por enriquebrossa | 10 10+00:00 Jun 10+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Desde el principio de los tiempos, la vida se ha visto como un ensayo corto antes de pasar a un estado superior y eterno. Este cielo, varía en diferentes culturas, pero siempre presenta una situación en la que se nos libera de las limitaciones que crea la realidad terrenal. Dicho lo cual, pasaré a aseverar tras esta pequeña introducción lo que viene a continuación:
Internet es como el cielo.
Una vez leída mi afirmación puede haber algunos gestos de sorpresa, exclamaciones más o menos malsonantes o irónicas, como «caramba», o «toma castaña», etc. Pero lo cierto es que Internet es lo que más se parece al cielo, dado que aquí las
almas se relacionan entre ellas, sin intervención de los cuerpos. Aquí las personas no tienen edad, ni color de piel, ni nacionalidad (mientras que no confundan las zetas y las eses), ni indicios claros de riqueza. Lo que sigue existiendo, pese a esta evaporación de los cuerpos, es el sexo en las mentes. Osea: que bien.
Mi alma es bastante clara, no sé si me la habéis visto ya, aunque con algunas manchas pardas, seguramente de tomar café. Y… es pequeñita. Y tiene dos alas. Sale desde mi ordenador y conoce almitas. Las de chica, son de color rosa, y muy simpáticas. Lo mejor de estos espíritus que voy conociendo es que, como no tenemos cuerpo, nunca podemos ser almas gemelas. Pensaba que tanto revolotear me acabaría molestando, pero de momento, es gracioso.
Definitivamente, el cielo será como internet pero de cuarta generación y con fibra recontrasuperóptica. Todos nos comprenderemos espiritualmente sin saber de nuestras piernas o del pelo que tenemos, o que no tenemos o si hemos cepillado los zapatos con betún antes de salir de casa. Mucho más fácil y mejor que la vida, en la que las circunstancias nos etiquetan y nos separan casi sin remedio, pese a que, refugiados en este firmamento digital, nos caigamos todos tan bien.
por enriquebrossa | 1 01+00:00 Jun 01+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Yo no soy tecnólogo, pero he de decir que la inteligencia es un concepto que se escurre entre los dedos como el aire y no hay modo de agarrarlo. Te puedo contar que hace ya unos cuanto años, después de que se crease la primera computadora, el mundo científico estaba excitado. La prensa dijo: las máquinas pueden tener inteligencia. Pronto algunos detuvieron la euforia: las computadoras pueden resolver con exactitud problemas más complicados de los que puede resolver un humano sin ayuda, en tiempo record. Sin embargo, eso no es inteligencia. Décadas más tarde, un ordenador ganaba jugando al ajedrez a un campeón mundial. Pero de nuevo dijeron: eso está muy bien, pero no es inteligencia. Este año unos españoles han creado unos robots con sentimientos. Se ponen tristes, sus expectativas mejoran cuando están felices y empeoran cuando se deprimen. El proyecto es muy interesante porque servirá para estudiar los mecanismos de la las emociones humanas, al poder separarlos en una máquina, cosa que no puede hacerse con las personas. Además estas máquinas son capaces de resolver todo tipo de problemas. Preguntando a uno de los impulsores de este brillante proyecto si por fin se estaba llegando a la inteligencia artificial, citó la frase de otro erudito: la inteligencia no se demuestra al resolver los problemas, sino al encontrarlos.
por enriquebrossa | 29 29+00:00 May 29+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Hay mucha gente que cree que lo que no es simple y radical son «todo mariconadas». ¿De centro? ¡Déjame de mariconadas! ¿Autonomía? Independencia, tío, y déjate de pamplinas.
Esa tendencia a la síntesis, a expensas del mínimo análisis, es lo que creo que caracteriza a todos los brutos y brutas de hoy día. Ese gusto por el trazo grueso facilita que alguien te dirija o manipule, porque un diagnóstico aceptable se mezcla con propuestas demenciales y ya obtienes la fórmula mágica para manejar una minoría ideologizada, y sectaria. Con el diagnóstico se consigue adhesión fácilmente. Por ejemplo: hay demasiados desahucios, Debería haber menos. ¿Quién podría estar en contra de eso? ¡Nadie! Pues alguien empieza a gritar contra los desahucios junto a algún bruto. Y cuando ya está el bruto cabraeado por el diagnóstico, veraz y doloroso, se le da un proyecto pensado con la frente, pero con la parte de fuera de la frente. No con la de dentro, no con la corteza prefrontal del cerebro, sino con los cuernos, siempre deseosos de embestir. Para acabar con los desahucios vamos a acabar con los ricos, con los que alquilan, con los políticos, con los funcionarios, con la policía, con los curas, los obispos, con las emisoras de radio de la derechona, con las televisiones privadas, con los anuncios, con los colegios concertados, con el golf, con los grandes almacenes, con las multinacionales, con las cárceles, con los cereales para el desayuno, esto porque a mí me da la gana, con los coches, los tejanos de marca, los diseñadores, acabaremos con el master chef, prohibiremos los limpiabotas, pero legalizaremos la prostitución, acabaremos con el alcohol, pero legalizaremos el porro, todas las playas serán nudistas, implantaremos la formación del espíritu bisexual… No quedará títere con cabeza. Y desde luego no habrá más desahucios porque el país quedará como un enorme parking completamente vacío, excepto por los idiotas que queden sentados en el suelo. Pero antes, la masa de gente con motivos reales de frustración, convertida en chusma gracias a estos mensajes, reponde: ¡Sí! ¡Me apunto a esto!
