La gran explosión

La gran explosión

Dicho con todo respeto, no es importante para lo que te quiero decir si crees en Dios o no; si crees en Jesús o en el gran agujero negro . 2236007_origPorque en general hay un consenso científico según el cual en un momento dado hubo una gran explosión, con o sin ayuda divina, y de ahí han surgido todos los astros del firmamento.Y de toda esa gran bola de mierda incandescente y gigantesca, una pelotilla sin importancia relativa en elconjunto del universo que salió salpicada, ha sido llamada Tierra por los yayos de nuestros yayos y, tras convertirse en nuestro lugar de nacimiento, nos ha permitido llegar a la situación actual. De alguna manera todos venimos de un  Sol o de otro. Somos trozos del sol, porciones mínimas, enfriadas, húmedas, fermentadas y podridas. Millones de veces impregnadas, engendradas y evolucionadas hacia no se sabe qué, o hacia la nada. Somos una colonia super poblada de insectos flotando sobre un pomo de madera, resto de un enorme naufragio; monstruos minúsculos al borde del vacío.

Entonces… besémonos con desesperación. Será lo mejor.  ¿No te parece?

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El origen de las palabras. Demonio

El origen de las palabras. Demonio

¿Algunas personas son un poco exageradas y te han dicho que «eres un demonio» o incluso que «eres peor aún que un demonio»? Y si te lo han dicho ¿fue alguien muy enfadado o estaba sonriente? Bueno, no me contestes. Lo que te quiero decir es que ser un demonio no siempre fue malo. Verás:

Esta palabra proviene del latín “daemonium” y ésta a su vez del griego antiguo, “daimónion”, o bien “daímôn”. Sin embargo, esta palabra significaba “espíritu, deidad, divinidad”.

Los “daímones” no tenían por qué ser malignos. Eran almas de muertos que según Hesíodo, hacían de guardianes para los mortales. Aprovecho para recomendaros investigar respecto a Hesíodo. Si tenéis interés, os contaré más cosas de él.

Quizá se puede aclarar que he sabido que la palabra “theós”, “dios”, se refería a deidades en persona.

Existía por ejemplo la palabra “eudaimonía” que quiere decir “felicidad” o “buena suerte”, como “ayudado por espíritu bueno”.

Con el cristianismo, muchos términos de origen pagano, adquirieron un sentido negativo. Y así fue como esta palabra se transformó en el maligno.

Pero el recorrido que hacen las palabras es largo. «Dividir”, es una palabra española que proviene del griego antiguo: “daíomai”, “dividir, distribuir” y con “démos”, “tierra, pueblo”, tal vez en alusión a la división de las tierras. ¿Era “Daímôn” el “espíritu que repartía (dividía) destinos y fortunas”? Pues no lo sé. Yo no estaba. Quizás por eso mi fortuna se la dividieron mis hermanos mayores. Porque yo no estaba.

Presidio

Presidio

Al encender su ordenador, ella está siempre ahí. Quizás esperando. Unas veces le saluda. Otras le mira, o siente él que le está observando sin hablar desde su dispositivo electrónico. Se leen mutuamente. Otras comparten charlas muy especiales. Él imagina que están presos en una cárcel medieval, en dos cámaras separadas. No pueden tocarse, ni verse siquiera. Hacerse llegar sus voces les aporta mucho o casi todo. La noche cae sobre ellos y el silencio les cubrirá en minutos. Pero antes de quedar dormido recordará que ella es un rayo de luz atravesando la humedad de su celda de piedra fría. Cuando se acueste, ella puede soñar que se refugia en él, porque también lo siente así. Se lo confirma: su nuca,  que desearía peinar con los dedos, y su cuello delicado de ave, encajarían bien entre su brazo y su pecho. Cómo no protegerla si comparten esta misma peripecia de naves a la deriva. Pero al apagar el ordenador, cambian de una realidad a otra más abierta e incómoda que sus mazmorras imaginarias, y él cada vez tarda más segundos en olvidar el diminuto haz de luz transparente que estaba iluminando su sonrisa, la que ella le provoca, endulzando su común presidio virtual.

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Conmigo

Conmigo

Esta palabra, conmigo, ¿No te suena un poco rara? ¿Qué es eso de «migo»?

En latín se decía «mecum» lo que venía de decir me y cum que sería una «preposicion puesta detrás», valga la paradoja. Es decir, que en vez de decir «cum me» decían «mecum.»

Cuando se va formando la lengua romance castellana, mecum debió pasar a «micum». Después micum acabaría pronunciándose «migo», Pero, claro está que «migo» ya no recuerda nada a cum (con). Así que la gente empezaría a decir «con migo», en vez de decir con mí, igual que decimos sin mí.

Por lo tanto, cuando decimos conmigo es como si dijéramos cum-me-cum. o con-mí-con.

Sumamente reiterativo, ¿no? Será por esta especie de repetición de «con» que los que hablamos español somos tan buenos acompañantes. O tan posesivos. Pues no creo.

 Toda lengua es la evolución de otra anterior.

Cuando no le dejan hablar. Fragmento.

Cuando no le dejan hablar. Fragmento.

Noté que esa era una charla preparada por una persona sin mucha facilidad de palabra. Y como siempre voy unos pasos por delante de lo que pasa en la película, ya vi que eso iba a enlazar con un comentario, y de ese a otro, hasta que saliera el asunto sobre el que realmente me quería contar o preguntar. Sabía que sería algo, para bien o para mal, de interés para mí. Sin embargo, no podía evitar el impulso travieso de romperle su discursito y salir por peteneras, preguntándole por cualquier conocido común o recordándole alguna anécdota que no tuviera relación con su conversación. Entonces, cada vez con voz más firme, como quien da a entender que esa charla es la suya, volvía otra vez al principio, y a contar lo preocupada que estaba con la posibilidad de que alguien con mi trayectoria, y bla, bla, bla… y mientras yo me temía que iba a ser portadora de malas noticias, porque buenas no las podía haber, se me escapaba una sonrisa tonta de gato jugando con el ratón. Pero ella estaba decidida a volver una y otra vez al mismo surco y entonces ya, desesperada, cuando estaba yo desviando la charla hacia la anécdota del día que apareció un ratón en la planta 14 del edificio Bancpro durante una rueda de prensa y… Me interrumpió:
-Porque yo creo que tú puedes salir vivo de todo esto, Marcos- me corto subiendo la voz.

Entonces decidí escucharla.