita te hace pensar en alguien o en ti mismo creo que esta búsqueda en google puede interesarte.
https://www.google.es/search?q=no+sufrimos+por+nuestros+traumas&rlz=1C1SAVU_enES554ES554&oq=no+sufrimos+&aqs=chrome.1.69i57j0l2j69i60j0l2.11443j0j4&sourceid=chrome&espv=210&es_sm=122&ie=UTF-8
Alfred Adler expresó esta idea de un modo más general y en cierto modo menos revelador que como la maneja la película, ya que se refería a la experiencia en general cuando usaba la palabra trauma. La experiencia nos crea dificultades y así aprendemos porque usamos la experiencia para alcanzar nuestros fines. Esto que parece obvio, sin embargo tiene una lectura referida a situaciones más extremas, que también hace Adler y es la que interesa en la película, de modo que cuando le damos a la palabra trauma el sentido grave que se le da en la calle, la frase implica que el trauma te justifica o te potencia para la consecución de tus objetivos. Sirve de punto de apoyo.En el caso de la película de mentes criminales, el asesino recibe del guionista una gran comprensión y respeto, pero no se le exime de culpablidad.
Un negro que fue injustamente acusado de violación y posteriormente castrado por unos blancos cercanos al KKK, se convierte en un mutilador sistemático y asesino de sus verdugos años después. Es impresionante el respeto con el que se trata en la película al asesino, así como el modo en que se le muestra al expectador que ese asesino, aunque merece mucha más simpatía que sus víctimas, ha de pagar por su delito. La película maneja el suspense, la acción y la reflexión magistralmente, sin persecuciones de coches, ni casas que explotan, ni asesinos que se caen por las escaleras en el minuto final y se clavan el cuchillo de cocina.
Los americanos han creado una magnífica industria cultural televisiva que tiene toda mi admiración.
Las comedias televisivas españolas están basadas en una especie de neocostumbrismo zafio, de chistes vulgares, de sal bien gruesa y de personajes ramplones. En vez de ser héroes fuertes, inteligentes y guapos, nuestros personajes favoritos son disparatados, ridículos y penosos. No son como la gente de la calle, que es lo que se argumenta a su favor. Son la caricatura de lo más mediocre de la calle. Y las historias son absolutamente intrascendentes. Las series norteamericanas nos demuestras que se puede llegar a las masas ofreciendo actores que gesticulan poco y transmiten mucho, Con unos guiones que hablan de personajes adultos, profesionales, inteligentes, y de gran interés. Cuentan historias que no están exentas de complejidad y motivos para la reflexión mucho más que los guiones que los propios norteamericanos hacen para el cine, como decía al principio.
España y el resto del mundo Iberoamericano deberíamos pensar un poco al respecto.
Murieron Florinda Chico, y Jose Luis López Vazquez y otros muchos en la cultura española. Respeto y comprendo que algunos sigan la estela de sus películas. Pero tiene que haber más gente, empezando por los productores, interesados en hacer otro tipo de cosas.
por enriquebrossa | 20 20+00:00 Abr 20+00:00 2014 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Al final no he podido cambiar el mundo, porque había demasiados papeles desordenados en mi mesa y así no hay quién haga nada. Me ha dado tiempo de apilar algunos folios. Veremos si encuentro la ocasión para leerlos y tirarlos a la basura. Una jornada en que no tenga que celebrar un cumpleaños de esos que ocupan el día entero. Me lo voy a apuntar, y ya veré cuándo tengo un rato libre, que esté tranquilo, para modificar el curso de la historia. ¡Así, con tantos papeles y con tantos compromisos, no hay quien cambie ni el mundo ni nada!