El bruto de hoy no habla estilo cazurro como Fernando Esteso. No es consciente de su condición, ni entiende que otros tengan derecho a no ser como son ellos. Te increpa, te insulta, trata de intimidarte. Y no es consciente. Le parece normal. Tiene una visión peculiar de sus derechos y ninguna sobre los tuyos. Le han enseñado que la historia solo tiene un sentido y es un camino que pasa por encima de ti. O eres trasparente y no se te ve, o directamente es que eres un enemigo de la Historia, y del pueblo, ¡cabrón! El bruto es radical. Y el radical es bruto.
Ahora hay mucha más información que antes pero poca y mediocre educación. La educación nos enseña a valorar la información que recibimos. Aporta moderación y sensatez. Nos enseña precaución. A no ser brutos de ideas. A ser libres. Y a pensar un poco, que no es ninguna mariconada.

por enriquebrossa | 26 26+00:00 May 26+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
La distracción es un estado de aburrimiento latente. Distraerse es peor que aburrirse. Te mantiene inactivo y conforme con una situación de desaprovechameinto y apatía soterrada.
por enriquebrossa | 23 23+00:00 Abr 23+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Hablo de un viento incómodo. No es una brisa suave. No es un aire fuerte que te despeje la mente. No es el soplo que te ayuda a navegar. No lo es.
Es un viento a golpes, a arrebatos, sin regla, seguidos. Continuos pero también discontinuos. No me obsesiona, pero me irrita. Es la sorpresa permanente. Nadie puede acostumbrarse. Golpea las ventanas, llama a la puerta. Te pide atención a todo, porque todo lo puede tumbar. ¡Cuida! ¡No te dejes nada en el jardín, se volaría! ¡Ojo con el tendedor! ¡Cierra bien la ventana! ¡A ver lo que sacan los niños afuera! !Cierra bien, que se va a portear! Revisa el tejado, que parece crujir…
¡Pero además te incordia, te aturde! No me vence, no me arrastra. ¡Pero cuánto me acosa, Señor, cuánto me acosa! ¡Atormenta! No nos respeta. El viento no quiere más que hacer que todo baile al compás de sus silbidos. No te insta a que le acompañes, te empuja con malos modales, corrigiendo tu trayectoria. Siempre enfadado, huraño. Está molesto y me molesta. No descansa si antes no me altera, y entonces, tampoco.
Un cambio de aires va a ser preciso. Me iré a otras tierras, donde la atmósfera sea más amigable. Donde mis hábitos no estén condicionados por sus ventoleras.Que pudiera mecerme el cabello, hincharme el abrigo, que debiera subirme las solapas, que rompiese los hilos de mi cometa, que fuera frío o caliente… Se lo podría consentir casi todo. Pero no que su presencia sea tan sobreabundante y excesiva, desmedida y desbordada. A favor o en contra, me estimula notar el movimiento en la cara, sentir que me abro camino en el gas invisible que cubre la tierra. No soy marino para la calma chicha, pero tampoco tolero que me hostiguen.
Si tienes prisa, ve, corre, deja de bufar a mi alrededor. Ve, tú sola, con mares y nubes a rachear. Ve a sembrar y a recoger tempestades con otro, que no sea yo. Son tus ímpetus, no los míos. Corre en la dirección que quieras a zarandear por ahí a quién te lo consienta.
Yo me iré, me iré. Me iré a otros valles más suaves. Buscaré un lugar donde pueda volver a reinar. Y te aseguro que en mi nuevo hogar abriré el portón, los ventanales y la tronera. Todos los vanos quedarán sin batiente, de par en par, para que haya corriente. Que el cielo entre y salga por donde quiera, y que mi vida y mi casa se ventilen. Porque ningún viento razonable me molesta. Y tu, remolino insistente y hostil, galerna mía, incontinente, te quedarás allí sola, con esos aires, lamiendo mis paredes, entre las que un día anduve tratando de estar contigo mientras pude, pero dejé de poder. Y como se suele decir, tú le echarás la culpa al viento y yo también a ti, vendaval. Ya no viviré allí. Porque yo amo el viento, pero este viento insolente no me sabe amar a mí.
por enriquebrossa | 22 22+00:00 Abr 22+00:00 2015 | LIBROSSIANO, Reflexiones
Me he despertado el primero. He preparado el café y la mesa del desayuno. Luego han ido apareciendo críos.La mayor me ha pedido que me quite los altavoces de las orejas y hemos estado desayunando ella y yo, hablando sin parar, durante una hora. Luego he ido a ver un revoltillo de hijos alborotando en una cama, que es como el revuelto de setas, pero con niños, unos sobre otros riéndose sin saber por qué.
Existe una felicidad natural. Los niños, el agua fresca, los besos, el día, las risas, la hierba, tus ojos… Lo inobjetable y lo limpio.