Cómo lo saben

Como-lucir-una-corbata-con-eleganciaEn mi radio suena una emisora en una lengua desconocida. Dos tipos están hablando de modo amistoso y animado en un idioma incomprensible. Llevo unos cuarenta minutos escuchándo. No sé de que hablan. Quizás de que algo está a punto de pasar. Se ríen a carcajadas y no puede saberse por qué. Las risas son desagradables como toses. Las voces son huecas. Parecen de mediana edad. Los imagino obesos y con corbata. 

Quién sabe cómo se habrán enterado de lo que está a punto de ocurrir.

Extraños

Sales de casa. Hace buen tiempo. Caminas y miras el suelo que refleja la luz del día. Ves también el cielo azul. Y tus ojos repasan los edificios de tu ciudad. En cada ventana imaginas gente como tú o familias como la tuya. Lo que tú entiendes por personas normales. Sientes que tu calle es tu casa. 
 

Pues no es así. Tal como quizá te decían de pequeño el mundo está plagado de gente rara. Y la educación generalizada ha empeorado las cosas. Los seres indeseables se camuflan mejor que antes. No son fruto de la desigualdad, sino de la degeneración que esta sociedad provoca.

Ahora las personas extrañas no se distinguen de las normales hasta que ya es demasiado tarde.

los_extranos

La paz al comienzo del día

amanecer-calle-arbatEl silencio no debe engañarte. Hay una atmósfera de quietud contagiosa a primera hora de la mañana. Sin embargo el mundo sigue girando sigilosamente. Sin parar jamás, los astros siguen recorriendo distancias enormes a velocidades que la mente puede medir pero no imaginar. Y todo en el más absoluto mutismo. La calma es un tigre agazapado que te observa. Que no te engañe la paz al comienzo del día. Al alba los acontecimientos ya están al acecho, los peligros avanzan y tú estás en mitad de su camino, siempre lo estás, y si topan contigo, tratarán de devorarte. La vida y la muerte nunca dejarán de perseguirte. Sigue corriendo.

El día no ha dormido durante la noche.

Zumbidos

zumbidos en los oidos remediosHay un televisor encendido en otra habitación. Su sonido llega atenuado, y es como un batir de langostas en plena ciudad.
La calle está en silencio. Es el escenario de algo que está a punto de ocurrir. Parece que no haya nadie allí, pero está detrás del telón, escondido, sonriendo, esperando el momento de desatar la tragedia. No soporto el calor ni el murmullo metálico que viene de ese otro cuarto de la casa.

Café

He vuelto a tomar café. Déjame respirar hondo. Umm, cuánto me gusta. Recuerdo el aroma. Lo percibo como si lo estuviera oliendo ahora mismo.

Me gusta mucho como me siento bajo sus efectos. Fuerte. Despierto. Me inclina a actuar más que a pensar. ¿Para qué pensar? ¿No debería tenerlo ya todo suficientemente pensado? ¿Me queda algo por filosofar? ¡Para qué más! ¿Quería saber? Pues ya lo debo de saber todo. No sé qué querría aprender, la verdad, y probablemente no he entendido nada.

Qué importante es un buen café, uno bueno de verdad. El café me elimina la perplejidad. Me pone en marcha. Aporta concentración y silencio.

Hace tiempo que no estoy pensando en nada.

No estoy…

Eso en realidad es un «aunque». Sí, lo he puesto sin saber bien por qué, pero creo que ha sido un aunque. Si es «aunque no estoy».

No estoy. Solo hago y hago. Eso está bien. Hay mucho que hacer.Lo malo es que entretanto… no estoy. ¿Pero para qué estar? Yo estoy aburrido de tanto estar. Y por otro lado, ¿quién lo necesita?

Quizá cuando muera, justo antes, recuerde qué es lo que quería descubrir o comprender. O quizá esté más confundido que nunca. Seguramente, así será. Bueno, cuando me esté muriendo, sobre todo,me estaré muriendo, y eso tiene que ser una tarea bastante absorbente. ¿Me moriré distraido?

Si sigo tomando café, dormiré con las cosas hechas. Se mere uno más tranquilo, más profundamente muerto, cuando las cosas han quedado hechas, terminadas y finiquitadas.

Se ha inventado una enfermedad anglosajona como el estrés, que es de gran utilidad para que las revistas hablen de él. La gente no sabe que está científicamente probado que uno recuerda mucho más aquello que no ha terminado de hacer que todo lo que tiene realizado en su vida. Somos una generación que hace americanadas en grupo subiendo y bajando los brazos y las rodillas en los gimnasios para poder reducir el estrés. Es un error. Lo que hay que hacer es terminar cosas, suprimir el máximo de tareas inacabadas para liberar nuestra cabeza. Tomar café. Limpias tu cabeza del estrés y de los pensamientos mediante la acción. Café como antiséptico psicológico. Es decir, para un cerebro más aséptico. Si estoy bien estimulado, ni sentimientos tengo.

Claro está, que si te tomas un café y te pones a escribir en vez de hacer algo…. tampoco haces nada. Y así nos quedamos como estábamos.

Creo que continuaré. Es decir, que lo dejo. Que dejo el tema sin acabar por ahora. A pesar del café.