¡Vida!

Vuelve la vida, la siento. Siento en las venas la fuerza con fuerza. Reconozco el estado en el que he estado. Crezco y me crezco. Inspiro y me inspiro. Viene el oxígeno. Me sobra energía. Podria saltar y dar volteretas. Podria comerte y beber té bajo la luz de luna. Pletórico. Regresan los latidos, la vida y la fuerza. Ya están en mi

De deambular a huír

10430374_1495844970648545_7490454924951864270_nAquel perro había pasado de deambular a huir. Los perros sin hogar son perseguidos, no para otorgarles una casa y un buen amo, sino para darles muerte. A aquel que nace desafortunado, la vida le tiene reservada siempre mayores desdichas sin límite. El perro no puede expresarse con palabras, pero sí mirar con ojos de miedo y pena y también notar que el corazón le late agitadamente y que el estómago se le encoge.  Huele el peligro que le acecha. Esos golpes en el corazón los provoca la certeza de que la muerte se ha fijado ya en él y le está persiguiendo. Que la vida está en su contra y en favor de la erradicación de cualquier tristeza vagabunda y suelta. La operación limpieza le está cercando para eliminarle. Mira con tristeza porque un perro no puede evitar su tragedia y sabe que, del mundo, no puede esperarse otra cosa que indiferencia.

Estereotipos

El progreso de la cultura occidental está en la caída paulatina de los estereotipos. Significa no tratarte de un modo especial en función de tu género, religión, procedencia, clase social, nivel cultural, profesión…. Es la extensión natural de una cultura de derechos humanos. Si en una reunión de profesionales hay cuatro mujeres y un hombre, la bromita de decir el hombre «estoy en minoría» no implica odio a la mujer ni mucho menos. Pero implica una mentalidad anticuada, porque en esa reunión hay cinco profesionales y lo demás es irrelevante. El sexo, la religión, o cualquier otra condición humana, puede ser importante, pero nada nos define totalmente y tratar a alguien en función de su etiqueta o estereotipo lo limita y es casi una falta de respeto. El caso más enfermo individual y socialmente es cuando el estereotipo alcanza el grado de prejuicio. Implica toda una opinión previa generalmente negativa respecto a personas. Los prejuicios son devastadores y generan las ideologías más nefastas. Por ejemplo el nacionalismo, que se basa solo en teorizar sobre opiniones arbitrarias del tipo nosotros somos así, los que no son así, no merecen ser de aquí. Los de fuera no son como nosotros. Mezclarnos con estos nos empeora, los de fuera quieren quitarnos lo nuestro. Históricamente, estas simplezas provocan las mayores catástrofes.

Obviar estereotipos nos moderniza, nos hace más cultos, más educados, más civilizados, más pacíficos y mejores personas. Combate los estereotipos. Combate los prejuicios. Combate los nacionalismos. Sea cuál sea tu posición política. Respeta a todos escrupulosamente y todos te respetarán. Haz un entorno social mas feliz.

No voy a quejarme del frío

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Hoy no voy a quejarme del frío porque mi deber es dar abrigo. Tendré que inspirar mis humildes letras en alegrías y en esperanzas. O quizás seguir ilustrando penas, siempre que no sean las mías. Mi tarea no es llorar por mí, sino acudir veloz ante el llanto de los míos. Mi tiempo pasará. Hasta hoy no he tenido ni suficiente egoísmo ni auténtica generosidad. En la segunda mitad de la vida, la vida debe cambiar. No queda tiempo para distracciones. Hay que acabar algunas tareas. Alcanzar las metas que todavía estén por cubrir.

Soy yo

Soy yo quien se aleja. El que se endurece. Es mía la esclerosis. Estáis donde siempre habéis estado. Soy yo el que mira hacia otras coordenadas. Antes no podía dormir. Ahora no puedo soñar.

Pero puedo dormir.