El vendaval sopla en las ventanas. No me puedo concentrar.
Ya sé que vivo en un tiempo desapacible, pero prefiero que el viento me dé en la cara a escucharlo silbar, escondido bajo la mesa. Pretende amedrentarnos a todos.
Nada malo pasa de largo. Yo lo sé. Sabe dónde estoy. ¿Y qué? Voy a salir a decirle que no sopla lo suficiente para turbarme. Al contrario, el frío me estimula.
Se que me rondas, pero yo abro mis brazos y hasta puedo apoyarme en ti. Y tú no puedes moverme. Que se refugien otros. No puedes nada contra mí. No solo no te tengo miedo. Es que eres como un perro para mí. Irás a donde yo te diga. Te he domesticado.
Ya se manejar el mal.