Sexismo femenino de baja intensidad

Quiero protestar por el sexismo femenino de baja intensidad, que es el más peligroso.

Los fines de semana, por la tarde, en Antena 3, ponen después de comer una película de psicópatas. De esas en las que el guionista no se lo curra mucho. Generalmente es siempre lo mismo. Uno es asesino, porque sí, porque le da por eso, porque está tarado, sin demasiadas explicaciones. Quizá una leve mención a una infancia difícil, y ya está. La víctima es una mujer, y es la protagonista. Son películas destinadas a mujeres… El marido es siempre medio tonto. Los policías también y al principio no le hacen caso. Al final los policías quedarán admirados de la fuerza del carácter de la mujer. La heroína da mil vueltas a todos los varones y resuelve el caso, y hasta suele vencer físicamente al malo, que a veces es una mala que toma la forma de rival que trata de quitarle el bebé o el marido.

Los hombres no somos tan tontos. Si las mujeres que ven esas películas fueran tan listas, adivinarían todo lo que va a ocurrir ya desde el minuto dos, porque es totalmente previsible. El malo muere en el último minuto o es detenido por la policía. Bueno, algunas veces, cuando la heroína es atacada, en vez de salir a la calle, que parece lo lógico, sube las escalera de su casa, hasta donde no hay escapatoria. ¿No es absurdo? Sin embargo el psicópata acabará por caerse por las escaleras o por la ventana y se clavará algo punzante, como un perchero, una monolito de adorno, o un cuchillo de cocina que llevaba en la mano. Y sangrará por la boca. ¡Muerto! Si hay hilillo, está muerto. Ese hilillo de sangre desde la boca, nunca ha fallado.

En mi opinión las películas para mujeres, como las novelas para mujeres, las revistas para mujeres, etc. son un mal síntoma de la situación de la mujer. Pero de eso no se nos puede echar la culpa a nosotros los hombres. Porque no todos los muertos son nuestros. Y todos los despistes, tampoco.

Las fuentes

Las fuentes

En la década de los setenta empezó a crecer en España cierto interés por tipos de espiritualidad diferentes a la religión, como complemento, claro, no como alternativa al catolicismo. Otra idea no habría sido posible en tiempos de Franco. Y una de las cosas sobre las que escribían los columnistas era la idea del regreso a  casa, de la vuelta a las fuentes, a los orígenes. Recuperar la identidad, las esencias perdidas. La idea era que los españoles antes éramos agricultores y ahora nos habíamos convertido en gente de ciudad. La ciudad era mala. Los de la capital eran demasiado engreídos e ignorantes mientras que el palurdo era sabio. Aquí quien daba lecciones era Paco Martínez Soria y Gila decía que debajo de cada boina había un filósofo. John Dember cantaba «Country road, take me home, to the place I belong». Y lejos de West Virginia, unos artistas de mayor relieve cantaban: «muy bien Tomás, muy bien Tomás, te vas al campo y abandonas la ciudad». Los curas españoles se apuntaban a esta corriente mística del flash back y todo renacía: la fe renacía, el amor renacía, las vocaciones se decía que renacían también (se decía eso porque desaparecían), y todo venga a renacer, y Dios era el primer afectado por la corriente y renacía en todos nosotros, hombres de buena voluntad, con la Navidad, con la Eucaristía, con los otros sacramentos, con la oración y hasta sin ninguna excusa, siempre estaba renaciendo.

Volver a la casa del padre, o bien a la del Padre, sería volver a tu identidad, tendría un efecto terapéutico respecto a no se sabe bien qué tipo de enfermedad. Nos aclararía las ideas, nos curaría la ansiedad.

 

Pues bien. Me ha tocado volver a las fuentes a mí, cuando no solo las fuentes quedan lejos, sino que el tema ya ha dejado de estar de moda. ¿Y qué tengo que decir de mi vuelta a las fuentes? Permítanme la ordinariez, pero me cago en las fuentes.

