La última rendija

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Lo mejor que logro encontrar al final de una historia es un quién sabe si tal vez. Esta es la situación del hombre ante la existencia. Queda la esperanza. Una esperanza desesperada, pequeña y helada.  Más que un quizás es un difícil «nunca se sabe». Aferrarse a una falsa incertidumbre. Es una fe escasa, matizada, remota. Una mirada de párpados fruncidos.. Una confianza minúscula. Un débil hilo. El haz de luz atravesando la última rendija que queda antes de que la puerta se cierre del todo. Y quede la oscuridad muda.

Noche

Hoy la noche se siente lejana, como si nunca hubiera existido. Antes llena de significados y ahora no se muestra siquiera. No noto los ecos, no percibo los rumores. La oscuridad está vacía. ¿O es mi corazón?

La oscuridad o mi alma están ya ciegas.

Buenas noches.

Urgencias

Urgencias

Nada une tanto a dos desconocidos como la sala de espera de urgencias de pediatría de un hospital. Miras a otro padre y sabes exactamente lo que piensa él y él sabe cómo lo estás pasando tú. Nada que decir. Todo está dicho ya. Esperemos que no sea nada importante. Los dos estamos muy concentrados, como si pudiéramos cambiar los hechos con nuestros pensamientos. Quizás rezando. Enviando fuerza, cada uno a su hijo. Quizás tratando de sobornar al destino con promesas. «Si al final no pasa nada juro que haré por este crío… » ¡Lo que sea! Esos momentos en que no piensas en ti mismo, sino en otro, y si el otro es nada menos que tu hijo, deberían dejarnos suficiente huella como para, resuelto el problema, salir transformados. Como personas que han recordado qué era lo que de verdad les importaba: el amor de verdad. ¡Resulta que era eso! ImagenF4Ese momento de los padres y madres, o de hijos; ese silencio preocupado, lleno de significado, debería merecer el mayor respeto. Más aun que los fallecidos. Son seres humanos tropezándose, cara a cara, con las verdades de la vida. 

Mi selva

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Has brotado tú, en forma de maravilla. Como las fuentes, como las selvas. Igual que me gusta beber, o escuchar música alterando mi ánimo, igual me gusta mirarte. Me emborracha. Noto que algo me está volviendo más y más tonto aún de lo que ya era, y son tus labios, tu voz y tus ojos. No me importa quedarme así. Mirarte vale la pena.

Incómodo

Incómodo

Hablo de un viento incómodo. No es una brisa suave. No es un aire fuerte que te despeje la mente. No es el soplo que te ayuda a navegar. No lo es.

Es un viento a golpes, a arrebatos, sin regla, seguidos. Continuos pero también discontinuos. No me obsesiona, pero me irrita. Es la sorpresa permanente. Nadie puede acostumbrarse. Golpea las ventanas, llama a la puerta. Te pide atención a todo, porque todo lo puede tumbar. ¡Cuida! ¡No te dejes nada en el jardín, se volaría! ¡Ojo con el tendedor! ¡Cierra bien la ventana! ¡A ver lo que sacan los niños afuera! !Cierra bien, que se va a portear! Revisa el tejado, que parece crujir…

¡Pero además te incordia, te aturde! No me vence, no me arrastra. ¡Pero cuánto me acosa, Señor, cuánto me acosa! ¡Atormenta! No nos respeta. El viento no quiere más que hacer que todo baile al compás de sus silbidos. No te insta a que le acompañes, te empuja con malos modales, corrigiendo tu trayectoria. Siempre enfadado, huraño. Está molesto y me molesta. No descansa si antes no me altera, y entonces, tampoco.

Un cambio de aires va a ser preciso. Me iré a otras tierras, donde la atmósfera sea más amigable. Donde mis hábitos no estén condicionados por sus ventoleras.Que pudiera mecerme el cabello, hincharme el abrigo, que debiera subirme las solapas, que rompiese los hilos de mi cometa, que fuera frío o caliente… Se lo podría consentir casi todo. Pero no que su presencia sea tan sobreabundante y excesiva, desmedida y desbordada. A favor o en contra, me estimula notar el movimiento en la cara, sentir que me abro camino en el gas invisible que cubre la tierra. No soy marino para la calma chicha, pero tampoco tolero que me hostiguen.

Si tienes prisa, ve, corre, deja de bufar a mi alrededor. Ve, tú sola, con mares y nubes a rachear. Ve a sembrar y a recoger tempestades con otro, que no sea yo. Son tus ímpetus, no los míos. Corre en la dirección que quieras a zarandear por ahí a quién te lo consienta.

Yo me iré, me iré. Me iré a otros valles más suaves. Buscaré un lugar donde pueda volver a reinar. Y te aseguro que en mi nuevo hogar abriré el portón, los ventanales y la tronera. Todos los vanos quedarán sin batiente, de par en par, para que haya corriente. Que el cielo entre y salga por donde quiera, y que mi vida y mi casa se ventilen. Porque ningún viento razonable me molesta. Y tu, remolino insistente y hostil, galerna mía, incontinente, te quedarás allí sola, con esos aires, lamiendo mis paredes, entre las que un día anduve tratando de estar contigo mientras pude, pero  dejé de poder. Y como se suele decir, tú le echarás la culpa al viento y yo también a ti, vendaval. Ya no viviré allí. Porque yo amo el viento, pero este viento insolente no me sabe amar a mí.leon pelos al viento

Natural

Natural

1505615_1629702537253729_5360975711603722849_nMe he despertado el primero. He preparado el café y la mesa del desayuno. Luego han ido apareciendo críos.La mayor me ha pedido que me quite los altavoces de las orejas y hemos estado desayunando ella y yo, hablando sin parar, durante una hora. Luego he ido a ver un revoltillo de hijos alborotando en una cama, que es como el revuelto de setas, pero con niños, unos sobre otros riéndose sin saber por qué.

Existe una felicidad natural. Los niños, el agua fresca, los besos, el día, las risas, la hierba, tus ojos… Lo inobjetable y lo limpio.