Retrato literario

Retrato literario

4843315343_68f5ceef48_z

.

Un retrato literario no es una foto ni un análisis forense. Es una caricatura, pero una caricatura arbitraria, casi diría que aleatoria. Soy yo ante un espejo ondulado, deformador como los de las ferias. Si doy un paso me hago más largo, o más enano, delgado, gordo o paticorto. El fin de la literatura es la literatura misma, que es más importante que describirme a mí y mi irrelevante existencia en ese mundo posible de lo imposible creado por las palabras. Yo sólo soy real y no existo en la fantasía. El retrato literario pertenece a la creación inmaterial, yo soy solo un montón conglomerado de materia temporalmente viva.

Inconsistencia

La falta de consistencia al razonar es algo que molesta a cualquiera. A muchos les irrita en los otros, pero lo practican ellos mismos también. ¡Para eso son inconsistentes! Suele no deberse a limitaciones intelectuales, sino a simple grosería. Implica que la gente no se toma la molestia de pensar y razonar profundamente sus afirmaciones sino que apoya sus ideas como quien es del Real Zaragoza. Porque sí. En una democracia, en la familia, en el trabajo… En todas las áreas, eso al final nos pasa factura. A ellos y a todos.

Por qué no lo echo todo a rodar

-He encontrado motivos para echarlo todo a rodar. ¿Por què no lo he hecho? Por no molestarme.
-¿No será que te has detenido por tu sentido de la responsabilidad?
-No. Ha sido por no molestarme.
-¿Te habrán condicionado tus miedos?
-¡Nada de eso! Ha sido porque no corría prisa. Puedo hacerlo más tarde.
-Habrás pensado en el futuro.
-No. Solo he seguido así, por no arrancar. Por no molestarme, ya te lo he dicho.
-¿Te habrá detenido reflexionar respecto a tu familia?
-Podría llegar a pasar por encima de eso también. Pero no he querido molestarme.
-Al menos no has perdido la cabeza.
-Es verdad. Aparentemente hago cosas sensatas. Pero quizás un día la acabe perdiendo.
-¿Por qué?
-Porque sí… Y por no molestarme.

La manía de vivir

La manía de vivir

Vivir, vivir, vivir… ¡Qué manía con vivir! ¡Como si no hubiera nada mejor que hacer! ¡Piensa en alguna otra cosa, en vez de pasar todo el rato viviendo! ¡Sin parar de existir a toda costa! ¡Pero qué empeño es ese!

Vivimos tanto que nos tenemos que ver continuamente repitiendo errores. ¿Para qué? Necesitamos un sistema de obsolescencia planificada, como cualquier producto de hoy en día. La vida es larga. Yo sé que todo el mundo se empeña en decir lo contrario e interpretarán que trato de incordiar con estas sentencias que nadie comparte, pero insisto: la vida es larga, es demasiado larga. No estamos pensados para resistir tanto. No lo digo por las prótesis dentales, o los problemas en cervicales y las artrosis, sino por cosas más importantes aún que el alzheimer. Por ejemplo, la alopecia de los hijos. ¿A algún padre le gusta ver cómo su hijo se queda calvo? No. A los hijos se les quiere ver crecer, pero no envejecer y menos empochecer. No tiene ninguna gracia. Sobran años a nuestra vida. Por eso interesa casarse tarde; que no sea fácil ver ajarse a los niños. Y hay que suprimir la cotización obligatoria a la seguridad social. A mí que me dejen morir cuando diga la naturaleza, porque al natural todo da mucho más gustito, como me decía siempre una amiga de la infancia. 

Tengo un hijo todavía pequeño. No quiero saber de sus divorcios, sus paros, ni sus declives. Quiero fallecer cuando él esté en pleno apogeo, y me traiga un nieto, como espero que habrá hecho para entonces el resto de mi descendencia.Y entonces ya, dejar de respirar. ¡Hombre, que ya llevo mucho con eso! Dejar de vivir y poder dedicarme de una vez por todas a otro tipo de cosas.

Hoy podría acabar el mundo

Hoy podría acabar el mundo. No es que lo haya profetizado nadie, ¿eh? Solo se me ha ocurrido a mí, por lo del eclipse, y por lo de la marea del siglo. Se presta mucho la cosa a hacer una película de esas de catástrofes y cataclismos. a5f5c-456879_544993522196906_1329542621_oPero si tal americanada se produjera, recordad que la idea había sido mía. Acordaos enseguida, antes de moriros, porque, claro, al ser el fin del mundo, tendréis muy poco rato para pensarlo. Ya me fastidia, porque, oye, pronosticar algo tan importante y que nadie me pueda entrevistar porque se hayan muerto todos… En cualquier caso, tengamos listos los móviles para obtener videos de todo lo que pase, haceros un selfy, y si un marciano recupera la información de nuestros dispositivos terrícolas, que lo pueda ver. Pero, atención, a ver si al empezar decís algo de mí. «Marcianos, mirad: este video muestra cómo se acaba la vida en mi planeta por culpa del eclipse, las lunaciones y todo ese rollo.» Y entonces añadís: «esto el que lo había pronosticado bien era Enrique Brossa, que sabía un montón de mareas y de apocalipsis de esos».Y así el marciano dirá, «jo, qué pena, no ha quedado ni un humano. Si le hubieran hecho caso a un tal Enrique Brossa, esto igual habría sido otra cosa. Pero nada, oye.» Bueno, pues eso. Si al final no nos morimos, nos hablamos si eso.