Mis amigos de la infancia y yo no nos reconocemos por la calle, en gran medida porque no nos recordamos, y ya no estoy seguro de haber tenido de eso, y además por lo ajados que seguramente estaremos todos. Mis hermanos están viejos. Algunos, de un egoísmo enfermizo, débil, han corrido a vender a los otros. Hasta decidieron convertirse en ladrones y estafar a su madre, aquejada de Alzheimer. Cada uno encubre lo que le interesa.  He sentido una desagradable vuelta a la infancia. Al llegar a mi tierra pierdo la poca madurez que me cubre y, en este viaje regresivo, me convierto en un niño desprotegido respecto a los dientes sucios de gente decepcionante y embustera que debería haberme querido, porque yo nunca les hice nada, como hermano mucho menor que era, y ellos me han robado la túnica, como a José, y me han tirado al pozo. A la mierda las putas fuentes. Son aguas fecales. Gente podrida. ¿Volver a ver…?  ¡Volver a perder!

canteraruscpedreres21Se siente por todos los lados la ausencia de mi padre. Su muerte deja la casa como una cantera expoliada, con el filón exhausto. Han roto la gran montaña y con su piedra, más destruída que aprovechada, no han sabido hacerse ni la vida hortera que hubieran deseado tener para aliviarse de no sé qué complejo. Robaron por mezquindad y la mezquindad nunca le dio mucho a nadie. He sentido deseos de gritar ¡Papá! como de pequeño, pero la gran montaña, descarnada en un gran tajo vertical, el vacío que ha dejado mi padre, 

al chocar con una pared indiferente, solo me ha devuelto el eco de mi voz y no la suya.  No queda nada ni nadie. Al hablar junto a los restos del desfalco suena a hueco, como pasa con las cajas fuertes vacías. Solo han dejado un abismo. El único proyecto vital de algunos hijos hueros y enanos de mente es destruir la imagen de un padre cuya grandeza les acompleja, y con claros motivos. Creen haberlo logrado. Pero eso ha sido imposible. No se consigue vendiendo a la familia por conducir una mierda con ruedas. Papá jamás lo habría hecho. Él era mucho más. No habéis entendido nada. Os habéis puesto en evidencia. Golfos, avariciosos, egoístas, amargados, sinvergüenzas. Inmaduros. Torpes. Creéis que somos idiotas porque no os metemos en la cárcel. Estúpidos. Lo peor que os puede pasar es que algún día vuestros hijos os conozcan bien.

Mi padre fue un hombre que producía riqueza y bienestar a raudales, y sin embargo era bueno. Bueno, generoso, lúcido, sencillo, equilibrado, austero, pragmático, optimista, trabajador, querido, reconocido… Vosotros de eso, nada de nada. Tenía un sentido profundo de la vida que empapaba sus cartas, muchas cartas, a la familia y más exactamente a sus hijos, en las que se mezclaban sus valoraciones patrimoniales con su deseo de igualdad y su amor, que creo que no merecíamos. Allí quedó patente todo lo que sufrió por vuestra culpa. Pudo haber sido un gran ejemplo en muchos aspectos, es imposible no reconocerlo, desgraciados. ¿Por qué no lo fue? ¿Porque hemos aprendido tan poco?

 

Vuelvo a mi vida y al tiempo actual. Y de las fuentes… ya hablaremos otro día.

Preocupaciones.

Preocupaciones.

Fragmento.

La gente piensa en sus tareas durante años. Tiene su cabeza centrada en sus expectativas, sus retos, y sus propios dramas personales. Pronto la vida se achata y se mueren. Todas las tribulaciones han transcurrido en un nimio suspiro sin consecuencias. Uno no sabe hasta qué punto una postura práctica ante la existencia es una actitud estúpida. Pragamatismo ante qué y  para qué. Siento deseos de salir del surco, para que el mundo, que parece ignorarnos activamente, sepa que a mí me matará como a todos, pero al menos no me habrá engañado. Si el cielo nos observa, yo no querría servirle de distracción. Si soy su juguete, seré ése que no quiere funcionar. Esta hormiga se sale de la fila y se quedará quieta y alejada de la senda. Esperará paciente y con los ojos abiertos la pisada que la aplaste. Voy a demostrar al vacío desde el que se nos divisa, que la realidad no solo se puede ver desde arriba. Trataré de mantener una fuerte conciencia de mi mismo. Tenderme al sol, besar, beber y esperar tumbado e impertérrito a que alguna riada me devore.

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Inconsistencia

La falta de consistencia al razonar es algo que molesta a cualquiera. A muchos les irrita en los otros, pero lo practican ellos mismos también. ¡Para eso son inconsistentes! Suele no deberse a limitaciones intelectuales, sino a simple grosería. Implica que la gente no se toma la molestia de pensar y razonar profundamente sus afirmaciones sino que apoya sus ideas como quien es del Real Zaragoza. Porque sí. En una democracia, en la familia, en el trabajo… En todas las áreas, eso al final nos pasa factura. A ellos y a todos.

La manía de vivir

La manía de vivir

Vivir, vivir, vivir… ¡Qué manía con vivir! ¡Como si no hubiera nada mejor que hacer! ¡Piensa en alguna otra cosa, en vez de pasar todo el rato viviendo! ¡Sin parar de existir a toda costa! ¡Pero qué empeño es ese!

Vivimos tanto que nos tenemos que ver continuamente repitiendo errores. ¿Para qué? Necesitamos un sistema de obsolescencia planificada, como cualquier producto de hoy en día. La vida es larga. Yo sé que todo el mundo se empeña en decir lo contrario e interpretarán que trato de incordiar con estas sentencias que nadie comparte, pero insisto: la vida es larga, es demasiado larga. No estamos pensados para resistir tanto. No lo digo por las prótesis dentales, o los problemas en cervicales y las artrosis, sino por cosas más importantes aún que el alzheimer. Por ejemplo, la alopecia de los hijos. ¿A algún padre le gusta ver cómo su hijo se queda calvo? No. A los hijos se les quiere ver crecer, pero no envejecer y menos empochecer. No tiene ninguna gracia. Sobran años a nuestra vida. Por eso interesa casarse tarde; que no sea fácil ver ajarse a los niños. Y hay que suprimir la cotización obligatoria a la seguridad social. A mí que me dejen morir cuando diga la naturaleza, porque al natural todo da mucho más gustito, como me decía siempre una amiga de la infancia. 

Tengo un hijo todavía pequeño. No quiero saber de sus divorcios, sus paros, ni sus declives. Quiero fallecer cuando él esté en pleno apogeo, y me traiga un nieto, como espero que habrá hecho para entonces el resto de mi descendencia.Y entonces ya, dejar de respirar. ¡Hombre, que ya llevo mucho con eso! Dejar de vivir y poder dedicarme de una vez por todas a otro tipo de cosas.

Hoy podría acabar el mundo

Hoy podría acabar el mundo. No es que lo haya profetizado nadie, ¿eh? Solo se me ha ocurrido a mí, por lo del eclipse, y por lo de la marea del siglo. Se presta mucho la cosa a hacer una película de esas de catástrofes y cataclismos. a5f5c-456879_544993522196906_1329542621_oPero si tal americanada se produjera, recordad que la idea había sido mía. Acordaos enseguida, antes de moriros, porque, claro, al ser el fin del mundo, tendréis muy poco rato para pensarlo. Ya me fastidia, porque, oye, pronosticar algo tan importante y que nadie me pueda entrevistar porque se hayan muerto todos… En cualquier caso, tengamos listos los móviles para obtener videos de todo lo que pase, haceros un selfy, y si un marciano recupera la información de nuestros dispositivos terrícolas, que lo pueda ver. Pero, atención, a ver si al empezar decís algo de mí. «Marcianos, mirad: este video muestra cómo se acaba la vida en mi planeta por culpa del eclipse, las lunaciones y todo ese rollo.» Y entonces añadís: «esto el que lo había pronosticado bien era Enrique Brossa, que sabía un montón de mareas y de apocalipsis de esos».Y así el marciano dirá, «jo, qué pena, no ha quedado ni un humano. Si le hubieran hecho caso a un tal Enrique Brossa, esto igual habría sido otra cosa. Pero nada, oye.» Bueno, pues eso. Si al final no nos morimos, nos hablamos si eso.